Translate

miércoles, 5 de abril de 2023

Judas.

 

ܝܗܘܕܐ ܣܟܪܝܘܛܐ 

 

       Iscariote, el traidor.

    El que tras vender al maestro

de un árbol, fue y se colgó.

encargado de cumplir

 esa divina misión,

para llevar al calvario

al hijo de su señor.

 

        Todos desaparecieron.

    Los que se sabían honrados.

ninguno dijo que estuvo

en aquella última cena.

      A bajarlo de la cruz

nadie tampoco acudió.

 

        Por su traición repudiado.

    Así pasará a la historia.

Pero él…   Nunca lo negó.


 

Gorras en el armario 035

 

 

 

       Al poco tiempo se celebró la esperada charla, solo unos pocos alumnos junto a sus padres asistieron “ya que debía de ser fuera del horario lectivo”    algunas personas  de dispar edad junto a los maestros y pocos más.

   En el escenario del salón de actos El doctor Hernández, Paula y Jaime.

      Al final de todo, en la oscuridad, semiescondido por unas cortinas escuchaba Samuel, que decidió quedarse allí, en vez de ir a jugar al parque.


      Los escuchó con atención antes de salir de allí a hurtadillas intentando  que nadie se percatase de su presencia.

 

         Jaime todos los días estaba presente en el patio representado en las gorras de Adry e Inma que se las ponían a diario.

        De pronto uno de los del corro le dijo a Samuel:

 Niño.- mira que gorras más floridas llevan las tontas esas.      ¿A que no te atreves a ir y cogerle una?

Samuel.- no me apetece

 Niño.- eres un cobardica, desde que te untó el morro…

Samuel.- vamos y si te atreves se la quitas tú

Niño.- pues claro que me atrevo.     Vais a ver quién es ahora el líder

                Se acercaron a ellas y cuando estaban al lado, Samuel sacó la gorra de su bolsillo y se la puso.

-            Todos lo miraron asombrados.

Samuel.- solo hay un problema, ven, que primero me la tienes que quitar a mí

          - quedaron quietos, esperando acontecimiento-

Adry.- ¿Qué pasa Samuel?

Inma.- a quien se arrime me lo como

Niño.- mirar ahora es amigo de las niñas, ja, ja, ja,

Adry.- ¿algún problema?

Maestro.- ¿Qué pasa aquí?

Samuel.- nada, que este se estaba metiendo con las chicas

Maestro.- vamos, cada uno a su sitio de costumbre

Niño.- traidor

Samuel.- repítelo y vas  al hospital y mañana los dos al despecho del director

Adry.- déjamelo a mí

Maestro.- vosotros marchar de aquí y que no se os vuelva a pasar por la cabeza meteros con ellas

     -La multitud que estaba observando se dispersó, ellos se alejaron pero Samuel se quedó hablando con ellas-

Inma.- ahora te has quedado sin amigos por nuestra culpa

Samuel.-  da igual, de todas formas…

Adry.- si quieres puedes estar con nosotras en el recreo

Inma.- pero para estar en este rincón, hay que tener la gorra puesta y a ti te queda muy bien

Adry.- así para atrás te hace cara de malote

Samuel.- pues entonces me la pondré con la visera hacia delante

Inma.- así te queda mejor

Samuel.- me gustaría pedirle perdón a Jaime, yo no sabía lo que le pasaba.    Bueno tampoco me importaba, pero ahora sí

Adry.- ¿qué te pareció la charla del otro día?

Samuel.- ¿qué charla?

Adry.- que te vimos Samuel, no te hagas el tonto

Samuel.- no quería que me viesen, me daba vergüenza

Inma.- tú eres tonto, a ver si no vas a poder ir donde tú quieras

Samuel.- ya, pero…

Adry.- tú haz lo que te parezca y cuando quieras, pues te pones la gorra y ya sabemos que vienes a estar un rato con nosotras y cuando esté Jaime, seguro que le das una alegría

  Samuel se fue el solo a dar vueltas por el patio y pensar, pero sin quitarse la gorra ante aquella mirada acosadora y burlesca del sus antiguos amigos.

   

   Pasó varios días juntándose con unos y otros fingiendo no pasar nada por su cabeza y mirando de reojo el rincón donde sabía lo esperaban con una única condición.

     -Jaime se encontraba mejor y volvió a ir al cole-

      Al entrar en clase pudo percibir la alegría de Samuel al verlo y al pasar por su lado le extendió la mano para chocar sus palmas.

            A la hora de recreo Samuel se fue al servicio y se sentó en la taza del retrete un rato; buscaba las palabras con que hablar con Jaime.     Cómo comerse su orgullo y pedirle perdón delante de todos.    

        -Salió al patio, se puso la gorra de nuevo y se fue hasta el rincón-

Samuel.- Gracias por la gorra Jaime

           -se dio la vuelta y alzó los brazos gritando-

Samuel.- ¡VENIR TODOS QUE TENGO QUE DECIR UNA COSA!

     -Los primeros que se acercaron fueron los maestros y tras ellos el resto de alumnos de los diferentes cursos-

Samuel.- quiero pedir perdón a Jaime por lo que paso aquél día y que sepáis que a nadie se le ocurra meterse con él 

  -Allí sonriente mezclado entre todos, el nuevo cabecilla de la pandilla –

Niño.- se nos ha vuelto mariquita

         -Como un resorte, todos volvieron la cara hacia él mirándolo con desprecio-

Samuel.- tus dientes tienen los días contados

Maestro.- tranquilo Samuel que lo estabas haciendo muy bien

-Jaime extendió su mano abierta-

Jaime.- ¿amigos?

Samuel.- amigos, “estrechando su mano con fuerza”.

           Fueron pasando los días y poco a poco el patio se fue llenando de cabezas con gorra en solidaridad con la enfermedad de Jaime.

           Los maestros no podían ser menos, tan solo unos cuantos se resistían a la nueva normalidad.

  Todo aquello que sucedía en el patio se fue trasladando al parque a la salida del colegio;       los abuelos y abuelas también lucían bonitas viseras cuando llegó la primavera y se podía estar de nuevo aprovechando los rayos de sol mientras sus nietos jugaban.

      De aquello se llegó a hacer eco el periódico local con una foto de portada y acompañada de un artículo en las páginas centrales.

    Y el tiempo pasó y pasó, terminó su tratamiento con éxito y le dieron una medicación de continuidad con la que debería estar varios años junto a  varias revisiones periódicas, análisis y pruebas, pero eso ya no tenía casi importancia.

        A finales de verano, casi al mismo tiempo que a Jaime le empezaban a brotar nuevos cabellos.

        Mediados de septiembre cuando los siete cogieron carretera en los coches de Raúl y Laura para pasar esos días que habían planeado hace tanto tiempo al lado de la playa.

   Allí, uno de esos días, en aquel hotel, tras la merienda, justo coincidiendo con un bello atardecer por fin se decidió Claudio a pedirle a Paula ser novios.     Algo que celebraron como siempre juntos, sin lazos de sangre pero como una pequeña gran familia.

   

            Al poco tiempo de comenzar el nuevo curso, las gorras quedaron guardadas en el armario,  metidas en una caja en cuya tapa estaban apuntadas cada una de las fechas en que tuvo que ir al hospital a someterse a la quimioterapia para poco a poco ir ganando batallas.

    

    En aquella caja, en el armario, junto a las gorras aún duermen muchos detalles;    junto a todos los informes,   una aguja con palomilla, una caja de pastillas caducadas después de los años, la piedra que le dio su abuelo y un mechón rubio de pelo atado con una goma que su madre llevó consigo durante todo ese tiempo.

     

 

 

 


 

 

“FIN”

Y la vida, debe continuar.

 

 

 

domingo, 2 de abril de 2023

Gorras en el armario 034

 

 

       Esa mañana Laura de la mano de Jaime habló con el director de colegio para que estuviese al tanto y que en breve desde la asociación le llamarían para acordar el día y horario de la charla solicitada.

     También que traían un regalo para Samuel (cosas de Jaime)

Director.- le importaría que se le diera el regalo en mi despacho

Laura.- pues casi mejor,  Jaime se lo pensaba dar en el patio; pero delante de todos lo mismo hasta le incomoda;  pero me gustaría que estuviesen los tres mosqueteros

Director.- deja el regalo aquí en mi mesa y antes de la hora del recreo,  mando a buscar  a los cuatro para una reunión en mi despacho.

Laura.- has oído Jaime, nadie tiene que saber nada

Director.- usted si quiere puede estar también, pero sería mejor que los dos esperásemos en el pasillo

Laura.- sí entre niños se entienden mejor

       Jaime entró en clase; Laura se fue un rato a la oficina y un poco antes del recreo se sentó en los asientos que había en el pasillo junto al despacho del director.

          -El bedel abrió la puerta del aula-

         .- Jaime, Inmaculada, Adriana y Samuel al despacho del director ahora mismo

Samuel.- ¿pero qué he hecho ahora?

Maestro.- en fila y en silencio

Samuel.- ya me tenéis harto, yo no he hecho nada

      Todo el camino Samuel delante murmurando entre dientes, ellos tres detrás con una sonrisa oculta.

    Cuando Samuel vio a la madre de Jaime sentada junto al despacho, le empezaron a temblar las piernas, tanto que se puso blanco e hizo ademán de caerse al suelo por un momento.

     -Laura se levanto enseguida para sujetarlo del brazo-

Laura.- ¿te mareas?

Samuel.- ¡NO! Déjeme en paz, yo no he hecho nada

    -Abrieron la puerta y lo sentaron, no se fuera a caer-

Director.- estate tranquilo que no pasa nada, es una sorpresa

Samuel.- siempre igual

Director.- perdona, es culpa mía

Jaime.- solo queríamos darte un regalo que dejaron los reyes para ti en el hospital

Samuel.- los reyes no existen

Jaime.- si existen, yo les pedí un regalo para ti y lo trajeron

         Samuel cogió el regalo entre sus manos y empezó a desenvolverlo sin apenas romper el papel

Samuel.- que gorra mas chula

Inma.- a que sí

Samuel.- ¿pero para mí? ¿Por qué?

Adry.- para que tengas una y no se la tengas que quitar a nadie

Jaime.- si quieres podemos ser amigos,  pero si no,  da igual, la gorra es tuya

-Samuel se quedó pensativo-

Director.- ¿te da vergüenza ser amigo de un niño “raro” (haciendo un gesto de comillas con sus dedos) y dos niñas?

Samuel.- no lo sé; nunca nadie me ha regalado nada

Laura.- tú piénsatelo unos días y luego ya decides, pero no tienes que jugar con ellos ni nada, solo saber que sois amigos

Director.- ya podéis salir al patio a jugar

    -Samuel dejó el papel sobre la mesa y guardó la gorra en el bolsillo del abrigo-

              Ellos tres como siempre a sentarse al rincón, ese día con sus gorras en la cabeza;  Samuel junto a su grupo de amigotes, callado y sin dar explicación de lo que había pasado en el despacho.

 

                    Se aproximaba el día de su tercera sesión de tratamiento y sabían que durante la primera semana no lo verían, a no ser que se acercasen a su casa.

    Todos los días tenía visita lloviese o tronase;   antes de la hora de cenar Paula y Claudio, pasaban a estar un rato con ellos después de tomar una caña, antes de que de que Claudio se fuese al Hospital.

            Al rato llegaban Patri y Raúl y después de que se acostase Jaime, quedaban un rato hablando de cómo iba la cosa.

               Pero una de esas tardes Ernesto estaba en casa, así que Laura se fue hasta el parque y pidió permiso a los abuelos para invitar a merendar a las amigas.  

“Al terminar Ernesto las llevaría a casa”.  

      Por supuesto que accedieron a la invitación.

 

Laura.- Jaime, mira quien ha venido a verte

Jaime.- ahora me levanto

Ernesto.- mira que guapas vienen estas mozas, sentaros en el sofá que ya sale la merienda

Laura.- vamos, que están esperando

Jaime.- ya voy

         -Ernesto fue hasta la habitación-

Ernesto.- lávate bien la cara y ponte la gorra

Jaime.- ¿pero quién es?

Ernesto.-  pues Inma y Adry

      -La cara se le iluminó y pareció pasársele el cansancio y el dolor de cuerpo al instante-

Ernesto.- ¡ahí va el mozo!

Laura.- lo que llega a fortalecer una mujercita bonita

Ernesto.- pues imagínate dos


      -  Para merendar, un chocolate con tostadas.

    De pronto, como por arte de magia el hambre había vuelto al estómago de Jaime y su rostro lucía con esa gran sonrisa.