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martes, 20 de noviembre de 2012

Don Cosme

             El señor don Cosme, había nacido en una familia acomodada en los años treinta. Su padre era un afamado abogado, así que  cuando llegó a su mayoría de edad decidió mandarlo voluntario a cumplir el servicio militar.  Al finalizar, iría a la universidad, todo estaba previsto, estudiaría derecho y así tiempo más tarde, se haría cargo del bufete familiar, pero él, decidió hacer biología, que era lo que le entusiasmaba y tras terminar la carrera, accedió al puesto de profesor de ciencias naturales, en el instituto de su ciudad natal.

        Su carácter introvertido propiciaba su soledad, siempre rodeado de libros, bocetos y manuscritos. El vivir en el centro de una gran ciudad, no le facilitaba la tarea de recolección de plantas y frutos que estudiar y catalogar, por lo que cuando fallecieron, primero su padre y años después su madre, decidió vender todas sus posesiones inmobiliarias  y pedir el traslado a un pueblecito de la serranía de Cuenca, como maestro de escuela.
  Allí compró una pequeña casita con un gran patio, donde tras su jubilación, algunas noches de verano, acompañado por un párroco de también avanzada edad, saboreaba una taza de té de menta, que el mismo había cogido, durante el paseo matinal a lo largo del arroyo que bordea el municipio.   
        El trato con el resto del  escaso vecindario, (a parte de  la señora que desde muy joven, cada día se encarga tanto de la compra, como de las tareas del hogar), era casi nulo, limitado al saludo, al hola o el adiós, que la educación exige en cada momento.

      Aquella mañana como tantas otras, calentaba sus manos cogiendo un tazón lleno de café con leche, mientras sonreía para sí, oyendo cantar a un par de jilgueros que competían dentro de sendas jaulas, que colgaban  a ambos lados de la ventana. Canto que interrumpió el doblar de las campanas de la iglesia.

             El día anterior, mientras despertaba el alba y los gallos anunciaban los primeros sesgos  de luz, un solterón, introvertido tanto o más que él, pero con cuarenta años menos, del que recordaba algunas andanzas de cuando era niño, e iba al aula con pantalón corto y que casi nunca había salido del pueblo excepto en ocasiones puntuales, se levantó, en pijama se sentó en la cama, puso su paralela, la que tenía recostada junto a la cabecera entre las piernas, apoyó su barbilla sobre los dos cañones y apretó con rabia los gatillos, dejando la alcoba salpicada por sus últimos pensamientos.

       Tampoco tenía familiares, entre el alcalde y el cura, se habían encargado de agilizar los trámites y habían mandado preparar una fosa, que el ayuntamiento poseía para casos de excepción, en una esquina, al fondo del campo santo.

      No era habitual su presencia en la iglesia y menos en este tipo de eventos, pero creyó apropiado el acompañar a un alumno solitario en ese último momento.    Cogió su pelliza de cuero y con calma se dirigió hacia la plaza, allí había unos cuantos corrillos de hombres, intentando dilucidar los motivos de lo ocurrido, tras los portones abiertos, unas mujeres cuchicheando sobre lo extraño del acontecimiento e intentando dar respuesta a una pregunta que ninguna se atrevía a hacer;    En el primer banco, el reservado para los familiares, una mujer, elegante, sola, vestida de negro, una desconocida para todos, la única persona que se había dignado a poner una flor, un clavel blanco sobre una fotografía del difunto encima del ataúd.

        Don Cosme, iba revisando con la mirada el estado de conservación de aquel edificio, siguió caminando por el pasillo central hasta llegar al altar, hizo un amago de gesto, como santiguándose e inclinando la cabeza susurro: Que solos estamos.

       Ya sentado junto a la señora, le cogió la mano y le dijo: Le acompaño en el sentimiento;   Ella, volvió la cara hacia él y mirándole fijo a los ojos contestó: Igualmente.
       Al finalizar la misa, unos largos segundos de incertidumbre y miradas inquietas, hasta que Don Anselmo (el párroco), hizo un gesto de duples al sacristán, indicándole que saliese a la plaza a reclutar algunos hombres para portar el féretro;  En un momento se organizó la comitiva.     Delante el sacristán, con una pequeña cruz. Siguiendo al difunto el cura, con un pequeño incensario, acompañado por un monaguillo que portaba un caldero y el hisopo, luego el resto de gente produciendo un leve murmullo, que no llegaba a enmudecer el sonido de las pisadas sobre el cemento.

      Dentro de la iglesia, un silencio sepulcral acompañaba a la señora, arrodillada frente al retablo mayor, mientras Don Cosme, con los ojos cerrados, brazos caídos y manos cruzadas a su espalda, dejaba su mente en blanco, pensando en nada por pensar en algo, lo que le sirvió de reflexión, analizando las palabras que anteriormente se habían pronunciado dirigiéndose al fallecido.

      El tiempo pasó, cuando abrió los ojos, la mujer ya se había ido, allí, frente a él, sentado delante del ambón, en el par de peldaños  que separaban la nave del presbiterio, callado para no interrumpir tan agradable estado, estaba Don Anselmo que hacía rato ya había regresado del cementerio.
 .-Qué, ¿hace un vinito antes de ir a comer?
.- Pues hace.
  Cerraron los portones del templo, sin mediar palabra fueron hasta casa donde se encontraba Silvina, (la criada) terminando de componer el puchero.  Se sentaron uno frente al otro en aquella mesa cuadrada cubierta por un  hule que mostraba el mapa político de la España preconstitucional.
.-Silvina
.-dígame usted
.-pon dos vasos y saca una botella de vino del bueno
.- ¿del de la parte de abajo del botellero?
.-si, de ese que guardo para esa ocasión que nunca llega
.-usted dirá que celebramos hoy
.-nada Don Anselmo, nada.  ¿Que teníamos en común el muerto, usted y yo, hasta ayer?
.-digo yo que....... ¿hasta ayer estábamos vivos?
.-si, vivos y solos;  ¿quién portará nuestro féretro en ese último día?
.- alguien siempre habrá que no tenga nada mejor que hacer
.- ¿creé usted, que habrá alguien que ponga una flor por nuestra alma?
.-en eso si que creo, que debo  darle la razón
.-pues eso, celebremos hoy que podemos, no se vaya a estropear el vino con los años.
.-cuando quiera
.- Sírvase (Después de descorchar la botella)
.-por favor, usted primero.
.-acérqueme un poco el vaso
.- excelente, (con un gesto de aprobación)
.- pues sí, no me engaño el mozalbete que me la recomendó.       Silvina
.-dígame usted
.-trae otro vaso
.- ¿para quién?
.- para usted; demasiados años sirviendo en esta casa sin haber estado nunca sentada a la mesa
.-pero si yo no bebo nunca, a ver si me va a sentar mal
.- !siéntate leche!
.- (sonriendo) yo hago voto de silencio, de todo lo que ocurra o se hable en esta mesa
.- ¿le sirvo un culín?
.-eso un dedo, más que nada por acompañarles
.-ya era hora, parecemos una familia sentados los tres a la misma mesa
.-los cuatro
.- ¿los cuatro?  ¿y quién es el cuarto?
.-Dios nuestro señor
.-vale
.- (con una mueca) ¿voy a por otro vaso?
.-haz lo que quieras
.-tranquila, que el señor con vernos así, se da por contento.

      Desde entonces, algunas mañanas, mientras Silvina sigue a sus quehaceres, Don Anselmo y Don Cosme, dan un paseo por el pueblo, e incluso algún que otro domingo después de misa, a la hora del vermut, entran a la cantina a tomar una tapita en compañía del alcalde y el sacristán, al tiempo que se interesan por cómo van las cosas al resto de vecinos.        Después, eso sí, todos los domingos a comer a casa con Silvina, los tres compartiendo  mesa.

     .-Perdón Don Anselmo, quise decir los cuatro.


 F I N



jueves, 8 de noviembre de 2012

Y llueve


         Y llueve;  La gente en sus casas, las calles vacías, solo un paraguas de vez en cuando protegiendo del agua a un despistado viandante.

    Ahí, a tu lado, un felino amaestrado, adoctrinado para no hacer más esfuerzo que  rozar su costado contra tu pantorrilla y así llamar la atención, para terminar haciéndose el remolón y echándose sobre tu regazo, tapado con los manteos de una mesa camilla que alberga un brasero, cuyo calor, junto con el proceso digestivo, va entrecociendo tus pensamientos y haciendo que tus parpados caigan lentamente hasta entrelazar las pestañas al tiempo que la barbilla se aproxima a tu pecho, momento en el que una sacudida de espalda, te hace abrir los ojos con la única intención de seguir despierto, esperando a que ocurra algo distinto tras los cristales semiempañados de tu balcón, al tiempo que  el murmullo de la radio, te sirve de compañía.

    El politono asignado a tu portátil y una pestaña intermitente, comunican que tienes un nuevo mensaje en la carpeta de entrada de tu correo;  No tienes otra cosa mejor que hacer, ¿porqué no leerlo?.  Retiras hacia un lado el plato, pasas la servilleta levemente por el hule para limpiar ese pequeño espacio de migas para poner frente a tus ojos la pantalla y tener un acceso cómodo al teclado.

     .- ¡Va!........ Es de ese pesado que siempre está agobiado y termina agobiando a los demás, pero bueno, por ser hoy, lo abriré antes de eliminarlo.

     

     Hola, estoy aquí de nuevo.   Solo pretendo asomarme un poquito, para ver cómo anda la cosa por estos barrios.

     No penséis que me he olvidado de vosotros, la verdad es que no han pasado demasiadas cosas que contar, o tal vez sí, pero no me he enterado.

     Ando haciendo mudanza, separando lo que es necesario llevar, de lo que resulta prácticamente inútil, dentro de lo cual estarán todas aquellas que han de quedar en el olvido y que al intentar recordarlas dentro de un tiempo, su idea sea tan difusa, que puedas moldear su recuerdo a tu capricho sin llegar a incurrir en la mentira, aunque de ello resulte una falta parcial de la verdad.

   Es difícil diferenciar la realidad de los sueños, cuando  uno no quiere despertar, cuando el estar despierto supone el aceptar la realidad, una realidad vacía,  mi nuevo hogar.

   Espero vuestra respuesta y a ver si nos vemos un día de estos.


      .- ¿Le contesto 0 no?  Paso....  (Mientras le acariciaba el lomo al minino).

   

       Una sonrisa se dibuja en su rostro cuando escucha un chiste en la radio:  

      Dice que una señora va al médico y le dice:

          .-mire doctor, estoy preocupada, porque tengo complejo de fea.

      A lo que el doctor le responde:

          .- váyase tranquila señora, que lo suyo no es ningún complejo.



Esto le recuerda que hace algún tiempo, que no se pone en contacto con una “amiga” conocida del chat, poco agraciada de tez, pero súper agradable en su conversación, siempre dispuesta a aceptar una video llamada.

     Introduce su nombre (carpanta) y contraseña; Iniciando el Messenger.  .-¿quién estará conectado a estas horas?; .-hombre, Campanilla.(esa niña de pelo corto,  cuerpo menudo y una sonrisa perpetua en esa cara de bicho, de ahí su apodo, con la que pasaba todas las horas de su niñez excepto la noche, en la que los separaba un tabique de ladrillo y unos cuadros colgados en el, como un muro infranqueable que parecía delimitar hasta donde debía de llegar su relación de amistad).


·       Hola campanilla, ¿qué andas haciendo?

·       nada, matando el tiempo

·       lo mismo que yo

·       que aburrimiento, pero salir yo sola

·       si no te molesta mi compañía

·       vale, me pongo las pisacharcos y nos vamos al parque como hacíamos antes, de pequeños

·       paso a buscarte por casa dentro de media hora, pero no te andes pintando el ojo, que no está el tiempo para esperar

·       cuando llegues, llamas y bajo

·       mejor voy con el coche y luego ya veremos

·       vale, si vemos que tal, por aquí siempre hay sitio para aparcar

·       hasta ahora

·       te espero


        Se levanta de la silla pensando: Un poco más y no me deja ni decir hola.  va hasta la puerta, coge del perchero una cazadora y se dispone a marchar. Tras la puerta cerrada, quedan: el gato sobre la silla, aprovechando el calor que aún desprende el brasero, la mesa sin recoger y el portátil abierto, conectado, descargando una película y archivos de música, que han sido programados con la intención de hacer más llevadera la sobremesa de la cena, antes de irse a dormir.

    Ya en el coche, mientras cruza la ciudad sin prisas, dirigiéndose al domicilio de campanilla, se entretiene contando los segundos que pasan entre un movimiento y el siguiente del limpiaparabrisas, al tiempo que busca algún CD apropiado para la ocasión, aprovechando el tiempo en que está detenido frente a un semáforo en rojo.   La lluvia, parece que amaina al ir aproximándose a la calle donde aparcado en doble fila hará sonar el claxon.

       Al momento, se abre la puerta, Campanilla entra, se sienta e inclina hacia su lado para saludarlo con un par de besos en las mejillas.

.- Donde te apetece que vallamos

.- Donde hemos dicho, al parque que había en nuestro barrio

Por el camino, suenan canciones de su adolescencia, que tararean al unísono cada vez que llega un estribillo, entre sonrisas van pasando los minutos.   De nuevo empieza a llover, según arrecia la tormenta, ella grita: 

.-Para, ahí a tu izquierda tienes un sitio para aparcar.

.- ¿pasa algo?

.-no. vamos hasta el parque andando, como cuando éramos pequeños.

    Van bailando con la lluvia acera adelante, mientras hacen aspavientos con los brazos y el agua  que les empapa el cabello empieza a recorrer su rostro.

   Llegan al parque, está desolado, sin niños, descuidado, los columpios en los que tanto jugaron se encuentran oxidados, sin asientos, tan solo las cadenas unidas por un nudo le sirven para sentarse.  Él, desde la parte de atrás, da impulso a su balanceo mientras ella entre carcajadas grita:  MÁS, MÁS.    

  Después pisando los charcos con fuerza para que salpiquen, se acercan al tobogán, siguen riendo, recordando su niñez, suben por la escalinata para resbalarse y dejarse caer hasta quedar con el culo sentado en la arena del suelo una y otra vez incrementando sus risotadas.

  Empieza a anochecer, el tiempo ha pasado volando, cogidos de la mano, y más adelante abrazados como si de novios se tratase, recorren el camino de regreso, olvidándose del  coche.

   Ya en su portal se despiden con un beso,  el primero y único beso de "amor" en toda su relación.

   Él vuelve andando a casa, bajo el aguacero, de cornisa en cornisa.  Su cara irradia una placidez que no le coge en el cuerpo mientras  su boca, tararea idiotizadamente la música de una canción  de la que olvidó la letra, mientras en sus bolsillos refugia las manos entumecidas por el frío.

    Cuando llega a casa, se dirige directamente al cuarto de baño, un escalofrió recorre su espalda de arriba abajo mientras vacía su vejiga. Acto seguido, se despoja de toda su ropa, coge una toalla, la más esponjosa y seca todo su cuerpo de pies a cabeza.

  Puerta con puerta, se encuentra su habitación, su único deseo en ese momento en entrar en calor, pero antes a de apagar el ordenador.

        En ese instante observa que campanilla, ha colgado en su muro algo nuevo:

La felicidad no está fuera sino en uno mismo, y ahí es donde debemos buscarla, las circunstancias externas son solo alicientes que te hacen ser más feliz aún, pero no son la causa.    A mí, ni me ha tocado la lotería, ni tengo a mi príncipe azul, ni el coche de mis sueños, ni el armario de Paris Hilton pero... soy rematadamente FELIZ y siempre tengo un motivo para sonreír!!!
Que paséis una buena noche!!!

      Hoy dejará ese comentario invadiendo su morada toda la noche.  Con andar pausado recorre el pasillo, se introduce en la cama totalmente desnudo arropándose hasta las orejas, se abraza a sí mismo con fuerza, apoya la comisura de sus labios en la almohada y al tiempo que da un beso y luego susurra antes de dormirse para enlazar la realidad con sus sueños: Gracias, gracias por brindarme una tarde tan feliz.

   No he vuelto a saber nada de Carpanta, nada he vuelto a saber de Campanilla, pero el relato de su encuentro me ha contagiado un poco de esa maravilla.     Espero que a vosotros también se os contagie un poco de felicidad, loKura, o simplemente os transporte, para disfrutar en el recuerdo de esos tiempos lejanos de la niñez.



jueves, 18 de octubre de 2012

Volverás


          Estimado amigo Carl.;   Hace tiempo que no leo las historietas y opiniones que escribes en este blog.    Debe de hacer cuatro meses, pero creo que debo de empezar desde el principio.

   Abro el enlace que guardo en favoritos, lo primero que veo bajo el titulo, es el encabezado, esa frase que tantas veces has repetido, y que en más de una vez debías haber aplicado a ti mismo.

   paso antes de nada, a la parte inferior de la pagina, para entender el porqué de tu firma, con una reflexión que ya no recordaba, la cual no sé si habrás logrado llevar a cavo en tus escritos, pero doy fe, de que si lo has intentado.

    El blog lo iniciaste según mis cálculos,  allá por 2009, año de muchos los cambios. Comenzabas con una fuerte carga emocional por la pérdida de un amigo, al tiempo que comenzabas a leer a otro, pero con prudencia.   A los políticos empezaban a bailarle las cifras, habíais decidido, haceros cargo de un nuevo negocio y como consecuencia, ibas a abandonar el mundo de la farándula;   pero bueno, empecemos por lo que ya habías escrito antes, y tenias guardado esperando a tener un sitio donde exponerlo a los demás.

   Desde que escribiste (sensaciones. oct. /2000) Hasta el momento en que pusiste letra a (infancia jul. /2001) Seguiste disimulando una realidad que pretendías.......... solo fuese un sueño;           Ahí, en ese momento, esa noche,  asumiste el futuro, te envolviste en un caparazón para ocultar tus sentimientos y dibujaste en tu rostro un “no pasa nada”.

      Unas noches como acompañante en un hospital, tal vez por aburrimiento,  te hicieron volver a dejar ver un poco de tu interior  y  la idea de un blog, te pareció oportuna;     Te daría más trabajo describir situaciones ficticias, que hacer poco creíbles las vivencias que deseabas mostrar, o más bien recordar después de un tiempo.

   Releo ironías de la vida, 24/01/2010.  Cuantas cosas que contar, tantos sentimientos reprimidos, intentas decir tantas cosas, que no dices nada, simplemente te desahogas, es una manera de pisar la línea de salida y esperar el pistoletazo.

   A los pocos días, ya en febrero, vaya mosqueo por una rosquilla, que no digo que no tengas razón,  eso sí, lo subiste con todas las ganas, tantas que tuviste que moderar algunas palabras para no faltar a nadie.

   En ese año, debió de caer la semana santa  muy pronto, pues terminando marzo, ya echabas de menos las procesiones de tu ciudad natal, tal vez, porque dedicándote a la farándula, eran las únicas fiestas que pasabas en casa con la familia. 

  A partir de ahí, empezaste a contarnos historias sin aclarar que parte de ellas eran más veraces, compartiendo opiniones que intranquilizaban tu mente y aprovechando este medio, para dar a conocer a tus seres queridos y sus días señalados; personalizaste demasiado tus escritos, por lo que en cierto momento te replegaste un mucho a la hora de abrirte a los demás y a ti mismo. Algún día de Septiembre, empezaste a mirar al pasado, quitándole importancia al presente y cerrando los ojos al futuro.     Hasta que un día de junio  se apoderó la impotencia de tu alma y decidiste bajar los parpados al tiempo que tus manos, que tanto tiempo llevaban separadas de tus teclados, cubrieron con fuerza tus oídos para no escuchar el amanecer y así entregarte a la oscuridad de la noche, alimentándote de sueños.

  No sé, ni cuando, ni como despertarás; solo debes saber, que serás bien recibido y seguiré mirando cada poco, para ver si has escrito algo nuevo.