Es la felicitación del escriba de la familia. Todo un regalazo.
martes, 27 de diciembre de 2011
Más arte
Me siento orgulloso de poder mostrar lo que he recibido en estas navidades.
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Para mi familia
lunes, 14 de noviembre de 2011
11 / 11 / 11
En la mañana del 11/11/11. Acudí junto con otros compañeros a un acto que se celebraba en la puerta de la Diputación provincial.
Un alcalde, (junto con una treintena de vecinos que han llegado en autobús) llegaba andando desde su pequeña localidad, situada a 120 Km. al noroeste de la provincia, para solicitar al presidente de la diputación ayuda urgente para intentar paliar el estado catastrófico en que el anterior equipo de gobierno había dejado al municipio.
Debido a que hace poco tiempo la compañía eléctrica le había cortado el suministro a las dependencias municipales, uno de los lemas que coreaban era: Queremos luz, no enchufes.
Al grupo de gente con quien estoy, se acerca un señor mayor (80 años) vecino de dicha localidad y empieza a explicarnos como se ha llegado a dicha situación. Según este señor, allí nadie pagaba arbitrios, ni se sacaba licencia de obras, ni se contabilizaban los ingresos y gastos que tenía el ayuntamiento, en caso de que los hubiese, que cada uno hacía lo que quería, construía donde le daba la gana, y como nadie decía nada aquello había sido los últimos quince años, (siempre según palabras textuales) una ciudad sin ley.
Nos comenta, que nadie se esperaba esta situación, aunque eso sí, todos iban a gusto en la burra. Mi perplejidad comienza, cuando dice que ha estado de secretario en un par de pueblos durante cuarenta años; en ese momento me pregunto: ¿Pero este señor no se esperaba este desenlace? no me lo creo, y que me perdone por dudar de su palabra.
Mi asombro, y creo que el de todos los que allí estábamos se incrementa con frases como: Con franco esto no pasaba, la democracia en una mierda, soy de los pocos que votó NO a esta constitución que no vale para nada, aquí hay tres dictaduras: el PSOE, el PP y la Guardia Civil.
Se vanagloria de que cuando él, estaba de secretario y a algún amigo le ponían una multa, él llamaba a dos testigos falsos, y cursaba un recurso para que la denuncia fuera retirada.
Las ganas de decirle cuatro cosas, no creo que solo estuviese en mi interior, pero el no montar bronca en ese acto, hace que todos permanezcamos mudos ante tanta barbaridad.
Al final se declara “indignado” por que lo denunciaron por no llevar puesto el cinturón de seguridad y no le quitan la denuncia.
En ese momento no puedo expresar lo que pienso porque me pondría a su altura; añade, que siempre había votado a la derecha, pero que en estas elecciones no lo iba a hacer como castigo.
Señores y señoras, me considero inclinado a la izquierda, pero le pediría a este señor, que su voto fuera en blanco (que creo es su intención), ningún partido de este país en todo su amplio espectro político, se merece la papeleta de esta persona.
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Historias
lunes, 24 de octubre de 2011
La risa de Raquel
Desde que el antiguo ordenador de casa se estropeó, muchas cosas han ido quedando en el olvido, cosas que echo de menos, como programas de música que ya no existen, plantillas de Excel, que había diseñado a mi antojo para llevar una serie de cuentas y sobre todo archivos, archivos que nunca guardé en ningún sitio, y aquellos que copié, jamás me preocupé de ordenar, pensando que eso nunca ocurriría, que ya haría una copia de seguridad cuando tuviese tiempo, tiempo que me quitó la razón un día por la mañana.
Pasados unos meses, nos decidimos a comprar uno nuevo, muy majo, con la pantalla plana y altavoces incorporados, no aquel monitor que ocupaba toda la mesa, muy guay, (a Ana, le encantó nada más verlo) demasiado actual para mí, no reconoce los discos que tenía guardados en el cajón, (algunos programas hechos para Windows 95), tiene un lector para todo tipo de tarjetas, pero la disquetera no existe, y lo poco que había guardado era en diskette, en fin toda una ruina para los que pensábamos que nos manejábamos un poco con las nuevas tecnologías, las que ahora no nos dejan ni cometer una falta de ortografía, en seguida sale la rayita roja, esa ondulada que parece gritarte: zote más que zote.
Pues bien; esta mañana, encontré en el garaje un CD, me disponía a tirarlo cuando algo me impulsó a abrirlo, para ver que había en él. Sorpresa, allí estaba un artículo, que había buscado muchas veces en la hemeroteca de “la opinión de Zamora” sin obtener resultados, ni si quiera sabia la fecha exacta en que fue publicado y claro así era imposible, solo puedo decir que lo guardé en el ordenador con fecha 21/07/2003.
El artículo, fue un regalo precioso que hizo un amigo que trabaja en dicho periódico a mi hija Raquel, el año que le compramos la silla nueva y ahora que lo he encontrado quiero compartirlo con vosotros.
AL GRANO | |
La risa de Raquel | |
Raquel tiene una cara preciosa, de angel bueno. Ojos castaños que iluminan un rostro con aura pícara. Se ríe constantemente. «Raquel, qué guapa estás, pareces una modelo...». Y dibuja una sonrisa sin complejos. «Raquel, dame un beso». Y vuelve a esbozar una mueca de agrado para agradecerte el contacto. No habla, pero da igual. Comunica con los ojos. Y sus padres: Ana y Carlos la entienden. Es de una sensibilidad extrema. Si alguien grita a su lado, se asusta. Si la puerta golpea contra el marco, se estremece. Y cuando alguien la quiere, quiere más que nadie.
Su hermana Lucía, un comino picante y supersónico modelado en forma de muñeca que agarra a los gatos por el cuello y se pone las cajas de leche abiertas encima de la cabeza antes de que se desparramen por el suelo, es su guardaespaldas más fiel. Y su muñeco de trapo es su amigo más íntimo, al que le habla por las noches y le cuenta lo difícil que es comunicarse con esos otros que no se llaman Lucía, Ana, Carlos, Rosa, Antonia o Lázaro.
Acaba de estrenar una silla de ruedas y está contenta. Es más cómoda que la otra, que era de bebé. Lástima que ahora haya que tirar las puertas de casa porque el artilugio no cabe. Otro gasto más. Ha notado a sus padres disgustados. Algo le han hecho esos que están siempre sentados. Son como los de las batas blancas, siempre hablan con sus padres y ella no entiende nada. A veces le hacen daño. Es para que te cures le dice Ana pero no se lo cree. Para ponerme buena y resulta que me ponen vendas por todo el cuerpo. No me gusta.
Raquel lo entiende todo. Le hablas con cariño y a ella se le escapa la sonrisa por la boca. Pero lo que más le gusta es jugar con Carlos. Su padre la abraza como para romperla y ella ríe y ríe. Le da un golpe en las piernas y ella más carcajadas. Así es de agradecida. Como un sol dice su madre, como una niña de ocho años que lo único que quiere es cariño, digo yo. Lástima que haya quien dé disgustos a sus padres. A esos no les sonríe. La asustan. Son malos.
Su hermana Lucía, un comino picante y supersónico modelado en forma de muñeca que agarra a los gatos por el cuello y se pone las cajas de leche abiertas encima de la cabeza antes de que se desparramen por el suelo, es su guardaespaldas más fiel. Y su muñeco de trapo es su amigo más íntimo, al que le habla por las noches y le cuenta lo difícil que es comunicarse con esos otros que no se llaman Lucía, Ana, Carlos, Rosa, Antonia o Lázaro.
Acaba de estrenar una silla de ruedas y está contenta. Es más cómoda que la otra, que era de bebé. Lástima que ahora haya que tirar las puertas de casa porque el artilugio no cabe. Otro gasto más. Ha notado a sus padres disgustados. Algo le han hecho esos que están siempre sentados. Son como los de las batas blancas, siempre hablan con sus padres y ella no entiende nada. A veces le hacen daño. Es para que te cures le dice Ana pero no se lo cree. Para ponerme buena y resulta que me ponen vendas por todo el cuerpo. No me gusta.
Raquel lo entiende todo. Le hablas con cariño y a ella se le escapa la sonrisa por la boca. Pero lo que más le gusta es jugar con Carlos. Su padre la abraza como para romperla y ella ríe y ríe. Le da un golpe en las piernas y ella más carcajadas. Así es de agradecida. Como un sol dice su madre, como una niña de ocho años que lo único que quiere es cariño, digo yo. Lástima que haya quien dé disgustos a sus padres. A esos no les sonríe. La asustan. Son malos.
A tí Cele, por su puesto:
Gracias, muchas gracias.
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