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lunes, 10 de noviembre de 2025

Una llamada

       Pensé escribir un extenso relato con larga duración en el tiempo y me quede en un exiguo diálogo que transcurre en unas breves horas.

     Con esto creo expresar todo aquello que quería decir, sin necesidad de marear la perdiz, sin buscar recovecos donde encontrar enigmas que resolver, ni dudas que poner sobre la mesa.

Dedicado, como siempre digo....

A quien corresponda.

N.º de registro: jXTnScCk-2025-11-09T23:27:11.488 

Una llamada

 

     Andreíta; como siempre la habían llamado sus padres y luego  más tarde las vecinas de ese barrio obrero.

       Un barrio como tantos otros, con sus casas pegadas unas a otras, aquellas que se construyeron para alojar a la gente trabajadora de aquellos años.  Poquito terreno bien distribuido en dos plantas, para en la parte trasera quedase un huequecito para un pequeño patio, donde poner los tiestos con flores variadas que daban color a las encaladas paredes.

    Cuanto han cambiado los tiempos;  los de siempre se fueron muriendo, los niños crecieron y marcharon, las calles ya no son lo que eran.   Las vecinas ya no salen a la puerta al atardecer, con su silla de la mano para formar corros y hablar de sus cosas mientras esperan la llegada de sus maridos volviendo del trabajo.

    Se acabó la algarabía de los más pequeños corriendo y gritando de calle en calle. Ya nadie entra a toda prisa en casa, para coger: Algodón, agua oxigenada y la socorrida mercromina, con la que curar las rodillas magulladas por un tropiezo.

     El cemento de las calles ha ido dando paso al asfalto, aquellos descampados bravíos, en los que los nuevos jovenzuelos hacían sus primeras fechorías, se fueron transformando en nuevas construcciones de más altura, cambiando el horizonte al que mirar;  el aire se ha vuelto más denso, la gente del entorno son ya desconocidos, los coches pasan a toda velocidad por la puerta sin regalar un saludo y las puertas que siempre habían permanecido semi-abiertas, ahora tienen varios cerrojos, corridos día y noche, por miedo a lo distinto. 

        Después de comer, Andreíta se asoma siempre a los cristales esperando la llegada de alguien que nunca llega.  Hace un tiempo que se quedó viuda, su única hija se casó y se fue a vivir lejos;  bueno le queda la compañía de sus mejores amigos,  el televisor y los libros.

   De nuevo, para hacer la tarde más corta, coge el cepillo para bailar con él, pone el trapo del polvo en el hombro; otro repaso a lo mil veces limpio antes de acercarse al mueble a  coger cualquier libro mil veces leído y releer sentada en el sillón junto a la inestimable compañía de ese guapo presentador de concursos que cada tarde le entretiene desde el televisor.

  A veces suena el teléfono;   no es la llamada que ella espera, pero menos es nada. 

  Descuelga y responde amablemente, luego escucha con calma a la señorita que le intenta vender alguna cosa o le sugiere que cambie de compañía, haciéndole ofertas y ofrecimientos que ni entiende.   Ya pasado un ratito se despide agradeciendo de que al menos alguien, se haya acordado su existencia.  

 Otra vez, vuelve a dar volumen al televisor para sentirse acompañada;    de nuevo abre el viejo libro por cualquier página, para leer esas frases con las que poder  viajar a esos sitios donde sus piernas ya no pueden llevarla.

  Pasan, pasan los meses y nada cambia; varias veces ha pensado en acercarse a un edificio cercano,  junto a la iglesia,  allí donde las personas mayores se juntan por la tarde para hacer trabajos manuales, echar una partida a la brisca, o simplemente a hablar recordando momentos vividos.

     Algunas de las vecinas de antes, esas que aún quedan, pasan cada tarde por delante de la ventana, pero ella no termina de animarse.     Le han dicho que también hacen excursiones algún que otro fin de semana,  pero ella no quiere moverse de casa, espera esa llamada de teléfono que nunca llega y no se va a arriesgar a que llegue y en ese momento ella esté ausente.

 

   Es invierno; las seis y media de la tarde, ya de noche.

 Un poco de leche en una cazuela donde hervir un poco de pan que sobró de la barrita de al medio día; luego un poquito de azúcar para que sepa a algo, eso sí, poquita, a estas edades cuando no es el colesterol, es la tensión, la glucosa o todo junto.   Hay que ver qué pena, ahora que tiene dos monedas de sobra, se encuentra con que todo aquello que le gustaría, está prohibido.

     Después se va hasta el comedor de nuevo, no sin haber dejado bien recogida y limpia la cocina.

   Allí pacientemente, va comiendo su manjar nocturno cucharada a cucharada, no hay prisa, otras personas la acompañan tras la pantalla y le cuentan lo que pasa en el mundo; siempre es casi lo mismo, ya se tienen que saber los papeles de memoria

  .- pobre gente, bueno con algo se tienen que ganar la vida.

  Y como siempre después, ya terminado el tazón de sopas de leche, ese chico tan simpático que va diciendo que tiempo va hacer en los próximos días 

    .- que listo es, casi siempre acierta.

     Esa, como todas las tardes, se ha hecho larga; a esas horas, donde va a estar mejor que en su cama.   Tardará en dormirse imaginando cualquier cosa y una noche más rezará para que no tarde mucho en llegar esa llamada.

    Al día siguiente, no le hace falta despertador, antes de que despunte el sol, se pone las zapatillas y la bata para ventilar la habitación con las mantas de la cama echadas hacia atrás mientras se prepara el desayuno.

  Después de hacer la cama, comenzará a bailar con su cepillo de barrer, como siempre con el trapo del polvo sobre el hombro, haciendo tiempo para vestirse antes de  salir a la tienda a comprar el pan.

   Luego de vuelta a la rutina esperando una llamada que no llega.

 

  El reloj colgado en la pared daba sus nueve golpecitos en las desafinadas campanillas.  La mirada se embelesa   en una pequeña telaraña, que parece revolotear justo a la bombilla de la lámpara.

   .- ay danzanta, de mañana no pasas; si no me fallasen tanto las pernas al subirme a la escalera…

     Bueno, para que pensar en las cosas que ya no tienen solución.    Esa noche, no tiene ni ganas de llevar el tazón a la cocina.   Se irá a la habitación y aprovechando que la noche parece estar templada, abrirá un poco la ventana y tumbada en la cama se entretendrá mirando el cielo, a ver si alguna estrella quiere contarle algo.

      En ese momento suena el teléfono; quien será a estas horas.   Por un momento se le sobrecoge el alma.

      .-  dígame; qué pasa.

.-  no nada mamá, que ha venido Paco del trabajo y me acaba de decir que esta noche tenemos una cena, como tardaremos en volver, ahora vístete que baja a buscarte con el coche y te quedas a dormir aquí hoy cuidando a Nacho.

   .- vale, vale.

       Colgó, y se fue a coger una bolsa donde meter un pijama cómodo y de paso ponerse una rebeca de lana sobre los hombros. 

      Camino a la habitación iba pensando en voz alta:

    .- Que jodida esta hija mía, solo se acuerda de mí para irse de cena y lleva sin llamarme varios meses.  De todas formas ya era hora de que se acordase, lo importante es que voy a poder ver a mi nieto.   

   Apagó todas las luces, salió a la calle y cerró la puerta con llave.     Allí apoyada su espalda en la pared esperó hasta que llegó su yerno.

     Cuando se subió al coche, agradeció que llevase la calefacción puesta; parece que no, pero se había quedado fresca allí de pie tanto rato.

Paco.- que tal va la vida abuela

Andreíta.- pues como siempre

Paco.- se te ve bien

Andreíta.- pues sí, pero ya era hora de que me volvieses a ver

Paco.- es que ya sabes que andamos liados siempre con un montón de cosas

Andreíta.- en fin, me callaré, vamos que ni una llamada de teléfono

Paco.- a mí no me diga

Andreíta.-  sí te digo

Paco.- ahora cuando lleguemos lo habla con Laura

       Salieron del coche, que quedó arrancado a la puerta de casa (no iban a tardar mucho en bajar).   Subieron las escaleras y la hija ya estaba arreglada en el descansillo esperando.

Andreíta.- que tal estás Laura

Laura.- bien; Nacho está en el sofá viendo la tele, si te hace falta algo él sabe donde está todo.   Bueno ya nos vamos que no llegamos ¡ah! y no os acostéis muy tarde.

Andreíta.- pues vaya un recibimiento, si no fuera porque voy a estar con mi nieto, iba a venir María Santísima; que muchacha más desagradecida.

Nacho.- hola abuela

Abuela.- hombre ya era hora de que alguien al menos me saludase bien

Nacho.- siéntate y calla, que estoy viendo esta serie

Abuela.- apaga ese trasto que eso lo puedes ver otro día

Nacho.- que no abuela, que solo quedan diez minutos

Abuela.- diez minutos y ni uno más

 --Nacho se levantó del sofá corriendo y le dio un beso—

     Solo por ese beso, estaría viendo la tele sentada junto a su nieto el tiempo que hiciese falta.

    No pasaron más de 15 minutos; al terminar un capítulo comenzaba otro, pero Nacho, cogió el mando y apagó el televisor.

Nacho.- Qué te apetece que hagamos ¿has cenado ya?

Abuela.- y tú ¿has cenado?

Nacho.- sí abuela, se ha puesto pesada mamá, porque no quería que anduvieses a los fuegos

Abuela.- esta se piensa que soy una inútil, me cago en la leche, perdona que diga esto de tu madre, pero si acaso tuviese la mitad de garbo que yo, así, así iban a estar los rincones de esta casa  (clavando sus ojos  abiertos en los recovecos de todo el salón)

Nacho.- ja, ja, ja, pues ella dice que tú eres doña limpieza y que cualquier día te estontonas, por andar siempre por encima de las sillas.

Abuela.- no, mejor dejo que me coma la mierda

Nacho.- pero que exagerada eres

Abuela.- no hijo, el día que no pueda, no me va a quedar más remedio;    pero si no viene a verme estando todo hecho, si tuviese algo sucio y lo tuviera que hacer ella, entonces ya ni llamaba cada seis meses por si le pedía que fuera a echarme una mano.

Nacho.- Tampoco la pintes tan mal.  Están todo el día los dos trabajando fuera de casa y demasiado que sacan un poco tiempo para atenderme a mí.

Abuela.- si es que tú, hasta que seas un poco más grande tenías que vivir conmigo, en mi casa y así estarías mejor atendido

Nacho.- bueno que ya tengo doce años, tampoco soy tan pequeño

Abuela.- doce años…  Mocoso que no levanta un palmo del suelo

     Nacho la cogió y la levantó del sofá como si fuera una pluma.  Los dos de pie, comenzaron a reír a carcajadas.

Nacho.- pero abuela, si te saco casi la cabeza

Abuela.- eso son bobadas, no dejas de ser un renacuajo.

Nacho.- mira abuela, yo se que quieres lo mejor para mí, y lo mejor es estar aquí con mis padres; además cuando llegan por la tarde, no creas que se sientan, no; bien uno u otro siempre se van a mi lado a repasar los deberes de clase y todo lo que tengo que estudiar

Abuela.-tienes razón, yo la verdad es que si me sacas de cuatro cuentas, no te podría ayudar

Nacho.- bueno, vamos ya a dejar de hablar de esto.  Qué te apetece que hagamos, es pronto y además esta noche la tenemos que aprovechar.

Abuela.- no sé, te apetece que salgamos a dar un paseo y me enseñas este barrio

Nacho.- creo que no es una buena idea

Abuela.- tranquilo que por mi boca, tu madre no se va a enterar

Nacho.- que no es eso abuela; donde tú vives sois cuatro gatos, de noche no hay un alma por la calle y  de haber alguien, no creo yo que busque nada raro que no sea la puerta de su casa para entrar a dormir.

Abuela.- este barrio es diferente verdad

Nacho.- sí bastante, vamos un rato al balcón; ya verás cómo no es buena idea

     Nacho fue corriendo al cuarto de baño y descolgó de la percha de detrás de la puerta dos albornoces.

Nacho.- toma abuela ponte este

Abuela.- pero y estos capisayos, que quieres que se rían de nosotros

Nacho.- anda póntelo, que así estamos más calentitos

   Tú te crees que a estas horas alguien se va a fijar en lo que llevamos puesto, además en un tercero, si ni se van a enterar de que estamos en el balcón.

        Apagaron las luces y sacaron al balcón dos sillas para estar mejor.  Miraban como la gente recorría las aceras y los coches pasaban de un lado a otro.   Unas pandillas de jóvenes boceaban mientras daban patadas a todos esos contenedores de basura e increpaban cualquier persona que pasase por su lado, intentando provocar alguna leve contestación para comenzar una pelea.

Abuela.- mira que son sinvergüenzas

Nacho.- por eso, estamos mejor aquí

Abuela.- oye, tú no serás como ellos

Nacho.- no abuela, yo prefiero estudiar;   pero no creas, no es sencillo; en el colegio también hay cafres, que solo quieren pelea y a los empollones, no nos miran bien, así que vivir aquí es un aburrimiento; del colegio a casa y de casa al colegio para evitar enfrentamientos innecesarios.

Abuela.- lo que yo te estoy diciendo, que estarías mejor allí conmigo

     Al fondo de la calle,  en una esquina,  otro grupo de gente, se enzarzaba a golpes, y las voces hacían que los vecinos saliesen a sus balcones;   al rato, el  ruido de las sirenas y las destellantes luces azuladas aparecían por todas las calles.  

Nacho.- a buenas horas;  estos siempre llegan tarde;  yo creo que están esperando y cuando ven que ya está todo otra vez tranquilo vienen dando escándalo.

Abuela.- ¿y aquí podéis dormir? Bueno, seguro que dentro de un rato ya se apacigua la cosa

Nacho.- sí justo, dentro de un rato cierran los bares y  sale todo el mundo a la calle con los vasos,  y ahí es cuando empiezan las peleas más serias

Abuela.- mira, vamos para dentro;  me estoy poniendo mala de ver esto

Nacho.- mira a ver si te animas ahora y nos vamos a dar un paseo, que mi madre no se va a enterar

     Se metieron de nuevo para dentro y volvieron a poner el televisor a ver que había.  Pero eso no era una buena manera de aprovechar esa noche tan esperada durante tanto tiempo.    Que les importaba a ellos lo que  sucedía en aquella serie policiaca; tenían que hacer algo especial, algo que se les quedase en su mente hasta que llegase el momento de  volverse a ver.

Abuela.- ¿quieres que juguemos una partida a las cartas?

Nacho.- abuela, tú ¿realmente quieres jugar a las cartas?

Abuela.- no, apaga ya la tele, yo lo que quiero es que me cuentes cosas, saber lo que haces, que no seas un simple nieto desconocido para mí.

Nacho.- me apetece un vaso de leche con galletas y así mientras hablamos

Abuela.- buena idea, yo no tengo hambre, pero la leche me la tomo

 

     Allí sentados los dos,  junto a la mesa de la cocina, esperaban a ver quien empezaba a dar conversación de cómo era su vida.

Nacho.- abuela,  cuéntame cosas de cuando mi madre era pequeña

Abuela.- a no majo, no es de buena educación hablar de las personas que no están delante

Nacho.- pues de cuando eras pequeña tú

Abuela.- mejor, empieza tú a desembuchar; que haces en tu día a día

Nacho.- pues no creas, voy al cole, como allí, luego me vengo a casa y a estudiar y preparar lo del día siguiente

Abuela.- cuidado, que te has herniado; vamos hombre, que ya no me chupo el dedo

Nacho.- siempre con lo mismo, pues no, no tengo novia

Abuela.- ¿novia? Qué es eso, lo de tener novia ya no se lleva, eso son bobadas. Me refiero a lo que haces con los amigos, la música que te gusta, qué te gustaría hacer que no puedes, que te gustaría tener que no tienes

Nacho.- amigos tengo pocos, bueno creo que ninguno; eso sí,  tengo un par de amigas, así como yo, de las que les gusta estudiar y el resto les dan de lado. Por eso los tres siempre estamos juntos, y bueno, nos entendemos bien.

Abuela.- pues mira, tan requetebién que estáis

Nacho.- y tú de pequeña ¿tenías muchas amigas?

Abuela.- pues no, yo era todo lo contrario que tú; en mi barrio me llamaban la machorra, porque a mí eso de las muñecas no me hacía gracia; yo prefería irme a jugar al descampado con los chicos,  y no creas,  que todos me respetaban y cuidado con el que intentase pasarse, que soltaba de bofetada enseguida.

Nacho.- ósea, que menuda pieza estabas hecha.

Abuela.- que no, que no, que era muy buena, solo me peleé un par de veces, pero había que imponerse para que nadie intentase pisarte

Nacho.- y las veces que te peleaste, cómo saliste

Abuela.- la verdad es que la primera vez, me salió bien y le di una buena tunda a uno que se quería reír de mí.

Pero la segunda, fue por defender a uno del barrio frente a otro del otro barrio, el problema es que era algo mayor que yo y más fuerte.    Me puse chulita y al final pues me tocó cobrar;  bueno yo y todos, porque todos nos vimos metidos en la trifulca.

Nacho.- desde luego, si es que hay que pensar

Abuela.- no, si lo peor no fue la pelea;  lo peor es que al llegar a casa, todos magullados,  allí nos tocó la segunda tanda.  Yo llegué con la blusa rota y mi madre no paró de darme zapatillazos hasta que llegó mi padre.   Como me vería, que apretó los puños y me mandó directamente sin cenar a la cama.

Nacho.- bueno te libraste de uno al menos

Abuela.- y tú ¿te has peleado alguna vez?

Nacho.- no, ni quiero; prefiero bajar la cabeza y pasar de provocaciones

Abuela.- no sé, yo no te digo que te pegues con nadie, pero eso de callarse siempre; a veces hay que plantar cara, merece la pena;  mira, aunque te la partan

Nacho.- en este barrio hay gente muy chunga y yo, paso de movidas, ya se han acostumbrado a que pasemos de ellos y no nos dan importancia;   es como si ya no existiéramos

Abuela.- bueno, si es así, tampoco está mal

Nacho.- cuéntame más cosas

Abuela.- no majo, ahora te toca a ti

Nacho.- es que yo, no sé que contarte

Abuela.- y los fines de semana ¿Qué haces?

Nacho.- pues normalmente, voy con mis padres por ahí a tomar algo y pasar la tarde.  Algunas veces vienen Bea y Carmen, con sus padres y bueno, poca cosa más

Abuela.- hay que joderse, y no se les ocurre nunca el ir a verme, aunque fuera un día al mes y pasar algunos ratos conmigo

Nacho.- abuela, vamos a pensar en otra cosa, es tontería darle vueltas a esas cosas

Abuela.- ya pero entiende qué…

Nacho.- mira, te voy a enseñar un trabajo que estamos haciendo entre los tres

    Se fue a la habitación y trajo una caja que puso encima de la mesa.  De su interior empezó a sacar piezas sueltas y a encajarlas unas junto a otras, formando algo que la abuela no acababa de adivinar que era.

      Poco a poco fue cogiendo forma, era una maqueta de un barco con sus velas y todo; aunque se notaba que aún no estaba terminado,  era precioso

Nacho.- qué, ¿te gusta?

Abuela.- ¿y esto lo has hecho tú?

Nacho.- lo estamos haciendo entre Bea, Carmen y yo, pero aún le falta

Abuela.- pero las piezas las compráis

Nacho.- no, las vamos haciendo una a una con paciencia. Compramos madera, sierras y limas finas, y poco a poco las vamos haciendo

Abuela.- uy,  pero eso es muy difícil

Nacho.- lo difícil fue dibujar pieza por pieza, para que encajasen todas, ahora ya está casi terminado, solo falta encolarlo y pintarlo

Abuela.- claro es de los tres

       --Nacho se quedó mirando la cara de la abuela--

Nacho.- pero les puedo decir que esto sea para ti

Abuela.- no hijo a ver si se van a enfadar

Nacho.- a ver, en las tres casas no puede estar al mismo tiempo, que mejor sitio que en tu casa para que cada vez que lo veas te acuerdes de mí

Abuela.- me acuerdo de ti todos los días y a todas horas, no me hace falta ningún traste al que limpiarle el polvo para extrañarte

Nacho.- mira, tengo una idea; con el pretexto de hacerte este regalo, sus padres y nosotros, bajamos un finde y así nos vemos.

Abuela.- que niño más listo.  Pues si están de acuerdo en que lo tenga en mi casa, acepto

Nacho.- ya te digo yo que no va haber ningún problema; en cuanto que se lo diga van a estar encantadas

Abuela.- pero tú pregúntales y dales la opción de que si quieren que sea para alguna otra abuela; que a mí ya me harás otra cosa tú

Nacho.- y cuando bajemos a tu casa, tendrás algo por allí que no te haga falta y me pueda subir yo para poner en mi habitación y acodarme de ti

Abuela.- pues será por trastes; desde luego que tengo cosas, y muy bonitas, y además sabiendo esto, yo ya rebuscaré algo que también les guste a ellas.

Nacho.- tampoco vayas a darles algo que a lo mejor querría tener mamá

Abuela.- esas cosas que sé que le gustan a tu madre, las tengo guardadas en sitio seguro; son sobre todo cosas de tu abuelo y esas no se separan de mi lado hasta que me muera

Nacho.- ya estamos, en eso ni pienses.  Vamos a dejar los vasos fregados y nos vamos a la cama, que allí acostados seguimos hablando

Abuela.-  deja, deja, que ya los friego yo; tú recoge las migas de la mesa y limpia el hule

 

--- Ya con la cocina recogida---

 

Nacho.-Mi madre me ha dicho que tú te acuestes en la habitación del fondo, pero no hagas caso;  en mi cama cogemos los dos de sobra

Abuela.- sabes lo que te digo, que mejor, y si le molesta que se lo tome con tila

Nacho.- vamos, vete acostando que yo me voy a lavar los dientes

       Nacho se aseó con tranquilidad, para dar tiempo a su abuela a cambiarse y meterse en la cama. Pasado un rato     recorrió el pasillo y se paró en la puerta.

Nacho.- abuela, se puede entrar

Abuela.- sí hijo, pasa

Nacho.- ponemos unos cojines en la cabecera y estamos recostados un rato hablando

     La cama de ochenta no es que fuera muy amplia, pero valía perfectamente para estar juntitos. Nacho se acostó y se cubrieron los dos con la colcha.   Y en ese momento, nacho cogió la mano de su abuela.

Abuela.- Vamos, apaga la luz

Nacho.- pero por qué lloras ahora

Abuela.- coño;  que apagues la luz

   Nacho apagó la luz y se quedó con las dos manos sobre su pecho.  Al instante fue la abuela quien cogió la mano de Nacho

Nacho.-  ¿te pasa algo?

Abuela.- no, nada, es que esa manía la tenía tu abuelo; siempre me cogía la mano para dormir

Nacho.- y ¿Cómo era mi abuelo?

Abuela.- Muy gruñón, pero muy bueno

Nacho.- pero cuéntame, cómo os conocisteis y porqué os casasteis

Abuela.- pues como todas las parejas de aquel entonces,  un día nos hicimos novios y luego a casarse

Nacho.- ya, ya, pero mamá era sietemesina

Abuela.- cómo que tu madre era sietemesina

Nacho.- porque os casasteis en febrero y mamá nació en septiembre

Abuela.- mierda de crío, y a ti ¿Quién te ha dicho eso?

Nacho.- lo he visto en vuestro libro de familia, que lo tiene guardado mamá en su mesilla

Abuela.- hay cosas que no hay porqué mirarlas, qué es eso de hurgar en los cajones de tu madre; estos mocosos

Nacho.- bueno, pero cuéntame cómo os conocisteis

 

 

--- Tras estar un rato callada pensando…

Abuela.- pues mira, yo conocía a tu abuelo desde muy pequeña;  ya con catorce años él me hacía tilín y yo se que a él también le gustaba, pero como éramos de barrios distintos, pues no nos relacionábamos mucho.

  Yo tenía otro medio novio;  un vecino muy guapo, pero muy soso.  Cuando iba con él me gustaba encontrármelo paseando.     Tu abuelo me miraba y se sonreía, pero al chico lo miraba con una cara de ganas de estrangularlo.  Para  mí aquello, era una venganza que me iba cobrando poco a poco.

  En aquellos años, el abuelo era un balarrasa,  siempre metido en broncas y muy dado a beber y fumar.

    Un día que iba algo perjudicado se acercó a nosotros diciendo bobadas;  la verdad es que íbamos bastantes, y como yo hacía mucho que le tenía ganas, me fui hacia él y antes de que llegase a levantarme la mano, le di una patada en sus partes que quedó en el suelo, encogido como un guiñapo.  Lo normal, entre las dos pandillas se lio una buena;  mientras el resto se pegaban, yo le dije al oído:  Esto por lo de antaño y si te vuelvo a ver borracho, no te vuelvo a mirar a la cara.

Nacho.- pero por qué le tenías tanta manía

Abuela.- porqué, porque fue aquel grandullón que me sacudió de pequeña

Nacho.-  y después de los años se la tenías guardada

Abuela.-  a mí, no se me olvidan las cosas

Nacho.- y entonces ¿el otro novio?

Abuela.- un bobo, cuando acabó todo, era el único que había desaparecido, se había ido huyendo con el rabo entre las piernas, en vez de quedarse a defenderme

Nacho.- claro y por eso lo dejaste

Abuela.- le dije que se fuese a la mierda

Nacho.- sigue, sigue contando

Abuela.- pues entonces, todos los domingos, al medio día, había cine para jóvenes y pequeños.    Nosotros (los de mi pandilla) íbamos todos los domingos y él comenzó a ir también, pero se sentaba solo, unas filas más atrás; hasta que un día, debió de hablar con algún amigo mío y cuando me di cuenta estaba sentado a mi lado.     Yo no sabía que decir;   él, ni saludó;  allí me cogió la mano por primera vez y nos pasamos toda la película sin ni siquiera mirarnos, con los ojos como platos mirando aquella gran pantalla, pero yo la verdad es que no me enteré de nada de la película, y creo que él tampoco.

Nacho.- pero como podíais ser tan cutres

Abuela.- oye, de cutres nada.   Era algo que llevábamos esperando mucho tiempo

Nacho.- bueno, bueno, sigue

Abuela.- pues a partir de entonces, ya nos veíamos todos los domingos en el cine y nos sentábamos juntos, pero nunca solos.  Y un día me pidió de salir y claro, le dije que no

Nacho.- anda y por qué no

Abuela.- a no majo, a ese había que domesticarlo antes; ya le dije: Si quieres salir conmigo ya puedes empezar a cambiar, yo quiero a una persona limpia y trabajadora, si no es así,  ya puedes ir pensando en otra

Nacho.- qué mala

Abuela.- no, si quieres cargo yo con un cencerro de tío; anda y que se lo quedase su madre.  La verdad es que lo amaestré enseguida y al poco tiempo encontró un buen trabajo; y poco después me convenció de que empezase a salir con él;   pero en secreto,  porque a mis padres no les llenaba el ojo.

Nacho.- y estuvisteis mucho años así

Abuela.- un par de ellos; poco a poco les fui diciendo, que era un chico muy bueno y al final pues aceptaron que saliésemos juntos

Nacho.- y entonces quedaste embarazada y os casasteis

Abuela.-  cómo que quedé embarazada, entonces no se hacían esas cosas

Nacho.- vale abuela, que yo tampoco me chupo el dedo, eso del espíritu santo, para las clases de religión

Abuela.- tú lo que tienes que hacer es respetarme y no decir esas cosas

Nacho.- pero si no pasa nada.    Anda sigue

Abuela.- Ya le habíamos dicho a nuestros padres que nos casábamos ese verano y como coincidió así, pues ya qué más daba unos meses antes que después

Nacho.- pues eso digo yo

Abuela.- al principio vivíamos en casa de mis padres, pero al poco tiempo compramos la casa donde vivo y que algún día pues será la herencia que os dejemos.

 

              Se quitaron los cojines y se quedaron solo con la almohada, ya les empezaban a doler las cervicales de esa postura.

Nacho.- ¿tienes ya sueño?

Abuela.- a no majo, ahora te toca hablar a ti

Nacho.- ¿a mí? ¿de qué?

Abuela.- ¿Cuál de las dos te gusta más? Bea o Carmen

Nacho.- no sé, son las dos muy guapas, pero solo somos amigos

Abuela.- entonces hay otra, verdad truhán

Nacho.- sí, pero ni nos hablamos, ella es de esas que se juntan con gente poco deseable y yo ahora lo que tengo que hacer es estudiar y dejarme de tonterías

Abuela.- me parece bien, pero si te gusta, no dejes de mirarla y de vez en cuando dile algo bonito

Nacho.- pues menuda es, esa me mandaría a la mierda enseguida

Abuela.- de todas formas eres aún muy pequeño, tiempo tendrás de encontrar a la que te convenga

Nacho.- oye y ¿mamá también era así de fiera como tú?

Abuela.- cómo que así de fiera

Nacho.- pues eso, así como tú

Abuela.- tu madre era un trasto, salió a tú abuelo, pero mira llego este que parecía una mosquita muerta y le puso el collar al perro

Nacho.- ósea, que fue papá el que tuvo que amaestrarla

Abuela.-  oye, una cosa que te quería preguntar, no es que piense nada malo pero…

Nacho.- qué quieres saber

Abuela.- ¿tus padres se llevan bien? ¿Discuten mucho? ¿Se dan voces?

Nacho.- ya te entiendo.  No hay problema.    Discusiones pues de cuando en cuando, siempre por culpa mía, pero voces pocas;  cuando se enfadan, mamá se sale al balcón se fuma un cigarro, o dos, hasta que se calma y luego vuelve a entrar más suave

Abuela.- no te digo igual que tu abuelo; se salía a al patio a fumar y cuando volvía ya se le habían bajado los humos

Nacho.- tú no te preocupes, que se llevan bien y van a todos lados juntos

Abuela.- ya hijo, pero yo casi no os veo y hoy en día se dicen tantas cosas por la tele

Nacho.- a ver, que eso ha pasado siempre, pero ahora se sabe y antes no

Abuela.- tienes razón, allí en el barrio había algunas que sabíamos que cobraban a diario, pero todo se callaba

Nacho.- eran otros tiempos y había mucho miedo

Abuela.- pero no creas, que también estaban esos,  los que iban de machitos, pero en cuanto cruzaban la puerta de casa agachaban las orejas, si no querían dormir en el patio y calientes

Nacho.- jolín, con las mujeres de tu barrio

Abuela.- la verdad es que casi todas éramos familias más o menos normales, hombres muy trabajadores y mujeres dedicadas a la casa y los hijos;   nuestra única ilusión era que de nada les faltase a la hora de comer y que fueran limpios, y que estudiasen, y que algún día viviesen con menos calamidades de las que pasamos nosotros

Nacho.- pues mira, es algo que al final lograsteis

Abuela.- sí, pero todo aquél esfuerzo, solo ha servido para que estén lejos.  Antes una familia era para toda la vida, todos vivíamos en el mismo barrio o cerca, y nos veíamos casi a diario y ahora ni nos vemos

Nacho.-  no abuela, la familia seguimos siendo la familia, con circunstancias diferentes, pero sí que nos acordamos de ti

Abuela.- ya lo veo, que ni me llama por teléfono

Nacho.- porque mi madre siempre ha sido despistada, pero hay veces que yo pongo la oreja y se acuerdan de cuando papá empezó a ir a buscarla por vuestra casa y la esperaba en la esquina a que saliese,  porque abuelo lo miraba con cara de pocos amigos

Abuela.- era un mal bicho el abuelo, y la primera vez que tu padre entró en casa, yo me fui con tu madre adrede a la cocina y los dejamos solos.  Tu abuelo solo le dijo:

  Paco atiende, solo te digo que si le haces daño a mi niña te cuelgo.    Cuando volvimos, tu padre estaba sentado y callado sin pestañear

Nacho.- pobrecito lo quedó acojonado

Abuela.- es que tu abuelo y tu madre se adoraban, mira que eran iguales de ceporros, todo el día discutiendo por nada, todo les molestaba y a cualquier tontería andaban a voces que parecía que se iban a matar.   Yo me iba para la cocina y allá ellos con su discusión,  porque si yo decía algo, se ponían los dos en contra mía.   Claro que los dos ya sabían que conmigo tenían que tener cuidado, porque tonterías las justas y si yo me enfadaba, cogía el palo de la escoba y bailaban al son que yo tocase.

Nacho.- También se acuerda mamá mucho de algo que le decías tú y que yo nunca he entendido

Abuela.- ¿Qué yo le decía?

Nacho.- sí, algo de… Mira a ver, aquí no me vengas a mí con las once ovejas

Abuela.- mira pues al final me hizo caso

Nacho.- pero que quería decir eso

Abuela.- pues eso

Nacho.- pero que es eso

Abuela.- pues eso, que no viniese con las once ovejas

Nacho.- ah, vale, ahora sí

Abuela.- ya sabes, lo normal en las madre que hemos tenido hijas

Nacho.- y los que han tenido hijos, por qué no

Abuela.- es distinto, la madre, siempre es la madre.

Tú eres muy pequeño para entenderlo, pero las mujeres lo tenemos muy difícil en la vida

Nacho.- a ver abuela,  sé que soy muy niño,  pero a los niños no nos gusta que nos traten como tontos que no entienden nada, y si algo no lo entendemos, pues mejor preguntamos y nos gusta que las cosas se nos expliquen bien, sin tapujos ni tonterías

Abuela.- ya pero entiende que eres mi nieto y hablar de ciertas cosas pues…

Nacho.- pues nada.   Estamos hablando sin más, a ver, que problema hay

Abuela.- para ti, ninguno, para mí, pues oye hay cosas que…

Nacho.- bueno, pues cuéntame solo lo que tú quieras

Abuela.-  me parece que me voy a ir a mi cama, no sea que tengamos mañana folklore

Nacho.- ahora te vas a ir, con lo bien que estamos aquí

Abuela.- calla, que parece que están abriendo la puerta

Nacho.- vamos hacernos los dormidos por si acaso

Abuela.- nada de hacernos los dormidos. 

   Ahora ya, a dormir, no sea que entren tus padres a ver cómo estás y nos pillen despiertos.   Además tu mañana tienes que levantarte para ir al cole

Nacho.- ya, y tú te volverás a tu casa

Abuela.-  bueno, pero algún día seguro que me volverán a llamar para que te cuide

Nacho.- cuando crezca, a lo mejor, puedo ir yo a verte.

Abuela.- claro que sí,  y yo esa tarde te prepararé la merienda más rica que hayas probado nunca.

Nacho.-Hasta mañana abuela.

 

            Sin soltar sus manos cerraron los ojos y no les dio tiempo ni a pensarlo, cayendo en un sueño profundo.

 

  A la mañana siguiente, como es natural, se levantaron y casi sin desayunar: Nacho al colegio, Laura se fue directa al trabajo, Paco llevó hasta su casa a Andreíta  y después se fue a la oficina.    Todo volvió a la rutina.

 

         A veces suena el teléfono; no es la llamada que ella espera,  pero menos es nada. 

  Descuelga y responde amablemente, luego escucha con calma a la señorita que le intenta vender algo o siempre sugiere que cambie de compañía, haciéndole esa oferta u ofrecimiento que ni entiende.  Un rato calentándole la oreja y se despide agradecida de que al menos alguien, haya recordado su existencia.

Otra vez, vuelve a dar volumen al televisor para sentirse acompañada.  Ahora de nuevo cierra los ojos, para viajar con la imaginación a ese sitio donde sus viejas piernas ya no pueden llevarla.

   Pasan los meses y nada cambia.   Sigue allí, sin moverse de casa, esperando esa llamada de teléfono que nunca llega.     No se quiere arriesgar a que suene el teléfono y en ese momento ella esté ausente.

 

Carlos Torrijos
C.a.r.l. (España)

N.º de registro: jXTnScCk-2025-11-09T23:27:11.488

 


5 comentarios:

  1. Parte de la vida real. Las personas mayores la viven así cuando están solas. Algo que casi siempre da la alegría son los nietos. Los hijos suelen portarse así. Me ha encantado.🙏

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  2. Qué bonito, Carlos. Muy tierno y triste a la vez. Cuánta gente mayor está sola. 😍

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