Frente al piano callado
mirando sus
teclas blancas,
quemadas por
los cigarros
matando el
aburrimiento.
Los dedos adormilados
en tono de Do
menor
esperando los
susurros
que me ha de
traer el viento.
Pidiendo le dé un abrazo
una guitarra
me mira
desde la pared
colgada
suplicando una
caricia.
Los trastes llenos de polvo,
las cuerdas
desafinadas
que añoran la
despedida.
Mi cuerpo se marchó lejos
a recorrer
otros mundos
llenos de
caminos negros.
Mi alma quedó cautiva
en las empedradas
curvas
que configuran
tu cuerpo,
en los
rincones oscuros
que tras los
años de ausencia
me consideraron
muerto.
Cuando la noche me alumbre,
clara, de
color de luna,
regresaré a
tus entrañas
para beber de
tus fuentes,
besándote las
pestañas.
Abrazaré la nostalgia
por tanto
tiempo olvidada,
y me meceré en
tu cuna,
en la que me
vio crecer
para cantar
una nana.
C.a.r.l. (España)
Ojos de Gata@2025

¡Qué bonito Carlos! A ver cuándo vas.
ResponderEliminarBufffffff
EliminarBello 😘
ResponderEliminarLos silencios pueden contener mucho dolor y resignación, o lo contrario. Hay silencios de paz, reflexión y contemplación sagrada de la vida. También hay un silencios compinches, aquellos donde se refugia nuestra creatividad, sueños, deseos y anhelos que deseamos alguna vez alcanzar. El más hermoso silencio es aquel que deleita a dos cuando se funden en profundo beso. Tu poesía inspiró en silencio mi pensamiento...Abrazos mi querido amigo....AS.
ResponderEliminarGraciñas por tus palabras.
EliminarDentro de poco volamos en las ondas de la Radio.
Y le cantará a la guitarra, acariciando sus curvas y tocando cada traste por donde transita los dedos uniendo las cuerdas.
ResponderEliminarNada más evocador que una guitarra. Bellos versos, maese.
ResponderEliminarGraciñas Dulci.
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