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martes, 4 de febrero de 2025

Tres estrellas - Cap.-09


 

    Nada más llegar Soledad a trabajar el lunes, Luisa le preguntó sobre lo ocurrido esa noche de sábado.

Luisa.- ¿qué tal la noche? Muy callado te lo tenías

Soledad.- dimos una vuelta y cada uno a su casa

Luisa.- es que eres muy arisca, ¿pero iríais a tomar algo?

Soledad.- por favor, te he dicho que no

Luisa.- perdona, que tampoco hace falta que contestes así

Soledad.- lo siento, tengo muchas cosas en la cabeza

Luisa.- si necesitas ayuda, ya lo sabes

Soledad.- no, tranquila, vamos a preparar para los desayunos

 

          Cada hora del día a Soledad se le hacía interminable, esperando la hora de la dichosa cena.   Seguro que allí se enteraría de algo.

 

      Ya llevaba un rato en el restaurante sentada a la mesa, cuando se presento con un aspecto distinto “Agustín”

Señor.- ¿Qué tal está Andrea?

Soledad.- destrozada, ¿tú sabes algo?

Señor.- vamos a pedir y luego te cuento

       --Aquella calma a la hora de decir las cosas la sacaba de quicio—

     Estuvieron sin hablar hasta que llegó el segundo plato, cuando Soledad ya se había servido tres copas de vino.

Señor.- deja ya de beber, que te va a sentar mal

Soledad.- vas a decir algo o me voy a casa y punto

Señor.- no se puede encariñar uno con nadie

Soledad.- pero es el novio de mi amiga

Señor.- a Antón se le ha perdido la pista, solo sé que subió al tren y desapareció en la segunda parada. No sabemos si se bajó por decisión propia u obligado

Soledad.- ¿estaba vigilado?

Señor.- aquí estamos vigilados todos; unos más que otros, eso sí

Soledad.- ¿crees que estará detenido por la policía?

Señor.- cuanto te queda por aprender.   Él, era policía, eso es lo malo

Soledad.- y porqué no me dijiste nada  ¿era como yo?

Señor.- no.   Él era policía de verdad, tú y yo, no somos nadie

Soledad.- pues que pena, no ser nadie

Señor.- ahora tú eres quién tiene que intentar que sus compañeros vean en ti una sustituta idónea

Soledad.- yo en un comando… no sé

Señor.- eres la única que puede hacerlo ahora.   Solo es una unidad de seguimiento e información;  incluso la mayoría de veces, no saben ni fecha ni lugar de un atentado, solo están para informar de movimientos de personas

Soledad.- entonces, si sabíais donde se reunían, yo que pintaba en todo esto

Señor.- No preguntes. Vete a casa y no digas nada

Soledad.- Pero ¿y con Antón que pasa?

Señor.- mientras no aparezca nada, pero aparecerá

 

        Se fue a casa con un solo pensamiento: No era nada, no era nadie, si le pasaba algo a ella, ni existía.

Chus.- ya era hora que aparecieses

Soledad.- he cenado fuera ¿y Andrea?

Chus.- se marchó a casa, llamaron los padres de Antón, que si podía ir

Soledad.- ¿ha aparecido al final?

Chus.- no, van a preguntar a todos los amigos, a ver si alguno sabe algo, y ella quiere estar allí

Soledad.- perdona, y Antón ¿de qué trabaja?

Chus.- ahora está en una empresa de marketing pero antes era policía

Soledad.- ¿policía?

Chus.- sí, la verdad es que Andrea para eso siempre fue muy reservada, pero algo dijo un día de que estaba harto de guardias o turnos y que iba a hacer un curso para hacer otra cosa y luego le salió este trabajo y decidió que estaría mejor.

Soledad.- la vida da muchas vueltas

Chus.- pero mira mejor, porque aquí dice que está muy contento

Soledad.- lleváis mucho tiempo viviendo juntas

Chus.- ya te digo, compartíamos piso cuando estábamos en la universidad, luego cada una para un sitio y cuando se vino a trabajar aquí, pues otra vez a compartir piso; por tu cuarto han pasado cuatro o cinco, pero nosotras siempre juntas, a ver si puede ser y no cambiamos más, que estamos muy bien las tres.

Soledad.- esperemos, si no me falla el trabajo, yo estoy a gusto aquí

    

        A los dos días volvió Andrea sin ningún resultado, parecía habérselo tragado la tierra; ningún amigo sabía de su paradero y en la empresa o en su casa no tenían ni idea de aquellas reuniones de trabajo a las que cada fin de semana decía asistir.

    Según sus padres, solo iba para estar con Andrea y que lo veían lo más normal que fuera a ver a su novia, como haría cualquier joven en esa situación.

    Andrea estaba desconcertada, los había engañado a todos y lo peor era no saber con quién estaba ese tiempo;  tal vez otra mujer compartía con ella los sábados y ella ni se había enterado.    Soledad y Chus, lo único que podían hacer, era animarla a que no pensase nada que le pudiese causar más dolor del que ya sentía.

 

    Cuando el jueves llegó la pelirroja al bar, Soledad se sentó con ella como si tal cosa; era el único cliente y Luisa estaba haciendo no se qué en la cocina.

Soledad.- ¿se sabe algo?

Pelirroja.- nada

Soledad.- pues sois uno menos, pero en realidad ¿Qué hacéis? Por qué tanto secreto

Pelirroja.- ¿nunca te dijo nada?

Soledad.- que si le podía hacer el favor y que no le dijese nada a nadie

Pelirroja.- antes nos reuníamos en un local, pero ya nos tenía muy controlados la secreta

Soledad.- ¿pero os vigila la policía? Oye, a ver si me voy a meter yo en algún follón

Pelirroja.- El sábado por la tarde, diles que en el puente viejo, que me voy

Soledad.- a qué hora

Pelirroja.- ¿estás segura?

Soledad.- no lo sé

Pelirroja.- mejor déjalo, tú ya haces bastante

       Soledad había encontrado la rendija, por donde entrar, pero lo haría con calma para no levantar sospechas y esperaría a saber del resultado de lo que había pasado con Antón; lo mismo ellos mismos habían descubierto quien era y lo habían hecho desaparecer de cualquier manera.

       

     Pasado un tiempo, cada jueves, se sentaba con la pelirroja a hablar; seguían sin saber nada de Antón. Poco a poco iba cogiendo más confianza con Edurne (la pelirroja) y le iba contando cosas que hacían sin importancia.   Soledad, al estar todo el día en el bar tras la barra, le era imposible seguir los pasos de alguien a ciertas horas para saber de sus costumbres y horarios, por lo que en nada podía colaborar.   Sin embargo ella, Edurne, siempre le advertía que tuviese cuidado con quién se juntaba, y eso a ella, la tenía alerta.  En realidad quitando a Chus, Andrea y Luisa, no se juntaba con nadie.

    --Un día le preguntó directamente—

Soledad.- oye, entre tú y yo ¿a quién te refieres cuando dices que tenga cuidado con quién me junto?

Edurne.-  ahora ya a nadie, pero estuviste un tiempo que los miércoles por la noche

Soledad.- ¿te refieres a Roberto? Nada era una cosa sin importancia

Edurne.- pero sigue viniendo todas las tardes aquí

Soledad.- sí claro, con su mujer a tomar algo

Edurne.- mejor así, hazme caso

Soledad.- pues me parece un señor bien majo

Edurne.- si yo te contara

    A Edurne se le veía con ganas de soltar todo lo que llevaba dentro, pero se mordía la lengua.  Y por otra parte parecía que su camuflaje de cuero, daba su resultado y ya no sabían de sus movimientos.

Edurne.- No te compliques la vida con cierta gente, no te confundas, en esta película, nosotros somos los buenos.

Soledad.- bueno cuando quieras, estoy aquí, no le tienes tú mucho cariño ¿verdad?

Edurne.- prefiero no acordarme;  me voy y gracias por todo Sole.

 

 


 

 

 

 

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