Frente al piano callado
mirando sus
teclas blancas,
quemadas por
los cigarros
matando el
aburrimiento.
Los dedos adormilados
en tono de Do
menor
esperando los
susurros
que me ha de
traer el viento.
Pidiendo le dé un abrazo
una guitarra
me mira
desde la pared
colgada
suplicando una
caricia.
Los trastes llenos de polvo,
las cuerdas
desafinadas
que añoran la
despedida.
Mi cuerpo se marchó lejos
a recorrer
otros mundos
llenos de
caminos negros.
Mi alma quedó cautiva
en las empedradas
curvas
que configuran
tu cuerpo,
en los
rincones oscuros
que tras los
años de ausencia
me consideraron
muerto.
Cuando la noche me alumbre,
clara, de
color de luna,
regresaré a
tus entrañas
para beber de
tus fuentes,
besándote las
pestañas.
Abrazaré la nostalgia
por tanto
tiempo olvidada,
y me meceré en
tu cuna,
en la que me
vio crecer
para cantar
una nana.
C.a.r.l. (España)
Ojos de Gata@2025
