El suelo viste de gala
con amarillos, ocres y rojizos
que alfombran el caminar
de los zapatos de lluvia
que salieron del armario.
Dormida está en la basura
esa página arrancada
que abandonó
el calendario.
Y las locas vacaciones
de la vecina de enfrente
ya no servirán de escarnio.
La luz se viste de niebla
empañando los
cristales
donde poder
dibujar
con el dedo un
corazón
dejando el
amor al viento.
Vacías quedan las calles
de gritos y
algarabía
con los
chiquillos corriendo.
Desnudas quedan las ramas
dejando al
aire los nidos
pues se
aproxima el invierno.
Romance de otoño,
en las manos
temblorosas
de los
ancianos que quedan
sentados junto
a la lumbre.
Romance de otoño,
soledad entre
paredes
donde acompaña
la noche
la mecedora de
mimbre.
Ya no suenan en la torre
las campanas
en domingo
con el repicar
de fiesta
pues la ernita está cerrada
y el campanero
se ha ido.
Los polluelos ya crecieron,
emigraron a
otros sitios
dejando nidos vacíos.
Solo quedan esperando
cabellos y
barbas blancas
refugiándose
del frío.
Romance de otoño,
duro como el
pedregal
con que se
cubren las fosas
que llenan en
cementerio.
Romance de otoño,
largo como la
canción
que va
silbando en la noche
la melodía del
viento.
Carlos Torrijos
C.a.r.l. (España)


