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jueves, 8 de septiembre de 2022

Opaco Cristal

 

Opaco cristal pondré en mi ventana

por ambos lados pintado,

para crear la ilusión,

dando zanjado el pasado.

 

Por fuera, unas cortinas,

pintaré llenas de flores.

Resplandor de una bombilla

que del techo está colgada

alumbrando el dormitorio

donde reinará la noche.

 

Por dentro papel de plata

simulando un gran espejo

que nunca refleje nada.

Unas estrellitas negras

que me recuerden el cielo

junto a una luna callada.

 

Tres cerrojos en la puerta

que me impidan la salida.

Que nadie vaya a buscarme

a nadie le pienso abrir.

Que nadie me eche de menos.

Que nadie, rece por mí.

 

Cuando el moho y la podredumbre

se adueñen de mi camastro,

se corroerán las letras

escritas en el colchón.

La tinta será mi sangre.

Los muelles de acero, yo.

 

Osamenta que se eleva

para abrir esa ventana

pudiendo escapar al fin.

Nada le queda pendiente.

La puerta sigue cerrada

a nadie, le quiso abrir.


Imagen de la red.


martes, 6 de septiembre de 2022

El Ocaso Cap. 04

 


 

        Tras recorrer varias fisuras en las rocas, encontraron un conjunto de grietas ideal, justo lo que Alynca llevaba buscando tiempo.

     A partir de entonces, una a una de las lápidas que aún permanecían en ese cementerio fueron trasportándolas hasta el lugar,  También los cachos de mármol y granito que por allí estaban esparcidos;     todo lo que pudiera servir dando igual su forma.

      Poco a poco las fueron colocando hasta convertir su nueva casa en un lugar limpio y seguro.

          Los cachos más puntiagudos, los colocaron en los alrededores a forma de defensa, en caso de alguna vez ser descubiertos.

       A base de golpes fueron tallando herramientas con las que picar y escavar en las profundidades, así como utensilios de toda clase.

               De la cueva olvidada llena de vestigios antiguos, fueron seleccionando por tipo de material y forma.

      Los conocimientos de Alynca en para qué y cómo se usaba cada cosa, daban una gran ventaja a la hora de su utilización.

         

        En la grieta más profunda, la primera, en la que se acumulaban los desechos pestilentes alejados de la luz; mucho más al fondo de donde ellas habían llegado, unos constantes ruidos parecían producirse;    un inframundo que siempre quisieron conocer. 

 Pasadizos estrechos que había que agrandar, para poder entrar por ellos, capas y capas de ropaje para soportar el frío desconocido desde tiempos remotos.

     Escavaron y escavaron, día tras día, noche tras noche sin salir. Las paredes parecían sudar;  estaban llenas de animalitos trasparentes y muchos brotes blancos de los que se alimentaban.

        El sudor de las paredes se parecía mucho a eso que Tago conocía como alimento, pero este no quemaba en la garganta.

             Alynka en los momentos de descanso les contaba cosas de eso llamado agua que caía del cielo, de la nieve que se acumulaba en las cumbres.       Les hablaba de los ríos y de los mares, de los peces y de los pájaros.

    Les dibujaba en el suelo como eran los arboles con sus ramas y las flores.

   Del amor entre machos y hembras que cuidaban de sus pequeños, de la felicidad, de la risa, de cómo curaban a los enfermos y de que al final de la vida,  enterraban con dignidad a sus muertos.

-Todo parecía un cuento de hadas-

         Pero a veces, también les hablaba de las máquinas, las fábricas,  el humo de las chimeneas,  del peligro del que muchos avisaban, ese al que nadie ponía remedio.

                    De aquello llamado dinero, unos papeles que tenían más valor que la vida, de las guerras por el poder y el poder de las guerras.

     De la destrucción de la conciencia y la supremacía del mal sobre el bien;     del egoísmo que fue el principio del caos que ahora existía.

 

              Golpeaban con fuerza la piedra.    En uno de sus golpes el suelo crujió y se agrietó bajo de sus pies.

Alynca.- rápido, para arriba

Luna.- ¡corre Tago!

     - En unos segundos el cacho de suelo se precipitó al vacío-

     Pasaron unos pocos segundos y se pudo oír un ruido fantástico.  

                    Alynka descendió unos metros, era lo que ella durante ese tiempo había estado imaginando.

Alynca.- bajar con mucho cuidado

Luna.- mira a ver si ese saliente es seguro

Tago.- a mí me da mucho miedo, prefiero morir viendo el firmamento

Alynka.- sí,  es seguro y demasiado amplio para los dos

Luna.- vamos Tago, que estando con nosotras no debes tener miedo

             Los dos bajaron hasta el saliente y se pusieron en él de rodillas, miraron hacia abajo pero ese pozo no tenía fondo, ni paredes, ni nada de nada, era como el universo pero al revés y sin estrellas.

   

                      Alynca se puso en el hueco en forma de aspa boca arriba;     sujetándose con las manos y los pies a sus bordes.

         Agitó sus ajas y…

       Todo se ilumino, por las paredes y el suelo de aquella inmensidad se deslizaban animales de distintos tamaños entre raíces que se entrelazaban entre sí.

  El agua brotaba por las grietas e iba discurriendo hasta una gran balsa que desde fondo reflejaba el brillo de las alas de Alynka,   formando haces de luz que daban aún más esplendor a la belleza ya existente.

    Tago y Luna, miraban a todos lados sin perderse ni un detalle.

           Debían de salir e ir a por más utensilios, necesarios para descender a aquel paraíso lleno de alimentos.

 Alynka.- ¡no!  Ese paraíso, mejor no tocarlo.

 

 

                Era el tiempo de recopilar, cortar, coser, trenzar y recopilar todo lo necesario, para portar agua, brotes frescos y animalitos con los que alimentarse sin tener necesidad de acercarse a los habitáculos y soportar los desagradables aullidos. Pero sin necesidad de profanar aquella maravilla de la naturaleza.

         Ya sabían cómo encontrar el alimento viviendo en la oscuridad, pero Alynka, quería dominar la cruel luz para que la balanza volviese a equilibrarse entre el bien y el mal,  aunque tal vez representados de forma inversa y esto sirviera como motivo de humanización a los ahora deshumanizados.

    Hicieron una serie de paneles y los colocaron de forma que hacían circular el aire a gran velocidad de forma que el flujo cálido llegado  del exterior entrase a la estancia donde habitaban a temperatura más agradable.

                    A una distancia prudencial de la entrada de la grieta, donde no llegaba el calor pero se colaba de vez en cuando un rayo disperso de luz,  alynka dejo unos brotes cubiertos con restos de animalitos ya masticados.  

  Esperaba mostrarles el milagro de la vida en colores.

     Poco tardaron en admirar como de aquellos brotes blanquecinos salían dos hojitas verdes.

      .- ¡Prohibido totalmente tocarlas!

             Sentados, esperaban cada día a que el haz de luz diese en las hojas y pacientemente veían como se hacían más grandes y emergía del suelo  un diminuto saliente que se iba alargando, del cual como por arte de magia brotaban nuevas hojas.

       Los relatos de Alynka, eran maravillosos, demasiado fantásticos para expresarlos en palabras.

     Los tres se cogían las manos, juntos cerraban los ojos y Alynka  les hacía visionar aquellas bellas imágenes.

 

            El momento era inminente, la expectación ante el acontecimiento indescriptible.

         Los sépalos verdes se empezaban a separar dejando salir unos suaves pétalos rosados aún encogidos entre un suave  dormitar.

Luna.- mamá, mamá, mira ya sale

Alynka.- espera, se paciente

Tago.- ya se, esto es a lo que llamas flor

Alynka.- efectivamente, pero ahora toca esperar un poco más

          Los pétalos fueron abriéndose y separándose hasta formar un círculo de color.   Allí en el centro unos pelillos amarillentos parecían querer jugar con el haz de luz.

Alynka.- podéis mirar, pero sin tocar, no le hagáis daño.  Todo ser vivo tiene su sensibilidad, aunque nosotros no la entendamos.

 

 

 


sábado, 3 de septiembre de 2022

El Ocaso Cap. 03

 

 


 

             Según entró en el habitáculo, los aullidos cesaron de golpe.

             Tago, quieto en la entrada, no se explicaba lo que había pasado, ni porqué camino había vuelto del más allá del  que hablaron sus ancestros.   El resto lo miraban con miedo; nadie había regresado nunca tras la salida del sol y menos pasados seis días y seis noches.

    Él les habló, de dos seres de rostros de luz;   que a uno de ellos le resplandecía como una media luna a cada lado de la espalda.

   Que había comido cosas desconocidas;   lo repugnante del olor en aquel lugar y la sensación de mirar a los ojos.

           Aquel hecho recorrió todos los habitáculos y todos empezaron a sentir un miedo atroz, se apartaban de él, su cuerpo aún conservaba restos de ese olor,  pero los niños     “estos más inocentes”      se ponían frente a él aunque a cierta distancia para mirarle a los ojos, los  que Tago, habría con fuerza, dejando ver sus pupilas enteras.

 

                 En la siguiente luna llena, se volvieron a oír las carreras, las carcajadas, las voces y los golpes. Tago ya no tenía miedo, sin poder salir, pues el brillo de la luna llena le causaría la muerte, entreabría una rendija en la gruesa puerta, esperando verlas saltar y correr.

     

      Una noche de cuarto menguante,  los sabios del lugar decidieron sacarlo al hospital junto con los tullidos para deshacerse de él y así nunca más volver  oír historias que enloquecieran a la comunidad.

          Tago se armó de valor;     hizo un montón con todos los resignados a morir siguiendo las normas impuestas y se encaramó a la alta tapia.  Entonces gritó:

                       .- LU-NAAAAA,  LU-NAAAAA.

         No estaban lejos de allí y llegaron enseguida.  Tago había caído al exterior de la tapia, estaba magullado y exhausto.

          El gritar aquellas silabas lo habían agotado.

Luna.- no te asustes, somos nosotras

                      - Tago dio varios aullidos-

Luna.- ¿ya estamos? mira que te doy

Alynka.- él no habla como nosotras

Luna.- es verdad, desde ahora hablaremos siempre en su idioma

Alynka.- vamos a casa, apóyate en nuestros hombros

   Tago llevaba su pierna lesionada por la caída.  Cuando pasaron por la puerta del habitáculo, hizo un intento de detenerse, para entrar de nuevo allí, en el sitio donde no lo querían.

Alynka.- no, aquí no, a casa

Luna.- a la nuestra  –tocándose el pecho-

Tago.- tú Luna, yo Tago

Alinka.- te vamos a curar, pero te va a doler

                Curar y ayudar no estaba en el vocabulario de su especie, pero ya lo aprendería.

  A las afueras se sentaron a descansar y lo cubrieron con un amasijo hecho de cachos de tela anidados para poder protegerlo del reflejo de la luna.

 Alynka.- nunca nadie debe saber el sitio donde vamos

Tago.- más allá

Luna.- nunca, nunca, nadie

Tago.- nunca nadie más allá

           Cuando llegaron el olor le impedía entrar.

       Había otra grieta cercana aunque un poco menos profunda.      Esa sería la casa de Tago.

   Sabían que de esta vez no intentaría escapar en la noche, pues era repudiado por los suyos.

Alynca.- ahora te va a doler, agarra estas piedras entre tus manos y apriétalas fuerte

Luna.- preparada mamá

   –Apretando sus manos por encima de las de  Tago-

    Alynka cogió su pierna por el tobillo y de un tirón seco, colocó su rótula.   De su garganta salió un alarido que se pudo oír desde los habitáculos, aquello que estremeció a todos.

                    Para evitarle más sufrimiento Luna le lanzó un golpe certero al cuello que lo quedó dormido y  después se dispuso a entablillarle toda la pierna.

Luna.- lo siento mamá, pero…

Alynka.- piensa un poco

Luna.- era porque no sufriera

Alynca.- pues entonces,  si es por eso,  el golpe dáselo un poco antes de que yo me ponga a colocarle el hueso

Luna.- claro, mejor, para otra vez ya lo sé

 

            Pasaba el tiempo, Tago ya recuperado, para nada salía de su grieta.

           Era amplia y le abastecían de  aquella cosa a lo que llamaban comida.    Se encontraba fuerte, vigoroso como nunca antes.

     A cambio de sus cuidados, él les contaba cómo vivían;  que las piedras que caían del cielo las trituraban y estas servían de filtro para el líquido voraz que se recogía en grandes recipientes; luego lo dejaban reposar  y eso era su alimento.  Un cacito diario por ser.  

    Era algo escaso, por lo que para conseguir no quedarse sin él, se abrían paso a golpes hasta llegar al repartidor.

     En alguna ocasión alguno quedaba malogrado y lo que no sirve va al sitio del nunca más.

Luna.- o sea mamá se refiere al hospital

Alynka.- sí hija sí, menudo hospital

       

         Los de piel oscura, tenemos que recoger las piedras y los pálidos, mueven las ruedas del molino y la estrella que proporciona luz.

Luna.- ¿y los niños?

Tago.-  retiran los restos en cestos  a un montón;  esos gases les provocaban abultamientos en la piel y pocos llegan  a una edad mediana

Luna.- y tú ¿Cuántos años tienes?

Tago.- no se años

Alynka.- y qué más da

 

     Tago estaba totalmente recuperado. Ahora eran tres.

 Alejados de los habitáculos, corrían, levantaban pesadas piedras, trepaban con rapidez y habilidad por peñascos escarpados.  El cuerpo de Tago era distinto, había cogido fuerza y destreza en sus movimientos.

 

          Las noches de lluvia permanecían los tres en la casa combinando enseñanzas mutuas.

          En luna nueva a tago le gustaba aproximarse sin ser visto y observar callado a sus hermanos recogiendo esas  piedras caídas.

       En cuarto creciente, tenía prohibido asomase

        (No pensaban que fuera bueno que viese que aquel alimento eran sus hermanos)

     El resto, a preparar su cuerpo para hacerlo más fuerte y ágil.

                          Excepto en Luna llena, que era la noche de correr y soltar carcajadas golpeando las piedras por todo el poblado ellas solas.

Tago.- Cuanto me gustaría ir con vosotras, pero esa luz me abrasaría

Alynca.- podrás venir y saltarás junto a nosotras

Tago.- cuando

Alynca.- primero hemos de hacer varias cosas

Luna.- ya verás, es muy divertido.