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martes, 26 de mayo de 2015

Flavio 8/8 (Final)


    

Jesús.- Vamos despierta, lávate la cara y ven aquí de nuevo

Javier.- ¿Qué pasa padre?

Jesús.- calla, no metas ruido, haz lo que te digo y luego preguntas.

    Javier en pijama fue al cuarto de baño, se lavó para despejarse y volvió rápidamente, tal y como su padre le había indicado.

Javier.-ya estoy aquí

Jesús.-bien, siéntate a mi lado.  Te voy a contar algo.

              Una historia que ni tú, ni nadie conoce y que ya era hora de que te la contase.

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       En un lugar del sur de España, hace ya mucho tiempo, mucho tienpo.  Nació un niño. 

   Debido a la onomástica del día, pensaron ponerle: Félix, Esteban o Gerardo.  Su padre, una de esas personas retorcidas como las raíces de los cepos que arrancaba para quemar en la lumbre, pareció querer vengar su nacimiento no deseado, registrándolo con el  nombre de Herculino.

    Durante sus años de escuela, que fueron pocos, era un niño muy aplicado y de buenas notas.

    Poco antes de cumplir los ocho años nació otra hija en la familia a la que llamarían Liberia.

            Para mitigar los gastos y la contrariedad de que su segundo sarmiento encima fuera mujer, ese hombre que no conocía otra cultura que la del cinturón y agachar la cabeza ante los ojos del mayoral, lo sacó del colegio para llevarlo con él  a destripar terrones, arar viñas y varear olivos.

     Herculino, nunca protestó dicha decisión, como cualquier niño de aquella época. 

      Se buscó la manera de seguir leyendo y habló con el cura.    En la sacristía de la iglesia había una extensa biblioteca.

               Nadie da nada si no es por algo a cambio.  Desde aquel momento le colgaron la túnica de color rojo con sobrepelliz banco de monaguillo y gracias a ello, se le permitía llevar libros a casa con los que perder horas de dormir, que tanta falta le hacía al pobre chaval.

         El maestro le regaló unos cuadernillos viejos y unos lapiceros para que no se le olvidase lo poco que había aprendido.

      Al poco tiempo empezó a escribir sus primeras cositas, las que leía a su madre en las tardes de domingo mientras el ogro dormía la siesta.

       Fueron pasando los años, la miseria, era lo único que campaba a sus anchas por aquellos alrededores de hambre y servidumbre. 

           Aquel mozalbete de quince años, llevaba varios días, que se quedaba adormilado apoyado en el azadón cogido entre en sus tiernas pero ya encallecidas manos; esto era debido a que se pasaba casi toda la noche escribiendo un cuento, algo para regalar a su madre el día de su cumpleaños.

       Su padre, indignado, ya con dos hijas a su cargo, entró en aquel cuchitril de alcoba, cogió todos los libros y cuadernillos, e hizo con ellos una pequeña hoguera en el corral. 

           Herculino aquello, nunca jamás lo perdonaría.     

        Una mañana, pasado el tiempo, por mucho que bocease aquel hombre su nombre, el mozalbete no respondía.   

     Enfurecido, abrió la puerta del cuarto y se lo encontró vacio.

       Al año siguiente de aquel suceso, nació otro hijo, con el mismo destino que su hermano mayor, aunque este era bastante más zoquete para los estudios.     Ya no tendría esa familia más descendencia.  Aquel zoquete era yo.

       De herculino estaba prohibido hablar en aquella casa ruin, solo su madre en su lecho de muerte, narró a ese, su hijo menor lo sucedido y le mandó que guardase escondido el único cuadernillo salvado de la quema.

         Ese que él, Herculino, tenía bajo el colchón para no perder tiempo cuando se le ocurría algo a media noche, en el que había un par de poemas y un cuento inacabado para su madre.


  Jesús entonces, se echó la mano a la parte de los riñones y sacó de entre la cinturilla del pantalón un cuaderno viejo con las pastas marrones desteñidas, envuelto en una bolsa de plástico.

    Tras despojarlo de su envoltura, lo abrió con sumo cuidado y le mostró la primera página a Javier.

     Un pequeño poema escrito en redondilla.    En la parte inferior una firma que reconoció al instante:   

Flavio.

Javier.-yo sabía que esta firma, la había visto antes en algún sitio

 Jesús.-no hijo, quizás lo hayas soñado, porque nunca nadie lo vio

Javier.-gracias padre

  --Los dos se fundieron en un extenso abrazo, mientras las primeras luces comenzaban a entrar por la ventana--.

Jesús.-Pues sí hijo, ya puedes escribir su historia, ese señor era tu tío, mi hermano mayor al que nunca conocí y estas son las únicas letras que me gustó leer, el único recuerdo que me queda de aquella tierra donde nací y de donde salí hace muchos años, con la intención de no volver jamás.    

 

 



F I N

 

Carlos Torrijos

C.a.r.l. (España)

 

N. º de registro: tFrGI6j9-2021-06-29T12:14:59.111

 

 

     

4 comentarios:

  1. Es inmensa tu capacidad literaria, tienes el poder de atraparme desde la primera palabra , no sé cómo dar las gracias pero es un honor leerte 😘

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  2. Muy emotiva y muy interesante tu historia . La verdad que me atrapó desde el primer capítulo . Eres un gran narrador y haces gala de tu sensibilidad con una trama muy atractiva. Recién lo he leído completo y como siempre es Excelente tu narrativa. Muchas felicitaciones y agradezco muchísimo que nos compartas tus arte poético. Un abrazo caro amigo .

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