Translate

martes, 11 de febrero de 2025

Tres estrellas - Cap.-12 (Final)

 


   A partir de aquella noche en el parque con Edurne, algunos días quedaban para tomar algo en los ratos que Soledad salía a dar una vuelta por las tardes.

      Edurne llevaba tanto tiempo sola en aquel lugar que ahora la espera se le hacía interminable.  Desde que eliminaron a Antón, no tenía a nadie de confianza con quien hablar algún rato el sábado a la tarde de cosas personales y en Soledad tenía ahora otra hermana mayor;  aunque fuera más joven, parecía tener la cabeza un poco mejor amueblada y los pies más ancadlos al suelo.

 De la “operación tres estrellas” y de las personas implicadas,  Edurne nunca le contaba nada para mantenerla al margen.   Por suerte, a Soledad todos la veían como una ilusa pueblerina, que tenía contactos con cierta gente por ser clientes, sin mayor intención.

 

       Una tarde de las que habían quedado Edurne no apareció (tampoco era tan grave) habría tenido que hacer algo. 

     A los dos días la esperaban a la salida del trabajo el “gafitas” y el “barbas” sentados en un coche aparcado en la otra calle.

Barbas.- Soledad, monta

Soledad.- ¿Qué hacéis vosotros aquí?

Gafitas.- sube a la parte de atrás y agáchate que no te vea nadie

    Arrancaron y fueron hasta las afueras de la ciudad, donde pararon en un camino.

Barbas.- ya te puedes levantar

Soledad.- ¿se puede saber qué pasa?

Barbas.- Edurne ha desaparecido

Soledad.- ¿Cómo?

Gafitas.- seguro que ese cabrón la ha descubierto y la ha mandado tirar a otro pantano como hizo con Antón

Barbas.-  tienes que volver a quedar con él, para saber sitio y hora donde encontrarlo cada semana

Soledad.- espera, ¿quedar con?…

Barbas.- sí, con el coronel Gutiérrez; bueno, Roberto

Soledad.- ¿cómo? ¿Roberto? ¿Qué tengo que hacer?

Barbas.- nada, solo quedar con él como antes, un día a la semana

Gafitas.- una noche después de salir tú, lo esperarán en el garaje y se acabará la historia

Soledad.-  me parece que sí; que voy a quedar con él

 

   ---Pasadas un par de semanas--   

 Roberto y la mujer, hacía unos días que no iban por el bar. Se habrían ido de viaje a algún sitio.    El Lunes, las campanas doblaban por la mañana.

 El mal olor había hecho a los bomberos forzar la puerta de un apartamento del centro.

   Dentro se encontraba sobre la cama el cuerpo de un hombre, con tres disparos y sobre cada uno de ellos una estrella de ocho puntas.   Como era de esperar, se trataba de Roberto.  Al final se había llevado su merecido.

 

      Aquel día el bar cerró en señal de luto por la muerte de un fiel cliente de hace años sin faltar nunca.  Soledad aprovechó para alquilar otro garaje donde guardar la moto y se deshizo  de todas las llaves.

   Nunca más volvió a ver al “barbas” ni al “gafitas”. Echaba de menos a Edurne, era una buena mujer aunque estuviese llena de rencor y con razón.

   Los masajes y besos de Chus, le hacían sentir la necesidad de continuar en ese lugar. Allí tenía un trabajo y un sitio donde dormir.  Cualquier día volvería a casa para pasar unos días y decir que había dejado el cuerpo porque no le gustaba y empezaba una vida nueva en otro sitio, hasta poder montar algún negocio propio en el pueblo.

 

          Llegó la hora de la última cena con “Agustín” a partir de esa noche, sería una persona normal y comenzaría una nueva etapa.

Señor.- bueno Soledad, acabaste tu misión

Soledad.- se sabe algo de Edurne

Señor.- Nada se sabe y nada se ha de saber

Soledad.- ya nunca seré policía

Señor.- y por qué no

Soledad.- Ya no, mejor que ni aparezca mi expediente

Señor.- si quieres, podemos intentarlo

Soledad.- no, prefiero ser cualquier otra cosa

Señor.- ahora que no nos oye nadie, ¿Cuáles fueron las últimas palabras?

Soledad.- ¿qué últimas palabras?

Señor.- las tuyas
Soledad.- no te entiendo

Señor.- que es lo último que le dijiste a ese cabrón.  Tranquila, soy como una tumba. Te dije que tú hicieses tu trabajo y que yo haría el mío.

Soledad.- pero no llegamos a tiempo de salvar a Edurne

Señor.- en tus manos estuvo su venganza

Soledad.- pues mira, te lo voy a contar. Hacía mucho que no iba a aquel sitio.  Esa noche a modo de juego dejó que lo esposase al somier y luego le puse un precinto en la boca, no me apetecía oír su voz.  Tras recordarle lo que me había contado Edurne empuñe con fuerza la pistola y apreté el gatillo. Los tres disparos apenas le dejaron sufrir, me pudo la impaciencia.   Luego le quité las esposas, coloqué tres estrellas de ocho puntas, una sobre cada orificio de bala y como me enseñaron en la academia, me cuadré junto al marco de la puerta para decir: A SUS ÓRDENES MI CORONEL.

Señor.- has hecho un buen trabajo

Soledad.- ese no era mi trabajo

Señor.- calla, no digas nada.  Voy a pagar y me voy.  Pero hazme un último favor

Soledad.- tú dirás

Señor.- come el postre tranquilamente y luego tómate una copa a mi salud

Soledad.- espero volverlo a ver alguna vez para cenar

Señor.- espero que no    

 

    Después del postre, pidió el whisky más caro para tomárselo a la salud de aquel desconocido después de tanto tiempo. 

      -- Alguien le puso la mano en el hombro—

Soledad.- ¿qué hace aquí otra vez?

Edurne.- soy yo

Soledad.- Pero tú no….

Edurne.- camarero ¿le importaría ponerme otro whisky a mí?

Soledad.- que alegría, esto sí que no lo esperaba    

Edurne.-  ese me convenció de que desapareciendo, se cumplirían mis deseos

Soledad.- valiente tramposo

Edurne.- pero ahora te quito el trabajo

Soledad.- ¿vas a trabajar en el bar?

Edurne.- no, yo para eso no valgo, soy la nueva socia del señor

Soledad.- vas a estar bien, seguro

Edurne.- mañana me voy lejos de aquí, pero si algún día puedo, pasaré a visitarte

Soledad.- más te vale

Edurne.- me tengo que ir, así que me podías dar un abrazo

Soledad.- pues claro, que alegría más grande me habéis dado

Edurne.- pero antes de irme.  Me ha dicho que en la cuenta, tienes la parte que te corresponde como socia

 

       Soledad se quedó allí sentada, tomando el whisky sorbo a sorbo, hasta que le dijeron que era la hora de cerrar.

 

         Efectivamente, en la cartilla había un ingreso de veinte mil euros, suficiente para montar algo en el pueblo y empezar una nueva vida.  Antes de entrar en la academia, había ayudado un verano a su tía en la peluquería y a sus padres no les importaría que montase algo donde adecentar a las señoras del pueblo, en la casa que heredaron de los abuelos.

 Todavía pasaría en aquella ciudad varios meses, hasta que Luisa encontrase una nueva camarera y Chus se decidiese a buscar otras chicas con las que compartir el piso.

 

 

Fin

Boceto terminado (11/11/24)

N. º de registro: ffi9U9Ne-2024-11-11T21:37:34.664

C.a.r.l. (España)




 

4 comentarios:

  1. Enhorabuena poeta porque he estado intrigada cada día, mirando el teléfono antes de ir a la cama , ávida de lectura, de saber más de la historia.Mil gracias 😘😘

    ResponderEliminar
  2. Un estupendo final, con giro inesperado. Gracias por entretener mis desayunos con tus capítulos. Un abrazo, maese.

    ResponderEliminar