-------- Dónde marchaste -----
----- Capítulo 6º -----
Thierry.-- Tranquilo Manuel, aquí nadie se acordará de
ti, serás un sobrino mío que ha venido para quedarse. En estos tiempos hay mucho desplazado.
Tengo amistades en la iglesia, te harán una
documentación nueva y serás un ciudadano francés, como cualquier otro.
En
estos años se han destruido muchos archivos y nadie echará de menos tu pasado.
Manuel.- pero… ¿y la gente
que me conocía?
Thierry.- por esos no hay
cuidado. A tu amigo Reinhad, lo mataron y perdona, pero
bien merecido lo tenía. Delató a la
mitad de los jóvenes; chavales imberbes que no tenían ni edad, ni ideas, solo
por envidia, era un ser despreciable.
Una
noche, mientras paseaba con su mujer, un coche los atropelló; de él
se bajaron unas personas y en el suelo los remataron con un disparo en la
cabeza, para asegurar que no delataban a nadie más.
Un mes después, sus padres se fueron a
vivir a Bremen de donde descendían. Dicen que allí casaron a su hermana, Ilse, (con
la que paseabas del brazo los domingos), con un tal Rudolf Fischer, que dicen
tenía la graduación de Mayor y estaba destinado en un acuartelamiento por Wurzburgo.
Manuel.- ¿está seguro?
Thierry.- sí claro, eso
dijeron
Manuel.- no puede ser.
Entonces…
Thierry.- entonces qué
Manuel.- nada, nada, tal
vez un día le contaré una historia
Manuel comprendió entonces que Ilse, había
reconocido sus poemas y caligrafía desde el primer día.
Tal vez por esa razón, el mayor le ayudó a
escapar y entonces… la persona que ardió
dentro del coche era ella y él sin saber nada. Si lo hubiera sabido…
En un par de semanas tenía todos los papeles
arreglados. Thierry, entró por la puerta sonriente con un sobre en las manos y dentro
su nueva identidad.
Thierry.- vamos siéntate y
abre este sobre, ya tengo ganas de saber cómo he de llamarte a partir de ahora.
Manuel.- ¿se puede ceer usted que me da miedo?
Thierry.- miedo, de qué. ¿De que se te reconozca como persona? Has cargado demasiado tiempo con un nombre
tan falso y pesado, como las monedas de plomo.
Manuel.- sí pero…
Thierry.- ¡ábrelo ya!
Despegó la solapa sin romperla. De dentro sacó un librito y dio la vuelta
a la tapa delantera para ver la primera hoja.
Allí estaba su nuevo nombre, y la fecha de nacimiento:
Frederick…………. 5 JUIN
1898
Thierry.- que ironía, después
de todo lo que has pasado y que me fuiste contando, que te vayan a poner un
nombre de origen germánico y que además celebra su onomástica, (Frederick de Utrecht) el 18 de Julio. Será para que nunca olvides
ni a Hitler ni a Franco. Bueno, ni a
Lorca
Un intervalo de silencio. Cogió las manos de Thierry y las besó.
Frederick.- gracias, muchas
gracias
Thierry.- ¿entonces te
gusta?
Frederick.- gracias, muchas
gracias
Thierry.- vamos, pon los
platos y vamos a comer
A
los pocos días ya con su documentación en regla, empezaría de nuevo a trabajar
en los documentos pendientes de archivar en la catedral. Thierry le iría enseñando paso a paso cómo
realizar el cuidado y conservación de
aquel monumento.
Por fin terminó la
guerra. Europa había quedado destruida, los hombres y mujeres trabajaban en su
reconstrucción.
Aun sin tener un título en sus manos, fue
requerido, como profesor de arte y de literatura para un colegio cercano, pero su mente seguía
estando tras aquellos gruesos muros de piedra.
Thierry.- ¿por qué haces esto? No te das cuenta de que ahora tienes una
gran oportunidad
Frederick.- mi gran
oportunidad es estar a su lado, aquí, siempre aprendiendo
Thierry.- pero si eres
profesor, serás valorado; mira, algún día publicaras tus poemas, relatos y
ensayos, porque tienen algo especial, son muy buenos
Frederick.- para usted es muy
bueno todo lo que yo hago, pero queda mucho que aprender y tengo el mejor
maestro
Thierry.- yo que te voy a
enseñar, si apenas aprendí a leer
Frederick.- no se da cuenta
que si usted hubiese estudiado en los libros, tal vez no tendría nada que
enseñarme. Lo que
me enseña, nadie lo escribió, eso quiero aprender
Thierry.- estás muy loco,
pero eso me da igual. Hagas lo que hagas, siempre podrás contar conmigo y el día que tú decidas marchar, será para bien
Frederick.- lo sé, pero no es esa mi intención.
Con
los años el anciano, se vio postrado. Demasiadas penurias para aquellos
frágiles huesos que ya pedían tierra.
Frederick lo cuidó como si de su mismo padre se
tratase.
Noches en vela a su lado controlando que no desmayase su aliento. Jamás le faltó una caricia de sus manos, ni los más dulces besos
de ese hijo que nunca tuvo.
El día en que Thierry murió, Frederick,
heredó todo lo que le pertenecía:
La casa, el trabajo, incluso su apellido
llevaba puesto en sus documentos.
Nunca olvidaría sus últimas palabras:
…---- nunca dejes de escribir poesías, ni de
adornarlas con gracia en tus caligrafías. Sigue regalándoselas a
las personas de bien y tendrás la mejor recompensa. Ver su felicidad.
En el interior de la tapa de la caja de
madera, mientras los conocidos lo velaban, escribió las más sentidas letras y
las adorno con todo tipo de orlas de color, como exclusivo pago a todo lo que había enseñado en ese tiempo.
Solo, en aquella pequeña casa, Frederick vivía
esperando a que nadie llamase a la puerta; para qué. Siempre que alguien había llamado a su vida, esta se
había visto truncada.
Cada noche, junto a la ventana, mientras
veía a la gente caminar de vuelta a casa, escribía versos y los adornaba, para a la mañana
siguiente darlos a la primera persona con la que se cruzaba por la calle camino
al trabajo.
Trabajadores y trabajadoras
que le pagaban con la mejor moneda:
Las gracias acompañadas por una sonrisa y algún que otro abrazo.
En la catedral, enseñaba el tesoro a los
visitantes; luego junto a ellos hacía un recorrido por todas las dependencias,
explicando cada una de las obras de arte; se paraba en cada cuadro, en cada verja, en cada columna, en cada
adorno por insignificante que pareciese, explicando todos sus detalles e historia.
Tras acompañar a los visitantes hasta la puerta y recordarles que allí había un cepillo para donativos que siempre serían agradecidos, se dirigía en soledad hasta el altar mayor.
De rodillas rezaba unos minutos y en su
oración rogaba en voz baja por el alma de su gran maestro. Finalmente siempre
reservaba un instante de silencio para recordar a esa, a la que nunca volvio y que jamás olvidó…
…Su añorada España.

Sentimientos nobles, solidaridad y agradecimiento! excelente este capítulo ! Gracias por compartirlo !
ResponderEliminarQuerido amigo Carlos Torrijos: Siempre logras sorprenderme con tus poesías y ahora con este capítulo de tu magnífica obra. Tu destreza literaria logra capturar la atención del lector y nos haces disfrutar tanto la trama así como el desenlace. Felicitaciones, me gustó mucho.
ResponderEliminarImpresionante la manera con la que escribes. Gracias,tocayo.
ResponderEliminarUsted , Carlos Torrijos es muy grande, gracias por compartir , es de una calidad asombrosa 😘
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