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lunes, 3 de junio de 2019

El precio de Soñar




      Clavada rodilla en suelo
y los codos apoyados
en el banco de delante.
    Frente a la boca que reza
las manos entrelazadas
solicitando perdón.
    La mirada en esa cruz
coronada por espinas.
   La mente…  quien sabe donde
y el alma llorando sangre
bajo la luz de un candil
que cuelga  en aquella esquina.

     Su plegaria no atendida
por los hombres y mujeres
que por la calle transitan
viene a contarle a su Dios
a ver si este la escucha.
     Tan solo un cacho de pan
para llevar a la boca
en un rincón abrigado
con un cartón como cama.
     Tan solo poder dormir
sin el asedio de porras
de los hombres de uniforme,
y poder soñar de nuevo
con sus días de juventud
vestida de linda dama.









domingo, 2 de junio de 2019

La Vida Pasa






    Pasa el río bajo el puente
relatando sus vivencias,
cómo ondulada melena
teñida de transparencias,
que dejan su fondo ver
reflejando las ausencias.

      Pasan las nubes despacio
empujadas por el viento.
vienen saludan y marchan
sin tener noción del tiempo.
Unas refrescan el alma
y otras dejan sin aliento.

     Pasan los días, las noches,
de este a oeste sol y luna.
Lo que ayer era futuro
con el hoy se disimula,
las sensaciones del alma
se guardan en el  pasado
y en el presente ninguna.

      La vida pasa entre risas,
pasa la vida entre llantos.
La vida pasa deprisa
como las aguas del río
que arrastra aquello que flota
 y solo…  quedan los cantos.

















La Hoz y El Martillo






    Toda la noche, despiertos,
el perro aullando, y no cesa.
   Al amanecer se acerca
el doctor en su calesa,
vestido con traje negro
y un maletín, que no pesa.

     Los cuervos lo ven llegar
y en el tejado se posan
con sus graznidos burlescos.
    El gato trepa a ahuyentarlos
dejando en la cal el rastro
de uñas ensangrentadas.
     Emes de muerte, resecas,
por el sol de la mañana.

    Allá por el medio día,
de sotana y alzacuellos
con un hisopo en la mano
entra el cura por la puerta.
    Mientras recorre el pasillo
la estola se va poniendo,
el murmullo disminuye,
el silencio se hace eterno.

    Con aliento entrecortado
un vejestorio en la cama
abre el ojo sin querer.
    Ve al cura con el hisopo
y rasgando su camisa
el pecho le deja ver.
     Una hoz con un martillo
tatuada está en su carne
junto a un nombre de mujer.

    El doctor, toma su pulso.
         La sotana retrocede.
            Los hijos, piden perdón.
   El perro mueve la cola
al ver que los cuervos huyen,
y el gato salta a la cama
para lamerle la mano.

       Una sonrisa en sus labios
y el pecho le resplandece
cuando a esa mujer, él nombra.
      Es el nombre de su madre,
la que un día le dio a luz
y ahora ha venido a buscarlo
tras esa noche de sombras.