Translate

sábado, 22 de noviembre de 2025

La Dama del Ajedrez Cap.- 03

 

Capítulo 03

 

   Poco a poco fueron pasando las semanas; la casa estaba organizada y limpia como una patena;   Claudia tenía una lista escondida con los menús diarios para comer variado, repitiendo poco y la mayoría a gusto del señor; algunas cosas no le hacían demasiado gracia, sobre todo el día que tocaba coliflor (más que nada por el olor) pero ese día ella cerraba la puerta de la cocina y abría la ventana de par en par.

   Cuando el señor se levantaba y se dirigía hasta la puerta de entrada a por el periódico, a ella le lucía el verlo pasar por delante de la puerta de la cocina ya aseado y con aquel batín que le quedaba como un guante.

Cosme.- ¿se puede saber que mira tan embobada?

Claudia.- pues que está usted guapísimo

Cosme.- todo es gracias a mi asistente personal, que me cuida hasta en el último detalle

Claudia.-  yo que usted la felicitaría por su trabajo

Cosme.- no… que luego se lo cree.  Vamos, termine de preparar el desayuno

Claudia.- madre mía, si lleva hecho un rato; como no se de prisa se le enfría

-- Esa mañana, Cosme la miraba insistentemente--

Claudia.- qué pasa, ¿tengo monos en la cara?

Cosme.-  ¿no se da cuenta?

Claudia.-  cuenta de qué

Cosme.- que hoy tenemos que llamar para firmar el contrato definitivo; deja usted de estar a prueba

Claudia.- ¿pero ya se ha pasado un mes?

Cosme.- eso dice el calendario

Claudia.- yo le quería pedir un favor

Cosme.- no pienso subirle el sueldo

Claudia.- eso me da igual; pero me gustaría pasar todas las navidades en casa desde el veintidós hasta el siete de enero.  Es el primer año que estoy fuera y además en esa época son las fiestas del pueblo y mis padres me echan de menos

Cosme.- mira que le dije, que se fuese algún fin de semana a verlos

Claudia.- es que, hasta que no tuviese todo organizado no me iba a gusto

Cosme.- pues nada, ahora en navidades me quedaré solo; si cuando vuelva me encuentra demacrado será culpa suya

Claudia.- en eso ya había pensado yo y vendré un día cada poco a dejarle comidas hechas, pero… como no tenga todo recogido, se va a enterar

Cosme.- no hace falta que se moleste; pensándolo bien, yo también iré a casa

Claudia.- nunca está de más ir a ver a la familia unos días

Cosme.- yo de eso no gasto desde hace un par de años

Claudia.- pero ¿va a pasar las navidades solo?

Cosme.- igual me va a dar estar aquí que allí, pero así me libraré de su bronca al volver

Claudia.- ¿y por qué no se viene a mi pueblo? Hay unas fiestas estupendas y en mi casa hay una habitación de sobra

Cosme.- son fechas como usted dice para estar con la familia, sin nadie estorbando

Claudia.- bueno, le doy unos días para pensárselo; al menos en Nochebuena y Navidad

Cosme.- pensándolo bien, tal vez me vaya a algún sitio del sur, que hace menos frío y así conozco Andalucía

       Al llegar las fiestas navideñas, ella marchó a su pueblo sin tener que preocuparse de volver a hacer comidas.  Él como había pensado aquella mañana, cogió un paquete turístico en una agencia de viajes para alojarse un par de días en cada ciudad andaluza y después volver subiendo por Extremadura que tampoco la conocía.

    En cada sitio fue comprando cosas que le parecían más o menos curiosas, con las que adornar un poco el despacho, que solo con el ordenador sobre la mesa, parecía un poco desangelado.

     Cuando el día siete a media mañana llegó Claudia, el señor no estaba en casa, aunque le había dicho que llegaría el seis por la tarde.   Ella se puso a colocar todo lo que no estaba perfectamente en su sitio, se notaba que ya había estado allí.  

      La manta del sillón hecha un guiñapo, la cama deshecha, las toallas del baño en el suelo y el vaso vacío de café con leche sobre la mesa de la cocina.

      .- Menos mal que vino ayer y nada más ha estado un día sin control, si llega a estar una semana me toca entrar con una carretilla a recoger.

---Alguien metía la llave en la cerradura de la puerta---

Claudia.-  ahora voy a abrir

-- Claudia avanzó por el pasillo --

Cosme.- buenos días, que no me habría la llave

Claudia.- ya, es que como estaba sola, he dejado la mía metida por dentro con media vuelta dada

Cosme.- mire que es usted miedosa

Claudia.- no, pero así no entra nadie

Cosme.- pues vaya cogiendo la caja de herramientas y el taladro que tiene que hacer una cosa

Claudia.- ¿ya me viene con inventos?

         Al poco rato, llamaba Alberto a la puerta.  Traía una gran caja

Cosme.-  bueno pues aquí tiene sus reyes Claudia

Claudia.- pues yo no le he comprado nada

Alberto.- donde les pongo esto

Cosme.- si me hace el favor, ayude a Claudia a colocarlo en su cuarto; en la pared de enfrente de la cama que hay enchufe de corriente y toma de internet

       Abrieron la caja y pusieron el televisor sobre la cama; después midieron la distancia para hacer los taladros y anclar una base de hierro a la pared donde sujetarla bien segura. 

 

              ---Una vez colgada y enchufada---

Alberto.- pues esto ya está; con su permiso me bajo de nuevo a la portería

Cosme.- espere un momento; esta tablet, es para usted, que siempre que lo veo anda con el móvil jugando a ese juego de crucigramas y se va a dejar los ojos en una pantalla tan pequeña

Alberto.- pues la verdad es que había pensado en mirar un día alguna barata porque tiene razón

Cosme.- entonces he acertado

Alberto.- muchas gracias, mi vista se lo agradecerá

Cosme.- cierre la puerta al salir

Claudia.- eso ha sido un detallado muy bonito, pero a mí no tenía que comprarme nada

Cosme.- así podrá ver las series esas que se que le gustan

Claudia.- no tenía que haberse preocupado, sabe que también me gusta leer

Cosme.- mire que no está contenta con nada.  La próxima vez le regalo un libro y arreglado

Claudia.- no, no, si me encanta

 

      Siguió pasando el tiempo.   Ella iba al pueblo un fin de semana al mes y el resto de domingos cogieron la costumbre de comer en algún restaurante cercano y después dar un paseo por un parque donde siempre había artistas ambulantes y puestos de curiosidades donde comprar algo si les resultaba atractivo.

     Los sábados por la noche, después de cenar, Claudia quedaba con unas amigas del pueblo algo mayores que ella, que llevaban allí trabajando ya un tiempo.  Salían a dar una vuelta y a bailar un rato en alguna discoteca, pero nunca llegaba más tarde de las tres.

      A la mañana siguiente, a la hora desayuno, a Cosme le gustaba que le contase que habían hecho, donde habían estado, pero sin más pretensión que tener algo de conversación que se saliese de la normalidad del día a día.

 

     Él, tenía como rutina el salir todos los miércoles.    Después de ver la película en el salón y haber dado alguna cabezada que otra, entraba en la habitación y se ponía de punta en blanco.  Con los zapatos en la mano bajaba las escaleras para no hacer ruido y  allá a las seis, volvía a quitarse de nuevo los zapatos en el portal para subir los peldaños sigilosamente sin que nadie se percatase de su presencia.   En el desayuno, Claudia también le hacía preguntas sutiles, pero nunca soltaba prenda de sus andanzas nocturnas.

    Aquella mañana de jueves, Claudia ni abrió la boca; para que gastar saliva preguntando nada.  

  Ya estaba harta de no tener nunca contestación.

Cosme.- qué le pasa hoy  ¿ha dormido mal?

Claudia.- no me pasa nada, pero a mí no vuelva a preguntarme nada de lo que he hecho el sábado, porque no pienso decir ni pío

Cosme.- pero no se enfade, si es que yo no tengo nada que contar

Claudia.- claro, cuatro horas por ahí y está mirando los gatos que andan en los contenedores

Cosme.- pues sí, entre otras cosas

Claudia.- si ya lo digo yo; este señor es muy raro

Cosme.- me gusta pasear por las calles donde hay silencio y pensar

Claudia.- venga que sí;  que no es que me importe, usted hace su vida y me parece muy bien, pero no me cuente cuentos que no soy tonta

Cosme.- usted es libre de creer lo que quiera

Claudia.- a ver ¿desde cuándo fuma usted?

Cosme.- yo no fumo

Claudia.- pues los gatos tampoco y trae la ropa con una peste

Cosme.- me has pillado, algunas veces me tomo algo en un bar donde hay muchos hombres fumando

Claudia.- pues a esos hombres les gusta ponerse perfume de mujer.  No será usted…

Cosme.- yo que voy a ser

Claudia.- que vamos, que no pasa nada, cada uno puede ser lo que quiera

Cosme.- me voy al despacho un rato, que se me va la mañana

Claudia.- vaya, vaya, que ya aireo yo el traje;  lo tendré que colgar en el balcón para que se le vaya el tufo

     ---.- Este se cree que soy tonta y me chupo el dedo, a mí que haga lo que quiera; si no quiere contar nada que no lo cuente, pero que no me venga con milongas---

       El tiempo sigue su curso y pocas cosas cambian en  aquella casa.   Como en todos sitios la invariabilidad se hace costumbre y Claudia de vez en cuando intenta  hacer algo diferente para romper la monotonía:   Una comida diferente, un cambiar cosas de sitio o rebuscar en el armario, para no ver al señor siempre con las mismas corbatas.

Claudia.-señor, puede venir un momento

Cosme.- que quiere

Claudia.- y estas sábanas de seda, que hacen aquí tan guardadas

Cosme.- nada, están ahí sin más

Claudia.- pues hoy las va a estrenar

Cosme.- no, esas sábanas no las ponga

Claudia.- perdón, no quería incomodarlo

Cosme.- no pasa nada, pero no las ponga

Claudia.- bueno, se las dejaré guardadas hasta que tenga una cita especial

Cosme.- es que es usted tonta;   bufff, pero tonta, tonta

Claudia.- tampoco es para ponerse así, digo yo

         --- tal vez había metido la pata, todos tenemos cosas guardadas en nuestro armario particular---

    Después de terminar las tareas de primera hora salió como siempre a hacer la compra.  Prefería hacerla todos los días, para no tener demasiados alimentos en la nevera, que luego se mezclan los olores de todo aunque estén en cajones diferentes.

    Le gustaba pasar por delante del escaparate de una librería y ver qué novedades había.  En esa ocasión, este estaba reservado a un solo libro puesto en un atril de madera en el centro y rodeado de rosas y lunas menguantes.

Claudia.- buenos días

Señora.- hola Claudia, no tengo ningún libro de historia nuevo

Claudia.- y ese libro, que bonito

Señora.- es que el sábado por la tarde, se hace la presentación y siempre los tenemos la semana entera en exposición al público

Claudia.- pero es la primera vez que veo esto así

Señora.- su autora firma como Rosa Luna.  Solo este ejemplar está firmado por ella y sellado con sus iniciales sobre el lacre puesto en la portada.  Después de la presentación lo llevan a otra librería y así en cada sitio por todo el país.

Claudia.- pues es muy chulo

Señora.- venga el sábado y se lleva uno; este no está a la venta

Claudia.- lo mismo me acerco, de todas formas, guárdeme uno.

Señora.- ya le diré yo que le haga una dedicatoria bonita

    Volvió a salir y se quedó de nuevo mirando aquella portada solo verde, con letras doradas y un rosetón de lacre rojo en la esquina inferior derecha con el sello puesto.

   Con el brillo provocado por el reflejo del sol en cristal ni pudo leer bien su título.

     Ese sábado por la mañana cogió el autobús a su pueblo; se le había olvidado por completo lo del libro; bueno ya lo cogería el lunes, pero le hubiese encantado conocer a aquella mujer.  Una escritora normal, no puede captar la atención de esa manara con una simple portada.

     Cuando el lunes entró por la puerta, la señora le tenía el libro preparado sobre el mostrador para que leyese su dedicatoria.

Claudia.- buenos días, estuve el fin de semana en el pueblo

Señora.- ya me lo imaginé

Claudia.- sentí perderme la presentación pero me di cuenta cuando ya iba de camino

Señora.- mire este es su libro y dedicado como le dije

Claudia.- a ver, a ver

Señora.- pero léalo en voz alta

Claudia.- Reinas en la historia, reinas en la vida, reinas en la cama.   Con cariño para Claudia, una gran reina de la lectura

Señora.- le dije que era una gran lectora de libros de historia donde las reinas eran las protagonistas

Claudia.- precioso, me ha encantado

Señora.- ¿se lo envuelvo?

Claudia.- no hace falta

      Al mirar de nuevo la portada, se fijó en su título:

               -- Los susurros del placer--

Claudia.- bueno mejor sí, envuélvalo

Señora.- ya me parecía a mí

Claudia.- y que tal la presentación 

Señora.- muy bien, como siempre, es una señora muy agradable

Claudia.- lo leeré, pero no sé yo si habré hecho una buena compra

Señora.- seguro que le gusta; ya me contará

    ---ya que lo había pagado, habría al menos, que echarle un vistazo—

    Cuando se fue a dormir, ya metida en la cama lo desenvolvió y ojeo algunas páginas para ver de qué iba.    Era algo muy distinto a lo que a ella le gustaba leer, pero aún así decidió comenzarlo por el principio, tiempo habría de aparcarlo en la estantería si no era de su agrado.

 

    Pasada ya una semana.  Los martes, ponían una serie en la tele que siempre veían los dos juntos y la comentaban.   Normalmente Cosme se sentaba en un sillón para no quedarse dormido y ella en otro; cada cual con una mantita pequeña sobre las piernas para estar más calentitos, pero esa noche…

Cosme.- qué anda haciendo, que ya empieza

Claudia.- hoy me la pierdo

Cosme.- ¿y eso?

Claudia.- estoy leyendo un libro que me tiene enganchadísima

Cosme.- pero por un día a la semana;   es nuestro día de serie

Claudia.- vale, ya voy

   Antes de sentarse, pasó por la cocina para llevar unos cuencos con frutos secos, para entretener la mandíbula como de costumbre.

   Siempre ponían dos capítulos seguidos; en el intervalo de anuncios desde que acababa hasta que comenzaba el siguiente:

Cosme.- y se puede saber de qué trata ese libro

Claudia.- de una reina muy distinta a las demás

Cosme.- pero las reinas siempre son reinas

Claudia.- sí, pero la historia se cuenta de maneras diferentes

Cosme.- los relatos de la historia, siempre dependen de la visión que quiera darle el autor

     -- No tenía porqué, ni sabía cómo decirle que era una novela erótica cargada de sexo duro y sumisión sadomasoquista—

 

    El domingo siguiente al levantarse, la cara de Claudia tenía un brillo especial.

     Con una sonrisa permanente, se movía nerviosa de un sitio a otro de la cocina, como un muñeco al que le acaban de poner pilas nuevas.

Cosme.- que le pasa, que parece que tiene “el baile de San Vito”.

Claudia.- nada, por qué me ha de pasar algo

Cosme.- no sé, la veo rara

Claudia.- desayune y déjese de tonterías

     --Como cada domingo allá a la una del medio día, se ponían elegantes para ir a comer a algún sitio--.

Cosme.- mira que es tardona, con usted hacen negocio las tiendas de maquillaje

Claudia.- cállese pesado, que ya voy

Cosme.- muy guapa

Claudia.- no es cuestión de embadurnarse;  poquito pero bien puesto

Cosme.- dónde le apetece que comamos hoy

Claudia.- han abierto un japonés, en una calle cercana

Cosme.- no sé yo, esos comistrajos

Claudia.- si no los probamos, nunca sabremos si nos gustan o no

Cosme.- en tal caso, después del paseo, pasamos por la freiduría a matar el hambre y ya venimos cenados

    --Por la acera adelante, sus pies, los de Claudia,  parecían ir bailando hasta que llegaron a la puerta del nuevo restaurante—

Cosme.- piénselo que está a tiempo de arrepentirse

Claudia.- vamos, quién dijo miedo

--- Entraron y miraron a ver si había alguna mesa libre, pues estaba hasta arriba—

Claudia.- mire, ahí hay una vacía

Cosme.- ya tenemos al menos sitio, a ver que comemos hoy

   --se sentaron y ella comenzó a decir en voz baja:  Se lo tengo que decir, se lo tengo que decir—

Cosme.- ¿qué dice?

Claudia.- nada

Cosme.- qué la estoy oyendo

Claudia.- solo estaba pensando

Cosme.- pues piensa muy alto

Claudia.- es que…

Cosme.- venga, diga lo que tenga que decir, que lleva una mañana que solo le falta comerse las uñas

Claudia.- pues que ayer…  bueno anoche…  conocí a un chico

Cosme.- muy bien

Claudia.- es más majo; estuve bailando con él y luego me acompañó hasta el portal

Cosme.- pero esté tranquila, son cosas de la edad

Claudia.- lo que pasa es que lo veo muy joven, le saco dos años

Cosme.- claro es que usted es muy vieja

Claudia.- he quedado con él para el sábado que viene, a ver si aparece

Cosme.- eso mismo estará pensando él;   usted es demasiado preciosa como para acudir a cualquier cita

Claudia.- que ilusión, nunca había salido con nadie

     ---Él la miraba y se le caía la baba viendo aquel rostro casi infantil que iluminaba de felicidad todo su alrededor---

Claudia.- estoy tan feliz

Cosme.- me alegro mucho, se merece todo lo bueno que le pase y más

     ---La comida no estuvo mal.  En el paseo de la tarde, ella no paraba de hablar, igual que una carraca repitiendo una y otra vez lo guapo que era—

   Aunque todo seguía aparentemente igual, a ella los primeros días de la semana se le pasaban volando, pero el viernes se le hacía interminable, esperando a que llegase al sábado por la noche para volver a verlo.

   Él no podía por menos que reírse al ver a esa mujercita llena de ilusiones y pensando a cada momento en que ropa se pondría para estar más atractiva en la siguiente cita.

Cosme.- estoy pensando que hay que salir de compras

Claudia.- ¿Qué necesita?

Cosme.- necesito verla feliz

Claudia.- pero si estoy feliz

Cosme.- quiero que se vea como la más bonita de todas

Claudia.- bueno sí, otra tontería

Cosme.- póngase  algo de abrigo que nos vamos

Claudia.- pero si hoy es sábado  ¿no lo puede dejar hasta el lunes?

Cosme.- precisamente porque hoy es sábado

    --Salieron por la puerta con paso rápido antes de que cerrasen los comercios—

    Primero entraron a una tienda de ropa y se probó varios vestidos (ella que siempre iba con pantalón) estaba preciosa con todos pero se veía rara; al final cogieron uno elegante y al mismo tiempo moderno y juvenil (el que mejor podía vestir, según la dependienta)

   De allí a una zapatería;  unos zapatos de medio tacón para no resultar demasiado alta (el chaval según ella, era más bien bajito)

    Faltaba lo más delicado. Llegaron a la tienda de lencería y él prefirió quedarse en la puerta, pero puso empeño en que las medias fuesen transparentes y delicadas, el resto de ropa interior prefería ni verla; era algo demasiado personal.

Claudia.- pues ya está todo ¿nos vamos para casa?

Cosme.- ahora nos vamos a comer por ahí, pero primero vamos a pedir hora para esta tarde

Claudia.- pero ¿Dónde me quiere llevar?

Cosme.- ahora lo sabrás

    Entro en un salón de belleza y solicitó hora lo antes posible, para que le hicieran algo en el pelo y las uñas.   Con una buena propina, no hubo problema en que acudiese nada más abrir después de comer.

Cosme.- y ahora a comer tranquilamente

Claudia.- se está gastando un dineral para nada

Cosme.- quiero que sea la envidia de todas, que sea la reina del baile, pero sobre todo que deje de verse como la cenicienta

Claudia.- pero es lo que soy, una criada, por mucho que esta noche me vista de princesa

Cosme.- ¿perdona?  Ahora te voy a tutear, me tienes arto de bobadas; tú eres la asistente personal del señor Cosme.   ¡Mucho cuidado!

Claudia.- pues eso, la que le hace la comida y le limpia el polvo

Cosme.- a partir de mañana, contrato a otra persona y usted solo va a ser mi asesora

Claudia.- usted está bobo

Cosme.- ¿no es lo que quiere?

Claudia.- yo no he dicho eso

Cosme.- pues que nunca le vuelva a oír decir que solo es mi criada; es mucho más que eso, es la señorita de la casa, la hija que nunca tendré y mi heredera, aunque para eso espero que falte mucho tiempo

Claudia.- vamos a comer y no se enfade



 

 



2 comentarios:

  1. Buen capítulo, maese. Muy solícito el Señor Cosme, en qué quedará ésto... 🙂

    ResponderEliminar
  2. Magnifica historia 😘😘

    ResponderEliminar