Jesús.- Vamos
despierta, lávate la cara y ven aquí de nuevo
Javier.- ¿Qué pasa
padre?
Jesús.- calla, no
metas ruido, haz lo que te digo y luego preguntas.
Javier en pijama fue al cuarto de baño, se
lavó para despejarse y volvió rápidamente, tal y como su padre le había
indicado.
Javier.-ya estoy
aquí
Jesús.-bien,
siéntate a mi lado. Te voy a contar
algo.
Una
historia que ni tú, ni nadie conoce y que ya era hora de que te la contase.
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En un lugar del sur de España, hace ya mucho tiempo, mucho tienpo. Nació un niño.
Debido a la onomástica del día, pensaron
ponerle: Félix, Esteban o Gerardo. Su
padre, una de esas personas retorcidas como las raíces de los cepos que
arrancaba para quemar en la lumbre, pareció querer vengar su nacimiento no
deseado, registrándolo con el nombre de
Herculino.
Durante sus años de escuela, que fueron
pocos, era un niño muy aplicado y de buenas notas.
Poco antes de cumplir los ocho años nació
otra hija en la familia a la que llamarían Liberia.
Para mitigar los gastos y la
contrariedad de que su segundo sarmiento encima fuera mujer, ese hombre que no conocía
otra cultura que la del cinturón y agachar la cabeza ante los ojos del mayoral,
lo sacó del colegio para llevarlo con él
a destripar terrones, arar viñas y varear olivos.
Herculino, nunca protestó dicha decisión,
como cualquier niño de aquella época.
Se buscó la manera de seguir leyendo y
habló con el cura. En la sacristía de la iglesia había una
extensa biblioteca.
Nadie da nada si no es por algo a
cambio. Desde aquel momento le colgaron
la túnica de color rojo con sobrepelliz banco de monaguillo y gracias a ello,
se le permitía llevar libros a casa con los que perder horas de dormir, que
tanta falta le hacía al pobre chaval.
El maestro le regaló unos cuadernillos
viejos y unos lapiceros para que no se le olvidase lo poco que había aprendido.
Al poco tiempo empezó a escribir sus
primeras cositas, las que leía a su madre en las tardes de domingo mientras el
ogro dormía la siesta.
Fueron pasando los años, la miseria, era
lo único que campaba a sus anchas por aquellos alrededores de hambre y
servidumbre.
Aquel mozalbete de quince años,
llevaba varios días, que se quedaba adormilado apoyado en el azadón cogido entre
en sus tiernas pero ya encallecidas manos; esto era debido a que se pasaba casi
toda la noche escribiendo un cuento, algo para regalar a su madre el día de su
cumpleaños.
Su padre, indignado, ya con dos hijas a su cargo, entró en aquel cuchitril de alcoba, cogió todos los libros y
cuadernillos, e hizo con ellos una pequeña hoguera en el corral.
Herculino aquello, nunca jamás lo
perdonaría.
Una mañana, pasado el tiempo, por
mucho que bocease aquel hombre su nombre, el mozalbete no respondía.
Enfurecido, abrió la puerta del cuarto y
se lo encontró vacio.
Al
año siguiente de aquel suceso, nació otro hijo, con el mismo destino que su
hermano mayor, aunque este era bastante más zoquete para los estudios. Ya no tendría esa familia más descendencia. Aquel zoquete era yo.
De herculino estaba prohibido hablar en
aquella casa ruin, solo su madre en su lecho de muerte, narró a ese, su hijo
menor lo sucedido y le mandó que guardase escondido el único cuadernillo salvado de la
quema.
Ese que él, Herculino, tenía bajo el colchón
para no perder tiempo cuando se le ocurría algo a media noche, en el que había
un par de poemas y un cuento inacabado para su madre.
Jesús entonces, se echó la mano a la parte de los
riñones y sacó de entre la cinturilla del pantalón un cuaderno viejo con las
pastas marrones desteñidas, envuelto en una bolsa de plástico.
Tras despojarlo de su envoltura, lo abrió con sumo cuidado y le mostró la primera página a
Javier.
Un pequeño poema escrito en redondilla. En la
parte inferior una firma que reconoció al instante:
Flavio.
Javier.-yo sabía
que esta firma, la había visto antes en algún sitio
Jesús.-no hijo,
quizás lo hayas soñado, porque nunca nadie lo vio
Javier.-gracias
padre
--Los dos se fundieron en un extenso abrazo, mientras las primeras luces comenzaban a entrar por la ventana--.
Jesús.-Pues sí hijo, ya puedes escribir su historia, ese señor era tu tío, mi hermano mayor al
que nunca conocí y estas son las únicas letras que me gustó leer, el único
recuerdo que me queda de aquella tierra donde nací y de donde salí hace muchos
años, con la intención de no volver jamás.
Carlos Torrijos
C.a.r.l. (España)
N. º de registro: tFrGI6j9-2021-06-29T12:14:59.111


Es inmensa tu capacidad literaria, tienes el poder de atraparme desde la primera palabra , no sé cómo dar las gracias pero es un honor leerte 😘
ResponderEliminarGracias por estar.
EliminarMuy emotiva y muy interesante tu historia . La verdad que me atrapó desde el primer capítulo . Eres un gran narrador y haces gala de tu sensibilidad con una trama muy atractiva. Recién lo he leído completo y como siempre es Excelente tu narrativa. Muchas felicitaciones y agradezco muchísimo que nos compartas tus arte poético. Un abrazo caro amigo .
ResponderEliminarA la semana que viene... Trenzas doradas..
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