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sábado, 25 de abril de 2015

Se me olvidó llorar



      Los complejos desde niño
que no se si he superado,
las espinas del camino
que en mis pies se han ensañado.

      Desamores olvidados
de aquella mi adolescencia,
la crueldad del destino
la que colmó mi paciencia.

     El querer y no poder
creer en algo supremo,
el tener la sensación
que lo mío le es ajeno.

      La depresión, compañera,
que lametea mi herida,
el no querer despertar,
preferir soñar la vida.

      Las frases sin argumentos
pronunciadas en velorios
de aliento de parafina,
tanto esperar el momento
que envidio a quien lo culmina.

       Tanto he cambiado, que horror,
¿carezco de sentimientos?,
o es que mis alas de ángel
se las ha llevado el viento.

       Después de haber derramado
aguaceros en papel.
   Arroyos sobre las teclas,
ríos en mi soledad,
océanos de impotencia
que hicieron mi alma temblar.
     Tantas lagrimas vertidas,
que se me olvidó llorar.



7 comentarios:

  1. Es hermosísimoooo Carlos, triste pero hermoso. Cuánto siento este poema. No es siempre, pero a veces, lamentablemente ocurre, poeta. Nos quedamos secos. Abrazo de tinta.

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  2. Querida amiga, lo que bien se aprende, enseguida se recuerda.
    solo hizo falta un tiempo para recordar la lección.

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  3. Se me olvidaba qué, te había olvidado. ¡Y llodé! Precioso

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    Respuestas
    1. Bendito aquel, que sabe llorar. pues sus lagrimas por tristezas o alegrías, darán alas a sus sueños y luz a su alma.
      Gracias mi estimada poeta y reina Isabel.

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  4. La niñes de los huesos encorvados ayudan a cultivar otros huesos, esos que te llenan de alegría, cuando otros pequeños ojos disfruten de tu compañía.

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  5. Hermoso poema, maese. La vida es eso "arroyos sobre las teclas", a veces esos arroyos se vuelven saltarines y juguetones tintineando notas cual campanillas en un bosque encantado. Encontrar esos caudales unas veces temerarios, tormentosos y otras mansos y serenos es la esencia misma de aquél que busca. Bendito el que halla.

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  6. Antiguamente lloraba a cada momento, eran ríos de lágrimas que parecían nunca acabar. Pasó el tiempo, mucho tiempo, tanto tiempo, que ya no lloro, como si las lágrimas lavaran todas mis heridas, cicatrizaron bien, y ya no tengo razones para llorar, excepto por alguna alegría o un mal rato también, que es pasajero. Pero las lágrimas son como bellas perlas cristalinas que cuelgan de nuestra alma para recordarnos cuán valiosa es la vida. Tu hermosa poesía motivó mi reflexión. Gracias querido Carlos amigo. AS.

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