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domingo, 1 de noviembre de 2026

CLARA. Cap.- 01

 

CLARA

Trenzas doradas (segunda parte)

 

Capítulo 01

 

La vida sigue su curso y el tiempo cambia muchas cosas.

   

      Pasaron unos años; Clara comenzó a ir al colegio, Julia se encargaba de su cuidado todo el día;  de todas formas aunque tuviese que levantarse un poco antes para llegar a casa de Héctor y Ángela y así levantar, vestir, dar el desayuno  a Clara y llevarla al cole, ella prefería seguir durmiendo en su casa, que por otro lado, tampoco estaba demasiado lejos.

     Ángela seguía en su tienda de zapatos, Héctor seguía a turnos en la fábrica, por lo que su vida y horarios seguían tan descontrolados como siempre.

 

       Ya hacía dos años que no pasaban el último fin de semana de septiembre a la orilla del lago.  La caravana se había quedado pequeña para los cuatro y como ocupaba mucho sitio en el garaje decidieron venderla.   Ahora los viajes se limitaban a las excursiones con el AMPA del colegio para acompañar a Clara, y de eso se encargaba Julia, que no perdía ninguna oportunidad.

 

       Era el momento, tal vez la edad en que los pequeños empiezan a tener sus amigos imaginarios, esos con los que hablar de sus cosas y contarse experiencias vividas en sueños o tal vez en otras vidas.

           Conversaciones que quedan guardadas en la más estricta intimidad, por miedo a ser incomprendidos, o las burlas de familiares o compañeros de colegio.

 

    Una noche sentados a la mesa a la hora de cenar, los tres adultos miraban a la niña que parecía estar en otro mundo.  Se había quedado con el tenedor a medio camino entre el plato y la boca; quieta como una estatua y con la mirada puesta en la puerta acristalada de un mueble de la cocina.

 

Héctor.-  Clara despierta, que te duermes

Clara.- no papá, estoy pensando

Ángela.- ¿podría saberse en que piensas?

Julia.- No seáis pesados, dejarla que piense

Clara.- si no es nada.   Estaba mirando como refleja la luz en el cristal y pensaba que para mi cumple, me podíais regalar una linterna, pequeña, que no de mucha luz.

Héctor.-   ¿pero no te parece que eso es un regalo muy pequeño?

Clara.- pero si además… pudiese dar luces de distintos colores

Ángela.- pues a mí, me parece un regalo chulo; a mí nunca me regalaron una linterna, y sí que me hubiese gustado.

Julia.- no se lo tomes en cuenta mi niña, es que tu madre es muy tacaña y con tal de no gastar, cualquier cosa barata le parece bien.

Ángela.- Habló la desprendida, que como decía que tenias de todo, te regaló en tu primer cumpleaños unos patucos hechos a ganchillo.

Héctor.- sí, sí, por ahí estarán guardados porque además eran feos con ganas

Julia.- pero aquello era una broma, y no veas el tiempo que me tiré dándole a la aguja hasta terminarlos

Ángela.- te das cuenta y luego la tacaña soy yo

Clara.-  pero no me contéis películas, si yo solo quiero que me regaléis una linterna

Ángela.- estos que te regalen lo que quieran, yo te prometo que busco una linterna que haga el haz de distintos colores y te la regalo.

     

     Siguieron cenando; Clara se sentía feliz, tendría lo que quería, esa cosa con la que jugar en la oscuridad con su amiguita escondida bajo las sábanas de la cama.  Luego a dormir.  Julia nunca se iba sin dejarla acostada, contarle alguna historieta inventada y darle el beso de buenas noches, cuando ya había cerrado los ojos. (Aunque bien sabía ella, que no estaba dormida).

 

      Una vez se había ido Julia;  Héctor y Ángela, siempre se quedaban un rato viendo la tele (la semana que coincidía bien el turno del trabajo) era su momento de estar íntimamente solos.  Allí abrazados sin miradas ni cotilleos alrededor.

 

 Héctor- hay que ver, ya va a cumplir cinco años

Ángela.- cada vez se parece más a aquella niña

Héctor.- Qué habrá sido de ella y sus padres

Ángela.- No lo sé; qué raro, nunca más volvió a visitarme

Héctor.- como va a venir, si está aquí todos los días

Ángela.- a veces me siento culpable, por no haber vuelto desde hace tiempo; se pensarán que nos hemos olvidado de ellos

Héctor.- cada vez que pensamos en ellos, estamos a su lado y al fin y al cabo, no creo que estén allí.  

  Últimamente, aquello se volvió a llenar de mucha gente extraña y seguro que no les apetece ni acercarse por ese lugar.

Ángela.- tienes razón, retiraron su caravana y cortaron árboles para hacer más grande la zona de acampada; ya no es el lugar acogedor que era.

 

 La vida sigue su curso y el tiempo cambia muchas cosas.

 

              El viento ya no levanta olas a la orilla del lago, y aquella niña de trenzas doradas se quedó en el olvido de las personas del lugar, como algo incomprensible que tal vez nunca sucedió, como algo que fabricaron sus miedos para justificar la incógnita de lo que realmente pasó.

 

N.º de registro: CQjNmPLp-2026-10-20T22:51:22.355




 

sábado, 31 de octubre de 2026

Luciérnaga de alas negras

 


 

      Libélula De la noche

que se apoya en cada esquina,

 con las medias de rejilla

 y zapatos de tacón.

      En una mano un pitillo

la otra envuelta en el bolsillo

junto a cuchilla de acero

por si se acerca un ladrón.

 

     Luciérnaga  de alas negras

qué esperas en el andén

a que llegue el pasajero

que quiere coger tu tren.

    Destino, a ninguna parte

al fondo de la estación.

como sonidos sombríos

los muelles de tu colchón.

 

      Un puñado se billetes

precio de la compañía

que esconde La soledad

en una pasión fingida.

    La oscuridad como techo

donde la vista clavar,

mientras desahoga sus ansias

la absurda virilidad.

 

      De nuevo otra vez la esquina

haga frío o calor.

   De nuevo otra vez la espera

esperando algún favor.

    De nuevo su amplia sonrisa

queriendo vender su amor,

con sus medias de rejilla

y zapatos de tacón.

 

   En una mano el pitillo,

en la otra daga de acero

escondida en el bolsillo

por si aparece un ladrón.

     Libélula de la noche.

     Luciérnaga de alas negras

destino a ninguna parte

al fondo de la estación.

 

® Ojos de Gata @ 2026




jueves, 29 de octubre de 2026

Juego de tango

 


 

     Bailando con pies descalzos

acariciados por olas

que se acercan a la arena

queriendo besar la playa.

 

    Un tango en la penumbra

iluminada de estrellas

en una noche sin luna

donde el alma se desmaya.

 

   Declaración de intenciones

de cuerpos desnudos,

miradas de deseo,

labios empapados.

 

    Brazos que aprietan

vientre contra vientre

manos en la espalda

con dedos entrelazados

 

     Piernas que deslizan

el ritmo milonga

mientras los acordes suenan

en notas de bandoneón.

 

    Enturbiando los sentidos

con susurros impregnados

de placer insospechado

entre delirio y pasión.

 

Mascara que cubre el rostro

ocultando la verdad,

amantes desconocidos

elegidos al azar.

 

    Horas envueltas en juego

que dan sabor a la vida,

el amanecer despierta

y termina la partida

 

 

C.a.r.l. (España) @2026.