Capítulo.-05
Allí en el salón, encima de la mesa dejó olvidada aquella figurita de
madera. Claudia la cogió para mirar que
era.
Parecía una pieza del ajedrez,
la reina, pero con una forma peculiar y demasiado
pesaba. Al darle la vuelta, su base era
de un material metálico, cuando lo
normal es que estuviese forrada de fieltro.
Al fijarse, allí pudo ver en
relieve con claridad dos letras que reconoció al instante, esas de forma
redondeada que estaban marcadas sobre el lacre en el libro expuesto en el atril
del mostrador de la librería.
Claudia dejó correr el tiempo. Pasadas unas semanas, ese miércoles, por
alguna extraña razón, el señor no pensaba salir, por lo que como de costumbre
hacía a diario fue a la habitación; se
puso el pijama y la bata para estar más cómodo y luego se tumbó en el sofá
tapado con la manta a ver una película ya vista varias veces; pero tampoco es
que hubiera nada demasiado interesante que ver en otra cadena.
Esa noche como muchas otras se había quedado dormido de aburrimiento.
Adormilado, tras recorrer el pasillo medio a tientas, cuando llegó a la
habitación le extrañó que la puerta estuviese entreabierta y la luz de la
mesita de noche encendida.
Al entrar quedó parado, sin palabras. Bajo aquella prohibida fina sábana de seda,
la silueta de un cuerpo femenino del que resaltaba con ímpetu la redondez de
sus senos coronados por pezones puntiagudos que parecían querer atravesar la
suave tela.
Cosme.-
muy bien Claudia, y esto, ¿a qué se debe?
Claudia.-
siéntese aquí a mi lado señor, o debería llamarlo Rosa Luna
Cosme.-
no termino de entender que pretende con esto ¿Y su novio?
Claudia.-
mi novio no tiene nada que ver
Claudia, retiró un poco la sábana cogiéndola por una esquina y dio un
par de palmadas en el colchón para que se sentase a su lado de una vez.
Cosme se sentó con cara de perplejidad, sin tener muy claro a qué venía
aquella actitud tan descarada.
Cosme.- me parece que está cometiendo un error
Claudia.-
yo creo que no es ningún error
Cosme.-
piense que yo soy demasiado mayor para usted y que el sexo no solo es una
distracción caprichosa, tiene sus peligros
Claudia.-
he leído sus novelas y son excitantes
Cosme.-
entonces ha leído las novelas de Rosa Luna ¿y cómo sabe que esas novelas las he
escrito yo?
Claudia.-Por
su firma, es inconfundible. A partir del
día que se dejó la pieza de ajedrez con el sello sobre la mesa, tuve la
seguridad de que era usted.
Cosme.-
usted lo ha dicho, pero son novelas, ficción escrita en papel para aquellas, que
quieren soñar la vida de otra mujer que se atreve a correr ciertos riesgos,
esos, que ellas nunca osaran ni a intentar
Claudia.-
tal vez porque lo que escribe es demasiado agresivo, tan arriesgado como para perder todo en el intento y tan
excitante que puede rayar la locura
Cosme.-
la ficción es lo que tiene, que puede llevar nuestra frágil imaginación a
sitios insospechados y lejanos, pero nunca se debe perder de vista el camino,
para así, saber regresar a la realidad
Claudia.-
porqué no se desnuda y se acuesta aquí conmigo
Cosme.-
¿me estás haciendo una propuesta real o un sueño virtual?
Claudia.-
le estoy proponiendo que me muestre lo que hay en las páginas escritas por Rosa
Luna
Cosme se desnudó y se echó junto a ella, pero sin tan siquiera rozarla.
Cosme.-
muy bien a partir de ahora soy Rosa Luna ¿Qué quiere saber?
Claudia.-
quiero que….
Entonces Claudia miró casi con desprecio a esa persona tumbada a su lado
y ante su tranquila pasividad, decidió poco a poco empujar la sábana con sus pies
hacia abajo, hasta quedar su cuerpo totalmente desnudo y a la vista.
Claudia.-
póngase de rodillas en la cama y mire mi cuerpo
Cosme.-
no tiene porque llamarme de usted, según dice, soy Rosa Luna, no el señor
Claudia.-
¡pues ponte de rodillas y mírame!
Desnudo, sin ningún pudor se incorporó y arrodilló en la cama de forma
que podía admirar todo el cuerpo de Claudia.
Claudia.-
qué ve ¿no le parezco atractiva?
Cosme.-
ahora le está preguntando, a Rosa Luna, o al señor
Claudia.-
le estoy preguntando al hombre que me hace vibrar con sus escritos
Cosme.-
pues veo algo perfecto, algo a lo que admirar, una obra de arte perfecta de
carne y hueso
Claudia encogió sus piernas al tiempo que las abría mostrando aquel
paraíso oculto mientras comenzaba a recorrer su cuerpo con las manos comenzando
por sus senos, bajando por su abdomen hasta llegar a sus muslos, para luego
seguir deslizando sus dedos hasta la confluencia de los mismos. Su
respiración era cada vez más intensa y entrecortada. Mientras, el contoneo de sus caderas se acompasaba
con el espasmódico movimiento de los músculos de su vientre.
Claudia.-
esto ¿no le excita?
Cosme.-
sí claro, pero mi cabeza me sigue diciendo que comete un grave error
Claudia.-
¡pero de que tiene miedo!
Cosme.-
no tengo miedo, tengo prudencia y no
quiero causarle ningún mal
Claudia.-
quiero sentir lo que sienten las protagonistas de sus novelas, sin importarme
el dolor o la locura
Cosme.-
perdone pero le he mentido, sí que tengo miedo. Miedo, a que el amor a veces es el primer
paso para llegar al sexo; pero otras
muchas, el sexo puede ser un comienzo hacia el amor.
Se puso en pie; Cosme metió los brazos por las mangas de su batín y tranquilamente
anudó con una lazada el cordel a su
cintura
Cosme.-
pero hay otra cosa que nunca debe de confundir:
La atracción; esa no tiene porqué tener nada que ver, ni con
el amor, ni con el sexo. Por cierto, no
hace falta que se vaya a su cuarto, hoy puede dormir aquí. Yo voy
a tomarme un vaso de leche y luego me tumbaré en el sofá.
El pijama quedó tirado en el suelo; descalzo recorrió el pasillo hasta
llegar a la cocina, cogió un vaso del escurreplatos y tras llenarlo de leche
hasta la mitad lo metió en el microondas unos segundos.
Buscó
por los armarios el azucarero para ponerse un par de terrones, y ya sentado se
entretuvo dando vueltas con una cucharilla hasta que se disolvieron por
completo.
En ese momento llegó ella totalmente vestida; había pasado por el aseo a
peinarse, para no dar mala impresión al señor y se sentó en otra silla frente a
él.
Claudia.-
le tengo que pedir perdón por incomodarle de esta manera
Cosme.-
no Claudia, le debo pedir perdón yo, por no rendirme a su belleza; porque es muy bella; cualquier hombre la desearía hasta la
extenuación.
Claudia.-
no diga eso, se ha portado como un caballero y se lo agradezco
Cosme.-
ya lleva aquí casi dos años conmigo; entró con los veinticinco casi recién
cumplidos y no creo que nunca le haya hecho ningún comentario que le pueda
haber resultado ofensivo, y en caso de que haya percibido algún gesto
equivocado por mi parte, entienda que nunca hubo intencionalidad.
Claudia.-
yo siempre lo he visto como un señor prudente y siempre me ha demostrado su
respeto. Pero tengo que decirle que esta noche, hubiera
preferido… Sí, que hubiese pasado algo diferente. Ya sé
que hoy he traicionado su confianza
pero…
Cosme.-
cállese; por mi parte, no tiene que
tener ningún problema, todo puede seguir igual, olvide este incidente. Sabe
que siempre tendrá mi apoyo
Claudia.-
gracias señor
Cosme.-
pero lo mío es distinto
Claudia.-
y eso por qué
Cosme.-
te voy a ser sincero y eres libre de tomar la decisión que creas más oportuna
con respecto a quedarte o irte de esta casa
Claudia.-
no pienso dejar este trabajo me diga lo que me diga, estoy muy a gusto y no
simplemente por el sueldo, ni en mi casa me habían tratado así de bien
Cosme.-
mira, yo siempre he sido como un padre para ti
Claudia.-
tampoco es tan mayor
Cosme.-
te saco bastantes años, la friolera de veinte nada menos
Claudia.-
pero no es tanto como para ser mi padre
Cosme.-
déjeme que le explique la situación en la que ahora me encuentro.
.- A partir de hoy, no sé si seré
capaz de verla con la misma mirada; cada
vez que pase por delante, puede ser que mi mente ya no vea la mujercita que
veía.
.- A mi retina volverá la imagen
exuberante de su cuerpo desnudo y excitado, el que me ha hecho temblar hasta
las entrañas, y sentiré esa sensación que ni las novelas más delirantes y
arriesgadas pueden trasmitir. Y me quedaré callado, conformándome solo con
soñarla.
Claudia.-
yo, tal vez, a partir de ahora siempre lo veré como esa luz inalcanzable que
simplemente me llenará de placer con su pluma en los sueños más hermosos.
Cosme, en un movimiento incontrolado
de su brazo al intentar coger la mano de Claudia hizo que se volcase el vaso de
leche derramando su contenido por toda la mesa.
Ella se levantó enseguida a coger una bayeta con la que recoger y
limpiar el líquido derramado.
En un delirio de insensatez, él se acercó a ella por detrás y la abrazó
apretando con fuerza sus senos. Claudia
inmóvil, podía sentir contra ella el miembro viril del señor que parecía
incrustarse en su espalda. Los dos se
vieron poseídos por un deseo ciego e irrefrenable.
Él aflojó un poco el abrazo, ella se giró lentamente y se puso de
rodillas en el suelo frente a él. Sin desatar el cordón de la bata, la abrió con
sus ardientes manos, y en ese momento una erupción espontanea salpicó a
borbotones impactando en la cara de Claudia y dispersándose por los muebles de
la cocina.
Los dos de repente se echaron a reír
soltando estruendosas carcajadas.
Claudia.-
tenía usted razón, esto es una locura
Cosme.-
lo siento Claudia, la he decepcionado
Claudia.-
en absoluto, era lo esperado
Él la cogió por debajo de los brazos y la levantó, acercándola al
fregadero para que se lavase, mientras buscaba en un cajón un paño limpio y
seco
Claudia.-
ahora me tocará limpiar todo este desastre
Cosme.-
no, ahora nos iremos a la cama y mañana, ya se limpiaremos entre los dos
Claudia.-
¿está seguro?
Cosme.-
si no le importa; creo que ya va siendo
hora de estrenar esas sábanas
Aquella fue la primera noche de algunas otras que se alargarían en el
tiempo hasta el final de sus días.
Rosa Luna, había escrito el
último capítulo de aquellas novelas, producto de una imaginación que se
revelaba ante la frustración de una vida en soledad.
La demanda de Claudia para alcanzar el
éxtasis de la locura suprema parecía no tener límites en una incesante
progresión mística hacia lo inalcanzable. Pasado un tiempo de días y noches de incesante
actividad, en el tablero de ajedrez la partida había terminado. Al amanecer yacía exhausto el rey
confundiéndose su palidez con el blanco de las sábanas de seda. La reina erguida, vestida de luto, es la
única dueña y señora tras el último jaque mate.
Carlos
Torrijos –
C.a.r.l.
(España)
FIN
N. º
de registro:
RVhdjOR2-2025-11-17T23:44:19.882
Ojos de Gata@2025