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domingo, 5 de junio de 2022

Sofía

 

               Para TI

 

         Las  formas  descolocadas ,

          según  el  orden  previsto

             en  la  esfera  razonable .

 

    Objetos  que  se  transforman .

       Dulces  sonidos  que  aturden .

         Colores  formando   hilos

           con  que  tejer  una  colcha

       que  por  las  noches  de  abrigo .

 

Manos  que  miran  distinto

          al  acariciar  la  flor .

   Boca  que  aprecia  sabores

  sin  juzgar  su  procedencia .

         Los  sueños  de  celofán

   para  envolver  la  maraña

  disfrazando  su  apariencia .

 

Brazos  alzados  al  cielo

         para  recoger  la  lluvia

   que  se  desliza  en  tu  rostro .

             Los  zapatos  en  un  charco

       con  la  punta  dibujando

         la  línea  del  horizonte .

     El  resto  no  entenderá

          tu  genialidad oculta .

            El  don ,  es  tan  solo  tuyo .

                Lo  que  opinen ,  no  te  importe .


2 de Abril

Feliz día del autismo




viernes, 3 de junio de 2022

El Forastero - Intro (B)

 

Introducción (B)

 

    El forastero queda solo tras aquella puerta.   La casa de Faustino no estaba mal,   un poco abandonada pero tampoco estaba en su mente el pasar allí mucho tiempo.

       El alcalde le había hablado de otras dos, estas más en el centro del pueblo, mejores, pero él escogió esta por estar a las afueras, donde nadie le molestaría o eso pensaba él.

       Esa tarde solo unos chiquillos merodearon por los alrededores (seguro enviados por sus madres).    En la cuadra había bastante leña seca.   Encendió la chimenea y abrió de par en par todas las puertas de la casa para intentar templar aquellas habitaciones gélidas, cuyas paredes parecían querer venírsele encima.

         Por suerte en el armario, encontró unos juegos de sábanas y unas mantas de mucho peso y poco abrigo, junto a unas camisetas de felpa que usaría esa noche para dormir.

    Sin ningún otro equipaje, dejó bien doblada su ropa sobre la silla para que al día siguiente no estuviese muy arrugada.

--Rompiendo el alba, alguien golpeó la puerta con insistencia--

Anselmo.- forastero, ¿quieres leche? Está recién ordeñada

Forastero.- voy, voy,  -gritó desde la habitación-

Anselmo.- vamos que no tengo todo el día.

      Con una manta envuelta de cintura hacia abajo abrió la puerta aún medio dormido.

Anselmo.- estos de la capital ¿y dónde te pongo la leche? ¿En las manos? Ande usted,  vaya a por una cazuela,  pero rapidito.

       Entró a la cocina, cogió la primera cazuela que pilló y la limpió como pudo con una punta de la manta.       Bueno, al ponerla al fuego ya moriría todo lo que pudiera ser poco higiénico.

                -Anselmo le puso una medida de leche-

Forastero.- ¿qué le debo?

Anselmo.- nada que tengo prisa, mañana ya le cobro, pero a ver si no me hace esperar tanto que se me enfada la parroquia

Forastero.- mejor déjeme a mí para el último

Anselmo.- sí, eso haré, porque habiendo casas en el pueblo, solo se le ocurre a usted venir a vivir en el quinto coño

Forastero.- perdone no era mí intención

  --Anselmo se fue moviendo la cabeza y balbuceando palabras calle abajo--

           Menos mal que la casa empezaba a coger temperatura;   los pinganillos colgaban de las tejas como si esa noche hubiera sido más larga de la cuenta.

    Puso la cazuela sobre el rescoldo de la lumbre y se sentó al lado envuelto en la manta, para controlar no se derramase toda la leche al hervir.

      Por un momento cerró los ojos y juntó sus manos para recopilar información de lo vivido por su antepasado;   aún no se había aco_ modado aquella envoltura tan débil.

     Pasado un rato, quitó una tela pastosa que flotaba en la cazuela y la echó por la ventana al patio.  Poco tardaron en aparecer unos gatos atrevidos que dieron buena cuenta de ella.

             Tras desayunar aquel líquido blanco se vistió de nuevo, memorizo todo aquello  que necesitaría para su supervivencia y se encaminó a la tienda.

   No había andado más de quince metros cuando una señora se asomó a la puerta al oír sus pasos.

Florentina.- Buenos días ¿no irá otra vez al ayuntamiento?

Forastero.- no señora, voy a la tienda

Florentina.- su cara me resulta conocida

Forastero.- no sé, hasta luego señora

      Y siguió su camino sin dar más señales.    No tardaría mucho en encontrar esperando a otra señora en otra puerta, más adelante otra y así hasta que llegó a su destino, preguntas distintas sin respuesta por su parte.

           En el interior de la tienda, ya esperaba la comitiva, se enfrentaba a las miradas, examen exhaustivo  de un jurado, por lo que antes de entrar se paró un poco para respirar hondo y pensar como llevar lo mejor posible la situación.

Carmen.- se ha parado

Andrea.- lo mismo, si ve tanta gente no entra

Florentina.- se parece a la tía Casilda, tiene sus mismos ojos

Francisca.- el traje es igualito al de mi difunto padre, si no fuera por lo que es, diría que es el mismo

Carmen.- nunca olvidare aquella forma que tenía tu madre de recoser los botones en forma de aspa.

Andrea.- que viene, que viene.

Tras decir un escueto buenos días, volvió a echar un vistazo.

Forastero.- me pone usted, tres botes de esto, unos cuantos de esto, un saco de esto, siete u ocho botellas de esto…

Andrea.-pare, pare. Me parece que a usted, esto de comprar no se le da bien

---Él volvió la cabeza y vio a todas con cara de asombro---

Andrea.- mire, mejor llévese lo que vaya a consumir en el día, aquí siempre estamos abiertos.  Junto al ayuntamiento está la pana_ dería.     La señora Mercedes vende huevos y el bar está aquí a la vuelta de la esquina.        Luego los jueves, vienen los ambulantes a la plaza, por si quiere algo de ropa;   aunque si me lo encarga a mí, voy todos los lunes a la capital y yo se la traigo gustosa.

-Se le veía desorientado, era el momento perfecto-

Rufina.- caballero y ¿quién era su familiar que vivía aquí?

Forastero.- no sé si lo conocerían, hace ya muchos años

Mercedes.- aquí nos conocemos todos

Rufina.- pero, ¿Dónde vivía?

Forastero.- no estoy seguro, no lo recuerdo bien

Carmen.- pues vaya, bueno usted siga haciendo memoria y nos va informando

Forastero.- perdón señora que me he despistado, entonces un par de estas sardinas, unas piezas de fruta y un bote de esto.

Andrea.- ¿trae donde llevarlo?

Forastero.- no

Andrea.- bueno le dejo esta bolsa de tela, pero es de vuelta

Forastero.- ¿qué le debo?

Andrea.- veintitrés pesetas

Forastero.- aquí tiene y muchas gracias

Andrea.- y que no se le olvide ir a por el pan.

Forastero.- no, no, voy ahora mismo

      Todo esto era un descontrol, primero iría a por el pan y luego volvería a casa, pondría más leña en la lumbre y al calor repasaría todo para no volver a ponerse en evidencia.

 


jueves, 2 de junio de 2022

El forastero - Intro (A)

 

Introducción. (A)

 

   Aquella mañana de invierno, amanecía nublado;   el cantar de los pájaros no quería despertar.   Las mantas se pegan a un cuerpo dormido que tras los cristales ve el roció brillar.

     En el cielo algo distinto que nadie puede explicar, nadie ha visto aquello que resbalando desciende por ese rayo de luz que luego desaparece a las afueras del pueblo muy cerca del cementerio.

      La luz se replegó de nuevo entre las nubes, entonces por fin, los tibios cantos comenzaron a sonar alegrando las calles desiertas de aquel lugar.

     Poco a poco los ventanucos cuadrados se fueron abriendo; la señora Francisca abría la puerta del gallinero para recoger algún huevo con que preparar la comida que su marido llevaría al tajo.

     Anselmo volvía con su perro  calle adelante, como siempre con su cántaro de leche recién ordeñada.     Las vecinas le compraban al pasar, no les hacía falta reloj de agujas para saber que era el momento de que los chiquillos se empezasen a aviar y tras lavarse y desayunar, salir en algarabía bulliciosa camino de la escuela.

       La mayoría de hombres ya están en el campo.         

   Todas las ventanas lucen abiertas, colgando de ellas las colchas que se airean mientras manos fuertes, curtidas por el tiempo ahuecan la lana de los colchones fondeados por las horas de la noche.

     A media mañana un extraño personaje traspasó la puerta de la tienda; la única del pueblo, donde los productos de limpieza, se juntaban con las zapatillas y batas de andar por casa.   Sobre el pequeño mostrador, el barrilete de sardinas saladas y las latas abiertas de chicharro en escabeche.

          Caballero de pocas palabras y mirada penetrante, apuesto físicamente, bien vestido y barba poblada de canas que dejaban entrever sus años cumplidos.

         Dio una vuelta observando todo lo que allí había y tras mucho pensar se acercó al mostrador, depositó sobre él una moneda de cinco pesetas por la molestia y salió de nuevo por la puerta tal y como había entrado.

    La noticia corrió como la pólvora, todas querían saber quién sería, porqué estaba en el pueblo.    --- ¿Para qué habría venido?---   Todo eran especulaciones.     Las que tenían hijos en edad de trabajar, soñaban con que fuera un empresario y que hubiese llegado pensando en montar allí alguna nueva fábrica de algo.

           Las más agoreras, temían fuese algún esbirro del gobierno, de esos que van a inspeccionar, a sacar los trapos sucios de cada casa.      Había que localizar al alcalde y que diese una solución.

---Florentina entró apresurada---

             .- está en el ayuntamiento, lo acabo de ver entrar

Francisca.- pues a mí no me importaría venderle a buen precio el terrenito de la carretera.

Ángela.- ni a mi alquilarle la casa de mis difuntos suegros.

Rufina.- si va directo al ayuntamiento, malo, verás como al final nos toca pagar.

Andrea.- solo es un forastero y mañana se habrá ido.

Rufina.- Claro,  tú lo defiendes porque te dio un duro de propina.

             El comedor de la señora Ángela estaba a rebosar; su ventana estaba situada justo frente a la puerta del consistorio, no tenía más remedio que salir por allí.

   ¿De qué estarían hablando?   Claro si hubiese coincidido en verano estarían los balcones abiertos y algo se podría oír,   pero esta es mala época para ventilar el despacho del secretario.

Florencia.- María, tú en cuanto que salga entras y preguntas a tu marido

María.- uy maja, mi marido de cosas oficiales no suelta prenda

Ángela.- tú que no te impones, conmigo tenía que dar. No se puede permitir que nos tengan así sin saber nada

Carmen.- ya sale, ya sale

Rufina.- oye pues no está mal

Carmen.- ¿Y dónde irá ahora con el alcalde?

Ángela.- vamos María entra, a ver si le sacas algo

       Mientras el alcalde junto al forastero se encaminan calle arriba en dirección a vaya usted a saber, la espera expectante se hace eterna en aquel comedor frente a la puerta del ayuntamiento.

Carmen.- ya sale, ya sale

Artemisa.- ¿Qué ha dicho?

Carmen.- ¿quién es?

Francisca.- ¿a qué viene?

María.- dice que viene a algo de un antepasado suyo y han ido a ver la casa de Faustino, creo que la quiere alquilar por un tiempo

Sagrario.- Gracias a Dios que no es nadie de la inspección (Santiguándose varias veces)

Rufina.- como se nota las que tienen dinerillo

         Hasta la salida de los niños del colegio el resto de calles del pueblo se han quedado desiertas, las colchas en las ventanas, las camas sin hacer, los pucheros olvidados y la incertidumbre con pan, la comida de ese día.