Translate

miércoles, 19 de febrero de 2025

Generaciones

 

Encargo para :   Grito de Mujer 2025.

Título.- Generaciones

 

       Que ironía que vaya a ser yo, quien pretenda dar consejo sobre la conveniencia de tener la cabeza bien amueblada, antes de tomar la gran decisión de contraer matrimonio o irse a vivir en pareja.

          Os contaré que en mi casa éramos: mi padre “ya con canas” y las cinco hermanas.  Digo cinco, porque la diferencia de edad hacía que eso pareciese.

  Cuando yo nací, (por suerte soy la más pequeña) mi madre tenía solo diecisiete años, y mis tres hermanas: cinco, cuatro y dos respectivamente.

    Mi padre tenía prisa porque naciese un hijo que nunca llegó; ese que le ayudase en el trabajo y fuera el sustento de la familia en su madurez.

    Mi abuelo; un inculto destripaterrones, con la única pretensión  en la vida, que el vino y las cartas con los amigotes, decidió entregar a su hija a los doce años a alguien que parecía algo más prometedor que él y que resultó ser uno más del montón.

      Mi pobre madre, una niña sin más, enseguida quedó embarazada.  En su devota ignorancia, siempre dando gracias al cielo por tener un techo bajo el que vivir y comida caliente casi todos los días, aunque fuera a costa de dormir más de una noche calentita sin encender la chimenea. cosa que ocurría, cada vez que el vino y padre se aliaban con los astros.

     Ahora, aún recuerdo cuando siendo yo una canija que no levantaba tres palmos del suelo, mi padre pensó que ya era hora de que mi hermana mayor, dejara de comer de la misma cazuela que nosotras.     Sí, también tenía doce años y tras una boda amañada con un señor al que ni conocíamos, marcho lejos y jamás la volvimos a ver.

      Por casualidades de la vida o no, desde aquel día, mi padre  dejó de ir al trabajo andando para ir en una moto que apareció de la nada.

     Según iban pasando los años, mis hermanas iban desapareciendo de la casa, tras una celebración algo parecida.  La segunda con trece años; luego la tercera ya con quince y yo por suerte seguía allí con mis dieciséis. Como siempre con la incertidumbre de en qué momento me tocaría enfrentarme con la realidad.

   La verdad es que en el lugar, nadie le daba importancia a aquella cosa tan habitual  en esos tiempos.   Las niñas nos conformábamos con soñar que aquél que nos tocase en suerte, al menos no fuera muy mayor, algo apuesto y económicamente acomodado.

   (Pues eso, un sueño).

       Pretender que no fuera amigo de las cartas o el vino, que no nos pusiese la mano encima cada cierto tiempo, o simplemente que nos tratase con  un poco de respeto, ya dejaba de ser un sueño para convertirse en un destino imposible, que nuestra mente no podía ni imaginar.

 Desde bien pequeñas, mi madre nos enseño a rezar y yo en mi cama, cada noche me retorcía pensando que mis súplicas al altísimo eran eregías al dogma de vida que nos habían inculcado.     Tras pedir salud para mi madre y mis hermanas (allá donde estuvieran) me volvía a santiguar para rogar con mucha más fuerza, el nunca poder quedar embarazada y de ser así que mi retoño fuera varón, y así contentar a mi benefactor, no teniéndome que separar de él a temprana edad.

   No tardó mucho en aparecer por mi casa un señor que parecía mi abuelo, con la única pretensión que tener una criada en casa, con el derecho justificado a satisfacer sus  repugnantes deseos de alcoba.

      Bueno la verdad es que tampoco me puedo quejar.    Tras algunos años de convivencia quedé embarazada de mi hija y la suerte quiso que al año siguiente aquel hombre, cogiera una de esas enfermedades provocadas por el vicio y el desenfreno, llevándoselo para el otro barrio de la noche a la mañana.   Dentro de lo que podía haber sido, pude llorarlo desahogadamente, gracias a que “el buen señor” en casa tenía unos ahorrillos y las escrituras de tierras en propiedad, que enseguida fueron alquiladas para su labranza a gentes del lugar.

 

         A lo que íbamos.  Mi hija ahora acaba de cumplir los dieciocho. Los tiempos por suerte, mucho han cambiado.  Nos vinimos a vivir a la ciudad y aquí todo se ve de otra manera.

    El otro día me dijo que quería casarse con un chico de su edad.    Pero si es aún una niña.   Si a esta edad, lo que tiene que hacer es estudiar, y procurarse un futuro que la haga sobre todo, independiente y libre.

          Si el día de mañana quiere casarse o irse a vivir con su pareja, pues que lo haga;  eso sí, sabiendo que tiene el poder de ganarse el sustento por ella misma, sin ninguna necesidad de permanecer bajo el yugo de nadie.

  Que esa libertad, le hará una mujer sin moratones en el cuerpo, ni en el alma, y que tan solo el amor, deberá ser el vínculo, que los una el tiempo que la vida les depare como conveniente.

        Sé que es mayor de edad y no puedo retenerla, pero sí aconsejarla.

   Aún cada noche rezo pidiendo salud, pero ahora me vuelvo a santiguar para rogar que esa planta a la que un día le di la vida, siga adelante creciendo, formandose, reverdeciendo, esperando unas cuantas primaveras más para  que su flor llegue a convertirse en fruto.

 

N.º de registro: caUNfDAt-2025-02-19T18:21:53.290

 

Ojos de Gata@2025.


Imagen de la Red.

7 comentarios:

  1. Muy buena reflexión. Tiempos apenas olvidados y que en otras culturas están de plena actualidad. Una pena. 🌹

    ResponderEliminar
  2. Muy interesante y realista el relato, por lo visto eso sucedió en michas partes del universo, por suerte a como dice el Maestro, los tiempos han cambiado y cada uno elige su destino.

    ResponderEliminar
  3. Ojalá sigan cambiando en toda la tierra. Muy bueno

    ResponderEliminar
  4. Qué bonito lo cuentas para lo duro que es.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Dicen que cualquier tiempo pasado fue mejor..
      PERO ES MENTIRA.

      Eliminar