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martes, 27 de enero de 2026

Motosierra


 

Con que palabras escribir a la impotencia.

     Pues sí, tuve un día de esos en que a uno no le importa el mandar todo a freír espárragos...

    Qué ironía verdad; que poco apreciamos lo que tenemos y que grandeza le otorgamos a cosas tan insignificantes...

      A decir verdad, era uno de esos días en los que cualquier escritor, desearía no saber escribir.

   Uno de esos en que el seudónimo que se utiliza como sello se ve eclipsado por la persona que hay detrás pretendiendo gritar palabras, esas que no se pueden sacar a la luz, esas que se reprimen en el alma, silenciadas por el miedo a dar a conocer la identidad intima con la pluma, tinta y sangre de la verdad.       Sin ficción cubriendo con un velo la mente y cuerpo que se esconden tras historias, poemas y palabras de otra gente, otros mundos, otras gargantas.

 Había decidido no sentarme a escribir, ni siquiera pensar como se podía expresar metafóricamente todo lo que corrompía mi cerebro. 

           Mi meta era tan sencilla como pronunciar la palabra “alzhéimer”.    Ahora siento la crueldad al pronunciarla como palabra bendita.  Ese sitio, allí, donde no hay pasado;  donde los buenos y malos recuerdos se disipan en un abrir y cerrar de ojos, ahí, donde también se pierden odios, reproches y pesadillas.    La cuenta hacia delante que siempre empieza en cero y que por mucho que se avance, el cero es su final.

  Donde cada nueva etapa, solo es, ese intervalo de tiempo preciso, con un resultado exacto en cada comienzo y en cada fin.

 

   Entonces miré el móvil (eso que solemos hacer con el único propósito de desviar las reflexiones incómodas hacia otro sitio)  me encontré con algo que ha escrito hacia mi persona desde Argentina  un compañero de letras.  

 

    Me ha hecho pensar en su país y en el mío; este al que muchas veces menospreciamos, sin darnos cuenta de la suerte que tenemos de vivir en él.

       Aquí donde todavía "y esperemos por mucho tiempo” las administraciones se encargan de que haya unos servicios públicos, y sí, nos los estamos cargando con sus privatizaciones.

   Allí, hay personas (como este compañero) que tiene alojada en su cuerpo esa palabra maldita, que a veces uno ni se atreve a pronunciar.

  Pues bien; a raíz de los recortes de los que ahora gobiernan, ese tratamiento tan imprescindible ha pasado a ser innecesario, algo inasumible por la administración, (tienen que destinar esos dineros a engordar los bolsillos de amistades con poder) y por lo tanto, quien quiera curación que se busque la vida.

    Después de mal vender lo poco que poseía, ve su final como algo que se debe aceptar, sin más.

   Eso me ha hecho reflexionar sobre aquello que se decía:

  Tres cosas hay en la vida, salud, dinero y amor.   

  Cuando esas tres cosas se han marchado, queda solo esa que nunca se nombra: La que acompaña algunos ratos, la que da palabras de aliento, esa que brinda su mano a los olvidados  “la amistad”.

 

      Y no me hablen de bendiciones, de esas que siempre suelen llegar demasiado tarde, pues de metáforas incongruentes y sueños irrealizables, mis letras también tuvieron que aprender, para así poder calmar el desasosiego con mentiras de complacencia.

 

  

 

  Estas son las palabras de un amigo.
     ---Juan Manuel Machuca ----   

Para Carlos Torrijos, hechicero de las letras

 y hermano del corazón

 

Carlos;

   Hijo del sol de España

y del pan compartido,

mago de las palabras,

hechicero de las letras,

que siembra luz

donde otros dejan pólvora.

 

   Gran padre de manos firmes,

gran amigo de abrazo largo,

hermano elegido por el alma

y no por la sangre.

 

   Hoy te escribo desde mi cuerpo cansado,

desde esta tristeza que me llueve adentro

como un invierno sin paraguas.

    Los médicos bajaron la mirada,

como quien apaga una vela

cuando el viento es más fuerte.

 

    Me dijeron adiós antes de tiempo,

pero yo no me despido de vos:

   Te dejo dos tercios de mi espíritu

 —todo lo que me queda —

Porque aunque soy pobre de bolsillos,

soy rico en querer.

 

  Vos, que transformas palabras en refugio,

sabes que la magia verdadera

es no dejar solo a nadie.

 

    Si parto primero, hermano mío,

no llores como se llora una ausencia:

       Yo estaré poniendo la mesa.

  Pan caliente,

      historias nuevas,

           un vino de estrellas,

y dos sillas mirándose de frente

para nuestro primer encuentro

en la vida que sigue.

 

    Allá también habrá justicia,

       poesía sin censura

           y pueblos sin miedo.

Y vos llegarás con tus hechizos de tinta,

yo con mi espíritu remendado,

y festejaremos, por fin,

que el amor nunca se muere.

    Solo cambia de casa.

 

Juan Manuel Machuca -25/enero/2026

(Manuel Acosta)@Argentina

 

Muchas gracias por tus letras.

          Ojalá pudiera ser algo de eso que me atribuyes tan gentilmente en tus versos.

      Ahora no es tiempo de marchar, todavía tenemos muchas cosas que arreglar con los demás y con nosotros mismos.

    Cuando llegue la hora, espero estemos preparados para abrir nuestras manos y dejar escapar de sus palmas todo lo que nunca tuvimos.

 

 

C.a.r.l (España)

Ojos de Gata@2026

 

 

Imagen con que él, prefirió acompañar al poema

sábado, 24 de enero de 2026

Algún día

 

Algún día;

     Cuando ya no puedas verme

en la lejanía del tiempo,

siempre quedarán las letras

que aquel día te envié

para entretener las noches

de insomnio en un sin vivir.

      O sacarte una sonrisa

con mis frases sin sentido

abstractas de realidad.

   Motivos que simplemente

acaso, hicieron pensar.

 

     Que no quede en el olvido

aquello que te hizo bien,

lo que hizo volar tus sueños

y fue agua para tu sed.

     Que no entristezca tus días

la ausencia de algún poema

en ratos de soledad.

    Sé que no echaras de menos

en tu vida mi presencia,

pues solo fui personajes

que hablaron a tu conciencia.

       No extrañes el comentario

Que siempre dejé en la red:

(Besiños de buenas noches)

A quien quisiera leer.

 

    Cuando te acuerdes de mí

no quiero ser un extraño

por no decirte mi nombre.

    Asume que soy historias

que en las noches tú leíste.

    Recuerda, que fui la pluma

que inventó esos personajes

que te abrazaron el alma.

    Piensa que el rostro no importa,

si en las manos hay verdad,

pues los ojos de una gata

alumbran tu oscuridad.

 Ojos de Gata@2026

 


 



 

 

 

viernes, 23 de enero de 2026

Versos perdidos


      Me vi rodeado de trastos, tarjetas de crédito, teléfonos y gafas de sol;  no sé, tal vez por error en el pozo de los objetos perdidos. El túnel que te lleva, al deseo de ser encontrado de nuevo.    La alcantarilla que da a las catacumbas por las  que a veces después de deambular entre etiquetas con una fecha, la tinta que se va disipando, hasta que una manta de polvo te abriga hasta el infinito.

  

   En el lugar de los más buscados, estaban los objetos de valor; esos por los que se preguntaba a diario “tal vez en el sitio equivocado” pero que encontrarían otro dueño sin problemas, en el momento que saliesen a subasta por un precio menor al real de mercado.

     Cerca estaba el sitio de los también buscados pero sin mucho empeño.  Un sitio terrible donde el paso de los días eran una cuenta atrás, hacia la fosa de los destruidos.  Objetos de plástico, papel o metales poco nobles, que tenían  rentabilidad para alguien, y volverían a dar servicio de nuevo tras su reciclaje.

 

         Tras un tiempo en aquella habitación donde reposan los nunca buscados, esos  por los que nadie pregunta, esos que no tienen nada, ni tan siquiera valor especulativo, los destinados a la cremación para evitar almacenar inutilidades, pude escuchar como hablaban del sitio de los acompañados.

    Todos los perdidos, nunca recogidos y llevados aquel lugar, los que deambulan a su aire por ahí, sin dueño ni ganas de tenerlo de nuevo.

       Salí de mi rincón, desempolvé mis manos para deshacerme de aquella etiqueta inservible, pero no pude encontrarla, pues nunca la había tenido, nadie me había encontrado perdido, nunca me depositaron en el mostrador, nunca pasé por ningún registro de entrada.

   Entonces recordé: había llegado hasta allí por mi propia voluntad, con al intención de seguir buscando algo que no quería terminase en el lugar del olvido, y el olvido había sido mi destino.

   Recorrí pasillos interminables llenos de ilusiones fragmentadas  y pedacitos de sueños, hasta ver la luz que conducía a ningún sitio en concreto.

    

      Un zapato navegaba sobre las aguas de un charco y la tetina de un chupete picoteado por los pájaros, daba vueltas sobre la arena a la sombra de un columpio.   Los cordones de unas botas se trenzaban entre unas ramas transformados en una cazoleta que serbia como nido.  La pequeña medalla colgaba de su cadeneta brillando en lo más alto de un castaño. Un lazo de terciopelo esperaba sobre el banco de madera, a que el viento lo hiciese volar.   Allí, oculto a la vista, ente los densos helechos, dormía sus días el botón de una chaqueta.

 

    Hoy vuelvo a recordar aquella carpeta llena de poemas y canciones de juventud.   Hoy de nuevo he reescrito fragmentos que aún conservo en mi memoria.     Mañana seguro seguirá perdida por los recovecos de algún cajón en esos mundos de lo nunca encontrado, pero ahora sé donde nunca deberé buscarla.  

   En la habitación de los objetos olvidados.