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lunes, 29 de diciembre de 2025

Ana 2025

 


 Ana;

   Mira estas velas

cada luz es un recuerdo más.

    Sobre la mesa, fotos viejas

y risas nuevas por estrenar.

    De los tropiezos

te has levantado

y sigues brillando igual.

   La belleza está en tu rostro

regalando felicidad

 

Ana;

      Sujeta tus sueños

como abrazos al caminar

ese es el pequeño reino

que nadie te puede quitar.

   Lo que duele se hace recuerdo.

      Lo que amas se queda aquí.

    Hoy brindamos por estar a tu lado

y lo que queda por venir.

 

Ana;

    Cierra los ojos,

pide un deseo que lograr,

sopla con fuerza, apaga todas,

y el sueño se cumplirá.

      Unidos en este día

te deseamos felicidad,

pide un secreto en silencio

y comienza un año más.

 

 Ana;

    Cierra los ojos,

pide un deseo que lograr,

lanza los besos al viento

y el sueño se cumplirá.


MUCHAS FELICIDADES

 ANA Sánchez González

 




 

lunes, 22 de diciembre de 2025

Cumpleaños

 

            Tal día como hoy: 22 de Diciembre;

       Nacía en la ciudad Cuenca (España)

   Los años van pasando y cada uno de ellos, es un logro conseguido.

    Así, que espero seguir cumpliendo, y preferiblemente, en plenas facultades físicas y mentales, para poder al menos, seguir dando guerra, e ir acrecentando el número de composiciones, relatos y poemas, que quedarán como legado en mi partida.

           Eso sí… Sin prisas.

 

     Otro año más vivido

del que guardar tantas cosas

en el pequeño saquito

que se esconde en el rincón.

     Bellos y dulces momentos

compartidos con mis sueños.

   Melodías improvisadas

que nunca tuvieron dueño.

 

    Tristezas para olvidar

pues no merece la pena

perder ni un solo minuto

que las haga recordar.

      Unos llegaron al mundo

y en silencio otros marcharon,

muchos quedamos riendo

y otros llorando quedaron.

 

    De nuevo los escenarios

bajo mis pies han vibrado,

junto a viejos compañeros

con melodías de antaño.

     Echando la vista atrás,

recordando aquellos tiempos

acariciando el piano

con la yema de mis dedos.

 

    En el aspecto privado

nada habrá que comentar,

pues eso queda  guardado

dentro de lo personal.

    Dentro de mi corazón

 las cosas que son sagradas,

esos momentos felices

que a mi familia acompañan.

 

    Y me quedará el recuerdo,

mientras  este tren se aleja,

con un pañuelo en la mano

dándome el último adiós.

     Un día que celebrar

en las líneas de la mano

diciendo adiós a un amigo

que todo un año ha durado.

 

      Trescientos sesenta y cinco

los días que ya han pasado.

      Espero poder cantar

al próximo cumpleaños.

 



C.a.r.l. (España)




miércoles, 17 de diciembre de 2025

Tras el último destello

 

   Que nadie cambie la bombilla

que ha iluminado mis versos,

que nadie le quite el polvo

que ha protegido mis sueños.

   Que me acompañe en la noche

en la habitación oscura,

que nadie robe su luz

que nunca tenga otro dueño.

 

   Dejad que olvide inclemencias

que junto a mí ha relatado,

abrazando a personajes

en esos mundos pintados.

    No perturbéis la conciencia

de quien dio brillo a mi mente,

para gritar los silencios

de gargantas de otras gentes.

 

     Me regaló las palabras

con que frases hilvanar,

esos versos que a los vientos

me permití regalar.

     Hizo que viera horizontes

tras las montañas y el mar,

para brindarle mis sueños

a quien no sabía soñar.

 

     Los besos que prometí

y abrazos que regalé,

por ella fueron forjados

mientras la noche dormía.

 

.- Pero si ya está fundida

y no proporciona ideas

cuando se apagan los días.

 

 .-  Déjala dormir tranquila,

no me hace falta su luz,

tan solo, su compañía.

 


martes, 16 de diciembre de 2025

Cabellos plateados

 

   Asomado a la ventana

para cantarle a la luna,

regalando a mis amigos

unas letras de mi pluma.

    Saboreando los frutos

que en la vida recogí,

disfrutando de miradas

por las que yo enloquecí.

 

    Esperando que este invierno

me traiga otra primavera,

compartiendo la nada

que en mis bolsillos abunda.

     A mis espaldas errores

que no tienen solución,

súplicas a las alturas

cargadas de devoción.

 

    Sabiendo, que el no saber,

me hizo sabio en ignorancia,

releyendo los poemas

que a los vientos le canté.

   Con preguntas que me hice

esperando a responder,

pensando, en que cambiaría

si  hoy volviera yo a nacer.

 

     Suplicando la caricia

de pestañas en mi rostro,

sollozando por  recuerdos

que nunca pude olvidar.

    Lanzando besos al viento

para aquellos que se fueron,

los que dijeron palabras

que nunca supe escuchar.

 

     Respirando la fragancia

del amor que me acompaña,

oyendo la melodía

que compuse hace mil años.

     Suspirando por vivir

consumiéndose la vela,

de ese irrealizable sueño

dejando escurrir su cera.

 

    Dándole gracias al tiempo

que ha pasado por mi lado,

acompañando los versos

de un amor apasionado.

     Agradeciendo a los años

que van tiñendo mi pelo,

de grises amalgamados

con blancos de los anhelos.

 

 



 

 

 

domingo, 30 de noviembre de 2025

Microrelato.- lo que nunca vio

 

Prohibido ser diferente

 

    Corría sin rumbo por las calles, perseguida por pijamas blancos.

     La gente se escondía cerrando puertas y ventanas a su paso.

     La rodearon personas vestidas de uniforme, pero ella, no había hecho nada.

   Sus manos doloridas y el camisón empapado en sangre, producto de las heridas infringidas por la alambrada que cubría los muros que acababa de saltar.

    Tan solo, quería llegar al mar.

           Había oído de pequeña en labios de su abuela, que allí, donde se junta el mar con el cielo, las estrellas bailan al compás del reflejo de la luna sobre las olas.

       En eso momento se produce el milagro, que permite comunicarse con las almas que se fueron lejos.

    Solo quería hablar con su madre, y decirle que aquel tiempo que estuvo a su lado, fueron los únicos días felices de su vida.

 

Pero las batas blancas dijeron ¡NO!

          Todos la Gritaron ¡LOCA!

 

    Ahora de nuevo, en esta habitación vacía y sin sentido, sin mar, sin estrellas bailando al compás del reflejo de la luna sobre las olas;  solo espera que su locura sepa soñar algún día, con aquello que nunca llegó a ver.

 

 

P.D.:    Una niña como tantas otras.

     Culpable de su retraso en el hablar y caminar.

 Culpable de sufrir esos temblores y ataques tan extraños cada cierto tiempo.

      Culpable de no poder controlar sus gritos en la noche, cuando las pesadillas la abrazaban.

     Una niña como tantas, repudiada por la sociedad. Incomprendida por los suyos, desahuciada por la ciencia. 

   Al morir su madre, los únicos brazos protectores; sería  ingresada donde no pudiera dar miedo a la necedad de los valientes.

   Años y años, sola en aquella habitación, pretendiendo imaginar eso que nunca vio.

 

Ojos de Gata@2025




miércoles, 26 de noviembre de 2025

Maestro.


 Estos versos, con todo respeto y admiración al maestro:

MARIO TEGLI (Argentina)




         El maestro se ha despedido.

    Las cuerdas enmudecidas

ocultan los sentimientos

de la partitura herida.

         El horizonte oscurece.

   Dando paso a la penumbra

para ensordecer arpegios

de quien llora su partida.

 

     Las teclas adormiladas

sin sus manos apoyadas.

    Sin la yema de sus dedos

acariciando el marfil.

    La banqueta está vacía

 para los ciegos del alma.

     La partitura lo extraña

con tristeza en el atril.

 

    Solo quien sabe escuchar

con los ojos empañados,

sentirá su melodía

en la soledad callada.

    Fluyendo desde la noche

dejando sonar sus notas,

como campanas al vuelo

en cada noche estrellada.


   En tono menor,  acordes,

doblando de desconsuelo.

Junto a blancas y redondas

en la oscuridad del duelo.

 

       Maestro. Sigue tocando.

    No dejes callar las notas

de tu sutil melodía.

       Maestro.  Sigue tocando.

   Mostrándome tu armonía.

    Acompañando mi noche

hasta que despierte el día.


Carlos Torrijos
C.a.r.l. (España)






La Dama del Ajedrez Cap.- 05


Capítulo.-05

 

      Allí en el salón, encima de la mesa dejó olvidada aquella figurita de madera.  Claudia la cogió para mirar que era.

       Parecía una pieza del ajedrez, la reina, pero con una forma peculiar  y demasiado pesaba.   Al darle la vuelta, su base era de un material  metálico, cuando lo normal es que estuviese forrada de fieltro.    Al fijarse, allí pudo ver en relieve con claridad dos letras que reconoció al instante, esas de forma redondeada que estaban marcadas sobre el lacre en el libro expuesto en el atril del mostrador de la librería.

 

  Claudia dejó correr el tiempo. Pasadas unas semanas, ese miércoles, por alguna extraña razón, el señor no pensaba salir, por lo que como de costumbre hacía a diario fue a la habitación;  se puso el pijama y la bata para estar más cómodo y luego se tumbó en el sofá tapado con la manta a ver una película ya vista varias veces; pero tampoco es que hubiera nada demasiado interesante que ver en otra cadena.

      Esa noche como muchas otras se había quedado dormido de aburrimiento.

  Adormilado, tras recorrer el pasillo medio a tientas, cuando llegó a la habitación le extrañó que la puerta estuviese entreabierta y la luz de la mesita de noche encendida.

      Al entrar quedó parado, sin palabras.    Bajo aquella prohibida fina sábana de seda, la silueta de un cuerpo femenino del que resaltaba con ímpetu la redondez de sus senos coronados por pezones puntiagudos que parecían querer atravesar la suave tela.

Cosme.- muy bien Claudia, y esto, ¿a qué se debe?

Claudia.- siéntese aquí a mi lado señor, o debería llamarlo Rosa Luna

Cosme.- no termino de entender que pretende con esto  ¿Y su novio?

Claudia.- mi novio no tiene nada que ver

      Claudia, retiró un poco la sábana cogiéndola por una esquina y dio un par de palmadas en el colchón para que se sentase a su lado de una vez.

    Cosme se sentó con cara de perplejidad, sin tener muy claro a qué venía aquella actitud tan descarada.

Cosme.-  me parece que está cometiendo un error

Claudia.- yo creo que no es ningún error

Cosme.- piense que yo soy demasiado mayor para usted y que el sexo no solo es una distracción caprichosa, tiene sus peligros

Claudia.- he leído sus novelas y son excitantes

Cosme.- entonces ha leído las novelas de Rosa Luna ¿y cómo sabe que esas novelas las he escrito yo?

Claudia.-Por su firma, es inconfundible.  A partir del día que se dejó la pieza de ajedrez con el sello sobre la mesa, tuve la seguridad de que era usted.

Cosme.- usted lo ha dicho, pero son novelas, ficción escrita en papel para aquellas, que quieren soñar la vida de otra mujer que se atreve a correr ciertos riesgos, esos, que ellas nunca osaran ni a intentar

Claudia.- tal vez porque lo que escribe es demasiado agresivo, tan arriesgado  como para perder todo en el intento y tan excitante que puede rayar la locura

Cosme.- la ficción es lo que tiene, que puede llevar nuestra frágil imaginación a sitios insospechados y lejanos, pero nunca se debe perder de vista el camino, para así, saber regresar a la realidad

Claudia.- porqué no se desnuda y se acuesta aquí conmigo

Cosme.- ¿me estás haciendo una propuesta real o un sueño virtual?

Claudia.- le estoy proponiendo que me muestre lo que hay en las páginas escritas por Rosa Luna

     Cosme se desnudó y se echó junto a ella, pero sin tan siquiera rozarla.

Cosme.- muy bien a partir de ahora soy Rosa Luna ¿Qué quiere saber?

Claudia.- quiero que….

      Entonces Claudia miró casi con desprecio a esa persona tumbada a su lado y ante su tranquila pasividad, decidió poco a poco empujar la sábana con sus pies hacia abajo, hasta quedar su cuerpo totalmente desnudo y a la vista.

Claudia.- póngase de rodillas en la cama y mire mi cuerpo

Cosme.- no tiene porque llamarme de usted, según dice, soy Rosa Luna, no el señor

Claudia.- ¡pues ponte de rodillas y mírame!

      Desnudo, sin ningún pudor se incorporó y arrodilló en la cama de forma que podía admirar todo el cuerpo de Claudia.

 Claudia.- qué ve ¿no le parezco atractiva?

Cosme.- ahora le está preguntando, a Rosa Luna, o al señor

Claudia.- le estoy preguntando al hombre que me hace vibrar con sus escritos

Cosme.- pues veo algo perfecto, algo a lo que admirar, una obra de arte perfecta de carne y hueso

     Claudia encogió sus piernas al tiempo que las abría mostrando aquel paraíso oculto mientras comenzaba a recorrer su cuerpo con las manos comenzando por sus senos, bajando por su abdomen hasta llegar a sus muslos, para luego seguir deslizando sus dedos hasta la confluencia de los mismos.    Su respiración era cada vez más intensa y entrecortada.  Mientras, el contoneo de sus caderas se acompasaba con el espasmódico movimiento de los músculos de su vientre.

Claudia.- esto ¿no le excita?

Cosme.- sí claro, pero mi cabeza me sigue diciendo que comete un grave error

Claudia.- ¡pero de que tiene miedo!

Cosme.- no tengo miedo, tengo prudencia y  no quiero causarle ningún mal

Claudia.- quiero sentir lo que sienten las protagonistas de sus novelas, sin importarme el dolor o la locura

Cosme.- perdone pero le he mentido, sí que tengo miedo.      Miedo, a que el amor a veces es el primer paso para llegar al sexo;  pero otras muchas, el sexo puede ser un comienzo hacia el amor.

   Se puso en pie; Cosme metió los brazos por las mangas de su batín y tranquilamente anudó  con una lazada el cordel a su cintura

Cosme.- pero hay otra cosa que nunca debe de confundir:   La atracción;  esa no tiene porqué tener nada que ver, ni con el amor, ni con el sexo.   Por cierto, no hace falta que se vaya a su cuarto, hoy puede dormir aquí.    Yo voy a tomarme un vaso de leche y luego me tumbaré en el sofá.

      El pijama quedó tirado en el suelo; descalzo recorrió el pasillo hasta llegar a la cocina, cogió un vaso del escurreplatos y tras llenarlo de leche hasta la mitad lo metió en el microondas unos segundos.

   Buscó por los armarios el azucarero para ponerse un par de terrones, y ya sentado se entretuvo dando vueltas con una cucharilla hasta que se disolvieron por completo.

    En ese momento llegó ella totalmente vestida; había pasado por el aseo a peinarse, para no dar mala impresión al señor y se sentó en otra silla frente a él.

Claudia.- le tengo que pedir perdón por incomodarle de esta manera

Cosme.- no Claudia, le debo pedir perdón yo, por no rendirme a su belleza;  porque es muy bella;  cualquier hombre la desearía hasta la extenuación.

Claudia.- no diga eso, se ha portado como un caballero y se lo agradezco

Cosme.- ya lleva aquí casi dos años conmigo;  entró con los veinticinco casi recién cumplidos y no creo que nunca le haya hecho ningún comentario que le pueda haber resultado ofensivo, y en caso de que haya percibido algún gesto equivocado por mi parte, entienda que nunca hubo intencionalidad.

Claudia.- yo siempre lo he visto como un señor prudente y siempre me ha demostrado su respeto.   Pero tengo que decirle que esta noche, hubiera preferido…  Sí, que hubiese pasado algo diferente.   Ya sé que  hoy he traicionado su confianza pero…

Cosme.- cállese;  por mi parte, no tiene que tener ningún problema, todo puede seguir igual, olvide este incidente.     Sabe que siempre tendrá mi apoyo

Claudia.- gracias señor

Cosme.- pero lo mío es distinto

Claudia.- y eso por qué

Cosme.- te voy a ser sincero y eres libre de tomar la decisión que creas más oportuna con respecto a quedarte o irte de esta casa

Claudia.- no pienso dejar este trabajo me diga lo que me diga, estoy muy a gusto y no simplemente por el sueldo, ni en mi casa me habían tratado así de bien

Cosme.- mira, yo siempre he sido como un padre para ti

Claudia.- tampoco es tan mayor

Cosme.- te saco bastantes años, la friolera de veinte nada menos

Claudia.- pero no es tanto como para ser mi padre

Cosme.- déjeme que le explique la situación en la que ahora me encuentro.

  .-  A partir de hoy, no sé si seré capaz de verla con la misma mirada;    cada vez que pase por delante, puede ser que mi mente ya no vea la mujercita que veía.

  .-  A mi retina volverá la imagen exuberante de su cuerpo desnudo y excitado, el que me ha hecho temblar hasta las entrañas, y sentiré esa sensación que ni las novelas más delirantes y arriesgadas pueden trasmitir.   Y me quedaré callado, conformándome solo con soñarla.

Claudia.- yo, tal vez, a partir de ahora siempre lo veré como esa luz inalcanzable que simplemente me llenará de placer con su pluma en los sueños más hermosos.

       Cosme, en un movimiento incontrolado de su brazo al intentar coger la mano de Claudia hizo que se volcase el vaso de leche derramando su contenido por toda la mesa.

     Ella se levantó enseguida a coger una bayeta con la que recoger y limpiar el líquido derramado.

      En un delirio de insensatez, él se acercó a ella por detrás y la abrazó apretando con fuerza sus senos.   Claudia inmóvil, podía sentir contra ella el miembro viril del señor que parecía incrustarse en su espalda.   Los dos se vieron poseídos por un deseo ciego e  irrefrenable.

     Él aflojó un poco el abrazo, ella se giró lentamente y se puso de rodillas en el suelo frente a él.   Sin desatar el cordón de la bata, la abrió con sus ardientes manos, y en ese momento una erupción espontanea salpicó a borbotones impactando en la cara de Claudia y dispersándose por los muebles de la cocina.

         Los dos de repente se echaron a reír soltando estruendosas carcajadas.

Claudia.- tenía usted razón, esto es una locura

Cosme.- lo siento Claudia, la he decepcionado

Claudia.- en absoluto, era lo esperado

     Él la cogió por debajo de los brazos y la levantó, acercándola al fregadero para que se lavase, mientras buscaba en un cajón un paño limpio y seco

Claudia.- ahora me tocará limpiar todo este desastre

Cosme.- no, ahora nos iremos a la cama y mañana, ya se limpiaremos entre los dos

Claudia.- ¿está seguro?

Cosme.- si no le importa;  creo que ya va siendo hora de estrenar esas sábanas

       Aquella fue la primera noche de algunas otras que se alargarían en el tiempo hasta el final de sus días.

           Rosa Luna, había escrito el último capítulo de aquellas novelas, producto de una imaginación que se revelaba ante la frustración de una vida en soledad.

             La demanda de Claudia para alcanzar el éxtasis de la locura suprema parecía no tener límites en una incesante progresión mística hacia lo inalcanzable.  Pasado un tiempo de días y noches de incesante actividad, en el tablero de ajedrez la partida había terminado.   Al amanecer yacía exhausto el rey confundiéndose su palidez con el blanco de las sábanas de seda.   La reina erguida, vestida de luto, es la única dueña y señora tras el último jaque mate.

 

Carlos Torrijos –

C.a.r.l. (España)

FIN 



N. º de registro:

 RVhdjOR2-2025-11-17T23:44:19.882

Ojos de Gata@2025