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jueves, 15 de abril de 2010

Verdades falsas



El auto convencimiento es otra forma mentira, practicada habitualmente, después de mentir reiteradamente sobre un tema, y hacerlo demostrando nuestro convencimiento de lo que estamos diciendo, para así poder convencer a los demás, llega un punto en que la costumbre, nos hace creer que esos argumentos son ciertos, por tanto, desde ese momento dejamos de mentir, lo que estamos diciendo es cierto, o por lo menos lo pensamos, es el punto en que la ficción se convierte en realidad y las hipótesis se reflejan como teorías probadas.
Cuando alguien, ciertamente cree en lo que dice, está exponiendo su verdad, que por su puesto puede ser acertada o no a la opinión de los demás, pero suele tener mejor planteamiento y razonamiento que muchas de las verdades compartidas como tal por la mayoría, incluso en un breve espacio de tiempo depende de su divulgación se puede convertir, en algo admitido sin discusión por todo un entorno bastante amplio, y seguir creciendo de forma insospechada sin que nadie coherente se atreva a decir lo contrario por no quedar como un mal mentiroso.
Por eso para escribir un cuento de hadas, hay que ser un hada, si no, ese personaje, no dejará de ser un señor con bigote disfrazado de hada, y la ingenuidad de un niño, le hace ver y procesar detalles que para los adultos pasan inadvertidos, no os extrañe que al terminar la narración os pregunte con sus medias palabras: ¿pero al final, ese del bigote quien era?
Este intervalo, sirve para demostrar, que la mentira no existe, simplemente es una verdad mal argumentada.



viernes, 2 de abril de 2010

Bicicleta

Ayer le compré una bici nueva a mi niña, una chulada, con cambios tanto de platos como de piñones, grandota para que ya la utilice unos años.
Cuando ha llegado a casa esta mañana (pues anoche se fue a dormir con su abuela) al entrar en el garaje y verla, se le han puesto los ojos como platos, para hacerle un poco la puñeta le iba a decir que no la podía estrenar hasta su cumpleaños, pero no me ha dado tiempo, en seguida se ha montado y no nos ha dicho ni adiós.
Me imagino que ahora estará enseñándosela a sus amigas, o discutiendo porque todos querrán dar una vuelta en ella pero hoy no se le deja ni a dios, chuleando por el pueblo toda orgullosa, como cualquier niña de su edad haría, pero a mí que soy un incauto retorcido, solo se me ha ocurrido sentarme al ordenador. Al abrir me ha salido lo último que guardé anoche, filosofando sobre el otro barrio, lo he releído y he pensado, “si es que no aprendemos” tenía que haber comprado dos, así ahora yo estaría con ella, y ese dinero habría valido para sumar tiempo y experiencias juntos, y no para todo lo contrario, pero claro ¿yo iba a utilizar la bici? no, ¿ella iba a permitir que fuese con ella y sus amigas? el primer día luego nanay, o sea que pensándolo bien me he ahorrado un dinero, a ver si ahora va a resultar que la bici me ha salido a mitad de precio, y con pensar esto estoy encontrando la fórmula para pagar la mitad en hacienda ahora que se aproxima lo de la declaración, aunque pensándolo bien, voy a dejar de pensar, que a mí normalmente me devuelven, y estos se agarran a cualquier cosa para no soltar un céntimo.

jueves, 1 de abril de 2010

Muerte

Que palabra más tétrica, y sin embargo, tan cercana a todos, cuando decimos que se acerca sigilosamente, es cuando ya está gritando: Ven a voces, pero para sus palabras siempre estamos sordos, nuestra educación hacia ella, nos hace ignorarla, recurriendo a frases como “a mí no me puede pasar”, de acuerdo que si viéramos su figura en todas partes, no saldríamos de casa, ni tan si quiera estaríamos tranquilos en ella, por miedo, pero, miedo a que.
Estamos atados a un cuerpo, al que hay que alimentar, cuidar, vestir y para eso tenemos que gastar nuestro poco y preciado tiempo en ganar el dinero que necesitamos para ello, por cierto el cual nunca consideramos bastante, ni tan siquiera suficiente. Queremos estar metidos en este traje, con la escusa de nuestros seres queridos, pero cambiamos las horas de su compañía, para ganar un dinero que al final se destinará a tener un piso, donde nunca coincidimos, un coche que solo sirve para alejarnos de ellos, y porque no decirlo, en un seguro de decesos, para que nos pongan en una caja al final de nuestros días y sea lo único que nos llevamos a la tumba.
Sin este ataúd que adquirimos al nacer, del cual tan solo nos libera la muerte, podremos dedicar todo el tiempo a cuidar a los nuestros, mientras esperamos a que se reúnan con nosotros, podremos estar en sus momentos más felices, (en el mundo de los sueños), nos desplazaremos por nosotros mismos, sin tener que preocuparnos del tiempo o el espacio, y si en algún momento esa “energía” se agota, nos desvaneceremos como la luz de una vela al quedarse sin cera, sin sobresaltos.
Tenemos también la opción de la reencarnación, para quien decida volver a pasar un tiempo con otras experiencias, en otro lugar, como otro ser o simplemente por aburrirse en el otro lado, de todo habrá y cada uno es libre de escoger lo que le apetece, para después de este paréntesis, volver a su estado natural, estado que creo no puede ser estar enfundado todo el día en un amasijo de huesos y carne recubierto por un pellejo para que no se desparrame, esto no puede ser todo.
Que si me quiero morir, pues por ahora no, que si me pienso reencarnar, pues depende de cómo me encuentre allí, que si creo en esto, ó quiero creerlo, no lo sé, pero si no fuera así, la vida “terrenal” perdería mucho del poco sentido que tiene, que pasará si luego no hay nada, pues ajo y agua, si creer me ha hecho vivir más feliz y morir más tranquilo, después de muerto el burro, que me quiten lo bailao.