Tras esa puerta de cristal,
la que nadie quiere abrir,
pues tras ella, solo existe el presente.
Me olvidé de las personas queridas,
pero también de las odiadas.
Regalé los muros de cemento
para disfrutar de un cuadro en la ventana.
Perdí la noción del tiempo
para hacer eterno un caprichoso instante.
Cambié el ruido de las calles
por el canto de un pajarito
que me mira desde su rama.
El premio, de no recordar mis pesadillas,
lo gané, al renunciar a tener sueños.
A cambio conseguí
que cada
momento sea distinto,
cada instante
una sorpresa,
cualquier
gesto un regalo,
y todo a mi alrededor,
siempre esté por inventar.
Pero sabéis…
Ahí,
en un rinconcito,
tengo escondido mi tesoro.
Una caja de galletas diferentes;
Crujientes,
espolvoreadas con azúcar,
tiernas y
bañadas con una capa de chocolate.
blanditas y
sabrosas como empapadas en leche.
En ese sitio que nunca revelaré
para que nadie ni nada pueda robármelas.
También
guardo:
Ese uniforme blanco, que con una sonrisa
me ayuda
siempre al levantarme de la cama
a ponerme las zapatillas.
La bata de color azul claro,
que me cuenta historias fantásticas
mientras con su mano acerca la cuchara
llena de sopa a mi boca,
y a veces, me gruñe,
cuando no quiero comer.
Ese traje con corbata
que por la tarde se acerca
y hace sonar en una cajita
melodías que me traen sensaciones
que me
resultan agradables.
Ese
techo iluminado por un resquicio de luz
que se cuela por las rendijas de la persiana,
en el que dibujo siluetas encantadoras
que se borran al cerrar los ojos.
Todo discurre como el agua en un
remanso,
sin urgencia por escapar de lo que no existe,
sin prisas por subir el próximo peldaño
de esa escalera de Caracol que empieza
y termina en el mismo sitio.
Y así día a día seguirán mis ilusiones
girando, montadas sobre los caballitos
del pequeño y atractivo tíovivo,
hasta el momento en que suavemente
vaya deteniendo su circular movimiento,
y a las fuerzas, ya no le queden ganas
de impulsar la manivela para darle cuerda.
Tras esa puerta de cristal,
Nunca se
sabrá, que hay al otro lado,
pues solo
existen el olvido y las ausencias.
C.a.r.l. (España)


