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domingo, 24 de agosto de 2025

Amaneceres


   Preparando el nuevo día en concentración extrema.

       Temprano, untando la puntera de las zapatillas con azúcar, para que den ese punto de alegría, endulzando los pasos;  pasos que hay que dar en cada larga carrera.

 

  Corre, corre, corre. Que tu participación es un triunfo.

    Cada uno de tus pasos un aliento para los pies que no andan.     En cada zancada, el impulso hacia delante de las piernas que no corren.

Cada gota de sudor esconde la lágrima oculta de un alma silenciosa que grita en cada respiración.

 

   Cada inicio un logro por conseguir.

         Al llegar la pendiente, un alivio en el sufrimiento.

            Cada rampa en el trazado un aferrarse con uñas y dientes, escalando peldaño a peldaño la adversidad de la vida.

 

    La línea de meta, no es más, que un volver a empezar.

    Una leve parada, un breve instante que dura lo que un abrazo.    Una respiración sosegada llena de amor.

 

Corre, corre, corre.

   Lucha, lucha, lucha.

      Corre, corre, corre.

         Sueña, sueña, sueña.

 

 

Carlos Torrijos

C.a.r.l. (España)

 

 


 

 

 

 

 

 

viernes, 15 de agosto de 2025

Trayectos indefinidos

 

Carreteras negras, líneas blancas, trayectos indefinidos, en días calurosos y noches cansadas. 

                Noches de verano,  horas de verbena y con la misión cumplida, amaneceres de cansancio.

       Tras horas de viaje y preparativos, con el repertorio bien aprendido en esas horas y horas de ensayo previo, en un local durante los meses de invierno.

  Llega la hora.   Todo preparado,  y equipo probado.

      Los técnicos esperando la señal rodeados de gente desconocida mirando al frente.  El público expectante, siempre deseoso de una gran velada.     Los músicos en el escenario tras sus instrumentos.    Los cantantes con el micrófono en una mano y con su botella de agua en la otra, a la que dar el último sorbo antes de salir a escena.

      Comienza la melodía de presentación acompañando la elevación del toldo delantero y las luces comienzan a iluminar toda la plaza, mientras juegan traspasando el humo que deja entrever la silueta de las tarimas entre haces de luz.

           Cada uno sabe cuál es su cometido.

    El espectáculo comienza y muestra el resultado de todo el esfuerzo realizado durante meses por “músicos y danzantes”.

         El público quiere divertirse, pasar un rato agradable aprovechando el buen tiempo buscando el reencuentro con familiares y amigos, que bien aprovechando las vacaciones,  o  la onomástica del patrón de esa localidad, regresan a ese lugar de donde tal vez un día salieron y sus calles ya no están habitualmente bajo sus pies.

 

         En la verbena se amalgaman emociones presentes con sentimientos pasados:   Ese tema con lo que los más pequeños se inician en el arte del baile.    Los clásicos, en que se funden distintas generaciones formando parejas inusuales.     Y como no, los que tocan en alma, pues nos hacen recordar a aquellos que ya no están presentes en la plaza, pero que siguen bailando en nuestro recuerdo.

     También los  artistas “aunque pocas veces lo exterioricen”   están rebosantes de recuerdos en cada canción:  Familiares a quien mentalmente siempre le dedican esas notas;  Otras muchas melodías y arreglos que les evocan el anhelo de compañeros que ya no están, provocando una disimulada mirada a las alturas cerrando los ojos por un instante.

    La verbena es algo más que música, luces, espectáculo y diversión.      La verbena en sí, en su conjunto, es algo tridimensional, un sentir popular único en que infinitas sensaciones, las de arriba y las de abajo se funden por unas pocas horas para perpetuar esos recuerdos que pasarán inadvertidos durante todo el año; hasta que de nuevo, otra vez, llegue el día señalado.

 

      Cuando todo se acaba, el telón se vuelve a cerrar. 

  La gente se irá dispersando comentando de cómo se lo han pasado, sin apenas referencias a nadie de los que hicieron grande y única esa fiesta.

             Mañana todo habrá pasado a la historia.

          Ahora  los componentes de la orquesta, tienen que volver a recoger todo de nuevo y enfrentarse a un nuevo viaje que los llevará a otro lugar para una nueva actuación en otra plaza que espera.

    Es la hora de intentar descansar un poco dentro de los posibles.

              La carretera vuelve a ser su compañera.  Puntos kilométricos que uno a uno significan un minuto más aproximándose a otro destino y sobre ellos, el cielo estrellado simbolizando el manto de Santa Farándula, protegiéndolos siempre del cansancio y el sueño para que lleguen sanos y salvos.

 

Como cada 15 de Agosto os mando un saludo amigos.

      Hoy es el día de nuestra patrona, patrona de esos que os dedicáis y de los que nos hemos dedicado al arte de la verbena durante años repartiendo alegría y diversión por todas las plazas de los pueblos y ciudades  de este largo y ancho precioso país.

    Este año, después de una década, vuelvo a ser parte activa del escenario, aunque “moderadamente”

                Cuidado, mucho cuidado, que os quiero volver a felicitar a todos en este día al año que viene.   Así que ya sabéis:    

No me podéis faltar ninguno.

        No importa los días seguidos de actuaciones, al final tenéis una familia esperando en casa, ansiosa para poder abrazaros y no les podéis fallar.

Por y para todos:

Conductores, Montadores, Técnicos, Cantantes, Músicos, Danzantes y Demás Familia.

 

¡VIVA  SANTA  FARÁNDULA!

Carlos Torrijos
C.a.r.l. (España)