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miércoles, 26 de noviembre de 2025

La Dama del Ajedrez Cap.- 05


Capítulo.-05

 

      Allí en el salón, encima de la mesa dejó olvidada aquella figurita de madera.  Claudia la cogió para mirar que era.

       Parecía una pieza del ajedrez, la reina, pero con una forma peculiar  y demasiado pesaba.   Al darle la vuelta, su base era de un material  metálico, cuando lo normal es que estuviese forrada de fieltro.    Al fijarse, allí pudo ver en relieve con claridad dos letras que reconoció al instante, esas de forma redondeada que estaban marcadas sobre el lacre en el libro expuesto en el atril del mostrador de la librería.

 

  Claudia dejó correr el tiempo. Pasadas unas semanas, ese miércoles, por alguna extraña razón, el señor no pensaba salir, por lo que como de costumbre hacía a diario fue a la habitación;  se puso el pijama y la bata para estar más cómodo y luego se tumbó en el sofá tapado con la manta a ver una película ya vista varias veces; pero tampoco es que hubiera nada demasiado interesante que ver en otra cadena.

      Esa noche como muchas otras se había quedado dormido de aburrimiento.

  Adormilado, tras recorrer el pasillo medio a tientas, cuando llegó a la habitación le extrañó que la puerta estuviese entreabierta y la luz de la mesita de noche encendida.

      Al entrar quedó parado, sin palabras.    Bajo aquella prohibida fina sábana de seda, la silueta de un cuerpo femenino del que resaltaba con ímpetu la redondez de sus senos coronados por pezones puntiagudos que parecían querer atravesar la suave tela.

Cosme.- muy bien Claudia, y esto, ¿a qué se debe?

Claudia.- siéntese aquí a mi lado señor, o debería llamarlo Rosa Luna

Cosme.- no termino de entender que pretende con esto  ¿Y su novio?

Claudia.- mi novio no tiene nada que ver

      Claudia, retiró un poco la sábana cogiéndola por una esquina y dio un par de palmadas en el colchón para que se sentase a su lado de una vez.

    Cosme se sentó con cara de perplejidad, sin tener muy claro a qué venía aquella actitud tan descarada.

Cosme.-  me parece que está cometiendo un error

Claudia.- yo creo que no es ningún error

Cosme.- piense que yo soy demasiado mayor para usted y que el sexo no solo es una distracción caprichosa, tiene sus peligros

Claudia.- he leído sus novelas y son excitantes

Cosme.- entonces ha leído las novelas de Rosa Luna ¿y cómo sabe que esas novelas las he escrito yo?

Claudia.-Por su firma, es inconfundible.  A partir del día que se dejó la pieza de ajedrez con el sello sobre la mesa, tuve la seguridad de que era usted.

Cosme.- usted lo ha dicho, pero son novelas, ficción escrita en papel para aquellas, que quieren soñar la vida de otra mujer que se atreve a correr ciertos riesgos, esos, que ellas nunca osaran ni a intentar

Claudia.- tal vez porque lo que escribe es demasiado agresivo, tan arriesgado  como para perder todo en el intento y tan excitante que puede rayar la locura

Cosme.- la ficción es lo que tiene, que puede llevar nuestra frágil imaginación a sitios insospechados y lejanos, pero nunca se debe perder de vista el camino, para así, saber regresar a la realidad

Claudia.- porqué no se desnuda y se acuesta aquí conmigo

Cosme.- ¿me estás haciendo una propuesta real o un sueño virtual?

Claudia.- le estoy proponiendo que me muestre lo que hay en las páginas escritas por Rosa Luna

     Cosme se desnudó y se echó junto a ella, pero sin tan siquiera rozarla.

Cosme.- muy bien a partir de ahora soy Rosa Luna ¿Qué quiere saber?

Claudia.- quiero que….

      Entonces Claudia miró casi con desprecio a esa persona tumbada a su lado y ante su tranquila pasividad, decidió poco a poco empujar la sábana con sus pies hacia abajo, hasta quedar su cuerpo totalmente desnudo y a la vista.

Claudia.- póngase de rodillas en la cama y mire mi cuerpo

Cosme.- no tiene porque llamarme de usted, según dice, soy Rosa Luna, no el señor

Claudia.- ¡pues ponte de rodillas y mírame!

      Desnudo, sin ningún pudor se incorporó y arrodilló en la cama de forma que podía admirar todo el cuerpo de Claudia.

 Claudia.- qué ve ¿no le parezco atractiva?

Cosme.- ahora le está preguntando, a Rosa Luna, o al señor

Claudia.- le estoy preguntando al hombre que me hace vibrar con sus escritos

Cosme.- pues veo algo perfecto, algo a lo que admirar, una obra de arte perfecta de carne y hueso

     Claudia encogió sus piernas al tiempo que las abría mostrando aquel paraíso oculto mientras comenzaba a recorrer su cuerpo con las manos comenzando por sus senos, bajando por su abdomen hasta llegar a sus muslos, para luego seguir deslizando sus dedos hasta la confluencia de los mismos.    Su respiración era cada vez más intensa y entrecortada.  Mientras, el contoneo de sus caderas se acompasaba con el espasmódico movimiento de los músculos de su vientre.

Claudia.- esto ¿no le excita?

Cosme.- sí claro, pero mi cabeza me sigue diciendo que comete un grave error

Claudia.- ¡pero de que tiene miedo!

Cosme.- no tengo miedo, tengo prudencia y  no quiero causarle ningún mal

Claudia.- quiero sentir lo que sienten las protagonistas de sus novelas, sin importarme el dolor o la locura

Cosme.- perdone pero le he mentido, sí que tengo miedo.      Miedo, a que el amor a veces es el primer paso para llegar al sexo;  pero otras muchas, el sexo puede ser un comienzo hacia el amor.

   Se puso en pie; Cosme metió los brazos por las mangas de su batín y tranquilamente anudó  con una lazada el cordel a su cintura

Cosme.- pero hay otra cosa que nunca debe de confundir:   La atracción;  esa no tiene porqué tener nada que ver, ni con el amor, ni con el sexo.   Por cierto, no hace falta que se vaya a su cuarto, hoy puede dormir aquí.    Yo voy a tomarme un vaso de leche y luego me tumbaré en el sofá.

      El pijama quedó tirado en el suelo; descalzo recorrió el pasillo hasta llegar a la cocina, cogió un vaso del escurreplatos y tras llenarlo de leche hasta la mitad lo metió en el microondas unos segundos.

   Buscó por los armarios el azucarero para ponerse un par de terrones, y ya sentado se entretuvo dando vueltas con una cucharilla hasta que se disolvieron por completo.

    En ese momento llegó ella totalmente vestida; había pasado por el aseo a peinarse, para no dar mala impresión al señor y se sentó en otra silla frente a él.

Claudia.- le tengo que pedir perdón por incomodarle de esta manera

Cosme.- no Claudia, le debo pedir perdón yo, por no rendirme a su belleza;  porque es muy bella;  cualquier hombre la desearía hasta la extenuación.

Claudia.- no diga eso, se ha portado como un caballero y se lo agradezco

Cosme.- ya lleva aquí casi dos años conmigo;  entró con los veinticinco casi recién cumplidos y no creo que nunca le haya hecho ningún comentario que le pueda haber resultado ofensivo, y en caso de que haya percibido algún gesto equivocado por mi parte, entienda que nunca hubo intencionalidad.

Claudia.- yo siempre lo he visto como un señor prudente y siempre me ha demostrado su respeto.   Pero tengo que decirle que esta noche, hubiera preferido…  Sí, que hubiese pasado algo diferente.   Ya sé que  hoy he traicionado su confianza pero…

Cosme.- cállese;  por mi parte, no tiene que tener ningún problema, todo puede seguir igual, olvide este incidente.     Sabe que siempre tendrá mi apoyo

Claudia.- gracias señor

Cosme.- pero lo mío es distinto

Claudia.- y eso por qué

Cosme.- te voy a ser sincero y eres libre de tomar la decisión que creas más oportuna con respecto a quedarte o irte de esta casa

Claudia.- no pienso dejar este trabajo me diga lo que me diga, estoy muy a gusto y no simplemente por el sueldo, ni en mi casa me habían tratado así de bien

Cosme.- mira, yo siempre he sido como un padre para ti

Claudia.- tampoco es tan mayor

Cosme.- te saco bastantes años, la friolera de veinte nada menos

Claudia.- pero no es tanto como para ser mi padre

Cosme.- déjeme que le explique la situación en la que ahora me encuentro.

  .-  A partir de hoy, no sé si seré capaz de verla con la misma mirada;    cada vez que pase por delante, puede ser que mi mente ya no vea la mujercita que veía.

  .-  A mi retina volverá la imagen exuberante de su cuerpo desnudo y excitado, el que me ha hecho temblar hasta las entrañas, y sentiré esa sensación que ni las novelas más delirantes y arriesgadas pueden trasmitir.   Y me quedaré callado, conformándome solo con soñarla.

Claudia.- yo, tal vez, a partir de ahora siempre lo veré como esa luz inalcanzable que simplemente me llenará de placer con su pluma en los sueños más hermosos.

       Cosme, en un movimiento incontrolado de su brazo al intentar coger la mano de Claudia hizo que se volcase el vaso de leche derramando su contenido por toda la mesa.

     Ella se levantó enseguida a coger una bayeta con la que recoger y limpiar el líquido derramado.

      En un delirio de insensatez, él se acercó a ella por detrás y la abrazó apretando con fuerza sus senos.   Claudia inmóvil, podía sentir contra ella el miembro viril del señor que parecía incrustarse en su espalda.   Los dos se vieron poseídos por un deseo ciego e  irrefrenable.

     Él aflojó un poco el abrazo, ella se giró lentamente y se puso de rodillas en el suelo frente a él.   Sin desatar el cordón de la bata, la abrió con sus ardientes manos, y en ese momento una erupción espontanea salpicó a borbotones impactando en la cara de Claudia y dispersándose por los muebles de la cocina.

         Los dos de repente se echaron a reír soltando estruendosas carcajadas.

Claudia.- tenía usted razón, esto es una locura

Cosme.- lo siento Claudia, la he decepcionado

Claudia.- en absoluto, era lo esperado

     Él la cogió por debajo de los brazos y la levantó, acercándola al fregadero para que se lavase, mientras buscaba en un cajón un paño limpio y seco

Claudia.- ahora me tocará limpiar todo este desastre

Cosme.- no, ahora nos iremos a la cama y mañana, ya se limpiaremos entre los dos

Claudia.- ¿está seguro?

Cosme.- si no le importa;  creo que ya va siendo hora de estrenar esas sábanas

       Aquella fue la primera noche de algunas otras que se alargarían en el tiempo hasta el final de sus días.

           Rosa Luna, había escrito el último capítulo de aquellas novelas, producto de una imaginación que se revelaba ante la frustración de una vida en soledad.

             La demanda de Claudia para alcanzar el éxtasis de la locura suprema parecía no tener límites en una incesante progresión mística hacia lo inalcanzable.  Pasado un tiempo de días y noches de incesante actividad, en el tablero de ajedrez la partida había terminado.   Al amanecer yacía exhausto el rey confundiéndose su palidez con el blanco de las sábanas de seda.   La reina erguida, vestida de luto, es la única dueña y señora tras el último jaque mate.

 

Carlos Torrijos –

C.a.r.l. (España)

FIN 



N. º de registro:

 RVhdjOR2-2025-11-17T23:44:19.882

Ojos de Gata@2025






1 comentario:

  1. El final que llevaba capítulos imaginando….Qué maravilla

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