Pensé escribir un extenso relato con larga duración en el tiempo y me quede en un exiguo diálogo que transcurre en unas breves horas.
Con esto creo expresar todo aquello que quería decir, sin necesidad de marear la perdiz, sin buscar recovecos donde encontrar enigmas que resolver, ni dudas que poner sobre la mesa.
Dedicado, como siempre digo....
A quien
corresponda.
Una llamada
Andreíta; como siempre la habían llamado sus padres y luego más tarde las vecinas de ese barrio obrero.
Un barrio como tantos otros, con sus casas pegadas unas a otras, aquellas que se construyeron para alojar a la gente trabajadora de aquellos años. Poquito terreno bien distribuido en dos plantas, para en la parte trasera quedase un huequecito para un pequeño patio, donde poner los tiestos con flores variadas que daban color a las encaladas paredes.
Cuanto han cambiado los tiempos; los de siempre se fueron muriendo, los niños crecieron y marcharon, las calles ya no son lo que eran. Las vecinas ya no salen a la puerta al atardecer, con su silla de la mano para formar corros y hablar de sus cosas mientras esperan la llegada de sus maridos volviendo del trabajo.
Se acabó la algarabía de los más pequeños corriendo y gritando de calle en calle. Ya nadie entra a toda prisa en casa, para coger: Algodón, agua oxigenada y la socorrida mercromina, con la que curar las rodillas magulladas por un tropiezo.
El cemento de las calles ha ido dando paso al asfalto, aquellos descampados bravíos, en los que los nuevos jovenzuelos hacían sus primeras fechorías, se fueron transformando en nuevas construcciones de más altura, cambiando el horizonte al que mirar; el aire se ha vuelto más denso, la gente del entorno son ya desconocidos, los coches pasan a toda velocidad por la puerta sin regalar un saludo y las puertas que siempre habían permanecido semi-abiertas, ahora tienen varios cerrojos, corridos día y noche, por miedo a lo distinto.
Después de comer, Andreíta se asoma siempre a los cristales esperando la llegada de alguien que nunca llega. Hace un tiempo que se quedó viuda, su única hija se casó y se fue a vivir lejos; bueno le queda la compañía de sus mejores amigos, el televisor y los libros.
De nuevo, para hacer la tarde más corta, coge el cepillo para bailar con él, pone el trapo del polvo en el hombro; otro repaso a lo mil veces limpio antes de acercarse al mueble a coger cualquier libro mil veces leído y releer sentada en el sillón junto a la inestimable compañía de ese guapo presentador de concursos que cada tarde le entretiene desde el televisor.
A veces suena el teléfono; no es la llamada que ella espera, pero menos es nada.
Descuelga y responde amablemente, luego escucha con calma a la señorita que le intenta vender alguna cosa o le sugiere que cambie de compañía, haciéndole ofertas y ofrecimientos que ni entiende. Ya pasado un ratito se despide agradeciendo de que al menos alguien, se haya acordado su existencia.
Otra vez, vuelve a dar volumen al televisor para sentirse acompañada; de nuevo abre el viejo libro por cualquier página, para leer esas frases con las que poder viajar a esos sitios donde sus piernas ya no pueden llevarla.
Pasan, pasan los meses y nada cambia; varias veces ha pensado en acercarse a un edificio cercano, junto a la iglesia, allí donde las personas mayores se juntan por la tarde para hacer trabajos manuales, echar una partida a la brisca, o simplemente a hablar recordando momentos vividos.
Algunas de las vecinas de antes, esas que aún quedan, pasan cada tarde por delante de la ventana, pero ella no termina de animarse. Le han dicho que también hacen excursiones algún que otro fin de semana, pero ella no quiere moverse de casa, espera esa llamada de teléfono que nunca llega y no se va a arriesgar a que llegue y en ese momento ella esté ausente.
Es invierno; las seis y media de la tarde, ya de noche.
Un poco de leche en una cazuela donde hervir un poco de pan que sobró de la barrita de al medio día; luego un poquito de azúcar para que sepa a algo, eso sí, poquita, a estas edades cuando no es el colesterol, es la tensión, la glucosa o todo junto. Hay que ver qué pena, ahora que tiene dos monedas de sobra, se encuentra con que todo aquello que le gustaría, está prohibido.
Después se va hasta el comedor de nuevo, no sin haber dejado bien recogida y limpia la cocina.
Allí pacientemente, va comiendo su manjar nocturno cucharada a cucharada, no hay prisa, otras personas la acompañan tras la pantalla y le cuentan lo que pasa en el mundo; siempre es casi lo mismo, ya se tienen que saber los papeles de memoria
.- pobre gente, bueno con algo se tienen que ganar la vida.
Y como siempre después, ya terminado el tazón de sopas de leche, ese chico tan simpático que va diciendo que tiempo va hacer en los próximos días
.- que listo es, casi siempre acierta.
Esa, como todas las tardes, se ha hecho larga; a esas horas, donde va a estar mejor que en su cama. Tardará en dormirse imaginando cualquier cosa y una noche más rezará para que no tarde mucho en llegar esa llamada.
Al día siguiente, no le hace falta despertador, antes de que despunte el sol, se pone las zapatillas y la bata para ventilar la habitación con las mantas de la cama echadas hacia atrás mientras se prepara el desayuno.
Después de hacer la cama, comenzará a bailar con su cepillo de barrer, como siempre con el trapo del polvo sobre el hombro, haciendo tiempo para vestirse antes de salir a la tienda a comprar el pan.
Luego de vuelta a la rutina esperando una llamada que no llega.
El reloj colgado en la pared daba sus nueve golpecitos en las desafinadas campanillas. La mirada se embelesa en una pequeña telaraña, que parece revolotear justo a la bombilla de la lámpara.
.- ay danzanta, de mañana no pasas; si no me fallasen tanto las pernas al subirme a la escalera…
Bueno, para que pensar en las cosas que ya no tienen solución. Esa noche, no tiene ni ganas de llevar el tazón a la cocina. Se irá a la habitación y aprovechando que la noche parece estar templada, abrirá un poco la ventana y tumbada en la cama se entretendrá mirando el cielo, a ver si alguna estrella quiere contarle algo.
En ese momento suena el teléfono; quien será a estas horas. Por un momento se le sobrecoge el alma.
.- dígame; qué pasa.
.- no nada mamá, que ha venido Paco del trabajo y me acaba de decir que esta noche tenemos una cena, como tardaremos en volver, ahora vístete que baja a buscarte con el coche y te quedas a dormir aquí hoy cuidando a Nacho.
.- vale, vale.
Colgó, y se fue a coger una bolsa donde meter un pijama cómodo y de paso ponerse una rebeca de lana sobre los hombros.
Camino a la habitación iba pensando en voz alta:
.- Que jodida esta hija mía, solo se acuerda de mí para irse de cena y lleva sin llamarme varios meses. De todas formas ya era hora de que se acordase, lo importante es que voy a poder ver a mi nieto.
Apagó todas las luces, salió a la calle y cerró la puerta con llave. Allí apoyada su espalda en la pared esperó hasta que llegó su yerno.
Cuando se subió al coche, agradeció que llevase la calefacción puesta; parece que no, pero se había quedado fresca allí de pie tanto rato.
Paco.- que tal va la vida abuela
Andreíta.- pues como siempre
Paco.- se te ve bien
Andreíta.- pues sí, pero ya era hora de que me volvieses a ver
Paco.- es que ya sabes que andamos liados siempre con un montón de cosas
Andreíta.- en fin, me callaré, vamos que ni una llamada de teléfono
Paco.- a mí no me diga
Andreíta.- sí te digo
Paco.- ahora cuando lleguemos lo habla con Laura
Salieron del coche, que quedó arrancado a la puerta de casa (no iban a tardar mucho en bajar). Subieron las escaleras y la hija ya estaba arreglada en el descansillo esperando.
Andreíta.- que tal estás Laura
Laura.- bien; Nacho está en el sofá viendo la tele, si te hace falta algo él sabe donde está todo. Bueno ya nos vamos que no llegamos ¡ah! y no os acostéis muy tarde.
Andreíta.- pues vaya un recibimiento, si no fuera porque voy a estar con mi nieto, iba a venir María Santísima; que muchacha más desagradecida.
Nacho.- hola abuela
Abuela.- hombre ya era hora de que alguien al menos me saludase bien
Nacho.- siéntate y calla, que estoy viendo esta serie
Abuela.- apaga ese trasto que eso lo puedes ver otro día
Nacho.- que no abuela, que solo quedan diez minutos
Abuela.- diez minutos y ni uno más
--Nacho se levantó del sofá corriendo y le dio un beso—
Solo por ese beso, estaría viendo la tele sentada junto a su nieto el tiempo que hiciese falta.
No pasaron más de 15 minutos; al terminar un capítulo comenzaba otro, pero Nacho, cogió el mando y apagó el televisor.
Nacho.- Qué te apetece que hagamos ¿has cenado ya?
Abuela.- y tú ¿has cenado?
Nacho.- sí abuela, se ha puesto pesada mamá, porque no quería que anduvieses a los fuegos
Abuela.- esta se piensa que soy una inútil, me cago en la leche, perdona que diga esto de tu madre, pero si acaso tuviese la mitad de garbo que yo, así, así iban a estar los rincones de esta casa (clavando sus ojos abiertos en los recovecos de todo el salón)
Nacho.- ja, ja, ja, pues ella dice que tú eres doña limpieza y que cualquier día te estontonas, por andar siempre por encima de las sillas.
Abuela.- no, mejor dejo que me coma la mierda
Nacho.- pero que exagerada eres
Abuela.- no hijo, el día que no pueda, no me va a quedar más remedio; pero si no viene a verme estando todo hecho, si tuviese algo sucio y lo tuviera que hacer ella, entonces ya ni llamaba cada seis meses por si le pedía que fuera a echarme una mano.
Nacho.- Tampoco la pintes tan mal. Están todo el día los dos trabajando fuera de casa y demasiado que sacan un poco tiempo para atenderme a mí.
Abuela.- si es que tú, hasta que seas un poco más grande tenías que vivir conmigo, en mi casa y así estarías mejor atendido
Nacho.- bueno que ya tengo doce años, tampoco soy tan pequeño
Abuela.- doce años… Mocoso que no levanta un palmo del suelo
Nacho la cogió y la levantó del sofá como si fuera una pluma. Los dos de pie, comenzaron a reír a carcajadas.
Nacho.- pero abuela, si te saco casi la cabeza
Abuela.- eso son bobadas, no dejas de ser un renacuajo.
Nacho.- mira abuela, yo se que quieres lo mejor para mí, y lo mejor es estar aquí con mis padres; además cuando llegan por la tarde, no creas que se sientan, no; bien uno u otro siempre se van a mi lado a repasar los deberes de clase y todo lo que tengo que estudiar
Abuela.-tienes razón, yo la verdad es que si me sacas de cuatro cuentas, no te podría ayudar
Nacho.- bueno, vamos ya a dejar de hablar de esto. Qué te apetece que hagamos, es pronto y además esta noche la tenemos que aprovechar.
Abuela.- no sé, te apetece que salgamos a dar un paseo y me enseñas este barrio
Nacho.- creo que no es una buena idea
Abuela.- tranquilo que por mi boca, tu madre no se va a enterar
Nacho.- que no es eso abuela; donde tú vives sois cuatro gatos, de noche no hay un alma por la calle y de haber alguien, no creo yo que busque nada raro que no sea la puerta de su casa para entrar a dormir.
Abuela.- este barrio es diferente verdad
Nacho.- sí bastante, vamos un rato al balcón; ya verás cómo no es buena idea
Nacho fue corriendo al cuarto de baño y descolgó de la percha de detrás de la puerta dos albornoces.
Nacho.- toma abuela ponte este
Abuela.- pero y estos capisayos, que quieres que se rían de nosotros
Nacho.- anda póntelo, que así estamos más calentitos
Tú te crees que a estas horas alguien se va a fijar en lo que llevamos puesto, además en un tercero, si ni se van a enterar de que estamos en el balcón.
Apagaron las luces y sacaron al balcón dos sillas para estar mejor. Miraban como la gente recorría las aceras y los coches pasaban de un lado a otro. Unas pandillas de jóvenes boceaban mientras daban patadas a todos esos contenedores de basura e increpaban cualquier persona que pasase por su lado, intentando provocar alguna leve contestación para comenzar una pelea.
Abuela.- mira que son sinvergüenzas
Nacho.- por eso, estamos mejor aquí
Abuela.- oye, tú no serás como ellos
Nacho.- no abuela, yo prefiero estudiar; pero no creas, no es sencillo; en el colegio también hay cafres, que solo quieren pelea y a los empollones, no nos miran bien, así que vivir aquí es un aburrimiento; del colegio a casa y de casa al colegio para evitar enfrentamientos innecesarios.
Abuela.- lo que yo te estoy diciendo, que estarías mejor allí conmigo
Al fondo de la calle, en una esquina, otro grupo de gente, se enzarzaba a golpes, y las voces hacían que los vecinos saliesen a sus balcones; al rato, el ruido de las sirenas y las destellantes luces azuladas aparecían por todas las calles.
Nacho.- a buenas horas; estos siempre llegan tarde; yo creo que están esperando y cuando ven que ya está todo otra vez tranquilo vienen dando escándalo.
Abuela.- ¿y aquí podéis dormir? Bueno, seguro que dentro de un rato ya se apacigua la cosa
Nacho.- sí justo, dentro de un rato cierran los bares y sale todo el mundo a la calle con los vasos, y ahí es cuando empiezan las peleas más serias
Abuela.- mira, vamos para dentro; me estoy poniendo mala de ver esto
Nacho.- mira a ver si te animas ahora y nos vamos a dar un paseo, que mi madre no se va a enterar
Se metieron de nuevo para dentro y volvieron a poner el televisor a ver que había. Pero eso no era una buena manera de aprovechar esa noche tan esperada durante tanto tiempo. Que les importaba a ellos lo que sucedía en aquella serie policiaca; tenían que hacer algo especial, algo que se les quedase en su mente hasta que llegase el momento de volverse a ver.
Abuela.- ¿quieres que juguemos una partida a las cartas?
Nacho.- abuela, tú ¿realmente quieres jugar a las cartas?
Abuela.- no, apaga ya la tele, yo lo que quiero es que me cuentes cosas, saber lo que haces, que no seas un simple nieto desconocido para mí.
Nacho.- me apetece un vaso de leche con galletas y así mientras hablamos
Abuela.- buena idea, yo no tengo hambre, pero la leche me la tomo
Allí sentados los dos, junto a la mesa de la cocina, esperaban a ver quien empezaba a dar conversación de cómo era su vida.
Nacho.- abuela, cuéntame cosas de cuando mi madre era pequeña
Abuela.- a no majo, no es de buena educación hablar de las personas que no están delante
Nacho.- pues de cuando eras pequeña tú
Abuela.- mejor, empieza tú a desembuchar; que haces en tu día a día
Nacho.- pues no creas, voy al cole, como allí, luego me vengo a casa y a estudiar y preparar lo del día siguiente
Abuela.- cuidado, que te has herniado; vamos hombre, que ya no me chupo el dedo
Nacho.- siempre con lo mismo, pues no, no tengo novia
Abuela.- ¿novia? Qué es eso, lo de tener novia ya no se lleva, eso son bobadas. Me refiero a lo que haces con los amigos, la música que te gusta, qué te gustaría hacer que no puedes, que te gustaría tener que no tienes
Nacho.- amigos tengo pocos, bueno creo que ninguno; eso sí, tengo un par de amigas, así como yo, de las que les gusta estudiar y el resto les dan de lado. Por eso los tres siempre estamos juntos, y bueno, nos entendemos bien.
Abuela.- pues mira, tan requetebién que estáis
Nacho.- y tú de pequeña ¿tenías muchas amigas?
Abuela.- pues no, yo era todo lo contrario que tú; en mi barrio me llamaban la machorra, porque a mí eso de las muñecas no me hacía gracia; yo prefería irme a jugar al descampado con los chicos, y no creas, que todos me respetaban y cuidado con el que intentase pasarse, que soltaba de bofetada enseguida.
Nacho.- ósea, que menuda pieza estabas hecha.
Abuela.- que no, que no, que era muy buena, solo me peleé un par de veces, pero había que imponerse para que nadie intentase pisarte
Nacho.- y las veces que te peleaste, cómo saliste
Abuela.- la verdad es que la primera vez, me salió bien y le di una buena tunda a uno que se quería reír de mí.
Pero la segunda, fue por defender a uno del barrio frente a otro del otro barrio, el problema es que era algo mayor que yo y más fuerte. Me puse chulita y al final pues me tocó cobrar; bueno yo y todos, porque todos nos vimos metidos en la trifulca.
Nacho.- desde luego, si es que hay que pensar
Abuela.- no, si lo peor no fue la pelea; lo peor es que al llegar a casa, todos magullados, allí nos tocó la segunda tanda. Yo llegué con la blusa rota y mi madre no paró de darme zapatillazos hasta que llegó mi padre. Como me vería, que apretó los puños y me mandó directamente sin cenar a la cama.
Nacho.- bueno te libraste de uno al menos
Abuela.- y tú ¿te has peleado alguna vez?
Nacho.- no, ni quiero; prefiero bajar la cabeza y pasar de provocaciones
Abuela.- no sé, yo no te digo que te pegues con nadie, pero eso de callarse siempre; a veces hay que plantar cara, merece la pena; mira, aunque te la partan
Nacho.- en este barrio hay gente muy chunga y yo, paso de movidas, ya se han acostumbrado a que pasemos de ellos y no nos dan importancia; es como si ya no existiéramos
Abuela.- bueno, si es así, tampoco está mal
Nacho.- cuéntame más cosas
Abuela.- no majo, ahora te toca a ti
Nacho.- es que yo, no sé que contarte
Abuela.- y los fines de semana ¿Qué haces?
Nacho.- pues normalmente, voy con mis padres por ahí a tomar algo y pasar la tarde. Algunas veces vienen Bea y Carmen, con sus padres y bueno, poca cosa más
Abuela.- hay que joderse, y no se les ocurre nunca el ir a verme, aunque fuera un día al mes y pasar algunos ratos conmigo
Nacho.- abuela, vamos a pensar en otra cosa, es tontería darle vueltas a esas cosas
Abuela.- ya pero entiende qué…
Nacho.- mira, te voy a enseñar un trabajo que estamos haciendo entre los tres
Se fue a la habitación y trajo una caja que puso encima de la mesa. De su interior empezó a sacar piezas sueltas y a encajarlas unas junto a otras, formando algo que la abuela no acababa de adivinar que era.
Poco a poco fue cogiendo forma, era una maqueta de un barco con sus velas y todo; aunque se notaba que aún no estaba terminado, era precioso
Nacho.- qué, ¿te gusta?
Abuela.- ¿y esto lo has hecho tú?
Nacho.- lo estamos haciendo entre Bea, Carmen y yo, pero aún le falta
Abuela.- pero las piezas las compráis
Nacho.- no, las vamos haciendo una a una con paciencia. Compramos madera, sierras y limas finas, y poco a poco las vamos haciendo
Abuela.- uy, pero eso es muy difícil
Nacho.- lo difícil fue dibujar pieza por pieza, para que encajasen todas, ahora ya está casi terminado, solo falta encolarlo y pintarlo
Abuela.- claro es de los tres
--Nacho se quedó mirando la cara de la abuela--
Nacho.- pero les puedo decir que esto sea para ti
Abuela.- no hijo a ver si se van a enfadar
Nacho.- a ver, en las tres casas no puede estar al mismo tiempo, que mejor sitio que en tu casa para que cada vez que lo veas te acuerdes de mí
Abuela.- me acuerdo de ti todos los días y a todas horas, no me hace falta ningún traste al que limpiarle el polvo para extrañarte
Nacho.- mira, tengo una idea; con el pretexto de hacerte este regalo, sus padres y nosotros, bajamos un finde y así nos vemos.
Abuela.- que niño más listo. Pues si están de acuerdo en que lo tenga en mi casa, acepto
Nacho.- ya te digo yo que no va haber ningún problema; en cuanto que se lo diga van a estar encantadas
Abuela.- pero tú pregúntales y dales la opción de que si quieren que sea para alguna otra abuela; que a mí ya me harás otra cosa tú
Nacho.- y cuando bajemos a tu casa, tendrás algo por allí que no te haga falta y me pueda subir yo para poner en mi habitación y acodarme de ti
Abuela.- pues será por trastes; desde luego que tengo cosas, y muy bonitas, y además sabiendo esto, yo ya rebuscaré algo que también les guste a ellas.
Nacho.- tampoco vayas a darles algo que a lo mejor querría tener mamá
Abuela.- esas cosas que sé que le gustan a tu madre, las tengo guardadas en sitio seguro; son sobre todo cosas de tu abuelo y esas no se separan de mi lado hasta que me muera
Nacho.- ya estamos, en eso ni pienses. Vamos a dejar los vasos fregados y nos vamos a la cama, que allí acostados seguimos hablando
Abuela.- deja, deja, que ya los friego yo; tú recoge las migas de la mesa y limpia el hule
--- Ya con la cocina recogida---
Nacho.-Mi madre me ha dicho que tú te acuestes en la habitación del fondo, pero no hagas caso; en mi cama cogemos los dos de sobra
Abuela.- sabes lo que te digo, que mejor, y si le molesta que se lo tome con tila
Nacho.- vamos, vete acostando que yo me voy a lavar los dientes
Nacho se aseó con tranquilidad, para dar tiempo a su abuela a cambiarse y meterse en la cama. Pasado un rato recorrió el pasillo y se paró en la puerta.
Nacho.- abuela, se puede entrar
Abuela.- sí hijo, pasa
Nacho.- ponemos unos cojines en la cabecera y estamos recostados un rato hablando
La cama de ochenta no es que fuera muy amplia, pero valía perfectamente para estar juntitos. Nacho se acostó y se cubrieron los dos con la colcha. Y en ese momento, nacho cogió la mano de su abuela.
Abuela.- Vamos, apaga la luz
Nacho.- pero por qué lloras ahora
Abuela.- coño; que apagues la luz
Nacho apagó la luz y se quedó con las dos manos sobre su pecho. Al instante fue la abuela quien cogió la mano de Nacho
Nacho.- ¿te pasa algo?
Abuela.- no, nada, es que esa manía la tenía tu abuelo; siempre me cogía la mano para dormir
Nacho.- y ¿Cómo era mi abuelo?
Abuela.- Muy gruñón, pero muy bueno
Nacho.- pero cuéntame, cómo os conocisteis y porqué os casasteis
Abuela.- pues como todas las parejas de aquel entonces, un día nos hicimos novios y luego a casarse
Nacho.- ya, ya, pero mamá era sietemesina
Abuela.- cómo que tu madre era sietemesina
Nacho.- porque os casasteis en febrero y mamá nació en septiembre
Abuela.- mierda de crío, y a ti ¿Quién te ha dicho eso?
Nacho.- lo he visto en vuestro libro de familia, que lo tiene guardado mamá en su mesilla
Abuela.- hay cosas que no hay porqué mirarlas, qué es eso de hurgar en los cajones de tu madre; estos mocosos
Nacho.- bueno, pero cuéntame cómo os conocisteis
--- Tras estar un rato callada pensando…
Abuela.- pues mira, yo conocía a tu abuelo desde muy pequeña; ya con catorce años él me hacía tilín y yo se que a él también le gustaba, pero como éramos de barrios distintos, pues no nos relacionábamos mucho.
Yo tenía otro medio novio; un vecino muy guapo, pero muy soso. Cuando iba con él me gustaba encontrármelo paseando. Tu abuelo me miraba y se sonreía, pero al chico lo miraba con una cara de ganas de estrangularlo. Para mí aquello, era una venganza que me iba cobrando poco a poco.
En aquellos años, el abuelo era un balarrasa, siempre metido en broncas y muy dado a beber y fumar.
Un día que iba algo perjudicado se acercó a nosotros diciendo bobadas; la verdad es que íbamos bastantes, y como yo hacía mucho que le tenía ganas, me fui hacia él y antes de que llegase a levantarme la mano, le di una patada en sus partes que quedó en el suelo, encogido como un guiñapo. Lo normal, entre las dos pandillas se lio una buena; mientras el resto se pegaban, yo le dije al oído: Esto por lo de antaño y si te vuelvo a ver borracho, no te vuelvo a mirar a la cara.
Nacho.- pero por qué le tenías tanta manía
Abuela.- porqué, porque fue aquel grandullón que me sacudió de pequeña
Nacho.- y después de los años se la tenías guardada
Abuela.- a mí, no se me olvidan las cosas
Nacho.- y entonces ¿el otro novio?
Abuela.- un bobo, cuando acabó todo, era el único que había desaparecido, se había ido huyendo con el rabo entre las piernas, en vez de quedarse a defenderme
Nacho.- claro y por eso lo dejaste
Abuela.- le dije que se fuese a la mierda
Nacho.- sigue, sigue contando
Abuela.- pues entonces, todos los domingos, al medio día, había cine para jóvenes y pequeños. Nosotros (los de mi pandilla) íbamos todos los domingos y él comenzó a ir también, pero se sentaba solo, unas filas más atrás; hasta que un día, debió de hablar con algún amigo mío y cuando me di cuenta estaba sentado a mi lado. Yo no sabía que decir; él, ni saludó; allí me cogió la mano por primera vez y nos pasamos toda la película sin ni siquiera mirarnos, con los ojos como platos mirando aquella gran pantalla, pero yo la verdad es que no me enteré de nada de la película, y creo que él tampoco.
Nacho.- pero como podíais ser tan cutres
Abuela.- oye, de cutres nada. Era algo que llevábamos esperando mucho tiempo
Nacho.- bueno, bueno, sigue
Abuela.- pues a partir de entonces, ya nos veíamos todos los domingos en el cine y nos sentábamos juntos, pero nunca solos. Y un día me pidió de salir y claro, le dije que no
Nacho.- anda y por qué no
Abuela.- a no majo, a ese había que domesticarlo antes; ya le dije: Si quieres salir conmigo ya puedes empezar a cambiar, yo quiero a una persona limpia y trabajadora, si no es así, ya puedes ir pensando en otra
Nacho.- qué mala
Abuela.- no, si quieres cargo yo con un cencerro de tío; anda y que se lo quedase su madre. La verdad es que lo amaestré enseguida y al poco tiempo encontró un buen trabajo; y poco después me convenció de que empezase a salir con él; pero en secreto, porque a mis padres no les llenaba el ojo.
Nacho.- y estuvisteis mucho años así
Abuela.- un par de ellos; poco a poco les fui diciendo, que era un chico muy bueno y al final pues aceptaron que saliésemos juntos
Nacho.- y entonces quedaste embarazada y os casasteis
Abuela.- cómo que quedé embarazada, entonces no se hacían esas cosas
Nacho.- vale abuela, que yo tampoco me chupo el dedo, eso del espíritu santo, para las clases de religión
Abuela.- tú lo que tienes que hacer es respetarme y no decir esas cosas
Nacho.- pero si no pasa nada. Anda sigue
Abuela.- Ya le habíamos dicho a nuestros padres que nos casábamos ese verano y como coincidió así, pues ya qué más daba unos meses antes que después
Nacho.- pues eso digo yo
Abuela.- al principio vivíamos en casa de mis padres, pero al poco tiempo compramos la casa donde vivo y que algún día pues será la herencia que os dejemos.
Se quitaron los cojines y se quedaron solo con la almohada, ya les empezaban a doler las cervicales de esa postura.
Nacho.- ¿tienes ya sueño?
Abuela.- a no majo, ahora te toca hablar a ti
Nacho.- ¿a mí? ¿de qué?
Abuela.- ¿Cuál de las dos te gusta más? Bea o Carmen
Nacho.- no sé, son las dos muy guapas, pero solo somos amigos
Abuela.- entonces hay otra, verdad truhán
Nacho.- sí, pero ni nos hablamos, ella es de esas que se juntan con gente poco deseable y yo ahora lo que tengo que hacer es estudiar y dejarme de tonterías
Abuela.- me parece bien, pero si te gusta, no dejes de mirarla y de vez en cuando dile algo bonito
Nacho.- pues menuda es, esa me mandaría a la mierda enseguida
Abuela.- de todas formas eres aún muy pequeño, tiempo tendrás de encontrar a la que te convenga
Nacho.- oye y ¿mamá también era así de fiera como tú?
Abuela.- cómo que así de fiera
Nacho.- pues eso, así como tú
Abuela.- tu madre era un trasto, salió a tú abuelo, pero mira llego este que parecía una mosquita muerta y le puso el collar al perro
Nacho.- ósea, que fue papá el que tuvo que amaestrarla
Abuela.- oye, una cosa que te quería preguntar, no es que piense nada malo pero…
Nacho.- qué quieres saber
Abuela.- ¿tus padres se llevan bien? ¿Discuten mucho? ¿Se dan voces?
Nacho.- ya te entiendo. No hay problema. Discusiones pues de cuando en cuando, siempre por culpa mía, pero voces pocas; cuando se enfadan, mamá se sale al balcón se fuma un cigarro, o dos, hasta que se calma y luego vuelve a entrar más suave
Abuela.- no te digo igual que tu abuelo; se salía a al patio a fumar y cuando volvía ya se le habían bajado los humos
Nacho.- tú no te preocupes, que se llevan bien y van a todos lados juntos
Abuela.- ya hijo, pero yo casi no os veo y hoy en día se dicen tantas cosas por la tele
Nacho.- a ver, que eso ha pasado siempre, pero ahora se sabe y antes no
Abuela.- tienes razón, allí en el barrio había algunas que sabíamos que cobraban a diario, pero todo se callaba
Nacho.- eran otros tiempos y había mucho miedo
Abuela.- pero no creas, que también estaban esos, los que iban de machitos, pero en cuanto cruzaban la puerta de casa agachaban las orejas, si no querían dormir en el patio y calientes
Nacho.- jolín, con las mujeres de tu barrio
Abuela.- la verdad es que casi todas éramos familias más o menos normales, hombres muy trabajadores y mujeres dedicadas a la casa y los hijos; nuestra única ilusión era que de nada les faltase a la hora de comer y que fueran limpios, y que estudiasen, y que algún día viviesen con menos calamidades de las que pasamos nosotros
Nacho.- pues mira, es algo que al final lograsteis
Abuela.- sí, pero todo aquél esfuerzo, solo ha servido para que estén lejos. Antes una familia era para toda la vida, todos vivíamos en el mismo barrio o cerca, y nos veíamos casi a diario y ahora ni nos vemos
Nacho.- no abuela, la familia seguimos siendo la familia, con circunstancias diferentes, pero sí que nos acordamos de ti
Abuela.- ya lo veo, que ni me llama por teléfono
Nacho.- porque mi madre siempre ha sido despistada, pero hay veces que yo pongo la oreja y se acuerdan de cuando papá empezó a ir a buscarla por vuestra casa y la esperaba en la esquina a que saliese, porque abuelo lo miraba con cara de pocos amigos
Abuela.- era un mal bicho el abuelo, y la primera vez que tu padre entró en casa, yo me fui con tu madre adrede a la cocina y los dejamos solos. Tu abuelo solo le dijo:
Paco atiende, solo te digo que si le haces daño a mi niña te cuelgo. Cuando volvimos, tu padre estaba sentado y callado sin pestañear
Nacho.- pobrecito lo quedó acojonado
Abuela.- es que tu abuelo y tu madre se adoraban, mira que eran iguales de ceporros, todo el día discutiendo por nada, todo les molestaba y a cualquier tontería andaban a voces que parecía que se iban a matar. Yo me iba para la cocina y allá ellos con su discusión, porque si yo decía algo, se ponían los dos en contra mía. Claro que los dos ya sabían que conmigo tenían que tener cuidado, porque tonterías las justas y si yo me enfadaba, cogía el palo de la escoba y bailaban al son que yo tocase.
Nacho.- También se acuerda mamá mucho de algo que le decías tú y que yo nunca he entendido
Abuela.- ¿Qué yo le decía?
Nacho.- sí, algo de… Mira a ver, aquí no me vengas a mí con las once ovejas
Abuela.- mira pues al final me hizo caso
Nacho.- pero que quería decir eso
Abuela.- pues eso
Nacho.- pero que es eso
Abuela.- pues eso, que no viniese con las once ovejas
Nacho.- ah, vale, ahora sí
Abuela.- ya sabes, lo normal en las madre que hemos tenido hijas
Nacho.- y los que han tenido hijos, por qué no
Abuela.- es distinto, la madre, siempre es la madre.
Tú eres muy pequeño para entenderlo, pero las mujeres lo tenemos muy difícil en la vida
Nacho.- a ver abuela, sé que soy muy niño, pero a los niños no nos gusta que nos traten como tontos que no entienden nada, y si algo no lo entendemos, pues mejor preguntamos y nos gusta que las cosas se nos expliquen bien, sin tapujos ni tonterías
Abuela.- ya pero entiende que eres mi nieto y hablar de ciertas cosas pues…
Nacho.- pues nada. Estamos hablando sin más, a ver, que problema hay
Abuela.- para ti, ninguno, para mí, pues oye hay cosas que…
Nacho.- bueno, pues cuéntame solo lo que tú quieras
Abuela.- me parece que me voy a ir a mi cama, no sea que tengamos mañana folklore
Nacho.- ahora te vas a ir, con lo bien que estamos aquí
Abuela.- calla, que parece que están abriendo la puerta
Nacho.- vamos hacernos los dormidos por si acaso
Abuela.- nada de hacernos los dormidos.
Ahora ya, a dormir, no sea que entren tus padres a ver cómo estás y nos pillen despiertos. Además tu mañana tienes que levantarte para ir al cole
Nacho.- ya, y tú te volverás a tu casa
Abuela.- bueno, pero algún día seguro que me volverán a llamar para que te cuide
Nacho.- cuando crezca, a lo mejor, puedo ir yo a verte.
Abuela.- claro que sí, y yo esa tarde te prepararé la merienda más rica que hayas probado nunca.
Nacho.-Hasta mañana abuela.
Sin soltar sus manos cerraron los ojos y no les dio tiempo ni a pensarlo, cayendo en un sueño profundo.
A la mañana siguiente, como es natural, se levantaron y casi sin desayunar: Nacho al colegio, Laura se fue directa al trabajo, Paco llevó hasta su casa a Andreíta y después se fue a la oficina. Todo volvió a la rutina.
A veces suena el teléfono; no es la llamada que ella espera, pero menos es nada.
Descuelga y responde amablemente, luego escucha con calma a la señorita que le intenta vender algo o siempre sugiere que cambie de compañía, haciéndole esa oferta u ofrecimiento que ni entiende. Un rato calentándole la oreja y se despide agradecida de que al menos alguien, haya recordado su existencia.
Otra vez, vuelve a dar volumen al televisor para sentirse acompañada. Ahora de nuevo cierra los ojos, para viajar con la imaginación a ese sitio donde sus viejas piernas ya no pueden llevarla.
Pasan los meses y nada cambia. Sigue allí, sin moverse de casa, esperando esa llamada de teléfono que nunca llega. No se quiere arriesgar a que suene el teléfono y en ese momento ella esté ausente.
N.º de registro: jXTnScCk-2025-11-09T23:27:11.488

Me ha encantado, engancha, y es como la vida misma.
ResponderEliminarParte de la vida real. Las personas mayores la viven así cuando están solas. Algo que casi siempre da la alegría son los nietos. Los hijos suelen portarse así. Me ha encantado.🙏
ResponderEliminarQué bonito, Carlos. Muy tierno y triste a la vez. Cuánta gente mayor está sola. 😍
ResponderEliminarNos vemos en el desván de los patos.
EliminarTe esperamos!!
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