Translate

lunes, 24 de noviembre de 2025

La Dama del Ajedrez Cap.- 04

 

Capítulo 04

 

       Esa tarde Cosme esperó paciente en un bar cercano.

          Tras la sesión de la peluquería y con una manicura perfecta se fueron a casa.

       Ella se metió en su cuarto nada más llegar, él se quedó en el sillón esperando a verla salir.  

    Al rato apareció descalza y con una gran toalla rodeando su cuerpo.

     Cosme se quedó pasmado, sin saber que ocurría

Claudia.- tranquilo, que antes me tengo que maquillar

Cosme.- ¡haga lo que quiera!

    Pasadas las ocho, salió por fin arreglada de su cuarto y se quedó de pie en la puerta del salón. 

     Que preciosidad, parecía un ángel resplandeciente.

Claudia.- bueno ¿no va a decir nada?

Cosme.- es la novia más hermosa que cualquier hombre soñaría con llevar hasta el altar

Claudia.- va hacer que me ponga colorada

Cosme.-  ¿me permite que le haga unas fotografías?

Claudia.- y porqué no, así les envío algunas a mis padres

Cosme.- entre y póngase ahí, entre el mueble y las cortinas del balcón, que es el mejor sitio

   --por muchas veces que saltase el flas, ninguna fotografía podría igualar aquella belleza natural—

Cosme.- bueno, ya hay bastantes, hoy sabe que está castigada sin cenar

Claudia.- ¿y eso por qué?

Cosme.- solo faltaba que se manchase a última hora con algo;   nada, hoy no cena y va en taxi hasta la discoteca

Claudia.- está usted hoy poniéndose muy pesado

Cosme.- es un gran día para mí

Claudia.- y por qué

Cosme.- está tan ensimismada en el amor, que ni se ha dado cuenta

Claudia.- hay perdone, tiene razón

Cosme.- sí señorita, hoy hace un año que pisó esta casa por primera vez

Claudia.- como ha pasado el tiempo

Cosme.- usted es la dueña y señora de esta casa desde que entró por esa puerta

Claudia.- yo nunca seré la señora

Cosme.- no quiero que se lo tome a mal, usted sabe lo que quiero decir

Claudia.- sí y se lo agradezco

Cosme.- esta noche a las doce saldré a dar una vuelta y no volveré hasta mañana a la hora de comer.

      ---Ella se quedó mirándolo con extrañeza—

Cosme.- que no pienso estar aquí esta noche, tiene la casa para usted solita, pero a poder ser, en mi habitación no

Claudia.- pero como se le ocurre;    por favor deje de decir tonterías

Cosme.- me voy a hacer unas tostadas con queso de untar, salmón ahumado y alcaparras

Claudia.- yo también quiero

Cosme.- de eso nada, que al final, la veo salir con la medalla puesta.

Claudia.- pues entonces esperaré aquí sentada sin cenar ¿no le doy pena?

Cosme.- vale, yo tampoco cenaré hasta que se vaya para no darle envidia

Claudia.- que me da igual

Cosme.- no, tiene razón

      Cuando ella se fue, Cosme ni cenó, se le había pasado el hambre; se quedó sentado en el sofá dando alguna que otra cabezada hasta que llegó Claudia

Cosme.- ya está aquí, pero si es muy pronto

Claudia.- ¿pronto? Si son casi las cuatro

Cosme.- pero siéntese y cuente que tal la noche

Claudia.- lo siento pero vengo molida, esto de andar con zapato de tacón me tiene los pies y los gemelos reventados

Cosme.- pero si no son muy altos

Claudia.- que nada, que me voy a dormir;  me voy a desmaquillar y poco más

Cosme.- ¿quiere que le prepare algo para tomar antes de acostarse?

Claudia.- que pesado; ¡que no!  que me voy directa a la cama

Cosme.- como usted diga, mañana hablamos

 

      Al día siguiente en el desayuno, durante la comida y en el paseo, no paraba de repetir lo mismo una y otra vez:

  Cuando llegué, mis amigas quedaron impresionadas; al poco rato llegó él, y se quedó pasmado al verme. 

   Recordaba como estuvieron toda la noche sentados en un sitio discreto hablando, se levantaban y bailaban, luego se volvían a sentar y al momento volvían a bailar, hasta que se hizo la hora;  vinieron caminando despacio hasta dejarla en la puerta y al despedirse entraron al portal y él le dio un beso.

Cosme.- pero Claudia  ¿nunca le habían dado un beso?

Claudia.- sí, pero no como este, este ha sido especial, de esos que hablan en silencio y dicen te quiero

Cosme.- que envidia me da.

       A partir de ese día, a cualquier hora, en cualquier lugar, cuando iba a comprar, mientras limpiaba o hacia la comida, daba igual el momento, ella se sentía una reina, tal y como quedó escrito en la dedicatoria de ese libro que leía y releía cada noche, aunque siguiese leyendo otros libros de historia con unas reinas distintas de otros tiempos.

 

     Pasadas unas semanas;  Cosme se levantó con la moral por los suelos

Claudia.- vamos despierte ¿qué le pasa hoy?

Cosme.- he estado toda la noche con el mismo sueño, me he despertado sobresaltado varias veces, pero cada vez que volvía a cerrar los ojos otra vez lo mismo

Claudia.- y ¿de qué era el sueño?

Cosme.- una tontería; me estaba muriendo y junto a mi cama no había nadie, estaba yo solo, solo esperando

Claudia.- todos nos vamos a ir solos

Cosme.- pero algunas personas cuentan con alguien que al menos se acerque a despedirlas o acompañarlas en esos últimos instantes

Claudia.- lo que tiene que hacer es salir más, que está aquí metido todo el día

Cosme.- no sé

Claudia.- sí sabe; tiene que hacer amigos con los que hablar, tomarse algo, salir por ahí, y por qué no, también alguna amiga, con la que compartir algo más

Cosme.- yo nunca he tenido una relación de más de unas horas; siempre he valorado mucho mi libertad y atarme a alguien siempre me ha dado miedo

Claudia.- entonces ¿Qué hace los miércoles por la noche?

Cosme.- pues mire, poca cosa;  suelo salir a las dos, me voy dando un paseo hasta un antro que ahí a un par de calles, un sitio sin cartel en la puerta e incluso sin licencia;  digamos que es un club de alterne clandestino, allí la gente fuma, bebe, juega al póquer, en fin todo lo que se hace en un antro de ese tipo.   A mí no me gusta fumar, beber, ni por su puesto jugarme los dineros, por lo que me siento en la barra y observo las reacciones de cada uno.  Cada noche invito a una chica diferente a un par de copas (ellas están a comisión) y así me ponen buena cara siempre que me ven entrar, aunque yo el gasto que haga sea mínimo, un par de gin-tónic antes de salir por la puerta y coger de nuevo camino a casa dando otro paseo

Claudia.- o sea que es donde de vez en cuando…

Cosme.- no, allí no hay ningún tipo de reservado, solo es alterne.  A los hombres les gusta tener una chica guapa cerca mientras se dejan el sueldo sobre el tapete

Claudia.- pues eso no es vida, mire en la discoteca donde yo voy, va mucha gente de mediana edad y está abierta todas las noches

Cosme.- algún día será cuestión de pensárselo, pero por ahora…

Claudia.- es usted un muermo y perdone que se lo diga

Cosme.- lo peor es que tienes razón

 

   Pasado un poco más de tiempo, Claudia seguía  saliendo los sábados pero ya cuando regresaba era después del desayuno. Se seguía respetando la costumbre de salir a comer y luego el paseo de la tarde, pero ya no era cuestión de preguntar lo que había pasado la noche anterior.

 

     Llegaron las siguientes navidades, ella volvió a irse al pueblo y él de ruta de nuevo todas esas fiestas, esta vez a recorrer la Cornisa Cantábrica.

  Llegado el mes de febrero, una mañana que salió a comprar, Claudia se sorprendió al ver de nuevo el escaparate de la librería engalanado con rosas;  esta vez para la portada había escogido un color marrón clarito.

Claudia.- buenos días, ya veo que hay un libro nuevo de la misma autora

Señora.-  nos acaba de llegar, el sábado es la presentación

Claudia.-  ¿este como se titula?

Señora.-  clímax en la penumbra

Claudia.- pues lo mismo me acerco

Señora.- de todas formas, ya sé que le tengo que reservar uno dedicado

Claudia.- desde luego.  Bueno me voy que se me echa la hora encima

Señora.- adiós, e intente venir

 

    El viernes por la noche viendo la tele con el señor en el salón:

Claudia.-mañana me voy a ir antes

Cosme.- el sábado y domingo son suyos, aunque casi nunca los aproveche

Claudia.- he quedado a las cinco para una cosa

Cosme.- me parece muy bien, ya está bien de pasear al lado de este cuarentón

Claudia.- pues yo voy muy a gusto

Cosme.- y yo también, pero donde esté un chico joven…  donde va a parar.

     ---Le daba vergüenza decirle que iba a la presentación de un libro erótico—

   Después de comer, fue a maquillarse y en su cuarto se puso el vestido que Cosme le había regalado para aquella ocasión.  Llevaba ya demasiado tiempo colgado en el armario;   ella iba más cómoda con sus vaqueros y zapatillas deportivas.

    Él hizo como que no la vio salir, pero lo llenó de ilusión verla de nuevo con aquel vestido.  Iba tan guapa…

       Claudia se acercó hasta la librería.   Había mucha gente, mujeres, esperando a que comenzase el evento.

    Una señora muy apuesta, les dio una charla y después se puso en una mesa a escribir dedicatorias a las asistentes.    Claudia se puso en la fila, pero la señora de la librería le tiró del brazo hacia atrás.

Señora.- espérese a que termine, que esas dedicatorias son muy simples

Claudia.- a ver si se van a agotar los libros que ha traído

Señora.- el suyo ya lo tengo yo guardado debajo del mostrador

Claudia.- a bueno

           ---Una vez se quedaron a solas----

Señora.- mire, esta Caudia; (luego volvió la mirada) Y ella es la responsable de la editorial

Claudia.- buenas tardes

Editora.- por fin conozco a la bella Claudia

Claudia.- estaba esperando para que me dedicase el libro, la otra dedicatoria me trajo suerte ¿pero y la autora?

Editora.-  ¿y el libro? (contestando con otra pregunta)

Señora.- lo tengo yo aquí guardado

    --se le quedó mirando  sorprendida de su elegancia en una persona tan joven—

Editora.- ¿Y qué le pongo yo ahora que esté a su altura?

--Pensó un momento y se puso a escribir—

Señora.- bueno, léalo en voz alta que yo también quiero saber que ha puesto.

          --Claudia cogió el libro entre sus manos—

 

         .-.- Para Claudia.

     Diosa de un universo,

        donde la luna es la dueña,

            y las estrellas la envidian.

                Con cariño R. L.

 

Señora.- Muy bonita dedicatoria

Editora.- menos que ella, la verdad, es preciosa

Claudia.- muchas gracias, pero no es para tanto

Editora.- me alegro de haberla conocido y espero que este también te guste

Claudia.- seguro que sí;   adiós y muchas gracias

Editora.- hasta otra

Señora.- ¿verdad que es preciosa?

Editora.- más de lo que me había podido imaginar

 

      Dejó el libro en el buzón guardado para no volver a subir a casa y llamó a sus amigas para ver si querían que fueran a cenar juntas a algún sitio.

   Tras la discoteca y aquellas horas en un hostal, regresó, cogió el libro y lo escondió en su cuarto.   La comida y el paseo se le hicieron eternos, estaba deseando llegar a casa para echarle el ojo a las páginas de aquella nueva novela.

    Esta era diferente a la anterior. La autora había pasado de los alaridos a los susurros permutando la perversión por la pureza del amor, convirtiendo el orgasmo en un éxtasis como exaltación del alma.

      Tan distintos y tan iguales, con el único fin de lograr el placer más sublime en la mente de sus lectoras, incitándolas a saborear la soledad, con la única compañía de las caricias de sus manos.

 

   Claudia cada noche leía un capítulo, tampoco quería terminárselo enseguida;  prefería saborear cada momento plasmado en aquellas páginas que desprendían un olor  embriagador en cada frase.  

      Sus sueños húmedos, no se podían reflejar en su vida real, era como tener un mundo paralelo, inalcanzable para el común de los mortales, incluida ella.

 

   Llegado ya el mes de agosto, con un calor abrasador que hacía abrir todas las ventanas en la noche de par en par, el señor andaba nervioso.    Llevaba ya una semana que no hacía más que dar vueltas sin sentido;  salía del despacho y daba vueltas al salón una y otra vez varías veces al día;  siempre con una pieza de madera, con la que jugueteaba entre sus dedos, para intentar centrarse en lo que estaba haciendo.

 

Claudia.- Me está poniendo del hígado con tanto paseo. Siéntese un momento

Cosme.- no me pasa nada, solo que…

Claudia.- dígame lo que le pasa, lo mismo yo le puedo ayudar

    ---ella ya sentada lo cogió de la mano y lo sentó a su lado---

Cosme.- pues que por más que pienso, no me viene la idea concreta que necesito

Claudia.- es sencillo:  Respire tranquilo, relájese, haga caso a los consejos de su corazón,  escuche las palabras de su alma, deje que su mente plasme algo sublime y luego coja todo eso, e interprételo dándole una forma coherente.

   En ese instante el señor se levantó como si de repente todo hubiese cambiado en su cerebro y se fue directo al despacho.

 


2 comentarios:

  1. Disfrutando esta maravilla….Gracias Carlos 😘

    ResponderEliminar
  2. Estupendo capítulo compartido con sus personajes. 🙂

    ResponderEliminar