Capítulo 03
Poco a poco fueron pasando las semanas; la casa estaba organizada y
limpia como una patena; Claudia tenía
una lista escondida con los menús diarios para comer variado, repitiendo poco y
la mayoría a gusto del señor; algunas cosas no le hacían demasiado gracia,
sobre todo el día que tocaba coliflor (más que nada por el olor) pero ese día
ella cerraba la puerta de la cocina y abría la ventana de par en par.
Cuando el señor se levantaba y se dirigía hasta la puerta de entrada a
por el periódico, a ella le lucía el verlo pasar por delante de la puerta de la
cocina ya aseado y con aquel batín que le quedaba como un guante.
Cosme.-
¿se puede saber que mira tan embobada?
Claudia.-
pues que está usted guapísimo
Cosme.-
todo es gracias a mi asistente personal, que me cuida hasta en el último
detalle
Claudia.- yo que usted la felicitaría por su trabajo
Cosme.-
no… que luego se lo cree. Vamos, termine
de preparar el desayuno
Claudia.-
madre mía, si lleva hecho un rato; como no se de prisa se le enfría
-- Esa mañana, Cosme la miraba
insistentemente--
Claudia.-
qué pasa, ¿tengo monos en la cara?
Cosme.- ¿no se da cuenta?
Claudia.- cuenta de qué
Cosme.-
que hoy tenemos que llamar para firmar el contrato definitivo; deja usted de
estar a prueba
Claudia.-
¿pero ya se ha pasado un mes?
Cosme.-
eso dice el calendario
Claudia.-
yo le quería pedir un favor
Cosme.-
no pienso subirle el sueldo
Claudia.-
eso me da igual; pero me gustaría pasar todas las navidades en casa desde el
veintidós hasta el siete de enero. Es el
primer año que estoy fuera y además en esa época son las fiestas del pueblo y
mis padres me echan de menos
Cosme.-
mira que le dije, que se fuese algún fin de semana a verlos
Claudia.-
es que, hasta que no tuviese todo organizado no me iba a gusto
Cosme.-
pues nada, ahora en navidades me quedaré solo; si cuando vuelva me encuentra
demacrado será culpa suya
Claudia.-
en eso ya había pensado yo y vendré un día cada poco a dejarle comidas hechas,
pero… como no tenga todo recogido, se va a enterar
Cosme.-
no hace falta que se moleste; pensándolo bien, yo también iré a casa
Claudia.-
nunca está de más ir a ver a la familia unos días
Cosme.-
yo de eso no gasto desde hace un par de años
Claudia.-
pero ¿va a pasar las navidades solo?
Cosme.-
igual me va a dar estar aquí que allí, pero así me libraré de su bronca al
volver
Claudia.-
¿y por qué no se viene a mi pueblo? Hay unas fiestas estupendas y en mi casa
hay una habitación de sobra
Cosme.-
son fechas como usted dice para estar con la familia, sin nadie estorbando
Claudia.-
bueno, le doy unos días para pensárselo; al menos en Nochebuena y Navidad
Cosme.-
pensándolo bien, tal vez me vaya a algún sitio del sur, que hace menos frío y
así conozco Andalucía
Al llegar las fiestas navideñas, ella marchó a su pueblo sin tener que
preocuparse de volver a hacer comidas.
Él como había pensado aquella mañana, cogió un paquete turístico en una
agencia de viajes para alojarse un par de días en cada ciudad andaluza y
después volver subiendo por Extremadura que tampoco la conocía.
En cada sitio fue comprando cosas que le parecían más o menos curiosas,
con las que adornar un poco el despacho, que solo con el ordenador sobre la
mesa, parecía un poco desangelado.
Cuando el día siete a media mañana llegó Claudia, el señor no estaba en
casa, aunque le había dicho que llegaría el seis por la tarde. Ella se puso a colocar todo lo que no estaba
perfectamente en su sitio, se notaba que ya había estado allí.
La manta del sillón hecha un guiñapo, la cama deshecha, las toallas del
baño en el suelo y el vaso vacío de café con leche sobre la mesa de la cocina.
.- Menos mal que vino ayer y nada más ha estado un día sin control, si
llega a estar una semana me toca entrar con una carretilla a recoger.
---Alguien metía la llave en la
cerradura de la puerta---
Claudia.- ahora voy a abrir
-- Claudia avanzó por el pasillo --
Cosme.-
buenos días, que no me habría la llave
Claudia.-
ya, es que como estaba sola, he dejado la mía metida por dentro con media
vuelta dada
Cosme.-
mire que es usted miedosa
Claudia.-
no, pero así no entra nadie
Cosme.-
pues vaya cogiendo la caja de herramientas y el taladro que tiene que hacer una
cosa
Claudia.-
¿ya me viene con inventos?
Al poco rato, llamaba Alberto a la
puerta. Traía una gran caja
Cosme.- bueno pues aquí tiene sus reyes Claudia
Claudia.-
pues yo no le he comprado nada
Alberto.-
donde les pongo esto
Cosme.-
si me hace el favor, ayude a Claudia a colocarlo en su cuarto; en la pared de
enfrente de la cama que hay enchufe de corriente y toma de internet
Abrieron la caja y pusieron el televisor sobre la cama; después midieron
la distancia para hacer los taladros y anclar una base de hierro a la pared donde
sujetarla bien segura.
---Una vez colgada y enchufada---
Alberto.-
pues esto ya está; con su permiso me bajo de nuevo a la portería
Cosme.-
espere un momento; esta tablet, es para usted, que siempre que lo veo anda con
el móvil jugando a ese juego de crucigramas y se va a dejar los ojos en una
pantalla tan pequeña
Alberto.-
pues la verdad es que había pensado en mirar un día alguna barata porque tiene
razón
Cosme.-
entonces he acertado
Alberto.-
muchas gracias, mi vista se lo agradecerá
Cosme.-
cierre la puerta al salir
Claudia.-
eso ha sido un detallado muy bonito, pero a mí no tenía que comprarme nada
Cosme.-
así podrá ver las series esas que se que le gustan
Claudia.-
no tenía que haberse preocupado, sabe que también me gusta leer
Cosme.-
mire que no está contenta con nada. La
próxima vez le regalo un libro y arreglado
Claudia.-
no, no, si me encanta
Siguió pasando el tiempo. Ella
iba al pueblo un fin de semana al mes y el resto de domingos cogieron la
costumbre de comer en algún restaurante cercano y después dar un paseo por un
parque donde siempre había artistas ambulantes y puestos de curiosidades donde
comprar algo si les resultaba atractivo.
Los sábados por la noche, después de cenar, Claudia quedaba con unas
amigas del pueblo algo mayores que ella, que llevaban allí trabajando ya un
tiempo. Salían a dar una vuelta y a
bailar un rato en alguna discoteca, pero nunca llegaba más tarde de las tres.
A la mañana siguiente, a la hora desayuno, a Cosme le gustaba que le
contase que habían hecho, donde habían estado, pero sin más pretensión que
tener algo de conversación que se saliese de la normalidad del día a día.
Él, tenía como rutina el salir todos los miércoles. Después de ver la película en el salón y haber
dado alguna cabezada que otra, entraba en la habitación y se ponía de punta en
blanco. Con los zapatos en la mano bajaba
las escaleras para no hacer ruido y allá
a las seis, volvía a quitarse de nuevo los zapatos en el portal para subir los
peldaños sigilosamente sin que nadie se percatase de su presencia. En el desayuno, Claudia también le hacía
preguntas sutiles, pero nunca soltaba prenda de sus andanzas nocturnas.
Aquella mañana de jueves, Claudia ni abrió la boca; para que gastar saliva preguntando nada.
Ya
estaba harta de no tener nunca contestación.
Cosme.-
qué le pasa hoy ¿ha dormido mal?
Claudia.-
no me pasa nada, pero a mí no vuelva a preguntarme nada de lo que he hecho el
sábado, porque no pienso decir ni pío
Cosme.-
pero no se enfade, si es que yo no tengo nada que contar
Claudia.-
claro, cuatro horas por ahí y está mirando los gatos que andan en los
contenedores
Cosme.-
pues sí, entre otras cosas
Claudia.-
si ya lo digo yo; este señor es muy raro
Cosme.-
me gusta pasear por las calles donde hay silencio y pensar
Claudia.-
venga que sí; que no es que me importe,
usted hace su vida y me parece muy bien, pero no me cuente cuentos que no soy
tonta
Cosme.-
usted es libre de creer lo que quiera
Claudia.-
a ver ¿desde cuándo fuma usted?
Cosme.-
yo no fumo
Claudia.-
pues los gatos tampoco y trae la ropa con una peste
Cosme.-
me has pillado, algunas veces me tomo algo en un bar donde hay muchos hombres
fumando
Claudia.-
pues a esos hombres les gusta ponerse perfume de mujer. No será usted…
Cosme.-
yo que voy a ser
Claudia.-
que vamos, que no pasa nada, cada uno puede ser lo que quiera
Cosme.-
me voy al despacho un rato, que se me va la mañana
Claudia.-
vaya, vaya, que ya aireo yo el traje; lo
tendré que colgar en el balcón para que se le vaya el tufo
---.- Este se cree que soy tonta y me chupo el dedo, a mí que haga lo
que quiera; si no quiere contar nada que no lo cuente, pero que no me venga con
milongas---
El tiempo sigue su curso y pocas cosas cambian en aquella casa. Como en todos sitios la invariabilidad se
hace costumbre y Claudia de vez en cuando intenta hacer algo diferente para romper la
monotonía: Una comida diferente, un
cambiar cosas de sitio o rebuscar en el armario, para no ver al señor siempre
con las mismas corbatas.
Claudia.-señor,
puede venir un momento
Cosme.-
que quiere
Claudia.-
y estas sábanas de seda, que hacen aquí tan guardadas
Cosme.-
nada, están ahí sin más
Claudia.-
pues hoy las va a estrenar
Cosme.-
no, esas sábanas no las ponga
Claudia.-
perdón, no quería incomodarlo
Cosme.-
no pasa nada, pero no las ponga
Claudia.-
bueno, se las dejaré guardadas hasta que tenga una cita especial
Cosme.-
es que es usted tonta; bufff, pero
tonta, tonta
Claudia.-
tampoco es para ponerse así, digo yo
--- tal vez había metido la
pata, todos tenemos cosas guardadas en nuestro armario particular---
Después de terminar las tareas de primera hora salió como siempre a
hacer la compra. Prefería hacerla todos
los días, para no tener demasiados alimentos en la nevera, que luego se mezclan
los olores de todo aunque estén en cajones diferentes.
Le gustaba pasar por delante del escaparate de una librería y ver qué
novedades había. En esa ocasión, este
estaba reservado a un solo libro puesto en un atril de madera en el centro y
rodeado de rosas y lunas menguantes.
Claudia.-
buenos días
Señora.-
hola Claudia, no tengo ningún libro de historia nuevo
Claudia.-
y ese libro, que bonito
Señora.-
es que el sábado por la tarde, se hace la presentación y siempre los tenemos la
semana entera en exposición al público
Claudia.-
pero es la primera vez que veo esto así
Señora.-
su autora firma como Rosa Luna. Solo
este ejemplar está firmado por ella y sellado con sus iniciales sobre el lacre
puesto en la portada. Después de la
presentación lo llevan a otra librería y así en cada sitio por todo el país.
Claudia.-
pues es muy chulo
Señora.-
venga el sábado y se lleva uno; este no está a la venta
Claudia.-
lo mismo me acerco, de todas formas, guárdeme uno.
Señora.-
ya le diré yo que le haga una dedicatoria bonita
Volvió a salir y se quedó de nuevo mirando aquella portada solo verde,
con letras doradas y un rosetón de lacre rojo en la esquina inferior derecha
con el sello puesto.
Con el brillo provocado por el reflejo del sol en cristal ni pudo leer
bien su título.
Ese sábado por la mañana cogió
el autobús a su pueblo; se le había olvidado por completo lo del libro; bueno
ya lo cogería el lunes, pero le hubiese encantado conocer a aquella mujer. Una escritora normal, no puede captar la
atención de esa manara con una simple portada.
Cuando el lunes entró por la puerta, la señora le tenía el libro
preparado sobre el mostrador para que leyese su dedicatoria.
Claudia.-
buenos días, estuve el fin de semana en el pueblo
Señora.-
ya me lo imaginé
Claudia.-
sentí perderme la presentación pero me di cuenta cuando ya iba de camino
Señora.-
mire este es su libro y dedicado como le dije
Claudia.-
a ver, a ver
Señora.-
pero léalo en voz alta
Claudia.-
Reinas en la historia, reinas en la vida, reinas en la cama. Con cariño para Claudia, una gran reina de
la lectura
Señora.-
le dije que era una gran lectora de libros de historia donde las reinas eran
las protagonistas
Claudia.-
precioso, me ha encantado
Señora.-
¿se lo envuelvo?
Claudia.-
no hace falta
Al mirar de nuevo la portada, se fijó en su título:
-- Los susurros del placer--
Claudia.-
bueno mejor sí, envuélvalo
Señora.- ya me parecía a mí
Claudia.- y que tal la presentación
Señora.-
muy bien, como siempre, es una señora muy agradable
Claudia.-
lo leeré, pero no sé yo si habré hecho una buena compra
Señora.-
seguro que le gusta; ya me contará
---ya que lo había pagado, habría al menos, que echarle un vistazo—
Cuando se fue a dormir, ya metida en la cama lo desenvolvió y ojeo
algunas páginas para ver de qué iba. Era algo muy distinto a lo que a ella le
gustaba leer, pero aún así decidió comenzarlo por el principio, tiempo habría
de aparcarlo en la estantería si no era de su agrado.
Pasada ya una semana. Los martes,
ponían una serie en la tele que siempre veían los dos juntos y la comentaban. Normalmente Cosme se sentaba en un sillón
para no quedarse dormido y ella en otro; cada cual con una mantita pequeña
sobre las piernas para estar más calentitos, pero esa noche…
Cosme.-
qué anda haciendo, que ya empieza
Claudia.-
hoy me la pierdo
Cosme.-
¿y eso?
Claudia.-
estoy leyendo un libro que me tiene enganchadísima
Cosme.-
pero por un día a la semana; es nuestro día de serie
Claudia.-
vale, ya voy
Antes de sentarse, pasó por la cocina para llevar unos cuencos con
frutos secos, para entretener la mandíbula como de costumbre.
Siempre ponían dos capítulos seguidos; en el intervalo de anuncios desde
que acababa hasta que comenzaba el siguiente:
Cosme.-
y se puede saber de qué trata ese libro
Claudia.-
de una reina muy distinta a las demás
Cosme.-
pero las reinas siempre son reinas
Claudia.-
sí, pero la historia se cuenta de maneras diferentes
Cosme.-
los relatos de la historia, siempre dependen de la visión que quiera darle el
autor
-- No tenía porqué, ni sabía cómo decirle que era una novela erótica
cargada de sexo duro y sumisión sadomasoquista—
El domingo siguiente al levantarse, la cara de Claudia tenía un brillo
especial.
Con una
sonrisa permanente, se movía nerviosa de un sitio a otro de la cocina, como un
muñeco al que le acaban de poner pilas nuevas.
Cosme.-
que le pasa, que parece que tiene “el baile de San Vito”.
Claudia.-
nada, por qué me ha de pasar algo
Cosme.-
no sé, la veo rara
Claudia.-
desayune y déjese de tonterías
--Como cada domingo allá a la
una del medio día, se ponían elegantes para ir a comer a algún sitio--.
Cosme.-
mira que es tardona, con usted hacen negocio las tiendas de maquillaje
Claudia.-
cállese pesado, que ya voy
Cosme.-
muy guapa
Claudia.-
no es cuestión de embadurnarse; poquito
pero bien puesto
Cosme.-
dónde le apetece que comamos hoy
Claudia.-
han abierto un japonés, en una calle cercana
Cosme.-
no sé yo, esos comistrajos
Claudia.-
si no los probamos, nunca sabremos si nos gustan o no
Cosme.-
en tal caso, después del paseo, pasamos por la freiduría a matar el hambre y ya
venimos cenados
--Por la acera adelante, sus pies, los de Claudia, parecían ir bailando hasta que llegaron a la
puerta del nuevo restaurante—
Cosme.-
piénselo que está a tiempo de arrepentirse
Claudia.-
vamos, quién dijo miedo
--- Entraron y miraron a ver si había
alguna mesa libre, pues estaba hasta arriba—
Claudia.-
mire, ahí hay una vacía
Cosme.-
ya tenemos al menos sitio, a ver que comemos hoy
--se sentaron y ella comenzó a decir en voz baja: Se lo tengo que decir, se lo tengo que decir—
Cosme.-
¿qué dice?
Claudia.-
nada
Cosme.-
qué la estoy oyendo
Claudia.-
solo estaba pensando
Cosme.-
pues piensa muy alto
Claudia.-
es que…
Cosme.-
venga, diga lo que tenga que decir, que lleva una mañana que solo le falta
comerse las uñas
Claudia.-
pues que ayer… bueno anoche… conocí a un chico
Cosme.-
muy bien
Claudia.-
es más majo; estuve bailando con él y luego me acompañó hasta el portal
Cosme.-
pero esté tranquila, son cosas de la edad
Claudia.-
lo que pasa es que lo veo muy joven, le saco dos años
Cosme.-
claro es que usted es muy vieja
Claudia.-
he quedado con él para el sábado que viene, a ver si aparece
Cosme.-
eso mismo estará pensando él; usted es
demasiado preciosa como para acudir a cualquier cita
Claudia.-
que ilusión, nunca había salido con nadie
---Él la miraba y se le caía la baba viendo aquel rostro casi infantil
que iluminaba de felicidad todo su alrededor---
Claudia.-
estoy tan feliz
Cosme.-
me alegro mucho, se merece todo lo bueno que le pase y más
---La comida no estuvo mal. En el
paseo de la tarde, ella no paraba de hablar, igual que una carraca repitiendo
una y otra vez lo guapo que era—
Aunque todo seguía aparentemente igual, a ella los primeros días de la
semana se le pasaban volando, pero el viernes se le hacía interminable,
esperando a que llegase al sábado por la noche para volver a verlo.
Él no podía por menos que reírse al ver a esa mujercita llena de
ilusiones y pensando a cada momento en que ropa se pondría para estar más
atractiva en la siguiente cita.
Cosme.-
estoy pensando que hay que salir de compras
Claudia.-
¿Qué necesita?
Cosme.-
necesito verla feliz
Claudia.-
pero si estoy feliz
Cosme.-
quiero que se vea como la más bonita de todas
Claudia.-
bueno sí, otra tontería
Cosme.-
póngase algo de abrigo que nos vamos
Claudia.-
pero si hoy es sábado ¿no lo puede dejar
hasta el lunes?
Cosme.-
precisamente porque hoy es sábado
--Salieron por la puerta con paso rápido antes de que cerrasen los
comercios—
Primero entraron a una tienda de ropa y se probó varios vestidos (ella
que siempre iba con pantalón) estaba preciosa con todos pero se veía rara; al
final cogieron uno elegante y al mismo tiempo moderno y juvenil (el que mejor
podía vestir, según la dependienta)
De allí a una zapatería; unos
zapatos de medio tacón para no resultar demasiado alta (el chaval según ella,
era más bien bajito)
Faltaba lo más delicado. Llegaron a la tienda de lencería y él prefirió
quedarse en la puerta, pero puso empeño en que las medias fuesen transparentes
y delicadas, el resto de ropa interior prefería ni verla; era algo demasiado
personal.
Claudia.-
pues ya está todo ¿nos vamos para casa?
Cosme.-
ahora nos vamos a comer por ahí, pero primero vamos a pedir hora para esta
tarde
Claudia.-
pero ¿Dónde me quiere llevar?
Cosme.-
ahora lo sabrás
Entro en un salón de belleza y solicitó hora lo antes posible, para que
le hicieran algo en el pelo y las uñas. Con una buena propina, no hubo problema en que
acudiese nada más abrir después de comer.
Cosme.-
y ahora a comer tranquilamente
Claudia.-
se está gastando un dineral para nada
Cosme.-
quiero que sea la envidia de todas, que sea la reina del baile, pero sobre todo
que deje de verse como la cenicienta
Claudia.-
pero es lo que soy, una criada, por mucho que esta noche me vista de princesa
Cosme.-
¿perdona? Ahora te voy a tutear, me
tienes arto de bobadas; tú eres la asistente personal del señor Cosme. ¡Mucho cuidado!
Claudia.-
pues eso, la que le hace la comida y le limpia el polvo
Cosme.-
a partir de mañana, contrato a otra persona y usted solo va a ser mi asesora
Claudia.-
usted está bobo
Cosme.-
¿no es lo que quiere?
Claudia.-
yo no he dicho eso
Cosme.-
pues que nunca le vuelva a oír decir que solo es mi criada; es mucho más que
eso, es la señorita de la casa, la hija que nunca tendré y mi heredera, aunque
para eso espero que falte mucho tiempo
Claudia.-
vamos a comer y no se enfade

Buen capítulo, maese. Muy solícito el Señor Cosme, en qué quedará ésto... 🙂
ResponderEliminarMagnifica historia 😘😘
ResponderEliminar