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martes, 5 de noviembre de 2024

Duraznos maduros

 

    La madurez bajo el sol

de la mañana a la noche.

 

    Alimentados de tierra

abonada con sudor.

 

    Impulsando un nuevo tiempo

envuelto en su cascarón,

abrimos brazos al cielo

pues se nos rompió el amor.

 

Carlos Torrijos.

 


Autora: Claudia Sanabria

País: Paraguay

Año: 2024

Título: Duraznos maduros

Técnica: Óleo sobre lienzo

Medidas: 30 x 30 cm

El Resurgir - Cap.- 07

 

"Ver con los ojos cerrados" 07

 

    Nada más entrar por la puerta de casa, lo primero era cambiarse de ropa, “sobre todo los zapatos que iban encharcados”.     Directamente decidieron ponerse el pijama y las zapatillas de andar por casa, no sin antes darse una ducha de agua caliente para entrar en calor.

  Lo que menos les apetecía era ponerse a hacer ningún tipo de cena, por lo que pusieron cuatro tablas sobre la mesa y en el centro varios embutidos de los que ir cortando al gusto de cada uno. (Queso, jamón, salchichón, chorizo)

     Como siempre a esperar a que llegasen estos dos, que nunca parecían tener prisa por llegar.

Samuel.- hola, ya estamos aquí

Lourdes.- Qué, dónde apareció al final

Verónica.- estaba dando una vuelta

Samuel.- buena cena para desengrasar

Verónica.- sentaros y calladitos, quien no quiera cenar, hoy a dieta

Manuel.- poner el móvil boca abajo y en silencio

Verónica.- Samuel. Que dejes el móvil y atiendas

Samuel.- que le estaba quitando el volumen para que no moleste

Verónica.- eso me parece bien.

Manuel.-  ayer me pareció muy mal la forma de decir las cosas;  de lo que te dijo la cotorra esa, hay partes de verdad y partes de mentira y lo peor, es que no sé si es por maldad o desconocimiento, aunque me inclino por las dos cosas.

 Vuestra madre, ha dejado de ir a tomar café y  jugar la partida un par de días a la semana, eso es verdad, pero porque ha decidido que esas tardes son tan solo para nosotros, para salir a dar un paseo juntos que ya hacía mucho tiempo que no lo hacíamos.

Verónica.- lo he decidido yo, y bien a gusto que estoy con papá haciendo lo que nos da la real gana

Manuel.- pero no es verdad que sean cuestiones de dinero; en realidad entre ir algún día al cine, los vinos y las tapas en el bar, la cena en un restaurante con la que nos dimos un capricho la otra noche y cosas varias, nos gastamos más, de lo que le cuesta el café de todo el mes.

Lourdes.-  y por qué vas a comer a ese sitio

Verónica.- caya y escucha

Manuel.-  ves, es verdad que he comido allí algún día que otro, pero lo que tú no sabes, es que también he colocado el almacén, he sacado las bandejas, he barrido el comedor, he fregado los cacharros y sobre todo, aprendido muchas cosas que nunca podría haberme imaginado

Samuel.- ¿que tú has barrido y has fregado?

Manuel.- sí, y no se me han caído los anillos

Lourdes.- y por qué, qué necesidad tienes

Manuel.- ninguna, precisamente por eso.  He encontrado a una gente especial, maravillosa, que me ha hecho ver la vida de otra manera, que desde el primer día me tendió la mano y me hizo saber que la vida puede ser preciosa; tan solo depende de aprender a vivir

Samuel.-  ahora sí que no entiendo nada

Verónica.- ¿tú lo ves contento?

Samuel.- sí, está mucho mejor que antes

Verónica.- entonces, que más te da entender o no

Samuel.- a ver, igual, igual, no me da, pero bueno

Manuel.- que sepáis que debido a mi trabajo solo puedo ir los fines de semana; por eso me voy temprano y no vengo a comer.   Esos días sí, como allí con ellos después de que hayan comido las personas que llenan el comedor, luego juntos charlamos un rato, recogemos todo y con un abrazo nos despedimos hasta que el próximo fin de semana nos vuelva a juntar.

Samuel.- o sea que en realidad, vas a ayudar a la gente que trabaja allí

Manuel.- digamos, y ya lo entenderás algún día, que voy a dejarme ayudar

      Lourdes, parecía atenta a la conversación, pero en realidad por dentro, se la estaban llevando los demonios.

Lourdes.- pues mañana cuando pille a esa imbécil, le voy a cantar las cuarenta y tú con su madre deberías de hacer igual, que lo han difundido por medio barrio y todo ha salido de esas dos, que son iguales

Manuel.- de eso nada, por mucho que os cueste y os disgusten estos rumores, no me gustaría que dijerais nada

Lourdes.- pero por qué no, pues yo no me voy a callar

Verónica.- tú te vas a callar y yo también, aunque me cueste

Manuel.- esto quiero que sea un secreto entre nosotros, porque yo necesito que así sea

Lourdes.- claro y que sigan hablando de nosotros en todos sitios

Manuel.- antes de desvelar este secreto, os tengo que enseñar varias cosas y yo tengo que aprender muchas más. Sé que no lo entendéis, pero es el precio que hay que pagar para verme por fin libre de pastillas, lejos de psiquiatras y psicólogos, y sobre todo que sigáis viéndonos a vuestra madre y a mí felices del brazo paseando. Ojala que alguna de estas tardes vosotros también os apuntéis al paseo.

Samuel.- pues yo creo que merece la pena callar

Verónica.- esta tarde estuve con ellos y gracias a ellos encontré a papá, que andaba deambulando por el casco antiguo; son una gente maravillosa y que sepáis que quieren mucho

Lourdes.- ¿y cuándo voy a poder cantarles las cuarenta?

Verónica.- cuando aprendas a...

Manuel.- tranquila hija, que todo llegará, en esta vida no hay que correr

Lourdes.- pero qué tengo que aprender

Manuel.- lo primero de todo…

              ---Manuel se quedó callado, sonriendo y mirando a su mujer---

Manuel.- díselo tú, acaba la frase de antes

Verónica.- pues sí, lo primero que tienes que aprender es a ver con los ojos cerrados, por eso no hay que correr

Samuel.- tú te librarás de los psicólogos, pero nos vemos todos ingresados en un manicomio a este paso

Verónica.- que papá no está loco, que es algo precioso

Samuel.- papá no sé, pero tú vas de camino

Lourdes.- la verdad, no os entiendo; no voy a decir nada de lo del comedor, pero sin una contestación no se va,  la puta envidia que tienen de que seamos una familia normal

Verónica.- ellas también son una familia normal

Lourdes.- calla, que desde que se separaron y la hija está un mes en cada casa eso parece la selva; son como fieras, pero además los tres

Samuel.- eso a ti no te importa, allá ellos, tú estás aquí en casa y lo que pase de puertas para afuera, quien se lo guise, que se lo coma

Verónica.- muy bien dicho, que cada uno se solucione sus problemas

Lourdes.- ¿me puedo ir ya a la cama?

Manuel.- dame un besico princesa

Lourdes.- pesado, toma un beso grande

     -----Muacksssssssss----

Verónica.- descansa bien

Lourdes.- hasta mañana

Samuel.- y allí a comer, que va, mucha gente

Manuel.- más de la que te puedes imaginar

Samuel.- pues eso tiene que ser duro

Manuel.- pues creo que bastante.   Muchos toda la vida trabajando para verse ahora sin tener que comer, pero para eso está la gente especial, para regalarles un poco de comida caliente, una sonrisa al entrar y un abrazo al salir

Samuel.- pues me alegro de que pongas tu granito de arena

Manuel.- a ti también te enseñaré cosas que voy aprendiendo, tal vez te sirvan algún día en la vida

Samuel.- bueno me voy a la cama

Verónica.- hasta mañana

Manuel.- un besico mi príncipe

Samuel.- anda ya, que yo ya pincho

Manuel.- pobre papá

Samuel.- mira que eres pesado

          ---Muacksssssssss---

Samuel.- a ti también celosona

       ---Muackssssssss---

Verónica.- ven aquí mi niño

Samuel.- pero no chupes marrana

Verónica.- asqueroso, pues te lavas

Samuel.-  adiós, adiós.

  -- Se quedaron sentados los dos solos.

Manuel.- ¿tienes sueño?

Verónica.- no mucho

Manuel.- ¿te apetece un vaso de leche con magdalenas?

Verónica.- mejor leche sola en plan rapidito, que se está mejor en la cama; allí estamos más tranquilos

 

 

 


 

sábado, 2 de noviembre de 2024

El Resurgir - Cap.- 06

 

"Ver con los ojos cerrados" 06


     Ese lunes, cuando salió del trabajo no se fue para casa; después de pensarlo tampoco iría por el comedor, donde seguro que estarían aún recogiendo.

  Prefirió deambular por las callejuelas vacías de la parte antigua bajo la intensa lluvia que lo empapaba, caminando con los ojos cerrados hasta darse con la nariz contra alguna fachada en el siguiente cruce de calles.

     Mientras, en casa, en la comida, ninguno de los tres se dirigieron la palabra; estaban enfadados con el mundo, con ellos mismos y con las circunstancias de la noche anterior.    Los hijos, solo querían saber lo que estaba pasando y la madre estaba ansiosa por explicárselo, pero el orgullo no les permitía dar el primer paso para pedir perdón por lo sucedido. 

     Un poco antes de las cuatro, ellos se fueron a la biblioteca, ella, salió de casa en dirección al bar ese donde jugaban la partida, tenía ganas de ver las caras de aquellas que se llamaban amigas.   Pero a mitad de camino, se dio la vuelta y se dirigió hasta el antiguo colegio, pensando que estaría allí Manuel.

 Cuando llegó había dejado de llover, justo estaban todos en la calle esperando para marchar, mientras Roberto cerraba con llave los portones de madera.

Verónica.- perdonar ¿habéis visto hoy a Manuel?

Nerea.- no, hoy es lunes y hasta el sábado no viene

Verónica.- entonces ¿no ha pasado por aquí?
Roberto.- ¿Quién es usted? ¿Ha pasado algo?

Verónica.- soy su mujer y estoy preocupada, anoche tuvimos una discusión en casa y este es capaz de haber hecho alguna tontería

Roberto.- lo mismo está en el trabajo por algo que haya surgido

       Verónica llamó a la oficina y nadie cogía el teléfono;  seguido llamó al móvil particular del jefe; este le dijo que había salido como siempre a las tres, al igual que el resto de trabajadores.

      Roberto llamó a todos los padres de los chicos y chicas para decirles que ese día iban a llegar un poco más tarde, pero que no se preocupasen, que él mismo los llevaría casa por casa cuando terminasen de hacer una cosa; los dejaría uno por uno, para asegurarse de que llegaban bien.

Roberto.- a ver muchachos, vamos de dos en dos a buscarlo por todos sitios, los que lo encontréis me llamáis a mí inmediatamente.  Yo voy con Verónica a la zona de los bloques;  Tomás y Gervasio vais a la zona del río; Paco y carolina mirar por el centro; Nerea, Antonio y Julia por el casco antiguo sin separaros en ningún momento.

         Todos salieron hacia su zona de búsqueda.  No les importaba que en esos momentos comenzara de nuevo a llover.   Verónica en el trayecto, le contaba a Roberto lo sucedido, lo feliz que se encontraba Manuel desde el día en que los conoció, lo que habían cambiado su propia vida sin conocerlos y que además, ahora, hasta había aprendido a ver con los ojos cerrados junto a ese marido que hacía tiempo que siempre parecía ausente.

      Pasaba el tiempo y el teléfono de Roberto no sonaba y la angustia cada vez, se hacía más densa en el interior de Verónica

Roberto.- ¿Se encuentra bien? ¿Quiere usted que nos sentemos en algún sitio?

Verónica.- no, no.   Hay que seguir buscando

Roberto.- pero esté tranquila

Verónica.- ¿Tranquila? lleva mucho tiempo muy mal

Roberto.- sí, ya nos ha contado; pero ahora está mejor y tiene ganas de vivir

Verónica.- me da miedo que lo de anoche le haya hecho hacer alguna tontería irremediable

Roberto.- perdone que se lo diga así, pero no haría nada que decepcionase a este grupo de tullidos, antes se haría de este gremio “el de los tratados como  diferentes por nuestra discapacidad”

Verónica.- no me asuste usted

             ---Dejó de andar un momento y cerró los ojos---

Verónica.- bueno, al fin y al cabo, estaría con los que quiere y admira

Roberto.- no sea tonta, él adora a su familia y haría cualquier cosa por todos vosotros, pero para eso tiene que estar bien y por casualidad en nosotros vio eso, que con los ojos abiertos no veía

           --Tras una larga caminata en las piernas, por fin sonó el teléfono—

Nerea.- Roberto, lo tenemos, llama a los demás y nos vemos en el comedor, que vamos para allá con él

          Tras las llamadas, todos acudieron a la carrera; querían verlo, echarle la bronca, abrazarlo, cantarle una canción, ponerle de castigo el fregar todos los platos a mano durante una semana, lo que fuera con tal de demostrarle que estaban allí, a su lado y que esta vida a veces, aunque solo sea a veces, merece la pena vivirla.

      Ya sentados en la larga mesa, ninguno abría la boca, unos lo miraban con gesto de enfado, otros movían la cabeza pensando en el susto que les había dado;  Verónica y Roberto con cara seria, esperando una simple explicación, y él permanecía callado sin saber que decir.

        ---De pronto, Tomás se puso en pie enfadado---

Tomás.- ya está bien de tonterías, que tengo hambre y tengo que ir a merendar

                        --Todos se empezaron a reír---

Manuel.- solo puedo pediros perdón a todos, os habéis empapado por mi culpa y sé que lo haríais las veces que hiciera falta porque sois buena gente

Verónica.- Pues ahora que se me ha pasado el susto, os tengo que decir que me alegro, porque así por fin, os he conocido a todos

Gervasio.- pe, pe, pero porqué lo has hecho, eso de escaparse no es, es, está bien

Julia.- no se ha escapado, solo que ha ido a pasear viendo con los ojos cerrados y se ha perdido por esas estrechas calles

Antonio.- pues entonces yo, no voy a volver a mirar con los ojos cerrados, no sea que me pierda

Manuel.- no Antonio, tú solo cuando te lleve yo cogido por el hombro

Antonio.- ah, entonces sí

Roberto.- vamos que os tengo que dejar uno por uno en casa a todos, como les dije que haría a vuestros padres

Tomás.- a mí el primero, que tengo hambre

        Verónica y Manuel, acompañaron a Roberto calle por calle hasta dejarlos a todos en la puerta de su casa, y luego fueron los tres hasta el pequeño bar, ese tranquilo y de buenas tapas.

Roberto.- ¿Tú sabes el susto que nos has dado?

Verónica.- si no llegan a estar ellos delante cuando te he visto, te habría matado

Roberto.- menos lobos, si has vuelto a respirar al ver que estaba bien

Verónica.- eso sí, pero con ganas me he quedado.

Manuel.- no era mi intención; tenía que pensar y se me fue el tiempo volando

Roberto.- pues igual podías haber pensado después de avisar

Manuel.- me sentía como hace tiempo atrás, incomprendido, solo, no sabiendo explicar lo que sentía y todos exigiéndome unas palabras que para ellos eran incoherentes;  las he pronunciado tantas veces y nunca nadie supo escucharlas.

Verónica.- pero eso  pasó, ahora yo sí te voy escuchar, te comprendo y puedo ayudarte a que nuestros hijos comprendan, y aprendan algo nuevo y diferente en nuestras vidas;  al resto que les den ¿Qué nos importan esos que no saben ver con los ojos cerrados?

Roberto.- tienes una mujer estupenda, seguro que tus hijos sabrán entender que tu felicidad está por delante de las habladurías,  y que a veces, el dar a los demás, es el mejor regalo.    Cuando yo propuse el montar este comedor, todo fueron trabas administrativas y burocráticas; solo contaba con el incondicional apoyo de estas personas que veían este proyecto como una buena iniciativa.

   Algunos de ellos, también tuvieron que hacer ver a sus padres, que no eran unos inútiles, que esto les ayudaría a realizarse como personas con un trabajo digno, aunque no cobrasen por ello; aquí no entra un euro, todo es gracias a los donativos de tiendas y grandes superficies, con lo que tenemos nos arreglamos y dependiendo de las existencias de la despensa, se come una cosa u otra.

  Mucho  gracias a la caja de ahorros que nos montó la cocina, y a los antiguos propietarios del colegio que intercedieron para que nos dejasen la parte de abajo y también a una asociación de síndrome de down que paga la luz y el gas, esto sigue adelante y ya vamos hacer tres años todos los días del año sin faltar ni uno, abriendo las puertas al medio día.

Verónica.- y gracias a vosotros que os lo curráis desinteresadamente

Roberto.- si tú supieras lo que hemos ganado con esto, verías que es algo que no se puede pagar con dinero

Manuel.- es algo tan hermoso lo que se vive entre esas paredes, que no podría renunciar a ello por nada del mundo

Roberto.- pero piensa que lo primero es tu familia y luego tu trabajo.  Nosotros estamos ahí, no nos vamos a ir y puedes pasar cuando quieras y tengas tiempo a echar una mano o a estorbar un poco.

Manuel.- ya lo sé, y no sabes lo que os lo agradezco

Verónica.- y seguirás yendo, por qué no, aunque solo sean los fines de semana.