De blanco resplandeciente
luce la luna en el cielo
teñido de negro luto.
Un halo que se aproxima
apoyándose en el pecho.
Una mano delicada
que con sus dedos suaves
acaricia la mejilla.
Unos labios en la frente
dejando con placidez
un beso de
buenas noches.
Un susurro como brisa
que deja
bellas palabras
antes de un
adiós sentido
y escapar por
la ventana.
Que habrá sentido su cara
que la piel se ha sonrojado.
Que dulzor tuvo ese beso
que lo ha quedado prendado.
Que sensación en el pecho
que aletarga el corazón,
el alma queda dormida
meciéndose lentamente
junto a su respiración.
En un remanso de paz
se obliga a no
despertar.
La ingrávida soledad
se enamora del
silencio
en aquella
habitación.
Columpiándose en los sueños
levita su
cuerpo y mente,
a tres palmos
del colchón.
C.a.r.l. (España)

Hay soledades llenas de nobleza, un despedir para no dejar sólos y ser la última para cerrar la puerta murmurando hasta el final; todo está bien. Gracias poeta por tanta belleza en su andar.
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