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martes, 7 de noviembre de 2023

El Edén

 


 

 

Cuantas cosas por hacer que nunca hice:

     Tanto que escribir,

 para que quede constancia.

     Aquellos versos al aire,

que se perdieron en la noche.

    Esas palabras silenciadas,

por temor al que dirían.

   Muchos sueños por cumplir,

 o al menos intentarlo.

   Ahora que el tiempo me falta,

me sobra la insolencia.

   Cuando la debilidad se ríe

de las ganas de luchar.

    El horizonte lejano,

se aproxima cabalgando.

   Volver la vista atrás ya es tontería,

no merece la pena.

    Para que pensar en aquello,

que pudo ser y no fue.

    Porqué malgastar el susurro,

que queda en el último aliento.

   Es tiempo de cantar a la libertad,

aún sin haberla conocido.

   Momento de soltar carcajadas estridentes.

       Buen día, para reconocer la loKura

 y gritarla al viento.

      Buena noche en que confesarse

 ante los ojos de la luna.

     Estupendo momento para alzar las manos

 y atrapar el universo.

    Cuanto más cerca está el marchar,  

más dulces son los minutos.

    Precioso instante para saludar,

con una sonrisa a lo que está por venir.

     Maravillosos los siguientes pasos,

 aunque sean imaginarios.

    Felices esos ratos que vendrán

de hacer nada por hacer algo.

  Sublimes las pensadas que están por venir, 

sintiendo que aún piensas.

     Magnífico el amor sin sexo,

 prescindiendo del sexo sin amor.

     Arrebatador, el abrir el corazón al mundo

 mostrando sus telarañas.

      La felicidad un abrazo.

           Horizonte el amanecer.

                 El mejor sueño despertarse.

El paraíso...  Los brazos de una mujer.

 

 

Carlos Torrijos
C.a.r.l. (España)

 


 



sábado, 4 de noviembre de 2023

Momentos a solas

 


   Tras las notas de un piano,

cuantas cosas escondidas

imposibles de explicar.

   En tonalidad Mayor

el aroma de las flores.

   Dominante con su séptima

para descender de nuevo.

   La cuarta siempre de paso

abrazando ligaduras.

   Pentatónicas sonrisas

que juegan al escondite.

    Tresillos como escaleras

subiendo hacia la atalaya.

     Los reguladores, olas,

 acercándose a la playa.

   Un paso a doce por ocho

 para cambiar el acento

del pedal cuando se pisa,

paseando con dulzura

sobre las blancas y negras

el perfume de la brisa.

     Arpegios encadenados

dibujando fantasías.

      El mordente es un tropiezo,

el trino, pausa en el aire.

    Ímpetu en semicorcheas

haciendo silbar al viento,

un suspiro el calderón

para recobrar aliento.

 

       Disminuidas de paso

como páginas de un libro.

   Redondas, blancas y negras

muestran de relajación.

   Menores, delicadeza,

nostálgicos o tristeza.

    En intervalo de cuartas

comenzando en Fa menor,

para dar vueltas y vueltas

siempre terminando en Do.

     El bemol inesperado

como pellizco en el alma.

   Mano izquierda tenebrosa

que aprovecha la ocasión.

     Alteraciones impropias

con el gesto  contenido.

   El percutir de los dedos,

rebeldía del momento.

      Intervalos disonantes

con la rabia de un recuerdo.

    LoKuras de un desamor

vuelven opaco el sonido

como campanas a muerto.

   Lágrimas que van cayendo

 en semitonos pausados,

sobrándole al sentimiento

cinco escalas del piano.

   Los dedos en retardando,

 hasta retirar las manos.

 

   Tantas emociones juntas

en solo una partitura.

   Que solo se pueden ver

cuando el corazón levita

o el alma, se queda a oscuras.

 

 

Carlos Torrijos

C.a.r.l. (España)

 

 


jueves, 2 de noviembre de 2023

Versar de primavera

 


 

      Los sueños tejen telarañas, donde las gotas de rocío silban melodías esperando que el despertar del alba las arrulle entre sus dedos, para bailar como baila el llanto, entre los suspiros del amante de la luna.

     Colores de primavera con aroma a tierra mojada junto a la vereda del arroyo viendo como nada un pez, libertad contracorriente buscando el nacimiento de la vida.

        A la sombra de un frutal,  los trinos de sus gargantas que se mecen en las ramas, una a una van poniendo las pajitas en su rama para acomodar su nido, dibujando ilusiones con briznas de hierba seca.

       Olor a jara y tomillo, a lavanda y romero,  las nubes rozan los pinos que se enredan en la risca cubriéndola de verdor mientras un lagarto se excita, fundiendo los rayos de sol con los grises del pedregal aprovechando el calor que se siente en la solana.

       Los trigos que reverdecen acompañados del rojo  de la amapola y el amarillo junto al blanco de la margarita.  Un alterno me quiere, no me quiere, para adivinar futuros inciertos sin solución.

         Amalgama de elíxires a pecho abierto.  Recorriendo las venas y arterias, luces del alma, sombras del corazón, delirios de hambre y sed con que saciar la perversidad de la mente en su afán de alcanzar el clímax del intelecto. 

            El deseo de engendrar, la necesidad del concebir esa criatura sin llanto, sin necesidad de padre, tan solo alumbrada por la tinta de la pluma vertiendo emociones sobre virginal papel cosido con hilo de seda; sin extinción de su vida, aunque la última página tenga la palabra fin.

  Las siluetas tatuadas en la piel de los amantes, símbolos comprometidos con significado especial,  rumores del mar susurrados al oído por olas y viento,  palabras de amor con un para toda la vida.    La primera vez, esa que jamás se olvida; cascada de emociones que plasmar en un cuaderno.

        En la silla sentada;   Rodeada de la desnudez de la soledad y desnuda en su esencia;  enclaustrada entre palabras nunca leídas junto a frases jamás escritas.

 

Ojos de Gata@2023.