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lunes, 31 de agosto de 2015

VALDELUNA cap .- 3º

                    Llegó la hora de la renovación del matriarcado.  La más anciana del lugar se ha quedado dormida, sentada, con los parpados entre abiertos junto a esas cacerolas siempre utilizadas para momentos excepcionales de celebración o desconsuelo como este.

      El fuego está encendido en el centro de la era.    Las potas sobre él.    En todas y cada una de ellas desde la más pequeña a la más grande se pondrá a cocer agua condimentada con un poco de sal y flores de albahaca.

            Tras la difunta anciana recostada en una antigua especie de mecedora, Tarsicio prepara el peine para que sus púas recorran con delicadeza su cabello y hacer de este una linda trenza que una vez anudada cortará, para luego ser entregada a la anciana que debe tomar el relevo.

      Recibida esta, la nueva matriarca la coloca entre sus pechos para que quede a buen recaudo.

          Las mujeres entran en la casa para despojar el cadáver de sus ropajes.  Tarsicio, sentado en una piedra acuna con arte la navaja frotando su filo contra un gastado pedernal.

   El habilidoso entra de nuevo con la amarga misión de raparle la cabeza y todo el bello existente en la plegada y blanquinosa piel.      Desnuda, rasurada hasta la punta de los pies, es introducida portada en sus fuertes brazos dentro de un gran balde alargado.

         Ya solas las mujeres están;  con el agua caliente llenan el balde para evitar la pronta rigidez.  Lavarán todo su cuerpo hasta que quede limpio y puro como una patena; con paños perfumados secarán cada uno de sus ancianos rincones, antes de ungirla con aceites aromáticos y envolverla en un sudario que coserán a los lados, abajo y arriba, para con él, cogido por las costuras depositarla en su camastro por última vez.

            Entonces entrarán los niños para cubrirla de flores cogidas del campo y después la dejarán sola, tranquila, así en su sueño, con sus seres queridos, los que antes también se fueron.    Ellos serán los encargados de venir a recoger aquello que llevar y conservar a su lado.

     Toda la noche, solo estará acompañada por la pobre luz tenue de un candil.          En Valdeluna, el aire se tiñe de pena, la brisa lleva hasta las casas, el olor nauseabundo de tejido quemándose; ropajes que la más anciana ahora, con un palo remueve toda la noche en la hoguera.

 

     Con las luces del alba, sacará de entre sus pechos la blanca trenza, deshará sus ataduras y sobre las ascuas restantes esparcirá sus cabellos antes de dirigirse a la puerta de la casa para recogerla y entregar su cuerpo a la tierra.     

                Los niños y niñas, así como si se tratase de un divertido juego, cogiendo con fuerza el sudario por cualquier sitio, llevaran a la anciana hacia su última morada.

   Allí la depositarán sobre el suelo, la cubrirán haciendo sobre ella un pequeño montículo con el mejor mantillo negro que Nazario y Juanillo han podido conseguir en la huerta para que el viento, la lluvia y el sol,  se hagan cargo de cubrirla de flores cada primavera.

        Poco más pueden hacer, volverán a tapiar el hueco abierto en el muro de aquel cuadrado para que nadie entre a molestar a los que allí descansan y que ninguno de ellos pueda salir a enturbiar sus vidas.

              En Valdeluna, esa aldea tan peculiar nada cambia;  seguirá amaneciendo y anocheciendo como lo ha hecho siempre y sus habitantes continuaran dedicándose a lo que mejor saben hacer:   Cuidar de sus campos e intentar vivir en paz, hasta que a cada uno le vaya llegando esa hora.



jueves, 27 de agosto de 2015

VALDELUNA Cap.- 2º

  A su “avanzada” edad, Gorgonio al final descubrió el sabor de la blanca leche.   Pidió encargarse del ordeño y siempre iba acompañado a todos sitios por la párvula mocosa.

       Andrea, ya se había cansado de rezongar y los había dejado hace tiempo por imposible.    Siempre regresaban hechos unos cirios.       El pelo rubio y sedoso, más bien parecía un estropajo.    A Primavera, le encantaba beber directamente de la teta de la vaca y su padre no tenía más capricho que retirársela de la boca y rociarla con el pezón de la ubre.       Ella no se lo tomaba a mal, todo lo contrario, era el juego diario antes de acurrucarla bien tapadita,  ya desayunada sobre los montones de forraje.

    Lucro, encargado de repartir la leche, sabía que no debía hacer mucho ruido cuando se acercaba con el mulo a recoger los cantaros llenos.

      Mientras Gorgonio los carga en los serones, Lucro con el gesto sonriente, siempre cruzado de brazos y con los ojos como platos, embelesado, se queda mirándola.

Lucro.- pero que guapa que es esta niña

Gorgonio.- desde luego que sí

Lucro.- esta no puede ser tuya, con lo feo que tú eres

Gorgonio.- a ver ¿y de quien va a ser? Pues mía

Lucro.- no te enfades, que era una broma

Gorgonio.- el llamar guapa a mi niña, porque es guapa, y los ojos con que la miras a diario es suficiente para mí ¿Cómo puedo yo enfadarme? Si eres todo cariño hacia ella.

Lucro.- Pues eso digo yo;   pero es que…  eres muuu feo

Gorgonio.- vamos, espabila que llegas tarde; seguro que te está esperando la señora Celsa,  y luego vas diciendo que soy yo quien te entretiene.

        Una vez ha partido Lucro con el mulo, Gorgonio aprovecha unos minutos para echarse al lado de su pequeña.  Sin despertarla, coge sus manitas y las acaricia suavemente hasta que ella parece estirarse para luego cruzar sobre su pecho los brazos al tiempo que esboza un primoroso apretar de labios.

       Y de nuevo a la faena;  hay que dejar a los animales comida y agua, el tiempo anda revuelto y estas noches es mejor tenerlos a cubierto.


  Cuando la sombra del nogal empieza a cubrir el techo del chamizo de las herramientas, es hora de irse a casa.

   En un saco con cinchas, para que cuelgue sujeto de sus hombros pone a la pequeña Primavera;    apoyado su pecho contra su espalda y sus piernecitas colgando por huequecitos que Andrea ha forrado con tela y rellenos de lana fina, para evitar rozaduras vuelven con tranquilidad.    Llegarán a casa justo a la hora de la cena.  

Gorgonio.- hola hijos ¿qué tal habéis pasado el día?

Octavio.- bien padre

Andrés.-  ¿Y usted?

Gorgonio.- como siempre

Leopoldo.- verás madre, cuando vea a la niña…

Andrea.- a cenar…

Gorgonio.- no digáis nada, a ver si no se da cuenta

Andrés.-  pues anda, que usted viene…

       Como siempre entran riendo y jugueteando hasta la cocina.

Gorgonio.- mi paloma, ¿Qué hay de cena?

Andrea.- hasta que no te laves, nada.  Trae aquí a la niña, que ya viene hecha unos zorros.   Un día de estos…

     -Ante la mirada complaciente de los hijos, Gorgonio la abraza para hacerle rabiar-.

Andrea.- quita, que me manchas       

      A la mesa solo falta Bernardo. Cuando llega se sienta con gesto serio, malhumorado como es costumbre cada noche.

Gorgonio.- ¿Qué tal hijo?

Bernardo.- usted no es mi padre

         -Todos agachan la cabeza y callan-.

Andrea.- ya estoy harta de tanta tontería.      Entonces… ¿quién es tu padre?

Bernardo.- eso lo tendrá que decir usted.

         -Andrea, echando mano de su sentido del humor para no crispar más el ambiente-.

Andrea.- por tu genio retorcido y…  tal vez el parecido en tu mirada revirada…         yo diría que puede ser el señor Tercio.   Así que vete para su casa y ya tienes un padre y de paso has encontrado a una hermana, eso sí, bizca y sin nombre

Bernardo.- vamos, no me joda madre (con una media sonrisa en sus labios)

Andrea.- ¿pero, no querías un padre?

Bernardo.- ¿Por qué no pudo usted formar una familia como todas?

Andrea.- porque soy muy exigente.   He estado todo este tiempo esperando a que alguien tocara mi corazón, ese hombre que fuera capaz de hacerme feliz cada día; uno que quisiese a mis hijos como si fueran suyos y diera la vida por ellos si hiciera falta y ese hombre es Gorgonio, eso sí, si crees que esto no es suficiente entonces tú tienes razón.   No es y nunca será tu padre.    

 Pasada ya la media noche Gorgonio se despertó al oír el ruido de unos pies deslizándose despacio hasta llegar a vera de su cama.  En la oscuridad unas jóvenes manos cogieron la suya y unos labios temblorosos susurraron:

          .- vengo a pedirle perdón

Gorgonio.- ¿perdón? ¿Por qué?

     -Empujando con la espalda  poco a poco movió a Andrea contra la pared-.

Bernardo.- por ser tan desconsiderado con usted

Gorgonio.- anda, anda, calla y acuéstate aquí a mi lado que vas a coger frío

Bernardo.- pero es que yo…

Gorgonio.- no pretendo que me llames padre, tan solo que me permitas llamarte hijo

Bernardo.- si yo lo comprendo y…

Gorgonio.- Sssss, calla, duerme, que como se despierte tu madre vamos a tener cantares.   Hasta mañana hijo

Bernardo.- hasta mañana padre

      Los tres durmieron en la misma cama;   por fin  los siete formaban parte de la misma familia;  había sido duro ese tiempo permaneciendo callado con los labios mordidos, pero había merecido la pena.

 




martes, 25 de agosto de 2015

Un Poquino...



                              AMADA MÍA....

    Cómo no esperar el cruce de nuestras miradas, para regalarte un beso.
     Cómo agradecer que tus virtudes, sean mi cielo, cuando mis imperfecciones, son tu infierno.
     Cómo no amar con toda el alma a ese corazón tuyo, siempre abierto de par en par.
    Cómo pretender permitas, forme parte de esa tu nube, siendo tan solo, una simple gota de rocío.
    Cómo  no idolatrar esa rama, que dio vida, a mis más preciadas flores.

    Cómo ocultar, el llanto o la risa, en los momentos vividos entrañablemente, codo con codo.
    Cómo  no postrarme de rodillas ante ti, para pedir perdón por los defectos, que en mi ser, persisten, de los cuales, también tú te enamoraste.
    Cómo callar mi voz, cuando grita, te adoro y lo canta a los cuatro vientos.

    Cómo no alzar escalas al universo, sabiendo, que tras el último peldaño, siempre te encuentras tú.
    Cómo despertar de este dulce sueño, que me tiene encadenado.
              ¿Y cómo?... Como no querer, estar a tu lado, el resto de mis días.

         Y como cada noche.
  En nuestra cama tumbados,
preguntarte…   ¿me quieres?
¿Cuánto me quieres amor mío?
      Y tú, susurrándome al oído,
entre mis brazos contestas
¿Si te quiero?...  Sí…  UN POQUINO.




domingo, 23 de agosto de 2015

VALDELUNA cap. 1º


               Nuestro amigo Gorgonio, en estos meses, entre los rigores  fríos del invierno  decidió cambiar  el rescoldo solitario del vino por el calor humano de una familia.

     Su nueva compañera sin perder el humor ni la gracia característica de su persona dejó para siempre atrás su diminutivo.   

         Una campanilla tintineaba con fuerza anunciando la buena nueva y una voz jadeante, sin resuello, llegaba a la  plazuela gritando:

   .- Gorgonio, Gorgonio, ya ha nacido.        

          Andrea, había dado a luz una niña hermosa de piel sonrosada.   Su pelo rubio iluminaba más que el propio sol y sus ojos abiertos como luceros parecían pretender comerse el mundo.

Petronila.- míralo como corre el desgraciado a la cuesta arriba

Genaro.-  yo también correría

Petronila.-  poco corría cuando falleció su difunta esposa y ahora viene con la lengua fuera, a arrullar una criatura que ni siquiera es suya

Nazario.- cállese tía vinagre;   que me está poniendo del hígado

Petronila.-  ¿Qué me has llamado?    Sinvergüenza

Nazario.- tía vinagre, y quien se lo puso, que se lo quite

Matías.- dejemos la fiesta en paz

            Gorgonio, entra como un torbellino por la puerta sin reparar en lo que ocurre fuera.

Gorgonio.-  ¿Qué ha sido? ¿Qué ha sido?

Filomena.- una hermosa niña 

Andrés.- padre, mira qué guapa es

Bernardo.- que no le llames padre

Andrés.- me da la gana

Andrea.-  mira que ojazos tiene

Gorgonio.- se llamará Andrea, como su madre

Andrés.- es que yo quería que se llamase….

Gorgonio.- ¿Cómo?, ¿Cómo quieres que se llame?

Andrés.- Primavera

Gorgonio.- pues no se hable más, Primavera se llamará.

 

     Con sumo cuidado, envuelta en una mantilla, la coge en brazos para mostrarla con orgullo a toda la gente que en la calle espera.

Gorgonio.- Esta es mi hija y se llamará Primavera, porque  mi hijo pequeño así lo ha querido.    

        Mientras los dos hijos medianos, se preocupan de ver lo que pillan para el almuerzo.   Bernardo, el mayor frunce el ceño, no lleva ni pizca de bien, eso de otro hombre en casa y menos llamarlo padre o que les llame hijos.

      Juanillo, que apenas se ve entre la multitud se retira a un lado y hace sonar la campanilla con todo su vigor, por lo que el badajo sale despedido.  

   - Las carcajadas  espontaneas contrastan con la rojez de su rostro-.

        Tras las enhorabuenas, cada mujer saca manjares de su casa y los comparte para la celebración.      Todos se alegran de la buena nueva.  Unas más que otros.

  Desde que se formó la nueva familia acabaron los escarceos esporádicos de rincón y alivios febriles de aquí te pillo, aquí te mato.

      Las nuevas madres son tratadas como oro en paño y exentas de cualquier tipo de trabajo físico; su tiempo lo dedican a tareas del cuidado y enseñanzas primarias de los menores, hasta que sean acogidos bajo la tutela de Genaro.

       El tiempo corre que vuela.  Respetando la tradición, cuando los primeros frutos (brevas) de la higuera están maduros se recogen en banastos.   Tras despojarlos de su piel y ponerlos en fuentes llanas boca arriba partidos a la mitad y sobre una gelatina resbaladiza, estas son obsequiadas a cada recién nacido.

           Cada uno de los padres vestidos con túnica teñida con la pasta extraída de los pétalos de la flor de añil, portan en la mano izquierda una de las bandejas y en su brazo derecho a la criatura convenientemente ataviada con una camisola blanca.

           Con paso firme se introducen hasta el centro del arroyo, en un lugar donde un banco de arena hace que la profundidad no supere los tres pies.   Allí se arrodillan, doblan su torso hasta que fuera del agua solo quede su antebrazo izquierdo, el que en su extremo porta la bandeja.           La misión es conseguir después de varias veces efectuada la inmersión que ningún trozo haya caído al agua.  Esto es el símbolo garante de manutención de los pequeños toda su vida.

      Terminada la ceremonia, Marcial, cogerá del ramal de cuero a una caballería engalanada.   Las madres con cuidado colocaran a sus retoños en los serones de anea forrados con mantas, para recorrer el camino hasta la cima.

            Una vez lleguen arriba, este los sacará uno a uno, mostrándolos al valle y pronunciando su nombre;   desde ese momento y hasta el fin de sus días así deberán ser nombrados.

 

        Terminado con éxito el ritual aprovechan las horas que quedan de luz para comer esos frutos madurados por el sol y bendecidos por el viento, que sobre la mesa aguardan acompañados de otras suculencias culinarias elaboradas magistralmente por las manos atiborradas de amor de madre y bajo la supervisión de la anciana del lugar.

 


viernes, 21 de agosto de 2015

Acróstico


C  Antares del universo
Á  ngeles sueltan sus alas
N  inguna nube lo impida,
C  onocer una mujer
E  mbriagada de ilusión
R  osa, los lazos de vida.



D  esprendeté de tu blusa
E  nseña tu pecho herido


M  uestra al mundo con orgullo
A  lma de porte risueño,
M  irada clara de luna
A  manece de un mal sueño.


Con todo...
Hoy puede ser un gran día



jueves, 20 de agosto de 2015

Poeta y Reina (+ voz)


Estimados y sufridores lectores.
                             En este caso también oyentes.

Este…. Es mi regalo para celebrar junto con una AMIGA, la publicación de:
Un canto, al amor y al desamor
  Poemario escrito por:
Isabel San José Mellado
      Un gran libro y una gran poetisa, que sé, se merecen mucho más que esto.
       Pero es lo que hay.
      Podría haber sacado de esto un producto más elaborado… SI.  Pero no era esa mi intención.
    Los entendidos en poesía y su métrica.
   Los exquisitos de la declamación.
   Los  expertos en pronunciación y expresión de signos de puntuación.
   Todos ellos podrán pensar vaya chapa.
¿Podría?, y repito SI…     Haber grabado el texto, 10, 15, 20 veces y luego escoger.  Pero NO.
 Mi decisión fue grabarlo una solo vez, en buena compañía y montarlo.  No me habría importado, si un gesto  sonoro de  ayuda, se hubiese colado por el micrófono.     Pero se comportó como una verdadera profesional. Callada y atenta a todo lo que yo, iba leyendo en voz alta.

           Esta…. es la confirmación de la veracidad de esa frase tantas veces pronunciada y oída.
Que atrevida es la ignorancia

       Mi Padre siempre me dijo que yo, tenía poca vos y desagradable;  que le vamos hacer.
    Esto no es una grabación de un grande en voz, estilo y dicción.  Pero es un poema escrito, musicalizado, grabado y montado, con lo más grande…    El Corazón.
  Sé, que así lo escuchará mi gran amiga y así me gustaría que vosotros lo escuchaseis.

Con todo mi cariño para mí…:
Poeta… Reina……… ISABEL.



Montaje fotográfico
Javi Ruiz Sánchez 

Tu Voz (poema)


poema.- Isabel San José Mellado (España)
 VOZ .- Rosana Lezcano (Argentina)
 música .- Carlos Torrijos - C.A.R.L. (España)





                    Aquí notareis que es distinta la música, que en la publicación referida al mismo anteriormente.
           Esta es una alfombra que sirva ccomo acompañamiento de una voz.
    la otra melodía, era una forma de hacerla canción para entretenimiento de todos vosotros.



Olvídame tú... si puedes (poema)


poema.- Isabel San José Mellado (España)
 VOZ .- Rosana Lezcano (Argentina)
 música .- Carlos Torrijos - C.A.R.L. (España)

Nostalgico momento - (poema)


poema.- Isabel San José Mellado (España)
 VOZ .- Rosana Lezcano (Argentina)
 música .- Carlos Torrijos - C.A.R.L. (España)



miércoles, 19 de agosto de 2015

Valdeluna. pre.- 5


      Mirad, se acerca Andreíta; la moza mayor la llaman, siempre sonriente y de buen talante;  de jovencita ya apuntaba maneras, nunca fue casada, no convivió con varón bajo el mismo techo aunque eso no quita para que tenga cuatro hijos: el mayor Bernardo,  luego va Octavio, después Leopoldo,  el pequeño Andrés   y ahora está de nuevo embarazada.

        Jamás revelo la paternidad de ninguno de sus  críos, tal vez por no crear conflictos o simplemente por no saber con seguridad quien era el artífice.

    Trabajadora como la que más y a la hora de bromas y contar chascarrillos no hay quien le gane.

            Las mujeres la aprecian y disculpan.  Saben que lo que le sobra de vicio le falta de cordura y lo que le falta de  prudencia le sobra de humanidad.

      Si alguien necesita algo, ahí está ella, al pie del cañón, siempre dispuesta.

       Para pasar la noche en vela y ayudar a nacer, la mejor partera.   Si hay que calmar los nervios del hombre en la esquina del corral, pues también.   En fin, lo que haga falta.       

       Nuestro amigo Gorgonio que es un avivado truhán y quedó viudo hace años, le hace gestos y señales, a los que Andreíta parece no hacer ningún asco.

        En un visto y no visto se encuentra apoyada contra un gran pellejo de vino con las sayas hacia arriba.  En un santiamén: ¡Apañao!  Andreíta, sale andando y calle abajo, se va,  como si nada hubiese pasado.

    Gorgonio por su parte después de darle desahogo al cuerpo se cree merecedor de un buen trago para no perder la costumbre,  más que nada por no  hacerle un feo a las costumbres adquiridas con el tiempo.

           Cuando sale a la plazuela, se encuentra con los dedos señaladores y risas burlonas de la muchachada.

    Su mente turbia no ha reparado en detalles.   Con premura se sube el pantalón a la altura de la cintura y hace un nudo en la cuerda que lo ajusta para que no se caiga.   Con prisa busca la vara y todos corren gritando entre carcajadas y frases socarronas.

    La señora Petronila; (la tía vinagre) bajita de estatura y enjuta de carnes.    Con el alma a rebosar por un genio que debía de haber sido repartido al menos entre diez, se ha percatado de la algarabía formada en la plaza.

       Espera paciente tras la esquina a que pasen corriendo.   Sacando con picardía la punta del pie hace tropezar al que toma la curva más cerrada, que en la carrera cae de bruces contra el suelo.

       Después de propinarle una soberana “coz” con la parte interior de su pie en las posaderas, lo agarra con fuerza de una oreja para que no se le escape.     Casi suspendido en el aire, apoyando levemente las punteras en el suelo, el muchacho es encaminado a su casa para que dé explicaciones de su aptitud ante sus padres.

     Los aullidos del zagal hacen salir a las gentes de sus casas para ver la secuencia tantas veces repetida con la misma protagonista y un actor secundario diferente en cada toma.

    Al contrario que Andreíta, la tía vinagre nunca fue santo de la devoción de nadie del lugar;  su áspero carácter y atrocidades prepotentes cometidas hacia los menores jamás fueron bien vistas.    Pero siguen todos mordiéndose la lengua       por no discutir.

     Asomado tras la esquina se sonríe Gorgonio.   Que jodío, es al único que parece hacerle gracia lo que sucede.

 

      Antes de que el otoño cubra de hojas el suelo, he de presentaros a otros que también tendrán su momento de notoriedad o serán nombrados:

                Una jovenzuela de ojos bizcos,  gesto malhumorado y facciones no muy agradables de observar.   La llamada Sinnombre, hija de Tercio; un señor tuerto que al parecer siempre gastó malas pulgas, enfadado con toda la gente, la vida y el mismo.

     Su mujer falleció un mes después de nacer la criatura, debido a una infección que desde el parto en su lecho la fue consumiendo.   En consecuencia y como venganza se negó a ponerle mención “nombre” a la pequeña.

   Como habrán observado, estos son los personajes más o menos relevantes que intervendrán en la historia.

 

       ¿El actor principal?…   

              El pequeño lugar de VALDELUNA.

 

       Las cumbres empezarán a teñirse de blanco, aquel que haya pensado en algún momento en abandonar el lugar, deberá esperar noventa puestas de sol hasta el nuevo Equinoccio.

   Los ojos del soñador alado que ha estado observando cerrara sus pestañas y dormitará invernando, hasta que la primavera de nuevo deshaga el hielo y el calor del sol vuelva a iluminar sus campos.

 

  Entonces tras diez lunas de gestación volverá a oírse el llanto de un recién nacido, que junto a los floridos campos balanceados por el viento, el ruido del torrente avanzando arroyo abajo y el canto dulce de los jilgueros en bandadas dará vida a los nuevos amaneceres.

 



martes, 18 de agosto de 2015

Valdeluna. pre.- 4


            La noche de luna estrecha, con cuernos hacia arriba, se ponían las sobras de pan duro en agua.

  Esa pasta una vez fermentada servirá como levadura, en la próxima hornada.  

   Pasadas unas jornadas, el humo que sale por la vieja chimenea del horno indica que cuando el sol esté en lo más alto, en cada casa se dispondrá de tiernas y crujientes hogazas de pan reciente.

   Los nubarrones grisáceos y densos que asoman por el norte Barruntan pedrisco.    Los hombres con sogas se dirigen al prado, deben recoger y guardar en cubierto los animales que por allí pastan libremente, para evitar que el pedrisco o algún rayo, pueda causarles daño.  Van a su lado los perros y un zagal que es muy certero en la lanzada de piedras con onda.

        Los truenos aún en la lejanía retumban con fuerza, indicando la próxima e inminente llegada de la tormenta.

    La noche se presenta con luminosidades continuas.    Por suerte la sequia no ha sido excesiva, lo que evita el riesgo de incendios.  De todas formas las caballerías estarán cargadas con hachas, azadas, palas y pellejos de cuero llenos de agua.

     La nube que se ha instalado en el valle no parece pretender marcharse de allí.     El agua cae con fuerza y los regatos por sus callejuelas hacen rodar los guijarros como si de nueces gigantes se tratase.

    A cada momento el cielo se ilumina y un estruendo hace vibrar los tazones de barro que reposan sobre la mesa preparados para el desayuno, aún sin leche en su interior.

    Por fin, se escucha el golpeo de una puerta mal cerrada, se está levantando viento y el granizo no ha hecho acto de presencia.  Las nubes empiezan a desplazarse y cada vez el tiempo entre el relámpago y el trueno va siendo mayor.    Las gotas cada vez caen con menos fuerza y La tormenta se aleja sin más consecuencias. 

    Ya pueden dormir tranquilos hasta el alba.  

    El peligro ha pasado.  Un anciano cuya preocupación única es esperar su fin, dedica las noches de insomnio a pensar en nada, más que por hacer algo, por aligerar temporalmente el aburrimiento.

         Con sus codos apoyados en el marco del ventanuco se distrae oyendo correr el agua, respirando ese rico olor que se desprende del suelo recalentado durante el día y con los ojos bien abiertos intenta adivinar las estrellas en el cielo entre las nubes que se desplazan a gran velocidad.     

         Tres hermanos, temblorosos, abrazados en la misma cama tapados de pies a cabeza con una manta, caen rendidos cuando ni de lejos se oyen los ruidos del cielo.

    Aún después de un rato ya dormidos, la tiritona de su cuerpo no cesa, sus brazos son incapaces de soltarse y sus piernas seguirán formando una especie de trenza de seis mechones que se confunden entre sí.


   El amigo Gorgonio se siente seguro.  Con el pretexto de vigilar que no entre agua en los sótanos, ha decidido quedarse a dormir allí.  Como no le entraba el sueño pues…  A darle una vuelta a las vasijas de aguardiente y ahora sentado en el asiento que siempre espera en la puerta, canturrea coplillas que le vienen a la mente; unas trovas sin fuste ni muste de las que recuerda estrofas vagamente al tiempo que no deja de mover la cabeza de lado a lado y el hipo le hace abrir los ojos a cada momento.    Ya aburrido, empapado por dentro y por fuera se va a su casa.

  En la oscuridad va subiendo la calle de pared a pared hasta llegar a su puerta.

         Sin saber cómo, ha acertado a entrar en casa; por suerte para él, hace años que no le funciona la cerradura;    solo un tranco evita que el aire la domine a su antojo.

       Mañana será otro día.   Sobre el camastro como un guiñapo se deja caer y entre sueños sigue balbuceando palabras indescifrables incluso para él. 




domingo, 16 de agosto de 2015

Valdeluna. pre.- 3


           El sol asoma el hocico,  su luz deslumbra los ojos pitañosos y enrojecidos por el contacto con el humo de la hoguera y ese brebaje de hierbas bebido para hacer más llevadera la velada nocturna.

    Las mujeres,  trapo al hombro y portando escobones hechos de finos y secos tallos de espliego empiezan a adecentar el interior de las viviendas.     Los ajuares de cama se airean en las ventanas y las jovencitas mozas, rezongando entre dientes voltean los colchones para oxigenar y esponjar la borra de su interior y darle mullido para un mejor descanso.

     A ellos, les toca deshacer la res.       Su carne cortada en tiras la cubrirán de sal para que no le cague la mosca y así poderla consumir en buen estado aunque pasen los días.   Con los huesos, después de ser golpeados con el machao, para que el burbujeo del hervidero de agua tenga fácil acceso hasta los tuétanos, se hará un sabroso caldo, al que llaman de cría;     reservado para los rorros que no alcanzan las siete lunas desde su destete.

              Los pequeños parlanchines esperan sentados en aquella gruesa viga de madera a modo de escaño con su espalda apoyada en ese muro   (el que separa y traza la burda línea entre el mundo de los vivos y el de los muertos).

     Silencio todos, por allí se acerca Genaro. Nació con los dones de la inteligencia para interpretar las letras y números, ostentando el de mayor importancia….

   La paciencia para enseñar.

       Del talego que porta colgado del antebrazo saca unos sarmientos con los que los más pequeñuelos se entretendrán haciendo en la arena alisada formas y dibujos que más tarde habrá que adivinar.

        Acto seguido, unos cachos de pizarra finos y negros para que los intermedios empiecen a practicar los trazos de las letras con tizas en forma de triangulo que él mismo fabrica con cal endurecida.

      Por fin llega el momento de los avanzados.   Tablillas de madera clara y quemadas en los bordes, limpias, lijadas en fino para que se deslicen con suavidad los pequeños carboncillos seleccionados en la fogata de la anterior noche;    tiernos en su textura por la parte afilada y casi sin quemar en el lado opuesto para conseguir así una mejor sujeción.

        A lo lejos, subiendo por la ladera se puede apreciar la silueta de Matías.        Apodado como  “el manco” desde su infancia, debido a que nació con una malformación en sus miembros superiores, aunque ahora, por la labor que realiza le llamen todos  “el caminante”.     Caminar todos los días por el sendero de la ladera  con el fin de que la maleza no lo engulla.    Ese que como culebra con cabeza triangular  (donde Matías descansa antes de iniciar de nuevo la vuelta)    le dice a los habitantes del lugar que son libres de irse cuando les plazca para conocer otras tierras, otras personas, otro no se sabe qué…    Que habrá detrás de aquellas montañas.

        El amigo Gorgonio ya sube a la plazuela desde los oscuros habitáculos donde un candil lo acompaña a diario, tras como cada mañana probar el queso y el vino confirmando que están en buen estado.    Sus orejas enrojecidas dan fe de que así lo ha hecho.

           Filomena, lo saluda con sorna al pasar frente a él.  A pesar de su avanzada edad camina erguida, altanera, portando sobre su cabeza un cesto lleno de ropa.

 Se dirige hasta un recodo del arroyo donde las piedras lisas e inclinadas, mitad en el agua, mitad en la orilla, le servirán como losas sobre las que enjabonar y aclarar la colada, antes de extenderla sobre el manto verde de la pradera para que el sol los abochorne hasta media tarde.

         Juanillo (un chaval con siete Floraciones recientes, que anda rozando el equivalente a una fanega de cebada) siempre resultó ser algo bigardo.  Hoy se ha levantado ilusionado. Su falta de interés por las letras y los números, está bien  compensada por la habilidad que posee para cuidar las plantas.

     Por primera ocasión se acercará al huerto junto con Nazario.  Poco a poco le ira enseñando el arte del riego, el cuidado de las hortalizas y legumbres así como esos días más propicios para la siembra y recolección de las mismas. Aprovechan el camino para que Juanillo aprenda a poner los labios entreabiertos para aprender a silbar.  Hay melodías especiales por su dulzura (que tan solo Nazario conoce) que hacen que las plantas se apacigüen y con calma reverdezcan sus cogollos más vigorosos.

 


sábado, 15 de agosto de 2015

!NO!




Perseidas con triste brillo
inundan el firmamento,
mientras velas encendidas
acompañan un retrato
depositado en el suelo.
las esperanzas se nublan
las voces enmudecieron,
mi tierra viste de luto
mientras que dos criaturas
nos observan desde el cielo.


Ondean crespones negros
banderas a media asta,
cáliz con estrella de oro,
lagrimas llenan el alma,
aguas del Huécar que arrastran
la impotencia contenida
desolación en los rostros
y sensaciones desnudas,
al pasar bajo San Pablo
las murallas del castillo
se nos han quedado mudas.

Mi tierra está desolada
su encanto se ha entristecido
mi tierra llora de pena
por sus calles no pasean
las dos hijas, que ha perdido.