Nada más llegar Soledad a trabajar el
lunes, Luisa le preguntó sobre lo ocurrido esa noche de sábado.
Luisa.- ¿qué tal la noche? Muy callado te lo tenías
Soledad.- dimos una vuelta y cada uno a su casa
Luisa.- es que eres muy arisca, ¿pero iríais a tomar
algo?
Soledad.- por favor, te he dicho que no
Luisa.- perdona, que tampoco hace falta que contestes así
Soledad.- lo siento, tengo muchas cosas en la cabeza
Luisa.- si necesitas ayuda, ya lo sabes
Soledad.- no, tranquila, vamos a preparar para los
desayunos
Cada hora del día a Soledad se le
hacía interminable, esperando la hora de la dichosa cena. Seguro que allí se enteraría de algo.
Ya llevaba un rato en el restaurante
sentada a la mesa, cuando se presento con un aspecto distinto “Agustín”
Señor.- ¿Qué tal está Andrea?
Soledad.- destrozada, ¿tú sabes algo?
Señor.- vamos a pedir y luego te cuento
--Aquella calma a la hora de decir las
cosas la sacaba de quicio—
Estuvieron sin hablar hasta que llegó el
segundo plato, cuando Soledad ya se había servido tres copas de vino.
Señor.- deja ya de beber, que te va a sentar mal
Soledad.- vas a decir algo o me voy a casa y punto
Señor.- no se puede encariñar uno con nadie
Soledad.- pero es el novio de mi amiga
Señor.- a Antón se le ha perdido la pista, solo sé que
subió al tren y desapareció en la segunda parada. No sabemos si se bajó por decisión
propia u obligado
Soledad.- ¿estaba vigilado?
Señor.- aquí estamos vigilados todos; unos más que otros,
eso sí
Soledad.- ¿crees que estará detenido por la policía?
Señor.- cuanto te queda por aprender. Él, era policía, eso es lo malo
Soledad.- y porqué no me dijiste nada ¿era como yo?
Señor.- no. Él
era policía de verdad, tú y yo, no somos nadie
Soledad.- pues que pena, no ser nadie
Señor.- ahora tú eres quién tiene que intentar que sus
compañeros vean en ti una sustituta idónea
Soledad.- yo en un comando… no sé
Señor.- eres la única que puede hacerlo ahora. Solo
es una unidad de seguimiento e información;
incluso la mayoría de veces, no saben ni fecha ni lugar de un atentado,
solo están para informar de movimientos de personas
Soledad.- entonces, si sabíais donde se reunían, yo que
pintaba en todo esto
Señor.- No preguntes. Vete a casa y no digas nada
Soledad.- Pero ¿y con Antón que pasa?
Señor.- mientras no aparezca nada, pero aparecerá
Se fue a casa con un solo pensamiento:
No era nada, no era nadie, si le pasaba algo a ella, ni existía.
Chus.- ya era hora que aparecieses
Soledad.- he cenado fuera ¿y Andrea?
Chus.- se marchó a casa, llamaron los padres de Antón,
que si podía ir
Soledad.- ¿ha aparecido al final?
Chus.- no, van a preguntar a todos los amigos, a ver si
alguno sabe algo, y ella quiere estar allí
Soledad.- perdona, y Antón ¿de qué trabaja?
Chus.- ahora está en una empresa de marketing pero antes
era policía
Soledad.- ¿policía?
Chus.- sí, la verdad es que Andrea para eso siempre fue
muy reservada, pero algo dijo un día de que estaba harto de guardias o turnos y
que iba a hacer un curso para hacer otra cosa y luego le salió este trabajo y
decidió que estaría mejor.
Soledad.- la vida da muchas vueltas
Chus.- pero mira mejor, porque aquí dice que está muy
contento
Soledad.- lleváis mucho tiempo viviendo juntas
Chus.- ya te digo, compartíamos piso cuando estábamos en
la universidad, luego cada una para un sitio y cuando se vino a trabajar aquí,
pues otra vez a compartir piso; por tu cuarto han pasado cuatro o cinco, pero
nosotras siempre juntas, a ver si puede ser y no cambiamos más, que estamos muy
bien las tres.
Soledad.- esperemos, si no me falla el trabajo, yo estoy a
gusto aquí
A los dos días volvió Andrea sin ningún
resultado, parecía habérselo tragado la tierra; ningún amigo sabía de su
paradero y en la empresa o en su casa no tenían ni idea de aquellas reuniones
de trabajo a las que cada fin de semana decía asistir.
Según sus padres, solo iba para estar con
Andrea y que lo veían lo más normal que fuera a ver a su novia, como haría
cualquier joven en esa situación.
Andrea estaba desconcertada, los había
engañado a todos y lo peor era no saber con quién estaba ese tiempo; tal vez otra mujer compartía con ella los
sábados y ella ni se había enterado. Soledad y Chus, lo único que podían hacer,
era animarla a que no pensase nada que le pudiese causar más dolor del que ya
sentía.
Cuando el jueves llegó la pelirroja al bar,
Soledad se sentó con ella como si tal cosa; era el único cliente y Luisa estaba
haciendo no se qué en la cocina.
Soledad.- ¿se sabe algo?
Pelirroja.- nada
Soledad.- pues sois uno menos, pero en realidad ¿Qué
hacéis? Por qué tanto secreto
Pelirroja.- ¿nunca te dijo nada?
Soledad.- que si le podía hacer el favor y que no le dijese
nada a nadie
Pelirroja.- antes nos reuníamos en un local, pero ya nos
tenía muy controlados la secreta
Soledad.- ¿pero os vigila la policía? Oye, a ver si me voy
a meter yo en algún follón
Pelirroja.- El sábado por la tarde, diles que en el puente
viejo, que me voy
Soledad.- a qué hora
Pelirroja.- ¿estás segura?
Soledad.- no lo sé
Pelirroja.- mejor déjalo, tú ya haces bastante
Soledad había encontrado la rendija, por
donde entrar, pero lo haría con calma para no levantar sospechas y esperaría a
saber del resultado de lo que había pasado con Antón; lo mismo ellos mismos
habían descubierto quien era y lo habían hecho desaparecer de cualquier manera.
Pasado un tiempo, cada jueves, se sentaba
con la pelirroja a hablar; seguían sin saber nada de Antón. Poco a poco iba
cogiendo más confianza con Edurne (la pelirroja) y le iba contando cosas que
hacían sin importancia. Soledad, al
estar todo el día en el bar tras la barra, le era imposible seguir los pasos de
alguien a ciertas horas para saber de sus costumbres y horarios, por lo que en
nada podía colaborar. Sin embargo ella,
Edurne, siempre le advertía que tuviese cuidado con quién se juntaba, y eso a
ella, la tenía alerta. En realidad
quitando a Chus, Andrea y Luisa, no se juntaba con nadie.
--Un día le preguntó directamente—
Soledad.- oye, entre tú y yo ¿a quién te refieres cuando
dices que tenga cuidado con quién me junto?
Edurne.- ahora ya a
nadie, pero estuviste un tiempo que los miércoles por la noche
Soledad.- ¿te refieres a Roberto? Nada era una cosa sin
importancia
Edurne.- pero sigue viniendo todas las tardes aquí
Soledad.- sí claro, con su mujer a tomar algo
Edurne.- mejor así, hazme caso
Soledad.- pues me parece un señor bien majo
Edurne.- si yo te contara
A Edurne se le veía con ganas de soltar
todo lo que llevaba dentro, pero se mordía la lengua. Y por otra parte parecía que su camuflaje de
cuero, daba su resultado y ya no sabían de sus movimientos.
Edurne.- No te compliques la vida con cierta gente, no te
confundas, en esta película, nosotros somos los buenos.
Soledad.- bueno cuando quieras, estoy aquí, no le tienes tú
mucho cariño ¿verdad?
Edurne.- prefiero no acordarme; me voy y gracias por todo Sole.

Aseguir la trama Maestro.
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