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jueves, 15 de agosto de 2024

Cada año

 

 

   Llega mediados de agosto, desde distintos puntos de la geografía,   antiguos vecinos del lugar se dirigen hasta su pueblo natal; fechas que anuncian la reunión de amigos, que como cada año durante cuatro días, llenan las calles de gente y algarabía, para como siempre cada noche ver de nuevo rebosar la plaza, acompañados hijos, padres y abuelos bailar entre sí, al son de la orquesta que toca las canciones de siempre.

 

        Un repiqueteo de campanas, las doce de la mañana, todos a la iglesia como manda la tradición.

         Las puertas se abren de par en par dando inicio a la procesión festiva, con flores, cohetes, banda de música y todas las autoridades, donde como cada año el patrón y la Virgen lucirán sus mejores galas sobre los hombros de sus fervientes devotos, para después  asistir a la subasta de las típicas rosquillas.

 

      Los corrillos de amigas poco a poco se van formando; como cada año  recordarán las anécdotas que vivieron juntas.

       Nunca falta quien recuerda el acto que protagonizó Laurinda en un arrebato de valentía para defender a su amiga Lourdes.     Acto heroico y desinteresado del que siempre recuerdan, que cuando Lourdes se acercó para darle las gracias, Laurinda solo contesto convencida:  

             Tú habrías hecho lo mismo por mí.

  A Lourdes vuelve a retumbarle al igual que aquel lejano día y año tras año la misma duda.

     

          Nunca hubo ocasión de comprobarlo;

           Tal vez se habría escondido tras la esquina como hicieron otras.

   Quizás habría buscado una excusa para alejarse de allí.

Lo más seguro, muda y parada, cruzada de brazos habría renunciado a conflictos ajenos.

 

    Como cada año le vuelve a dar las gracias; cada año se repite la misma frase y le asaltan las mismas dudas, cada año.

 

Ojos de Gata@2024.

 

 


miércoles, 14 de agosto de 2024

Cuerpos Vacíos

 

         Donde nadie los ve.

   Ni la luna los espía

en la fría oscuridad.

   El firmamento se oculta

por muros de piedra,

bajo techos encalados

que vieron siglos pasar.

   Sin ventanas, bajo tierra,

acompañados por la humedad

que emerge de las grietas

de las almas olvidadas.

     Un beso de amor

tantas veces soñado.

   Temblorosos brazos

se aferran al otro

juntando sus cuerpos

que se dejan caer.

     Camisa en el suelo

como duro catre

único testigo del deseo contenido.

    Alaridos que retumban

con el eco de los rincones

reverberando en sollozos,

gemidos y susurros

en el idioma del amor.

 

    Arrebato de locura,

valentía o cobardía,

desesperación, hartazgo.

    La cuchilla afilada

acaricia las muñecas

segando las venas.

    Piel con piel,

sangre con sangre

sellando el amor negado,

culminando la promesa adquirida

ante los ojos de la nada

prometida ante el silencio,

solo vista por la oscuridad.

   En un charco coagulado

quedará escrita su historia

a modo de epitafio.

  

Razas y creencias quedaron olvidadas.

Sus dioses entenderán su decisión.

Los demonios aplaudirán su partida.

    En el limbo permanecerán juntos

por toda la eternidad.

   Distintos cielos, distintos infiernos.

 Sus estrellas brillarán

como si de una sola se tratase.

    Los supremos celestiales

nunca los reclamarán a su lado,

jamás podrán separarlos.

 

     Sus cuerpos descansan

quién sabe dónde.

          Distantes.

En tierras separadas por fronteras.

En países enfrentados por odio.

En tumbas olvidadas.

       Y qué más da.

Al fin y al cabo esos cuerpos

       …Están vacíos.

 

 

Ojos de Gata@2024.


 

lunes, 12 de agosto de 2024

Adiós Amigo.

 

 

     Ojos que buscan miradas

empañadas por la niebla

con la inminente partida

tu pensamiento soñaba.

     En las líneas de tus manos

se dibujaba el destino

que a galope se acercaba.

 

      En tu pluma temblorosa

las letras se emborronaban

al plasmarse en el cuaderno

de tantos años escrito.

     Los labios balbuceaban

susurros encadenados

convirtiéndolos en versos

que se alejaban despacio.

    Hasta el silencio escuchaba

con atención desmedida

el  elocuente epitafio.

 

     Puño levantado al aire

apretado con orgullo

por la lucha de la vida.

    Notas de un himno valiente

suenan en tu despedida.

     Que jamás muera la noche

con la luna que te inspira.

    Que el horizonte permita,

nunca se te apague el día.

      Que tu ausencia, no nos deje,

 Miradas…  Sin poesía.

 

 

Ojos de Gata@2024.