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jueves, 2 de julio de 2026

La puerta de cristal

 

 

      Tras esa puerta de cristal,

 la que nadie quiere abrir,

 pues tras ella, solo existe el presente.

 

   Me olvidé de las personas queridas,

 pero también de las odiadas.

   Regalé los muros de cemento

 para disfrutar de un  cuadro en la ventana.

      Perdí la noción del tiempo

 para hacer eterno un caprichoso instante.

   Cambié el ruido de las calles

 por el canto de un pajarito

 que me mira desde su rama.

     El premio, de no recordar mis pesadillas,

 lo gané, al renunciar a tener sueños.

   A cambio conseguí

que cada momento sea distinto,

cada instante una sorpresa,

cualquier gesto un regalo,

 y todo a mi alrededor,

 siempre esté por inventar.

 

        Pero sabéis…

    Ahí, en un rinconcito,

 tengo escondido mi tesoro.

    Una caja de galletas diferentes;

Crujientes, espolvoreadas con azúcar,

tiernas y bañadas con una capa de chocolate.

blanditas y sabrosas como empapadas en leche.

    En ese sitio que nunca revelaré

 para que nadie ni nada pueda robármelas.

 

También guardo:

     Ese uniforme blanco, que con una sonrisa

me ayuda siempre al levantarme de la cama

 a ponerme las zapatillas.

     La bata de color azul claro,

 que me cuenta historias fantásticas

 mientras con su mano acerca la cuchara

 llena de sopa a mi boca,

 y a veces, me gruñe,

 cuando no quiero comer.

      Ese traje con corbata

 que por la tarde se acerca

 y hace sonar en una cajita

 melodías que me traen sensaciones

que me resultan agradables.

      Ese techo iluminado por un resquicio de luz

 que se cuela por las rendijas de la persiana,

 en el que dibujo siluetas encantadoras

 que se borran al cerrar los ojos.

 

         Todo discurre como el agua en un remanso,

 sin urgencia por escapar de lo que no existe,

 sin prisas por subir el próximo peldaño

 de esa escalera de Caracol que empieza

 y termina en el mismo sitio.

 

      Y así día a día seguirán mis ilusiones girando, montadas sobre los caballitos

 del pequeño y atractivo tíovivo,

 hasta el momento en que suavemente

 vaya deteniendo su circular movimiento,

 y a las fuerzas, ya no le queden ganas

 de impulsar la manivela para darle cuerda.

 

       Tras esa puerta de cristal,

Nunca se sabrá, que hay al otro lado,

pues solo existen el olvido y las ausencias.

 


C.a.r.l. (España)




5 comentarios:

  1. Fantástico como siempre, atravesar las puertas nos hace muchas veces vulnerables.

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  2. Estimado Carlos te admiro por muchas cosas y hay una en especial que se revela en este escrito tu capacidad de crear un ambiente de paz y de serenidad presente dentro del caos de la vida. Yo le llamo quietud en el movimiento, tú puedes estar en Conciencia mientras te encuentras en mitad del trasiego, es entonces cuando ves que el pájaro te mira y disfrutas de los recuerdos familiares.
    Gracias un día más por este abrirte de par en par y llevarme a tu sentir.
    Un abrazo!

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  3. Bella metáfora. 👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼

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  4. Tu escrito está lleno de paz y bellos recuerdos. Hoy necesitaba palabras suavecitas, como de algodón. Gracias siempre por todo, maese.

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  5. Detrás de la puerta de vidrio donde la imaginación tiende sus alas y las burbujas del pensamiento añoran un presente preñado de imaginación y solvencia con los que habitan dentro.

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