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sábado, 7 de diciembre de 2024

El resurgir - Cap.- 19

 

"Ver con los ojos cerrados" 19

 

 

        El comedor estaba colocado en perfecto estado de revista para una gran celebración, ciertas cosas se tenían que hacer a lo grande.

    Llegaron los mayores, tras un poco de charla acompañada de unos vinos y se fueron sentando a la mesa.

   Arturo y Roberto como cada año eran los encargados de servir y luego ocupar los dos sitios presidenciales uno frente a otro.    Aunque las creencias no fueran demasiado arraigadas, a Hortensia (madre de carolina) le gustaba bendecir la mesa como acto de respeto y dar gracias por otro año más.

 

             Ese año la familia había crecido y todo eran preguntas para los recién llegados.    Lourdes se sentía rara pero cómoda, todavía estaba alucinando con la destreza, con que se manejaba esa gente y la alegría que allí se respiraba, nadie pretendía ser más que nadie, las “deficiencias” no eran impedimento para sentirse iguales, y el aparentar, tan solo un defecto de las personas que estaban al otro lado de esas puertas ahora cerradas, para evitar molestias.

      Entre risas y anécdotas que cada uno iba contando para amenizar la velada, llegó el segundo plato.   Como no podía ser de otra manera, Nerea ya empezó a protestar por algo. (Ya ves tú, le habían servido tres filetes en salsa y ella solo quería que le pusiesen dos).   

Fernando.- Nerea, pues lo que no quieras lo dejas

Nerea.- pero si es que le he dicho a Roberto que solo quería dos

Fernando.- ponlo en mi plato y ya está

     --El filete se escurrió del tenedor y fue a caer sobre sus piernas—

Fernando.- ves si no te llegas a poner la bata, es que eres muy cabezona

Nerea.- Si es que se lo he dicho y él, ni caso

Roberto.- vamos, que no ha pasado nada

Carolina.- que hoy es Nochevieja y hay que empezar el año con alegría, por favor

     La calma y los chascarrillos, volvieron de nuevo a la mesa.  Tomás ya estaba con los brazos cruzados esperando a que el resto terminase.

Antonio.- ¿no comes más?

Tomás.- no, ya no quiero más

Antonio.- pues está muy rico

Pedro.- déjalo, si no quiere, no tendrá hambre

Lucía.- ¿Qué no tendrá hambre? Julia dile a Pedro lo que le pasa a Tomás

Pedro.- si ya me lo imagino

Julia.- Tomas ¿de qué es este año la tarta?

Tomás.- y yo que sé

Julia.- ¿y qué hacías abriendo el frigorífico cuando yo estaba sacando los vasos del armario? 

Tomás.- no sería yo

Beatriz.-  si Julia dice que eras tú, bien segura estoy yo

Lourdes.- ¿y os reconoce a todos? Y cómo

Lucía.- por la forma de andar y la manera de respirar

Tomás.- ya os dije que lo que tiene de guapa, lo tiene de bruja

Lourdes.-pues entonces sí que es muy bruja

        La tarta ya salía en los brazos de Arturo;  en otro carro, sacaba Gervasio un barreño grande lleno de hielo, donde estaban metidas las botellas de cava y sidra, y la parte de abajo llena de cuencos con las correspondientes uvas para cuando llegase la hora.

       Como siempre, ya que Julia no era mucho de dulce, se puso a tocar algún que otro villancico tradicional, de esos que todos sabían al menos tatarear.

     Lourdes dejó a un lado su vergüenza y como agradecimiento a esa gran cena se puso junto al teclado a cantar;  tenía una voz muy agradable y entonaba muy bien.   Aquello era una novedad, una gran sorpresa incluso para sus padres.

Verónica.- pero que bien canta y yo no sabía nada

Samuel.- es la reina del karaoke los viernes por la tarde

Manuel.- ¿y cómo no nos habías dicho nada?

Samuel.- porque son cosas sin importancia

       Cuando empezaron a aplaudirle, ella se puso colorada  y bajó la cabeza.

Julia.- no te de vergüenza, si lo haces muy bien

Lourdes.- si no me da vergüenza

Julia.- estás colorada como un tomate y nerviosa como un flan ¿Qué te apetece cantar ahora?

Lourdes.- y como sabes tú que estoy nerviosa

Julia.- se te oye el corazón acelerado desde la calle y el calor que desprendes parece el de una estufa de leña

Lourdes.- muchas gracias Julia

Julia.- ¿Gracias? ¿Por qué?

              --Lourdes  acercó su boca al oído de Julia –

Lourdes.- tú eres la culpable de que en mi familia nos esforcemos por ver con los ojos cerrados

Julia.- vamos a cantar otro villancico, que se están quedando fríos

    Al lado de Julia. Lourdes se sentía ya súper relajada; la admiración que desde ese momento sentía por ella y el resto de compañeros, no le dejaba sitio en el cuerpo para sentimientos de menor valor.   La vergüenza, la envidia y todos sus complejos, se habían quedado escondidos en un rinconcito, del que a partir de ese día, pocas veces volverían a salir.

    Se aproximaban las doce; Roberto puso sobre la mesa un pequeño transistor en el que estaba sintonizada Radio Nacional.    La mesa quedó limpia en un momento, sobre ella, solo las copas llenas de champán, los cuencos con doce uvas y unas bandejas en el centro donde se mezclaban turrones, polvorones, bombones y mazapanes.

     Un año lleno de ilusiones estaba a punto de comenzar y así dejar atrás esos trescientos sesenta y cinco días de los que recordar todo lo bueno que habían dejado y olvidar los sinsabores, que era mejor dejar escapar de entre la punta de sus dedos.   No merecía la pena guardar calamidades.

   Sonaron los cuartos, las doce campanadas fueron acompañadas en silencio por las doce uvas, que fueron tragadas por cada uno como pudo, y al finalizar todos en pie (Nerea y Carolina, sujetas por los que estaban a su lado), con la copa en la mano, brindando por la felicidad duradera de esa gran familia creada bajo el techo de ese edificio gastado y ruinoso por fuera, pero siempre resplandeciente en su interior.  Tal vez, lo más parecido a ellos mismos.

Roberto.- me gustaría que brindásemos por estos nuevos amigos; por suerte entre ellos no hay ningún lesionado, pero eso, no los hace menos especiales.

 

    Tras chocar sus copas, las chicas se fueron hasta el perchero, de allí cogieron sus vestidos y pasaron a cambiarse a la cocina.    Carolina se quedó sentada sin mover su silla del sitio.   A los ojos de Samuel, ni le hacía falta cambiarse, pues estaba espectacular y radiante con aquel chal nuevo sobre sus hombros.

   Bien lo conocía él.   La tarde que compró su madre los regalos, estuvieron los dos en la cocina envolviéndolos uno a uno y poniéndoles la tarjeta con nombre.

   Aquella tarde, ni se podía imaginar para quién eran esos regalos, pero el chal, por supuesto que estaba muy bien escogido y le quedaba como anillo al dedo a aquella preciosidad.

Samuel.- ¿tú ya estás arreglada? Bueno, la verdad es que estás muy guapa

Carolina.- (sonrojada) no, a mí esta noche no me apetece salir, me quedo aquí con mi madre y la gente que quiero

  Fueron saliendo una a una cada cual más preciosa. Un desfile de princesas que hacían brotar las lagrimas de emoción en cada uno de sus familiares.

   Después les tocaba cambiarse a los chicos, pero Samuel no se levantó.

Verónica.- cámbiate Samuel, que ya llegó vuestro turno

Samuel.- si veo que tal, ya me cambiaré más tarde

Verónica.- ¿pero no vas a salir?

Samuel.- seguro que sí, pero allá a las dos o las tres

      Ya arreglados salieron por la puerta a celebrar, esa última noche del año, con los amigos y amigas, que seguro les esperaban en diferentes cotillones, en los bares de moda.

Roberto.- señoritos y señoritas, cuidado con la hora de regreso y el alcohol, que mañana os quiero ver aquí despejados.

Nerea.- cuidado tú, que te gusta mucho el champán y el año pasado te quedó la comida salada

Roberto.- Serás mentirosa

Nerea.- ¡ah! ¿Qué es mentira? Me voy a callar…

Fernando.- vamos, que nos están esperando

       Los mayores alrededor de la mesa, quedaron cantando villancicos y rellenando sus copas hasta que las botellas llegaron a su fin.

     Samuel y Carolina sentados junto a la puerta observaban la gente pasar dirección a algún lugar festivo, donde celebrar el nuevo año.

Carolina.- ¿no has quedado con nadie?

Samuel.- sí, con los amigos de siempre

Carolina.- ¿y por qué no vas?

Samuel.- luego, ahora estoy aquí muy a gusto

Carolina.- por mí no lo hagas, es que yo no salgo en Nochevieja, prefiero quedarme con mi madre

Samuel.- la noche es larga y este rato es maravilloso

Carolina.- gracias por quedarte aquí conmigo un poco

         Samuel se había sacado una caja de fruta de la cocina, para estar a la altura de Carolina y apoyarse con ella, hombro con hombro.

        Sin ninguna intención, como por inercia, sus dedos se fueron imantando hasta quedar sus manos entrelazadas y sus ojos mirando en silencio aquella luna en cuarto creciente que de vez en cuando asomaba entre las nubes.

Samuel.- la luna hoy parece una cuna

Carolina.- y allí, siempre hay alguien sentado, mirándonos.

Samuel.- qué grande es el universo, que poquita cosa somos

Carolina.- pero este momento es grande, no lo olvidaré nunca

 

   Se acabó el champán, enmudecieron los villancicos, las anécdotas ya estaban contadas y era hora de recoger, organizar la cocina y dar paso a un nuevo ciclo de vida que a alguien, tiempo atrás, se le ocurrió llamarlo año.

 

     


      

 

jueves, 5 de diciembre de 2024

El resurgir - Cap.- 18

 

"Ver con los ojos cerrados" 18

 

 

    El día treinta y uno,  a las seis comenzaban a llegar al comedor;  Roberto se había quedado en los alrededores esas dos horas tomando algo y haciendo tiempo.    Del almacén ya no quedaba nada que sacar, todo estaba repartido por encima de las mesas y encimera, por lo que Roberto, a su llegada, ya les iba asignando el sitio y labor que realizar.

     Los iba distribuyendo, siempre dejando libre el sitio de los fogones.  Allí a su lado quería tener las manos más preciadas.   El abuelo de Paco había estado de cocinero en los restaurantes más valorados de Europa hasta que se jubiló y volvió a España a vivir con su hija y sus nietos.

    Ya estaban metidos en faena, cuando llegó Arturo junto con su hija Josefa (abuelo y madre de Paco)

Roberto.- creo que están preparando todo lo que me pidió

Josefa.- tú tranquilo que alguna pega pondrá

Arturo.- yo no pongo pegas, pero si se pueden hacer las cosas bien desde el principio, para que se van a hacer mal

       Según iba dando la vuelta a la cocina, en su cara se reflejaba la satisfacción de las cosas bien hechas, la limpieza para él era lo más importante;  aquellas instalaciones estaban como los chorros del oro y se notaba que no era ningún zafarrancho de última hora, si no algo habitual. 

Roberto.- ¿contento?

Arturo.- súper orgulloso de estos muchachos, si hubiese podido tener yo gente así a mi cargo en algunas ocasiones

Roberto.- pero usted ha estado con los mejores

Arturo.- calla, calla, que los hay muy guarros

Roberto.- pues cuando quiera empezamos

Arturo.- me vas a perdonar, pero sabes que el vicio no me lo quito ni queriendo

Roberto.- pues debería ir pensando en dejarlo, pero mientras tanto, salga un rato a la puerta y mientras le da unas caladas al cigarro yo voy encendiendo los fuegos

       Mientras iban haciendo las tareas asignadas con tranquilidad, se contaban entre ellos historias de sus vidas, momentos llenos de alegrías que les fueron haciendo olvidar los coscorrones recibidos.  

        Verónica y Manuel, eran los que menos hablaban, sentían una envidia profunda de la aptitud ante la vida de esos padres a los que les había tocado aprender a vivir mirando las cosas de otra manera.

    -- Ya se empezaba a oír bullicio en la puerta, faltaba poco pero aún no estaba todo preparado — Roberto salió al comedor

Roberto.- Paco y Raúl, (hermano de Paco) prohibido entrar en la cocina hasta que yo lo diga

Raúl.- hola Roberto

Roberto.- hola Raúl; Paco, vete pensando en cómo organizas a estos según vayan llegando para en cuanto terminemos ir poniendo manteles, vajilla, cubiertos y adornos

Paco.- tranquilo que yo me encargo

Raúl.- prohibido dar con la muleta si alguno hacemos algo mal

Roberto.- tú dales sin miedo, que todo tiene que estar perfecto

Raúl.- pues lo que hacía falta, que encima lo animases.

       Al momento llegó Gervasio con su hermana (Beatriz)

      No tardó en entrar por la puerta Tomás, como siempre dando voces, y Nerea, aparecía discutiendo con su hermano (Fernando)

Fernando.- tienes un genio…

Nerea.- si es que no sabes ni empujar

Fernando.- pues empújate tú sola, coño, encima que le ayudo

Paco.- la culpa la tienes tú, no ves que es una rezongona

Beatriz.-  Nerea ¿y cómo vienes ya arreglada y si te manchas?

Nerea.- no, porque no pienso hacer nada;  ni tocar un plato

Raúl.- uf, mal empezamos

     --Tomás, extrañamente, no quiso ni entrar en la conversación—

       Julia, se paraba en la puerta para oír si había voces nuevas cogida del brazo de su hermana (Lucía).     Justo allí llegaba Carolina en su silla junto con Antonio que iba hablando con su hermano (Pedro)

Julia.- oye Antonio, no han llegado todavía ¿verdad?

Antonio.- no, no veo a nadie desconocido

Julia.- ya me parecía a mí

     Los trajes y vestidos para luego arreglarse iban colgándose metidos en sus fundas de un perchero en la pared, (todos menos el de Nerea que ya lo llevaba puesto).

      Allí, sentados en los bancos, miraban con curiosidad a la puerta, esperando la llegada de los hijos de Manuel y Verónica, a parte de su edad, no tenían ni idea de cómo podrían ser y con qué ojos los verían al enterarse de sus propias peculiaridades.  Bueno siempre hay una primera vez, luego todo cambia.

Roberto.- bueno chicos, nosotros hemos terminado, nos vamos a tomar algo ahí enfrente mientras que vosotros colocáis todo para la cena, y quiero que quede perfecto

Paco.- estamos esperando a los nuevos, cuando lleguen empezamos

Tomás.- entra y dile a Manuel que salga un momento

Roberto.- Mira a ver Manuel, que salgas un momento a ver qué tripa se le ha roto a Tomás.

Manuel.- que quieres pesado

Tomás.- que nos digas como se llaman tus hijos para cuando lleguen

Manuel.- ¿pero no han llegado todavía?

Tomás.- ¿los ves tú aquí?

Manuel.- no

Tomás.- pues eso es preguntar a lo tonto

Manuel.- no creo ya que tarden; se llaman Samuel y Lourdes

 

         --Los mayores se fueron al bar y Paco enseguida se puso a mandar a unos y otros lo que debían de ir sacando y colocando—

Carolina.- yo creo que debíamos de esperar a estos dos, para poder saludarlos y presentarnos como se merecen

Nerea.- yo ya te he dicho antes, qué no pienso tocar nada

Paco.- esperamos un poco y si no llegan nos ponemos a colocar

Gervasio.- yo tengo una bata larga en el almacén; yo que tú me la pondría para que no te manches

Nerea.- que os he dicho que no

Tomás.- dejarla, no veis que siempre tiene que ser la misma

Fernando.- venga, cuando vengan te pones la bata y se acabó la tontería, ya te dije en casa que era una bobada el venir arreglada, además cuando más puedes mancharte es durante la cena

Nerea.- bueno Gervasio, ve a por la bata, que se están poniendo pesados

          Fernando la sujetó de pie, para que se pusiese la bata bien, y en esos momentos entraban por fin por la puerta los dos hermanos.

Samuel.- buenas tardes ¿es aquí donde se cena?

   Aquel desparpajo con el que entraba, se convirtió en incógnita cuando los vio.  Cogió la mano de Lourdes y la apretó con fuerza; (nada más subir el escalón, ya había metido la pata).

Paco.- no, aquí es donde ya mismo tenemos que empezar a poner la mesa

Tomás.- ya nos han dicho que os llamáis Samuel y Lourdes. Así que me imagino que Samuel eres tú y ella será Lourdes

Paco.- mira que es tonto, siempre igual

Tomás.- a callarse, que yo os presento:

  .- Aquí, Paco y su hermano Raúl;  este es Gervasio y ella su hermana Beatriz;  en esa silla Nerea, con el último grito en moda de vestir y al lado su hermano Fernando.

Nerea. Qué gracioso eres

Tomás.- calla que sigo

   .-  la de la silla motorizada es Carolina;  Julia es esa guapetona que no ve, pero cuidado que escucha hasta el volar de una mosca y al lado, de su brazo, Lucía que es su hermana;   aquí tenemos a Antonio y Pedro, que no se parecen, pero que también son hermanos; y yo me llamo Tomás.   Bueno, falta Roberto, ese solo tiene un brazo, es el cocinero, y los padres de todos que se han ido al bar.

Paco.- pues hechas las presentaciones a poner la mesa, dejar las fundas con los trajes en el perchero y vamos que se hace tarde.

Lourdes.- entonces todos sois…

Paco.- los que estamos normalmente aquí, sí

Tomás.- tú tranquila, que no pasa nada, cada uno de una madre

Nerea.- vamos alegría, lo de hablar más tarde

Lucía.- que dice mi hermana que si podéis venir un momento

     Los dos se pusieron frente a Julia. Lucía llevó la mano de su hermana hasta el rostro de Samuel.

Julia.- muy bien, recién afeitadito, se nota que vas de fiesta esta noche.  Eso te lo digo para que no estés tan serio, que no te voy a comer

Samuel.- no tranquila

Julia.- que ojos más bonitos, tienes unas pestañas largas como las de tu madre, pero en la nariz has salido a tu padre

Samuel.- un poco de cada uno

Julia.- pero no te pongas nervioso

Samuel.- no, si no me pongo nervioso

Julia.- anda Lourdes, acércate tú que a tu hermano se le sale el corazón

      Lourdes se acercó y le cogió la mano para acercarla a su rostro.

Estuvo deslizando sus dedos por su frente, ojos, mejillas, nariz, labios y barbilla sin decir ni palabra.  Luego los entrelazó suavemente con su largo pelo.

Julia.- que bonita eres, no es de extrañar que tengas un hermano y unos padres tan excepcionales

   --Lourdes empezaba a emocionarse.

Julia.- pero no hagas pucheros, me alegro mucho de conoceros. Ya veréis que bien vais a estar aquí esta noche en la cena

Nerea.- qué, vais a ayudar u os pensáis que  aquí se viene a mesa puesta

Lucía.- vamos que se enfada el bicho

      --Según se dirigían a la cocina--

Lourdes.- oye Lucía, no habremos metido la pata en algo

Lucía.- no, en absoluto. Esta gente se sabe reír del mundo

Samuel.- es que no sabíamos nada

Lucía.- ¿pero no os había dicho nada vuestro padre?

Samuel.- ni una palabra

Lourdes.- nos lo han tenido oculto todo el tiempo

Lucía.- pues mira mejor, así os han conocido tal y como sois, sin nada preconcebido

Nerea.- vamos que nos pilla el toro

Fernando.- hoy te doy en el morro, deja de protestar.




lunes, 2 de diciembre de 2024

El Resurgir - Cap.- 17

 

"Ver con los ojos cerrados" 17

 

      Tras un par de días, a la hora de cenar, Manuel esperaba impaciente que llegasen y estuviesen todos sentados a la mesa.

    El estar de vacaciones del instituto, era un no parar de recorrer la ciudad con los amigos viendo los adornos navideños y belenes puestos en distintos sitios;  aparte de las visitas a bares y fiestas diversas.

Manuel.- atender bien, tengo que hablar una cosas muy seria con vosotros

Verónica.- no nos asustes

Manuel.- cambio de planes para Nochevieja

Samuel.- venga, que ya sabemos que hoy es el día de los inocentes, pero dentro de nada son las doce y ya no vale

Verónica.- pues casi me la das

Manuel.- nada de inocentes; la noche de Nochevieja, no hagáis planes hasta las doce y media

Lourdes.- pues yo he quedado en ir a tomar las uvas a la plaza con mis amigas

Manuel.- pues lo anulas

Samuel.- yo también he quedado

Manuel.- pues ya sabes, queda anulado

Lourdes.- porque tú lo digas

Manuel.- pues mira sí, porque lo digo yo

Verónica.- no te parece que te estás pasando, ya está bien de tanta tontería; si quieres que comamos las uvas este año con ellos, pues nos vamos también a la plaza y ya está

Manuel.- no, esta Nochevieja, vamos a cenar todos juntos en el comedor social, luego allí tomaremos las uvas y después quien quiera que se vaya de fiesta

Samuel.- entonces por fin ¿vamos a conocer a tus nuevos amigos?

Manuel.- esa es la intención, a ellos y a sus familias

Lourdes.- claro, y no había otro día

Verónica.- no me parece bien que no hayas avisado a los chicos antes, pero me parece una idea excelente, veréis que bien lo pasamos

Lourdes.- desde luego, como soy la pequeña, aquí mi opinión no cuenta

Samuel.- ¡oye! que yo también he quedado con mis amigos, pero me parece que esto es importante    

Lourdes.- pues nada, se jodieron los planes; me voy a la cama que ya no tengo hambre 

Manuel.- siéntate y cena

 Lourdes.- que te he dicho que no

Verónica.- déjala, que luego hablo yo con ella

Manuel.- es que es cabezona la tía

Samuel.- vale eh, que tiene a quién parecerse

Manuel.- pues se parecerá a su madre

Verónica.- para el carro que te estás metiendo en terreno resbaladizo

Samuel.- ¿y cómo has pensado que lo hagamos esa noche?

Manuel.- los padres vamos a las seis a preparar la cena y a las nueve ya aparece la gente joven; me han dicho que ninguno va arreglado, llevan la ropa y se cambian allí, para salir de fiesta después de tomar las uvas y brindar juntos.

    Después los padres nos quedamos allí un rato hablando y luego recogemos para  el día siguiente estar todo en orden para la comida.

Samuel.- ¿y van ellos por la mañana después de la noche de fiesta?

Manuel.- y quién va a ir sino, en días de fiesta también llora el estómago

Samuel.- la verdad es que son dignos de admirar

Verónica.- cuando los conozcas te vas a llevar una sorpresa

Samuel.- no me extraña que tú los valores tanto

Verónica.- terminar que me voy a hablar con esta mocosa

Samuel.- no, déjame que voy yo, es normal que ahora esté un poco enfadada

Manuel.- dile que antes de irme a dormir, paso a darle un beso

Samuel.- pero con cuidado, no te clave las uñas

Verónica.- tampoco será para tanto.

         Samuel estuvo bastante rato en la habitación con Lourdes y la puerta cerrada para que no se oyese lo que hablaban.

  Manuel y Verónica, esperaban pacientes sentados, para ver con qué cara salía, y si les hacía algún gesto que les diese una pista de cómo estaba la fierecilla.

Samuel.- todo arreglado

Verónica.- ¿ya lo ha entendido?

Samuel.- no, pero ha dicho que sí, que entres a darle un beso antes de dormir

Verónica.- es igual que tú, mucho genio y al final no sois nadie

Manuel.- perdona que no lo haya consultado, pero según me lo dijo Roberto, le dije que sí directamente, me acabo de enterar hoy

Verónica.- y qué somos, muchos

Manuel.- pues un montón, bueno a los padres ya los conoces, falta por conocer a los hermanos

Verónica.- seguro que lo pasamos bien, de todas formas nosotros, tampoco es que esa noche hagamos nunca nada especial después de cenar

Manuel.- es verdad, hace años que no salimos

Verónica.- desde que a ti te dio la tontería de encerrarte en ti mismo

Manuel.- bueno, eso mejor no recordarlo

Verónica.- tienes razón, vete a darle un beso a tú parte de hija y a dormir

        Manuel entró despacito en la habitación; Lourdes se hacía la dormida;  se acercó a ella y le dio un beso en la frente

Manuel.- hasta mañana princesa

Lourdes.- hasta mañana, pero que sepas que sigo enfadada

Manuel.- me parece bien, que tengas felices sueños

Lourdes.- que te vayas, que te he dicho que sigo enfadada

Manuel.- hasta mañana

Lourdes.- adiós

     --Entraba en su dormitorio riéndose y negando con la cabeza—

Verónica.- que dice la fiera

Manuel.- que sigue enfadada

Verónica.- ya lo entenderá cuando crezca

Manuel.- déjala así, que no crezca muy rápido

 

         Verónica no podía dormir, estaba nerviosa, aunque sin motivo aparente; tal vez, el saber que reacción tendrían al ver a esos chavales y chavalas, y como les impactaría el que todos fueran diferentes a lo que podían imaginarse.

        Se levantó y se fue a la cocina, calentó un vaso de leche y se apoyó en la encimera entreteniéndose mirando las luces de la ciudad por la ventana.

          Algo brillaba a la luz de las farolas, comenzaban a caer los primeros copos de nieve;  si cuajaba, sería un incordio para andar por la calle, pero hacía tanto tiempo que no vivía unas navidades blancas, que no le importaría que estuviese cayendo toda la noche.

     Después de un largo rato, los coches y el asfalto comenzaron a teñirse de blanco;  no tenía pinta de caer mucho más, pero para ella eso era suficiente.

      Bajó a la calle en pijama, descalza, tan solo a hacer una pequeña bola de nieve, para después sentarse en los peldaños de la escalera y comérsela a mordisquitos pequeños, como hacía cuando era niña; entonces nevaba mucho más, y no era una cosa tan extraordinaria.

     Se subió de nuevo a casa y se acostó con cuidado de no hacer ruido y no tocar a Manuel con los pies, porque los tenía helados; estaba dormido como un niño,  soñando con algo hermoso, pues su rostro tenía un gesto risueño.