Con que palabras escribir a la impotencia.
Pues sí, tuve un día de esos en que a uno
no le importa el mandar todo a freír espárragos...
Qué ironía verdad; que poco apreciamos lo
que tenemos y que grandeza le otorgamos a cosas tan insignificantes...
A decir verdad, era uno de esos días en
los que cualquier escritor, desearía no saber escribir.
Uno de esos en que el seudónimo que se
utiliza como sello se ve eclipsado por la persona que hay detrás pretendiendo
gritar palabras, esas que no se pueden sacar a la luz, esas que se reprimen en
el alma, silenciadas por el miedo a dar a conocer la identidad intima con la
pluma, tinta y sangre de la verdad. Sin
ficción cubriendo con un velo la mente y cuerpo que se esconden tras historias,
poemas y palabras de otra gente, otros mundos, otras gargantas.
Había decidido no sentarme a escribir, ni
siquiera pensar como se podía expresar metafóricamente todo lo que corrompía mi
cerebro.
Mi meta era tan sencilla como
pronunciar la palabra “alzhéimer”. Ahora siento la crueldad al pronunciarla como
palabra bendita. Ese sitio, allí, donde
no hay pasado; donde los buenos y malos
recuerdos se disipan en un abrir y cerrar de ojos, ahí, donde también se
pierden odios, reproches y pesadillas. La cuenta hacia delante que siempre empieza en
cero y que por mucho que se avance, el cero es su final.
Donde cada nueva etapa, solo es, ese intervalo
de tiempo preciso, con un resultado exacto en cada comienzo y en cada fin.
Entonces miré el móvil (eso que solemos
hacer con el único propósito de desviar las reflexiones incómodas hacia otro
sitio) me encontré con algo que ha escrito
hacia mi persona desde Argentina un
compañero de letras.
Me ha hecho pensar en su país y en el mío;
este al que muchas veces menospreciamos, sin darnos cuenta de la suerte que
tenemos de vivir en él.
Aquí donde todavía "y esperemos por
mucho tiempo” las administraciones se encargan de que haya unos servicios
públicos, y sí, nos los estamos cargando con sus privatizaciones.
Allí, hay personas (como este compañero) que
tiene alojada en su cuerpo esa palabra maldita, que a veces uno ni se atreve a
pronunciar.
Pues bien; a raíz de los recortes de los que
ahora gobiernan, ese tratamiento tan imprescindible ha pasado a ser innecesario,
algo inasumible por la administración, (tienen que destinar esos dineros a
engordar los bolsillos de amistades con poder) y por lo tanto, quien quiera curación
que se busque la vida.
Después de mal vender lo poco que poseía,
ve su final como algo que se debe aceptar, sin más.
Eso me ha hecho reflexionar sobre aquello
que se decía:
Tres cosas hay en la vida, salud, dinero y
amor.
Cuando esas tres cosas se han marchado, queda
solo esa que nunca se nombra: La que acompaña algunos ratos, la que da palabras
de aliento, esa que brinda su mano a los olvidados “la amistad”.
Y no me hablen de bendiciones, de esas
que siempre suelen llegar demasiado tarde, pues de metáforas incongruentes y
sueños irrealizables, mis letras también tuvieron que aprender, para así poder calmar
el desasosiego con mentiras de complacencia.
Estas son las palabras de un amigo.
---Juan Manuel Machuca ----
Para Carlos Torrijos, hechicero de las
letras
y
hermano del corazón
Carlos;
Hijo del sol de España
y del pan compartido,
mago de las palabras,
hechicero de las letras,
que siembra luz
donde otros dejan pólvora.
Gran padre de manos firmes,
gran amigo de abrazo largo,
hermano elegido por el alma
y no por la sangre.
Hoy te escribo desde mi cuerpo cansado,
desde esta tristeza que me llueve
adentro
como un invierno sin paraguas.
Los médicos bajaron la mirada,
como quien apaga una vela
cuando el viento es más fuerte.
Me dijeron adiós antes de tiempo,
pero yo no me despido de vos:
Te dejo dos tercios de mi espíritu
—todo lo que me queda —
Porque aunque soy pobre de bolsillos,
soy rico en querer.
Vos,
que transformas palabras en refugio,
sabes que la magia verdadera
es no dejar solo a nadie.
Si parto primero, hermano mío,
no llores como se llora una ausencia:
Yo estaré poniendo la mesa.
Pan
caliente,
historias nuevas,
un vino de estrellas,
y dos sillas mirándose de frente
para nuestro primer encuentro
en la vida que sigue.
Allá también habrá justicia,
poesía sin censura
y pueblos sin miedo.
Y vos llegarás con tus hechizos de
tinta,
yo con mi espíritu remendado,
y festejaremos, por fin,
que el amor nunca se muere.
Solo cambia de casa.
Juan
Manuel Machuca -25/enero/2026
(Manuel
Acosta)@Argentina
Muchas
gracias por tus letras.
Ojalá pudiera ser algo de eso que me
atribuyes tan gentilmente en tus versos.
Ahora no es tiempo de marchar, todavía
tenemos muchas cosas que arreglar con los demás y con nosotros mismos.
Cuando llegue la hora, espero estemos
preparados para abrir nuestras manos y dejar escapar de sus palmas todo lo que
nunca tuvimos.
C.a.r.l
(España)
Ojos de
Gata@2026


