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jueves, 13 de agosto de 2015

Valdeluna.- pre.- 2


      Pasados unos días acabada la cosecha y el grano a buen recaudo en la parte alta del molino cuya piedra es movida con tracción animal, se preparan los festejos con que celebrar, como mandan los cánones, la noche de la Señora Morena.   

        Una imagen que quedó escondida, oculta entre los arbustos cuando la barbarie visitó aquellas tranquilas y austeras tierras arrasando todo lo que encontraba a su paso, con mayor saña en aquello relacionado con la  iglesia y cualquier tipo de símbolo o representación de la misma.

          Mientras las mujeres se adecentan en un remanso cercano a la chopera.  Tarsicio “el habilidoso” se dirige a zancadas hasta la plaza.    Allí uno a uno irá pasando bajo el filo de su navaja.  Melena y barba quedarán con forma cuadrada antes de encaminarse a desempolvar las desafinadas dulzainas y  destemplados tamboriles en desuso desde la celebración anterior.

       Con minuciosidad irán dándole tensión a los pellejos y empapando con aguardiente y saliva las lengüetas para practicar de nuevo esas melodías jamás olvidadas.

        Los jóvenes de ambos sexos que tengan trabajadas cuatro cosechas son los encargados de la organización  del descenso.     La tarde anterior ya prepararon la balsa y las antorchas.    Esta tarde tras sacrificar una magnifica res, pondrán su sangre en barreños de barro donde irá cuajando camino de la era.

         Allí junto al fuego espera la más anciana del lugar; en la gran sartén rehoga la cebolla antes de añadirle el tomate con el que compondrá un rico sofrito,  luego en él, más tarde, cocerán rojizos y esponjosos cachos de cuajo.

               Los varones volverán junto a la res muerta para desollarla,  abrirla en canal,  vaciarla de tipas y vísceras para después colgarla por sus patas traseras y que pase toda la noche al sereno antes de ser descuartizada a la mañana siguiente.

     Las hembras colocaran las antorchas en las orillas del arroyo,  a una distancia prudencial una de otra.

   Con cuidado darán sujeción a la Morena sobre la balsa una vez adornada con un precioso ornamento de flores.

          Tras la cena regada con buen vino, iluminados por candiles se encaminarán cuesta abajo hasta llegar al puente al paso que marcan los sórdidos tambores salpicados por el repiqueteo de un estridente redoblante que hace vibrar un par de cordeles en su pellejo inferior.

        Bajo la noche oscura, en la que no es perceptible ni  la silueta de la luna   una vez encendidas las antorchas, el silencio se hace dueño del valle.    Por breves instantes hasta los mochuelos parecen saber de la obligación de estar callados.

           La gente por ambos lados, con varas, cuidará para que la balsa discurra por el centro de la corriente.

             Una sola dulzaina dará la orden de desamarre y la Morena comienza su paseo amenizada por unas dulces notas graves.      La expectación es inmensa. 

         Justo sale la parte delantera de debajo del puente:    ¡YA!... 

      Todos miran al cielo.    Los tambores y dulzainas suenan al unisonó un berrido desgarrado que amorra en unos segundos.         Sin saber el porqué, como cada celebración un objeto misterioso cruza el firmamento con la luz de un relámpago y la trayectoria parabólica de una estrella fugaz.   Tras su desaparición en el horizonte, los aplausos rompen el silencio.   Ruge con fuerza alegre la melodía  “Nuestra Señora Morena” y entonces todos hacen crepitar las palmas de sus manos de nuevo para acompañar el compás de la música.

       Una vez quitada de la balsa la Morena y vuelta a guardar bien acolchada con paja en su caja hecha de madera, a tiempo de música tradicional vuelven a la era y a la luz de la hoguera bailan y cantan.   Los mayores, un rato, los jóvenes hasta sentir que se acerca el nuevo día.




Entrada nº 400

Sinopsis del autor.

En el día de hoy;
 A las 02.10 hora española del 13/08/2015
                 Después de aproximadamente: cinco décadas, un lustro, un año, siete meses, dos semanas, seis días y catorce horas.
    Lo equivalente a un poco más de medio siglo.
                 Empieza a tener claro que la incongruencia de los pensamientos, termina siendo lo más bello y que la coherencia racional, así como los hechos que al parecer determina, son un invento retrogrado para anclarnos a unas normas jamás escritas por ningún ser supremo y siempre dictadas por inferiores ansiosos de poder.

Al fin, encontró lo deseado.

 ¿De profesión?……………… loco
¿Afición?………………….... ser feliz
¿Amores?................................ la  familia
¿Compañía?...........................  los escritos
¿Amiga fiel?........................... la música
¿Ilusión?................................. seguir siendo un iluso
¿Inquietudes?........................  lo que está por llegar
¿Miedo?................................. a ser valiente
¿Pasado?...............................  fue
¿Presente?.............................  la mente
¿Futuro?................................ el más allá
¿Mas allá?............................. el próximo minuto
¿Después?............................. nada
¿Tras la nada?........................el todo
¿Seudónimo?............................. C.A.R.L
¿El todo?........................................ su seudónimo

Carlos,  Ana, Raquel y Lucía.

martes, 11 de agosto de 2015

Valdeluna, pre .- 1



 

       Nos vamos acercando a Valdeluna (valle de la luna).

     Una aldea de apenas  cien vecinos, que debe su nombre a que en las noches de luna llena, esta recorre todo el cauce del arroyo de principio a fin  iluminando con su reflejo sobre el agua los juncos y carrizos de sus márgenes creando un doble contraluz especial y único, digno de observar pacientemente desde la barandilla del  pequeño puente que une sus dos orillas.

      A vista de pájaro, dejando volar nuestro intelecto empujado por esa suave brisa de la fantasía que llega desde los montes cercanos reconocemos a esas gentes que allí habitan olvidados por el mundo y dejados de la mano de Dios a su libre albedrío.

   La  carretera (por llamarla de alguna manera) que los unía con la civilización  desaparece de nuestra vista al llegar a las montañas haciendo una curva que la dirige a otros sitios.   Solo una pequeña calzada zigzaguea la ladera cubierta de hierbajos y musgo seco en busca de la cumbre para después convertido en un camino de escasa anchura descender serpenteando con suavidad hasta  las casas.

         Casas de muros de piedra apilada, ventanucos  de madera y tejados azulados por los rayos del sol.

   Calles de guijarros y arena emulsionados por el andar de sus gentes y el paso del tiempo.

    Campos regados con sudor;   tubérculos, hortalizas y legumbres alineadas con precisión.     Árboles frutales y viñas cuidadas con mimo.

    Animales robustos educados en el trabajo, ganado dócil y libre por los pastos.

     Al  fondo del valle el pequeño arroyo que brota en la montaña se pierde entre rocas desprendidas, apiladas en la entrada de una cueva que según dicen los viejos es cruel prisión de un ser gigantesco y sus movimientos bruscos por intentar escapar de ella hacen que el agua brote a la superficie por las fuentes que conforman  el nacimiento de otro riachuelo que cuentan, algún día del pretérito lejano un antepasado vio,  entre riscas escondido de las fauces del gran pez para descansar antes de tomar el camino de regreso siguiendo las luminiscentes marcas que había depositado a lo largo del escarpado torrente hasta llegar a esa fascinante, transparente y profunda poza donde de nuevo la claridad daba señales de vida.

    En Valdeluna, empieza a clarear el día.        Antes de cantar el gallo, todos están ya  dispuestos a pie de tajo.        Hay que aprovechar la fresca.  

         Allá, cerca de la media mañana los niños pequeños corretean por esa plazoleta donde una vez existió una iglesia de la cual solo quedan unos sótanos, los que sirven para albergar los calderos donde el vino  y el orujo se conservan frescos y los quesos se curan entre hojas de nogal.

          Vigilante en la puerta, Gorgonio, (al que pusieron ese nombre por nacer como cosa extraordinaria con el pelo largo y rizado, por lo que parecía tener culebrillas en la cabeza) un desgarbado con una mimbre gruesa en la mano,  con ella levantada a media altura amenaza a los chiquillos al tiempo que ellos juegan, Chillan y provocan el enfado aparente de este.    Él solo pretende jugar con ellos para hacer más ameno el tiempo.

       Guijarros abajo, entre una dorada mies toda alma en disposición de trabajar que tenga más de ciento ochenta lunas o pese más de cuatro arrobas están manos a la obra para recoger la estupenda cosecha que este año le proporcionan las yugadas cultivadas para el cereal. 

        Los hombres con las hoces afiladas cortando casi a ras de tierra, las mujeres agavillando con destreza y la gente menuda recogiéndolas y llevándolas hasta la era cercana donde prepararan la parva para trillarla y aventarla con esmero antes de ensacar el grano limpio y llevarlo a los graneros.

   Son gente sencilla que vive de la recompensa que por su trabajo les da la tierra.

Carne, leche y lana  del ganado; huevos de gallinas y patos; conejos y cerdos criados en el corral de sus casas;  peces y ranas, que el agua les brinda; y otros animales asilvestrados, que por el valle campan a sus anchas.

       El sol se empieza a ocultar por el horizonte;  junto a un fuego de leña seca de encina, “la que apenas hace humo” una mujer alza su voz envuelta en tejidos oscuros y un pañuelo cubriéndole la cabeza que solo deja ver parte de su rostro.   .- ¡ya está la cena!

   Al toque de fajina, todos se apresuran hacia ese lugar donde les espera un valioso manjar con que reponer fuerzas antes de que llegue el ocaso y se acuesten sin más pretensiones que volver a sus quehaceres diarios al despuntar el alba.

   Ha sido un día duro y caluroso.   Hoy, ninguna pareja perderá un minuto de sueño, por engendrar un retoño que les proporcione sustento en el futuro.