Translate

domingo, 9 de febrero de 2025

Tres estrellas - Cap.-11

 


Pasaron un par de meses, “Agustín” parecía desaparecido aunque cada primero de mes, seguía haciendo el ingreso económico en su cuenta.

      No recogía ninguna de sus notas, así que las retiró y dejó otra en la que decía que necesitaba verlo. El no saber de él, la tenía intranquila y más después de lo ocurrido a Antón.

 

      Esa noche cuando llegó al apartamento, de nuevo pudo percibir ese perfume.

Había llegado demasiado pronto y Roberto tardaría un rato, por lo que se entretuvo colocando los cojines de otra manera.  Al dar la vuelta a uno, vio como una mancha de pintalabios (ella nunca lo solía utilizar). Estaba clara la presencia de otra mujer; ahora ya tenía claro, que su juego, no era más que eso, un juego tanto para ella como para él.

        Ya estaba cansada de aquello, pero mira, no le devolvería la moto; alguna noche que otra, saldría a carretera a que le diese el aire. Así que lo habló claramente con él para cortar con aquellas citas semanales.  La verdad es que a él no pareció importarle demasiado y no puso ninguna objeción en seguir pagando el alquiler del garaje; siempre esa puerta estaría abierta para ella el miércoles que le apeteciese pasar a verlo.

 

            Como muchas tardes después de la hora del café, Soledad salía a dar una vuelta y que le diese un poco el fresco.    Cuando volvió, a Luisa, un desconocido le había dejado un recado para ella.

Luisa.- Sole, ha venido un señor muy raro y me ha dicho: Dígale a Soledad que hoy ceno.  Y se ha marchado sin más.  No ha tomado ni un café el tacaño.

Soledad.- y que más me da que cene, como si no quiere cenar

Luisa.- ¿pero no sabes quién puede ser?

Soledad.- ¿cómo era?

Luisa.- alto, de unos cuarenta y cinco o cincuenta y la barba muy arreglada

Soledad.- pues no sé, a ver si vuelve luego otra vez

 

       Esa noche se acercó hasta el restaurante “la muralla” y efectivamente, había una mesa para dos reservada a nombre de Agustín.   Por fin de nuevo cenaban juntos.

Soledad.- donde te has metido, me tenías preocupada

Señor.- no te preocupes, he estado de vacaciones

Soledad.- podías haber avisado

Señor.- y tú, que tal

Soledad.- después de lo de Antón, nada es igual

Señor.- y de amores, cómo vas

Soledad.- una mierda, no merece la pena

Señor.- y aquel rollete de los miércoles

Soledad.- paso de historias, todo era un juego

Señor.- pues me alegro, mejor sola que mal acompañada

Soledad.- bueno pues ya me quedo tranquila, seguiré dejando notas y muchas gracias por las fotos, las tienen mis padres guardadas como oro en paño.

Señor.- intenta enterarte de cuando piensan culminar algún atentado, de esta vez se pretende que caigan todos; los informadores y el comando armado.

Soledad.- intentaré que me cuenten algo

Señor.- llevan demasiado tiempo quietos y tanta inactividad no me gusta nada

 

  Soledad esperaba día tras día, a que llegase el jueves.  Tenía que convencer de alguna manera a Edurne, de que se alejase.    No quería que la detuviesen y la juzgaran como una terrorista más.

 

Soledad.- Edurne, tengo que hablar contigo

Edurne.-  te veo preocupada

Soledad.- mira, lo siento, pero no pienso seguir en esto, estoy cansada de pasar notas y tú deberías de pasar también; al fin y al cabo esto no va con nosotras

Edurne.- yo no puedo dejarlo

Soledad.- claro; tomarían represalias contra ti

Edurne.- no, es que esta, sí es mi guerra

Soledad.- no digas tonterías

Edurne.- te voy a contar una historia, pero aquí no.  Cuando salgas te espero, vamos a ver un sitio que te va a sorprender

 

-         Al salir del trabajo, Edurne la esperaba escondida en un portal tras de la esquina –

Edurne.- estoy aquí soledad

Soledad.- donde quieres que vayamos

Edurne.- tú, camina unos metros detrás de mí

   Al pasar por delante del edificio donde estaba el apartamento, se paró y miró hasta las ventanas del quinto piso, volvió la cara hacía Soledad y siguió caminando hasta llegar a un parque oscuro, donde por fin, se sentó en un banco.

Edurne.- ven siéntate

Soledad.- ¿qué tiene de sorprendente este banco?

Edurne.- este banco no, por donde hemos pasado; creo que no vas hace tiempo

Soledad.- ¿me estabas vigilando a mí?

      Edurne sacó un frasco del bolso y le dio a oler.

Edurne.- ¿lo reconoces?

Soledad.- ¿entonces tú?

Edurne.- no soy la única

Soledad.- pues que le aproveche

Edurne.- como te he dicho, te voy a contar una historia:

      .- hace años, siendo unas adolescentes alocadas, mi hermana y yo, íbamos a todas las manifestaciones allí en mi tierra.  Allí nos juntábamos con chicos más mayores e íbamos con ellos a los locales clandestinos donde se juntaban, y allí nos salían las copas gratis.

    Un día cuando volvíamos a casa, nos detuvieron y nos llevaron al cuartel.  Allí nos hicieron mil preguntas que no sabíamos contestar.

      Al mando estaba el Teniente Gutiérrez, un sádico hijo de puta que después de torturarnos y violarnos durante varios días, una noche, nos dejó tiradas en un descampado del extrarradio,  sin aliento ni para hablar.

    Arrastrándome por el suelo llegué hasta una casa, pero no me quedaban fuerzas ni para llamar.  Cuando me vieron por la mañana el poco aliento que tenía fue para decir que buscasen a mi hermana.  A mí me llevaron al hospital, pero cuando llegaron al lugar donde nos había tirado, mi hermana ya estaba muerta.

     Desde ese día estoy esperando, yo le pasaba información a los comandos y ellos hacían un seguimiento del teniente Gutiérrez por los distintos destinos por los que ha pasado y por fin encontraron su paradero.

Soledad.- entiendo que es a la persona que estáis vigilando

Edurne.- efectivamente, el muy hijo de puta ha llegado a coronel

Soledad.- ahora entiendo, “tres estrellas”. Y si lo han encontrado a que estáis esperando

Edurne.-nosotros solo somos unos informadores, y a mí sabiendo las ganas que tengo de ajustar cuentas, no me permiten tener acceso a ningún arma

Soledad.- yo no sé si aguantaría

Edurne.- toca esperar un contexto político diferente, ahora solo sería una víctima más y esas tres estrellas, tienen que servir para algo más.

  

      Soledad se fue a casa pensando en esa historia tan cruel;  tenía que enterarse de la fecha del atentado cuando estuviese preparado y convencer a Edurne de que ella no participase en ese comando y desapareciese días antes. 

 

  En la siguiente cena con “Agustín” le contaría la historia, para ver la forma de que Edurne pudiese escapar de alguna manera.

 

Señor.- esta vez te veo muy preocupada

     --Soledad le contó aquello que le dijo Edurne—

Señor.- esa precisamente no la sabía, pero las diferentes hazañas de Gutiérrez, eran un secreto a voces

Soledad.- frustrar un atentado contra ese tiparraco, no es algo que me encante;  pero encima detener a Edurne, me parece una injusticia

Señor.- en el trabajo, no hay sentimientos

Soledad.- pues si me echase a la cara a ese tal Gutiérrez, no me crearía cargo de conciencia el meterle tres tiros

Señor.- el que paga, pone las normas

Soledad.- bueno, entonces deje de contar conmigo, mañana le dejo en el buzón la cartilla y las llaves

Señor.- ya lo arreglaremos, pero tú tendrás que ayudar y apartar a Edurne lejos del lugar indicado en la hora y día convenido para la detención de sus compañeros

Soledad.- de eso me encargo yo, aunque la tenga que llevar arrastras

Señor.- tú haz tu parte y yo haré la mía

Soledad.- ¿sabes lo más fuerte? Que Edurne también ha estado liada con Roberto

Señor.- las personas no cambian

Soledad.- que le den por saco.  Y por la tarde en el bar con la mujer, parece un corderito 

Señor.- ¿quieres que te cuente un secreto?

Soledad.- cuenta, cuenta 

Señor.- la mujer de Roberto, tampoco va al bingo esas noches

Soledad.- me alegro; de todas formas, tal para cual. Paso de esa movida

     

 


 

4 comentarios: