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domingo, 18 de enero de 2026

Bienaventurados

 

          El gato estaba dormido;  se había puesto su pijama de cuadros, para fusionar su cuerpo con la manta que había en el suelo, así como camaleón camuflado, pasaría inadvertido a la vista del resto de habitantes de la casa.

      Al perro le gustaba mucho jugar con un hueso de plástico, pero unos momentos antes, lo habían escondido tras el sofá unos ratones  graciosos, a los que les gustaba trastear con todo aquello que encontraban.

      El perro entonces a ver frustrada su intención de entretenimiento, se puso a buscar el ovillo de lana.    Era la única manera de que el gato saliese de su “escondite” y tendría con quien corretear al menos.   (Al fin y al cabo, él era el culpable de que esos ratones anduviesen campando a sus anchas por toda la casa).

    Cuando ya estaban todos dormidos el dueño de la casa se puso a gritar despavoridamente.

 “Que dolor” se había levantado a mear y le había dado con el dedo meñique del pie derecho a la pata de hierro de la cama; palabras blasfemando resonaron hasta en el salón.

   El perro, el gato, y detrás todos los ratoncitos corrieron a refugiarse en el garaje.

    A dueño enfadado, mejor enemigos juntos, que arriesgarse a ser alguno de ellos objetivo de la ira provocada por el dolor.

 

Bienaventurados aquellos que no saben leer, pues ellos, no perderán el tiempo con esta serie de chorradas.


Ja, ja, ja.

 


 

viernes, 16 de enero de 2026

Bailando el Amor

 

 

   Flotando con alas blancas

las emociones levitan,

el sol cruza el horizonte

mientras la tarde, marchita.

 

   Mis manos sobre tus hombros,

las tuyas en mi cintura,

mejillas que se acarician

en sonrosada dulzura.

 

     Los labios que se aproximan

lentamente a su destino,

un beso marca el inicio

del caminar el camino.

 

   Latidos que se acompasan

mientras la música suena

con ritmo lento y pausado

junto a la luz de una vela.

 

    Un tintineo que muestra

el vaho que exhala tu boca

en  aliento subyugado

entre las luces y sombras.

 

    La noche que perpetúa

el aroma de una flor

en el continuo sonar,

de aquella canción de amor.

 

   Ojos de Gata@2026

 


miércoles, 14 de enero de 2026

Tardeando

 

    El sol se empieza a ocultar en esta tarde de invierno, anunciando que es la hora de sentarse en el sillón, e ir calentando las manos, al tiempo que ahí, a mi lado, se acomoda la princesa recostada entre almohadones.

      Los dedos, sin mucho brío, pulsan las primeras teclas dejando divagar a la imaginación, junto a un sinsentido de disonancias escalonadas, hasta dar de pronto tal vez por casualidad ese primer acorde preciso, que marque la tonalidad en la línea de salida.

        La gata, al tiempo que ronronea, se acurruca sobre las piernas, sabiendo que es lugar donde dar y recibir el calor de la amistad.   Allí donde la mano se acerca para acariciar su pelo, mientras los ojos se cierran  para dar unas ligeras cabezadas en ese, su sitio seguro.

    Las notas que se buscan entre sí, van aproximándose pero sin llegar a rozarse, armonizando con intervalos de cuarta entre los que se intercalan arpegios disminuidos que ondean como alas de algodón provocando un cerrar de pestañas ligero y sutil, al tiempo que el rosado de sus labios deja entrever las resplandecientes perlas que tras ellos se alojan.  

    Sus mejillas pintan de color las estanterías de madera, para invitar a bailar a esos personajes encerrados en los relatos y poemas que se alojan dispersos por las páginas de los polvorientos libros colocados y coleccionados año tras año.

   La luz cada vez es menos intensa;  por la cristalera de la ventana se disimula como con vergüenza contenida tan solo el tenue brillo que proporciona la farola encendida en una esquina cercana.

   Siguen sonando las melodías inventadas en ese preciso momento; las que intentan coordinar la expresión de la princesa, con la suavidad del sonido, Improvisando varias nuevas fórmulas, intentando alcanzar el aroma deseado, eso, que dé forma y continuidad al proceso que culmine en éxtasis; como alquimista distrayendo entre probetas, pipetas y tubos de ensayo; con el deseo de alcanzar la piedra filosofal, para después olvidar el camino recorrido y que la ilusión de llegar a alcanzar la meta, nunca tenga final.

     De pronto todo queda en silencio, quieto, oscuro.

        Un solo dedo se deja caer con suavidad negligente sobre una tecla de las apenas pulsadas habitualmente.

        La mínima vibración entre esas tres cuerdas, alcanza en su resonancia el punto más sublime.   La sutileza de lo efímero;  la agradable simpleza de lo gaseoso;  la fortuna de aventurarse en sensaciones;  la simpleza de una línea representada en la suavidad de un simple rayo de luz.

  Los raíles brillantes y rectos hacia lo lejos discurren sin necesidad de traviesas que los anclen al suelo; se elevan a un infinito donde los sueños en libertad se encargarán del resto, sin nada que nos impida andar, correr, volar.   

   Sin nada que limite nuestra voluntad de pensar colores de purpurina y cantar con voz dulce los sentimientos que nuestras pupilas dormidas reflejan.

 

  Y mañana de nuevo volverá a amanecer, desperezará el sol con un bostezo entrando por la ventana;   lo rutinario llenará nuestro día de obstáculos y cosas irrealizables en un camino sin horizonte.

  La imaginación se verá coartada por la realidad sin dejar espacio a la ilusión ficticia de desplegar alas para subir a lo más alto, y dejarse caer sobre nubes de algodón.  Los sueños quedarán callados sobre una silla de ruedas y el cristal de la ventana, volverá a cubrirse de vaho.

 

 Pero siempre….

             Siempre nos quedará:

                            El tiempo de tardear.

 

 Ojos de Gata@2026