A partir de aquella noche en el parque con
Edurne, algunos días quedaban para tomar algo en los ratos que Soledad salía a
dar una vuelta por las tardes.
Edurne llevaba tanto tiempo sola en aquel
lugar que ahora la espera se le hacía interminable. Desde que eliminaron a Antón, no tenía a
nadie de confianza con quien hablar algún rato el sábado a la tarde de cosas
personales y en Soledad tenía ahora otra hermana mayor; aunque fuera más joven, parecía tener la
cabeza un poco mejor amueblada y los pies más ancadlos al suelo.
De la “operación tres estrellas” y de las
personas implicadas, Edurne nunca le
contaba nada para mantenerla al margen.
Por suerte, a Soledad todos la veían como una ilusa pueblerina, que
tenía contactos con cierta gente por ser clientes, sin mayor intención.
Una tarde de las que habían quedado
Edurne no apareció (tampoco era tan grave) habría tenido que hacer algo.
A
los dos días la esperaban a la salida del trabajo el “gafitas” y el “barbas”
sentados en un coche aparcado en la otra calle.
Barbas.- Soledad, monta
Soledad.- ¿Qué hacéis vosotros aquí?
Gafitas.- sube a la parte de atrás y agáchate que no te vea
nadie
Arrancaron y fueron hasta las afueras de la
ciudad, donde pararon en un camino.
Barbas.- ya te puedes levantar
Soledad.- ¿se puede saber qué pasa?
Barbas.- Edurne ha desaparecido
Soledad.- ¿Cómo?
Gafitas.- seguro que ese cabrón la ha descubierto y la ha
mandado tirar a otro pantano como hizo con Antón
Barbas.- tienes que
volver a quedar con él, para saber sitio y hora donde encontrarlo cada semana
Soledad.- espera, ¿quedar con?…
Barbas.- sí, con el coronel Gutiérrez; bueno, Roberto
Soledad.- ¿cómo? ¿Roberto? ¿Qué tengo que hacer?
Barbas.- nada, solo quedar con él como antes, un día a la
semana
Gafitas.- una noche después de salir tú, lo esperarán en el
garaje y se acabará la historia
Soledad.- me parece
que sí; que voy a quedar con él
---Pasadas un par de semanas--
Roberto y la mujer, hacía unos días que no
iban por el bar. Se habrían ido de viaje a algún sitio. El Lunes, las campanas doblaban
por la mañana.
El mal olor había hecho a los bomberos forzar
la puerta de un apartamento del centro.
Dentro se encontraba sobre la cama el cuerpo
de un hombre, con tres disparos y sobre cada uno de ellos una estrella de ocho
puntas. Como era de esperar, se trataba
de Roberto. Al final se había llevado su
merecido.
Aquel día el bar cerró en señal de luto
por la muerte de un fiel cliente de hace años sin faltar nunca. Soledad aprovechó para alquilar otro garaje
donde guardar la moto y se deshizo de
todas las llaves.
Nunca más volvió a ver al “barbas” ni al
“gafitas”. Echaba de menos a Edurne, era una buena mujer aunque estuviese llena
de rencor y con razón.
Los masajes y besos de Chus, le hacían
sentir la necesidad de continuar en ese lugar. Allí tenía un trabajo y un sitio
donde dormir. Cualquier día volvería a
casa para pasar unos días y decir que había dejado el cuerpo porque no le
gustaba y empezaba una vida nueva en otro sitio, hasta poder montar algún
negocio propio en el pueblo.
Llegó la hora de la última cena con
“Agustín” a partir de esa noche, sería una persona normal y comenzaría una
nueva etapa.
Señor.- bueno Soledad, acabaste tu misión
Soledad.- se sabe algo de Edurne
Señor.- Nada se sabe y nada se ha de saber
Soledad.- ya nunca seré policía
Señor.- y por qué no
Soledad.- Ya no, mejor que ni aparezca mi expediente
Señor.- si quieres, podemos intentarlo
Soledad.- no, prefiero ser cualquier otra cosa
Señor.- ahora que no nos oye nadie, ¿Cuáles fueron las
últimas palabras?
Soledad.- ¿qué últimas palabras?
Señor.- que es lo último que le dijiste a ese
cabrón. Tranquila, soy como una tumba.
Te dije que tú hicieses tu trabajo y que yo haría el mío.
Soledad.- pero no llegamos a tiempo de salvar a Edurne
Señor.- en tus manos estuvo su venganza
Soledad.- pues mira, te lo voy a contar. Hacía mucho que no
iba a aquel sitio. Esa noche a modo de
juego dejó que lo esposase al somier y luego le puse un precinto en la boca, no
me apetecía oír su voz. Tras recordarle
lo que me había contado Edurne empuñe con fuerza la pistola y apreté el
gatillo. Los tres disparos apenas le dejaron sufrir, me pudo la
impaciencia. Luego le quité las esposas, coloqué tres
estrellas de ocho puntas, una sobre cada orificio de bala y como me enseñaron
en la academia, me cuadré junto al marco de la puerta para decir: A SUS ÓRDENES
MI CORONEL.
Señor.- has hecho un buen trabajo
Soledad.- ese no era mi trabajo
Señor.- calla, no digas nada. Voy a pagar y me voy. Pero hazme un último favor
Soledad.- tú dirás
Señor.- come el postre tranquilamente y luego tómate una
copa a mi salud
Soledad.- espero volverlo a ver alguna vez para cenar
Señor.- espero que no
Después del postre, pidió el whisky más
caro para tomárselo a la salud de aquel desconocido después de tanto
tiempo.
-- Alguien le puso la mano en el hombro—
Soledad.- ¿qué hace aquí otra vez?
Edurne.- soy yo
Soledad.- Pero tú no….
Edurne.- camarero ¿le importaría ponerme otro whisky a mí?
Soledad.- que alegría, esto sí que no lo esperaba
Edurne.- ese me convenció de que desapareciendo, se
cumplirían mis deseos
Soledad.- valiente tramposo
Edurne.- pero ahora te quito el trabajo
Soledad.- ¿vas a trabajar en el bar?
Edurne.- no, yo para eso no valgo, soy la nueva socia del
señor
Soledad.- vas a estar bien, seguro
Edurne.- mañana me voy lejos de aquí, pero si algún día puedo,
pasaré a visitarte
Soledad.- más te vale
Edurne.- me tengo que ir, así que me podías dar un abrazo
Soledad.- pues claro, que alegría más grande me habéis dado
Edurne.- pero antes de irme. Me ha dicho que en la cuenta, tienes la parte
que te corresponde como socia
Soledad se quedó allí sentada, tomando
el whisky sorbo a sorbo, hasta que le dijeron que era la hora de cerrar.
Efectivamente, en la cartilla había un ingreso de veinte mil euros, suficiente para montar algo en el pueblo y empezar una nueva vida. Antes de entrar en la academia, había ayudado un verano a su tía en la peluquería y a sus padres no les importaría que montase algo donde adecentar a las señoras del pueblo, en la casa que heredaron de los abuelos.
Todavía pasaría en aquella ciudad varios
meses, hasta que Luisa encontrase una nueva camarera y Chus se decidiese a
buscar otras chicas con las que compartir el piso.
Fin
Boceto terminado (11/11/24)
N. º de registro: ffi9U9Ne-2024-11-11T21:37:34.664
C.a.r.l. (España)

Enhorabuena poeta porque he estado intrigada cada día, mirando el teléfono antes de ir a la cama , ávida de lectura, de saber más de la historia.Mil gracias 😘😘
ResponderEliminarGracias por tu interes
EliminarUn estupendo final, con giro inesperado. Gracias por entretener mis desayunos con tus capítulos. Un abrazo, maese.
ResponderEliminarSeguiremos al menos intentandolo
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