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domingo, 4 de diciembre de 2016

Metaforía Isabelina

En el reloj, sonaron las doce campanadas.

   Amiga, poeta, señora.  Permítame la osadía de en este preciso día, representar en usted, a esas personas (hombres y mujeres) inmersas en un proceso demasiado habitual en estos últimos tiempos.
   En los próximos días, semanas, meses años…
Seguiremos escribiendo,  color verde esperanza, y nuestros poemas hablaran de rojos, azules y amarillos.  De otoños y primaveras. De amores a la luz de luna. 
Y eso será gracias a Ustedes (seres admirables a los que le sobra la fuerza, alegría y determinación, que tal vez nos falta a los que vemos la feria desde la terraza.
   Gracias por ser y estar.
            Y a ti. Isabel Suarez Mtnz-Cruz…..

                                    FELIZ CUMPLEAÑOS.





sábado, 3 de diciembre de 2016

Dónde Marchaste cap.-6º


-------- Dónde marchaste -----
----- Capítulo 6º -----

 Thierry.--    Tranquilo Manuel, aquí nadie se acordará de ti, serás un sobrino mío que ha venido para quedarse.  En estos tiempos hay mucho desplazado.
 Tengo amistades en la iglesia, te harán una documentación nueva y serás un ciudadano francés, como cualquier otro.
    En estos años se han destruido muchos archivos y nadie echará de menos tu pasado.
Manuel.- pero… ¿y la gente que me conocía?
Thierry.- por esos no hay cuidado.     A tu amigo Reinhad, lo mataron y perdona, pero bien merecido lo tenía.  Delató a la mitad de los jóvenes; chavales imberbes que no tenían ni edad, ni ideas, solo por envidia, era un ser despreciable.
   Una noche, mientras paseaba con su mujer, un coche los atropelló;    de él se bajaron unas personas y en el suelo los remataron con un disparo en la cabeza, para asegurar que no delataban a nadie más.
     Un mes después, sus padres se fueron a vivir a Bremen de donde descendían. Dicen que allí casaron a su hermana, Ilse, (con la que paseabas del brazo los domingos), con un tal Rudolf Fischer, que dicen tenía la graduación de Mayor y estaba destinado en un acuartelamiento por Wurzburgo.
Manuel.-  ¿está seguro?
Thierry.- sí claro, eso dijeron
Manuel.- no puede ser. Entonces…
Thierry.- entonces qué
Manuel.- nada, nada, tal vez un día le contaré una historia

   Manuel comprendió entonces que Ilse, había reconocido sus poemas y caligrafía desde el primer día.
          Tal vez por esa razón, el mayor le ayudó a escapar y entonces…  la persona que ardió dentro del coche era ella y él sin saber nada.  Si lo hubiera sabido…
      
  En un par de semanas tenía todos los papeles arreglados. Thierry, entró por la puerta sonriente con un sobre en las manos y dentro su nueva identidad.

Thierry.- vamos siéntate y abre este sobre, ya tengo ganas de saber cómo he de llamarte a partir de ahora.
Manuel.-  ¿se puede ceer usted que me da miedo?
Thierry.- miedo, de qué.      ¿De que se te reconozca como persona?    Has cargado demasiado tiempo con un nombre tan falso y pesado, como las monedas de plomo.
Manuel.- sí pero…
Thierry.- ¡ábrelo ya!

      Despegó la solapa sin romperla.      De dentro sacó un librito y dio la vuelta a la tapa delantera para ver la primera hoja.    
    Allí estaba su nuevo nombre,  y la fecha de nacimiento:

              Frederick…………. 5 JUIN 1898

Thierry.- que ironía, después de todo lo que has pasado y que me fuiste contando, que te vayan a poner un nombre de origen germánico y que además celebra su onomástica,   (Frederick de Utrecht)  el 18 de Julio. Será para que nunca olvides ni a Hitler ni a Franco.   Bueno, ni a Lorca

         Un intervalo de silencio.  Cogió las manos de Thierry y las besó.

Frederick.- gracias, muchas gracias
Thierry.- ¿entonces te gusta?
Frederick.- gracias, muchas gracias
Thierry.- vamos, pon los platos y vamos a comer

           A los pocos días ya con su documentación en regla, empezaría de nuevo a trabajar en los documentos pendientes de archivar en la catedral.  Thierry le iría enseñando paso a paso cómo realizar  el cuidado y conservación de aquel monumento.

     Por fin terminó la guerra. Europa había quedado destruida, los hombres y mujeres trabajaban en su reconstrucción.
        Aun sin tener un título en sus manos, fue requerido, como profesor de arte y de literatura para un colegio cercano, pero su mente seguía estando tras aquellos gruesos muros de piedra.
     
Thierry.-  ¿por qué haces esto?    No te das cuenta de que ahora tienes una gran oportunidad
Frederick.- mi gran oportunidad es estar a su lado, aquí, siempre aprendiendo
Thierry.- pero si eres profesor, serás valorado;  mira, algún día publicaras tus poemas, relatos y ensayos, porque tienen algo especial, son muy buenos
Frederick.- para usted es muy bueno todo lo que yo hago, pero queda mucho que aprender y tengo el mejor maestro
Thierry.- yo que te voy a enseñar, si apenas aprendí a leer
Frederick.- no se da cuenta que si usted hubiese estudiado en los libros, tal vez no tendría nada que enseñarme.   Lo  que me enseña, nadie lo escribió, eso quiero aprender
Thierry.- estás muy loco, pero eso me da igual.   Hagas lo que hagas, siempre podrás contar conmigo y el día que tú decidas marchar, será para bien
Frederick.- lo sé, pero no es esa mi intención.

         Con los años el anciano, se vio postrado.   Demasiadas penurias para aquellos frágiles huesos que ya pedían tierra.
    Frederick lo cuidó como si de su mismo padre se tratase.    
          Noches en vela a su lado controlando que no desmayase su aliento.   Jamás le faltó una caricia de sus manos, ni los más dulces besos de ese hijo que nunca tuvo.

     El día en que Thierry murió, Frederick, heredó todo lo que le pertenecía:
    La casa, el trabajo, incluso su apellido llevaba puesto en sus documentos.
          Nunca olvidaría sus últimas palabras:
       …---- nunca dejes de escribir poesías, ni de adornarlas con gracia en tus caligrafías.   Sigue regalándoselas a las personas de bien y tendrás la mejor recompensa.   Ver su felicidad.

       En el interior de la tapa de la caja de madera, mientras los conocidos lo velaban, escribió las más sentidas letras y las adorno con todo tipo de orlas de color, como exclusivo pago a todo lo que había enseñado en ese tiempo.

      Solo, en aquella pequeña casa, Frederick vivía esperando a que nadie llamase a la puerta;  para qué.  Siempre que alguien había llamado a su vida, esta se había visto truncada.

     Cada noche, junto a la ventana, mientras veía a la gente caminar de vuelta a casa, escribía versos y los adornaba, para a la mañana siguiente darlos a la primera persona con la que se cruzaba por la calle camino al trabajo.
  Trabajadores y trabajadoras que le pagaban con la mejor moneda:
    Las gracias acompañadas por una sonrisa y algún que otro abrazo.

      En la catedral, enseñaba el tesoro a los visitantes;  luego junto a ellos hacía un recorrido por todas las dependencias, explicando cada una de las obras de arte; se paraba en cada cuadro, en cada verja, en cada columna, en cada adorno por insignificante que pareciese, explicando todos sus detalles e historia.
  Tras acompañar a los visitantes hasta la puerta y recordarles que allí había un cepillo para donativos que siempre serían agradecidos, se dirigía en soledad hasta el altar mayor.
   De rodillas rezaba unos minutos y en su oración rogaba en voz baja por el alma de su gran maestro.  Finalmente siempre reservaba un instante de silencio para recordar a esa, a la que nunca volvio y que jamás olvidó…
     …Su añorada España.





jueves, 1 de diciembre de 2016

Dónde Marchaste cap.-5º


-------- Dónde marchaste -------
----- Capítulo 5º -----

        La lluvia empezó a caer con fuerza.   Los motoristas llegaron a la zona del siniestro.   El vehículo continuaba ardiendo. 
    el mal tiempo hizo que dejasen allí los cuerpos tendidos, a merced de las alimañas.   Como prueba de su hallazgo, arrancaron los distintivos del uniforme del Mayor y emprendieron camino de regreso.

       El dolor infringido por las mordeduras de un zorro en su pierna desnuda, hizo despertar a Manuel.
 Sintió frío, a gatas se aproximo hasta el cadáver del Mayor para despojarlo de sus ropas y vestirse con ellas.
       En el interior del coche, aun quedaban restos de calor.
   Junto a la puerta abierta, sin querer mirar la desagradable imagen que albergaba, fue recuperando el aliento.  Después, a cierta distancia de la carretera para no ser visto, caminó, horas y horas, hasta llegar a algún lugar habitado.
      Por suerte unos edificios altos eran alcanzados por su vista antes del atardecer.  Aprovecho entonces para descansar hasta bien entrada la noche.
          Oculto por la oscuridad,  de esquina en esquina, fue buscando algún lugar abandonado donde guarecerse.

        Frente a él, las puertas de un cementerio, (que mejor compañía que aquellos que ya nada pueden hacer) allí, al menos los muros lo resguardarían del viento.
 Al fondo dentro de una caseta, se dejaba ver el resplandor de una fogata. Sigilosamente se fue acercando con cuidado. Por la rendija de la puerta, pudo ver tres desarrapados al lado de unos pocos palos ardiendo.
     Abrió la puerta y al entrar...   Ellos quedaron inmóviles, pálidos ante su presencia.     Al percatarse estos de que iba solo, uno de ellos gritó:
       ..--- ¡a por él, que no escape!
       ---Manuel  replicó con asombro---.
      .---  tranquilos, tranquilos, soy amigo
      Claro, él no se había percatado de las circunstancias.
Iba vestido con un uniforme del ejército del reich.
Manuel.- buenas noches, ¿quiénes sois?
Pierre.-  personas perseguidas por los nazis
Florián.-  ¿de dónde has sacado esas ropas?, ¿las has robado?     
                Manuel les contó lo sucedido en el accidente, sin extenderse en detalles que a nadie le importaban.
Gastón.-  pues tienes suerte, estás vivo y con ropa de abrigo
Manuel.- ¿y lleváis aquí mucho tiempo?
Pierre.- no, solo dos días, estamos esperando a que pase un tren que siempre va sin vigilancia,  transporta carbón y nos llevará hasta cerca de la frontera francesa
   
    Manuel conocía bien aquel tren y donde tenía su parada.

Gastón.- en un par de días pasa y en los últimos vagones, nos subiremos e iremos tumbados sobre el carbón sin ser vistos.
Manuel.- no se os ocurra montar en ese tren
Florián.- es el más seguro de todos
Manuel.-  sí, con destino al infierno
       (Les explicó dónde paraba y lo que allí sucedía).
     Después de escuchar aquella historia, decidieron seguir su camino campo a través.   Sabían que Francia a igual que toda Europa estaba ocupada, pero intentarían llegar hasta el norte de España y allí en cualquier puerto enrolarse en algún barco que los llevase a América.
    Cada vez que  avistaban alguna población, esperaban a la noche para robar y abastecer sus zurrones, prosiguiendo camino antes de amanecer.
    En una de aquellas noches, se vieron sorprendidos por una patrulla motorizada haciendo ronda.     Antes de que disparasen sobre ellos,  Manuel,  erguido, mostrando bien su uniforme y  con el brazo extendiso, gritó:
     .--- Heil Hirler! Con voz alta y clara
        Cuando se acercaron confiados, se abalanzaron sobre ellos golpeándolos hasta quedarlos sin sentido, después los despojaron de sus uniformes y armas.
    Los cuatro envalentonados por su hazaña, montaron en las dos KS-750; con ellas llegarían a las inmediaciones de Saint-Avold, donde la gasolina dijo que no daba para más.
         Metz, no quedaba lejos de allí, Manuel pensó que tal vez encontraría a algún conocido que les pudiera dar refugio donde descansar unas horas.
    Pasados unos días, al llegar a las inmediaciones de aquella ciudad, Manuel se cambió la ropa con Gastón y se fue en busca de un antiguo conocido, mientras ellos esperaban escondidos en una arboleda cercana.

      Cuando se abrió la puerta, lo reconoció al instante solo con mirarlo a los ojos
…--- entra, entra. Date prisa.
             Una visita tan inesperada, como agradecida.

         Thierry, un anciano que ya desde niño, con su padre, había estado encargado de la conservación de la catedral, le había cogido mucho aprecio a ese exiliado delgaducho de gran sensibilidad por el arte y buen trabajador que ahora se acercaba a saludarlo de nuevo.

 El lugar estaba dividido entre perseguidores y perseguidos, él no pertenecía a ninguno de ellos. Por su avanzada edad, ya no les interesaba a los señores de la guerra.
Thierry.- cuánto tiempo, cómo te he echado de menos
Manuel.- yo, también a usted
Thierry.- pero cuenta, cuenta
Manuel.- poco hay que contar, alegrías ninguna y de las calamidades para que hablar
Thierry.- pasa a asearte y quítate esas barbas.  guardo ropa en el armario de cuando era joven que te quedará bien y mientras te haré una sopa caliente que te entone el cuerpo.
Manuel.- no se moleste
Thierry.- no es ninguna molestia, todo lo contrario

     La camisa, el traje y los zapatos de Thierry, le quedaban como anillo al dedo.     Saboreaba la sopa de pan cerrando los ojos (le recordaba a aquella tan rica que comían en su casa cuando era niño) de repente miró por la ventana y se levantó de la silla sobresaltado.

Thierry.- qué te pasa
Manuel.- me sentía tan a gusto en este sueño, que se me había olvidado
Thierry.- se te había olvidado qué
Manuel.- en la arboleda, me esperan tres compañeros de fatigas, si nos pudiese esconder un día, luego seguiríamos con nuestro viaje
Thierry.- pero, cómo no lo has dicho antes, todo el que venga contigo, es bienvenido en esta casa.   
 Tú vete a buscarlos y yo prepararé unos colchones en el sótano donde estarán seguros.     Pero antes termínate la sopa.

             Un rato más tarde…

Pierre.- mirad, por ahí viene Manuel
Gastón.- pero si viene hecho un pincel
Florián.-  nadie diría que se ha pasado todo este tiempo en el monte
Gastón.- trae cara de buenas noticias
Pierre.- espero que sí, o se me olvidará lo que es dormir bajo techo
Florián.- a mí ya se me olvidó
Manuel.- todo arreglado en cuanto anochezca nos vamos
Gastón.- ya nos tenías preocupados, pero veo que has aprovechado el tiempo
Florián.- ¿tendrá la culpa alguna señorita?
Pierre.- o tal vez algún señorito
Manuel.- dejaros de bromas, vamos a la casa de un señor mayor. Por favor, no me defraudeis
Florián.- tranquilo, en esta vida hay que saber agradecer y lo que hace este señor con darnos cobijo, en más de lo que podremos pagar

     Tras la ventana, esperaba atento para abrirles la puerta.

Thierry.- vamos pasar, voy a cerrar la ventana y sentaros a la mesa que vendréis hambrientos
Pierre.- no se preocupe usted
Thierry.- poca cosa tengo, pero lo suficiente para que no os vayáis a dormir con el estómago vacío
Gastón.- no tenemos con qué pagarle
Thierry.- con acompañar hasta aquí a Manuel, me doy por pagado
Manuel.-  muchas gracias Thierry

      Los cinco platos de la mesa, se colmaron de papas cocidas.   Sal, un poco de pimentón picante, una cucharada de aceite ya usado como condimento rápido y a cenar.   
           De todas formas…  tampoco, había otra cosa.

Pierre.- está rico, nunca había probado esto así
Thierry.- es una receta que me enseñó Manuel, entonces me hice con un poco de esto rojo y aún me dura
Manuel.- siempre fue mi plato preferido
Thierry.-  cada vez que se le daba el antojo decía:    ¿le apetece que comamos juntos?, y yo siempre le respondía afirmativamente.   Sí, estaba deseando que me lo dijese.
Gastón.-  Manuel es todo un señor y se hace querer

       En un abrir y cerrar de ojos los platos estaban vacíos.

Thierry.-  solo hay dos habitaciones, así que para vosotros tres hay preparados unos colchones en el sótano, abajo no hace frío y podréis estar tranquilos,   pero antes de bajar a dormir quitaros esos cinturones,   no pernito armas en mi casa, las esconderé en sitio seguro y cuando llegue la hora os las devolveré.

       Los tres se bajaron a descansar, Manuel y él, tenían de muchas cosas de las que hablar.

        Pasaron varios días allí.  Thierry como viejo les aconsejó.
 Después de pensarlo bien, ya en territorio francés, los tres decidieron seguir camino.   Cada uno se dirigiría a su lugar de origen a comenzar de nuevo.     Para irse a las Américas tiempo habría. 
     Siempre encontrarían a alguien que los escondería hasta finalizar la guerra.

Manuel, no estaba seguro de querer volver a España y por otro lado estaba deseando de cruzar los Pirineos, dirigirse hacia Despeñaperros y después su Andalucía. Pero…

Thierry.- no tengas prisa Manuel, aquí estarás muy bien, piénsalo.
Gastón.- tiene razón el viejo, te queda un largo camino ¿Que más te da, unos días más o menos? 
       Thierry, tiró de fondo de armario y les sacó ropa para que los tres se vistieran decentemente;   más tarde, ya se encargaría él de quemar aquellos uniformes tan peligrosos.

Thierry.- aquí no os conoce nadie, podéis estar tranquilos, así que os cambio vuestras pistolas, por un poco de dinero que tengo guardado.  Al medio día, pasa un transporte que va a París
Florián.- no eso no, no podemos aceptar su dinero
Thierry.- ¿y cómo pensáis llegar a París? Luego desde allí ya cada uno a su destino
Gastón.- esto me parece excesivo
Thierry.- considerar que es un préstamo que os hago con una condición,   tendréis que volver a devolvérmelo en el plazo de cinco años. ¿De acuerdo?
Pierre.- tenga usted por seguro que volveré a cumplir con el acuerdo
Thierry.- tranquilos, siempre confío en la palabra de un hombre

    Se despidieron con pena, como si se conociesen de toda la vida. 
      En la puerta, agitando la mano, quedaron el viejo Thierry y el amigo Manuel.