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sábado, 14 de diciembre de 2024

El resurgir - Cap.- 22

 

"Ver con los ojos cerrados" 22

 

 

         En la familia de Manuel, ciertas costumbres iban cambiando día a día.

   Los fines de semana Samuel los dedicaba por la mañana al comedor y  por las tardes se llegaba hasta ese garaje a aprender a manejar el lapicero intentando hacer algunos trazos que se parecieran a algo, asesorado por Carolina, que se reía de lo inepto que era.

      Por su parte Lourdes, los viernes por la tarde, ya no iba con sus amigas al karaoke;  habían alquilado un pequeño local y montado un pequeño grupo con compañeras de Julia del conservatorio, en esa formación, ella era la vocalista y Lucía componía las letras de las canciones; estaban ensayando hasta bien caída la tarde, porque hacían poco ruido al ser una formación acústica, sin batería ni amplificadores.

     A partir de aquella discusión Verónica dejo de ir a jugar al parchís.    Cerca de casa hay un aula poética y junto a su amiga Angustias pasa muchas tardes en los talleres que allí se realizan para adquirir conocimientos literarios, aparte de asistir a eventos donde recitan sus poemas en público.

      Manuel sigue más o menos igual, acudiendo unas tardes por semana junto con su mujer al bar tranquilo de la zona antigua a degustar unos vinos y unas raciones, y al regresar a casa sentarse en el banco de pensar y ver con los ojos cerrados.

        Las cenas siguen siendo un coloquio de anécdotas diarias;    las cosas más intrascendentes son compartidas con ilusión, pareciendo estas, un regalo caído del cielo.

            En el comedor todos están pendientes de cada vez que Carolina lleva un nuevo “dibujo” de Samuel para enseñárselo orgullosa, o Julia les tararea la letra de una nueva canción, y sobre todo expectantes a que Manuel les diga por fin la fecha en que sale de la imprenta la antología poética en la que participa Verónica junto a sus compañeras, y así comprarlo y leerlo nada más salir.

 

      Se aproxima la Semana Santa; Lourdes ha convocado a todos los familiares que se juntaron en Nochevieja para ver la procesión que pasa justo por la puerta del comedor la noche de Martes Santo para verla desde los balcones, aunque sabe que a la planta superior no se sube casi nunca.

 

           Ese día pasarán allí la tarde.   Es el dieciocho cumpleaños de la mocosa y llevará pasteles y refrescos para todos.      Les tiene guardadas varias sorpresas que no explica en la invitación, por lo que recomienda que nadie se lo pierda.

 

 

       La citada tarde, allí acudieron todos; no faltó ninguno.

    La primera sorpresa fue ver que la familia parecía haber aumentado, cuatro chicas que no conocían,  esperaban con los brazos cruzados en la puerta de la cocina sin decir ni palabra.

       Tras felicitar a Lourdes y entregarle diversos regalos se fueron sentando en la mesa con la incógnita en sus mentes.   Julia se sentó en el teclado, Lourdes se puso a su lado y las cuatro chicas entraron en la cocina de donde salieron con sus instrumentos:   un violín, una viola, un chelo y un oboe.

       Juntas interpretaron una canción que como es normal, nunca nadie había oído hasta ese momento.   --Al terminar el comedor se llenó de aplausos--

Lourdes.- Gracias, este es un nuevo grupo que por no tener no tiene aún ni nombre, esta es la primera vez que actuamos en público y lo que acaban de escuchar, la última canción que hemos ensayado; pero aunque está sentada y no en este ficticio escenario, esto no sería posible sin la inspiración de Lucía, que es la que escribe nuestras letras y le dice a Julia que quiere trasmitir, para que ella luego haga los arreglos musicales.  

   --De nuevo sonaron los aplausos cortando su discurso--

Lourdes.- tranquilos que no he acabado.  Gracias, a estas amigas y magníficas instrumentistas, que cada día se esfuerzan por enseñarme un poquito de su arte y como hacer que mi voz, no suene a gorrión acatarrado.

                  --De vuelta los aplausos cortándola---

Lourdes.- pues en vista de que no me dejáis hablar, un gracias global también a vosotros por venir y que no quede ni un pastel en la mesa.

             ---Los aplausos esta vez fueron carcajadas—

Carolina.- ¿pero no vais a tocar más?

Julia.- sí, tranquila queda mucha tarde

      

    Pasado un rato, las cuatro se fueron de nuevo hasta donde estaban sus instrumentos y se pusieron a controlar su afinación.

Lucía.- señoras y señores, estas grandes artistas han preparado una alfombra musical con que acompañar a nuestra nueva escritora, cuyos poemas se han publicado una preciosa antología.  ¡Verónica! que a continuación nos leerá uno de sus poemas

Verónica.- estáis locos, que no me acuerdo de ninguno, vaya vergüenza.

Lourdes.-  tranquila mamá que he traído el libro en el bolso

Verónica.- yo te mato, podías haber avisado

      ---Las voces sonaban al unísono---

     .-.-.- que recite, que recite.

Verónica.- pero perdonar si meto la pata que estoy muy nerviosa

Lourdes.-   Mamá, el de la paloma y el olvido “porfi”

Verónica.- esperar que lo busque

Lucía.- en la página cincuenta y ocho

Verónica.- calla, que ya lo sé, pero darme tiempo

          El poema escogido era perfecto para alabar el compromiso de los que en ese lugar estaban cada día.  La dulce alfombra musical parecía estar hecha a su medida, incluso en los matices que adornaban los silencios entre estrofa y estrofa, con un arpegio que daba paso a unos nuevos versos.

      

   Aquellas pinceladas artísticas sabían a poco.  Menos mal que quedaba mucha tarde y más canciones y algún que otro poema hasta la hora de la procesión.

     Carolina, sentía el no haber llevado alguno de los dibujos que hacía Samuel, para enseñarlos y completar a la vista de los presentes la nueva faceta artística de esa familia;      si lo hubiera sabido…  Pero Lourdes y Julia lo habían guardado todo en secreto hasta el último momento.   

      Nadie, ni los padres podían imaginarlo.

     

     Se aproximaba la hora. Unas campanas sonaban graves anunciando la salida del desfile de penitencia.     La iglesia de donde salía estaba cerca de allí, por lo que no tardaría mucho en empezar a pasar bajo los balcones el estandarte de la cofradía flanqueado por los primeros faroles seguidos por las largas filas de hermanos iluminando la calle.

Roberto.- vamos al balcón, que ya están saliendo

Tomás.- ¿y con estas dos que hacemos?

Fernando.- coge de ese lado y yo de este otro, que la subimos en volandas

Nerea.- cómo me caigáis

Fernando.- ¿no te fías de nosotros?

Nerea.- con cuidado que las escaleras son muy empinadas

Tomás.- tranquila, que de caerte, lo hacemos cuando ya estemos casi arriba

Roberto.- Manuel,  vamos arriba con Carolina

Carolina.- que yo la veo desde aquí, que esta silla pesa mucho

      --Samuel se acercó y la cogió en brazos como si fuera una pluma—

Samuel.- coger la silla que de esta me encargo yo

Hortensia.- cuidado no me la desgracies

Manuel.- tranquila que está en buenas manos

Hortensia.- si ya lo sé, están muchos ratos juntos

Verónica.- tú, si ves que te da mucha guerra, lo mandas para la calle

Hortensia.- guerra ninguna, no sé ni cuándo llega, ni cuándo se va

        Se fueron repartiendo en los tres balcones.  Todo estaba en silencio, tan solo el sonido de una pequeña campana que portaba un nazareno atada a su muñeca, anunciando la inminente llegada del desfile procesional.

   -- Lourdes se puso entre Julia y Lucía fundiéndolas a ella en un abrazo—

Lourdes.-  qué tal os parece si vemos las tres la procesión con los ojos cerrados oyendo los pasos de los nazarenos, acompañados por el olor a cera de sus antorchas

    --Al oír esas palabras, todos sin excepción, sin mediar palabra, como por arte de magia cerraron sus ojos—

    Vieron la procesión como jamás la habían visto.   El olor que desprendía la llama de las antorchas de cera iluminado la noche, se entrelazaba con el dolor de los eslabones de una cadena, que unida por grilletes a los tobillos de un penitente, gemían sobre la dureza del suelo de la calle. En las pausas de la brisa nocturna, se podía intuir el aroma a naftalina que abrazaba las túnicas de paño que colgadas en el armario todo el año, esperaban ese momento tan ansiado, para lucir todo su esplendor en el transitar lento de la hermandad.

    Pasado un tiempo;  el Cristo debía de estar cerca, pues el sonido del tambor destemplado que marcaba el paso pausado a los cargadores se aproximaba, empezando a retumbar en el gran comedor con sus ventanales abiertos.

    Pudieron sentir como las suelas de las sandalias que soportaban el peso de las andas, se arrastraban por los adoquines desgastados y poco a poco, tras sentirlos tan cerca, que hasta podrían llegar a tocar el travesaño de la cruz con sus dedos, se iban alejando lentamente hasta doblar la esquina.

 

 --Fue entonces cuando volvieron a abrir los ojos encharcados por la emoción—

 

   Bajaron de nuevo la escalera y en aquella mesa larga, sentados en aquellos bancos de madera, con la emoción contenida, cada uno fue contando al resto su dulce experiencia;  vivencia narrada con tal devoción, que daba fe, que hasta el más incrédulo se había visto reflejado en esa cruz, en ese Cristo, en las ramas con espinas que formaban la corona que portaba sobre su cabeza, en cada uno de los clavos insertados en la madera atravesando sus manos y pies.

     

 


miércoles, 11 de diciembre de 2024

El resurgir - Cap.- 21

 

"Ver con los ojos cerrados" 21

 

      Los meses fueron pasando, Samuel se decidió a acompañar a Manuel a ayudar al comedor los fines de semana allá por el mes de marzo; dos manos más dispuestas a ayudar.       Camino al comedor Manuel no entraba en la chaqueta de  orgullo.      Que grande era su chaval.

 

Manuel.- creo que no hace falta que te diga nada

Samuel.- qué no, que solo somos amigos y pasamos tiempo juntos

           ---Manuel se echó a reír –

Samuel.- ¿qué pasa?

Manuel.- que no me refería a eso.    Me refiero a que allí: Ver, oír y callar

Samuel.- ¿a qué viene eso?

Manuel.- vas a ver a gente conocida que ni te imaginas, nadie tiene que saber su identidad, aunque algún hijo suyo, aparente ser hijo de un marques

Samuel.- tú tranquilo, si fuera Lourdes, pero yo tengo la mecha larga

Manuel.- pues eso, ponle a la mecha un par de metros más

       -- Manuel y Samuel entraron en la cocina ante la sorpresa de todos—

Roberto.- ¿cómo por aquí el mozo?

Samuel.- que los fines de semana ya tienes a otro al que mandar

      --Manuel miró a Carolina sonriéndole y esta se puso roja mirando hacia otro lado—

Roberto.- ¿y a este donde lo ponemos?

Manuel.- este, como yo cuando llegué, de aprendiz al almacén, que me tiene Gervasio arto a cargar con los sacos y las cajas

Gervasio.- pero si cogemos siempre las cosas entre los dos

Paco.- pues te vas a hartar de pelar patatas

Manuel.- ¿y por qué me va a poner a pelar patatas?

Paco.- porque si te pone a lavar los vasos, nos quedamos sin vajilla en cuatro días, pues menudas manos tiene el amigo

Nerea.- pues como de cada diez patatas que pele, tire a la bolsa dos, vaya ganancia que vamos a tener con él

Julia.- no hagas caso, ponte con nosotros que vas a estar mejor

Tomás.- claro, vosotros ya sois dos y yo estoy solo

Roberto.- pues Manuel, no se va a poner con ninguno de vosotros

Antonio.-  pues mejor,  que se ponga con Paco a pelar patatas Samuel

Roberto.- Manuel va a ser el nuevo cocinero y yo me voy a encargar de que sea el mejor chef de la ciudad

Samuel.- pero que mal te ha hecho a ti esa pobre gente, al infierno que vas a ir por maltratar el estómago de los indefensos

Tomás.- ¡toma! Puñalada por la espalda

Carolina.- desde luego Samuel, no me esperaba eso de ti

Nerea.- como para fiarse de este

Paco.- que pena tener hijos para esto

Manuel.- bueno ya vale, mejor me quedo en el almacén

Roberto.- que lo he dicho en serio, que te vienes conmigo a los fogones

Manuel.- ¡ah! ¿pero que es verdad?

Roberto.- pues claro, ¿si un día me pongo malo? alguien tendrá que cocinar

Julia.-  ay señor, lo que tendremos que ver

             ---esa frase provocó una risotada en el almacén—

Roberto.- ¡a ti que te pasa ahora!

Gervasio.-nada, que yo estoy haciendo las practicas en el hospital por la tarde

Nerea.- tú vete avisando a los de urgencias, que va a faltar personal

Manuel.- solo por eso, voy a aprender a cocinar

Roberto.- claro que sí, esa es la aptitud

Manuel.- y tú Samuel calladito, en casa ni una palabra

Gervasio.- “cachiendiez” ahora que ya tenía a este enseñado

Samuel.- no te preocupes que seguro que aprendo rápido

Gervasio.- pasa y fíjate bien donde está cada cosa

        Samuel se lo tomó muy en serio y algunos días entre semana de esos que tenía solo una hora de clase por la mañana, se acercaba hasta allí para colocar lo que había entrado la tarde anterior.

            --Cambiando de ambiente--  

      Algunos viernes por la tarde, coincidían en el mismo “disco-bar”  Lourdes (que iba con sus amigas) y Julia (acompañada de su hermana Lucía).     A Julia le gustaba oír la voz de Lourdes cuando se subía a cantar algún tema de karaoke, sabía que luego, cuando acababa, en vez de irse a la mesa con sus amigas, se sentaba un poco con ellas dos a charlar un rato; en aquel rincón tranquilo con no demasiada luz, les encantaba cogerse las manos cerrando el círculo mágico y escuchar lo que había a su alrededor con los ojos cerrados.    Julia a veces, iba indicándoles lo que se oía con claridad entre el murmullo, la música y alguna voz desafinando que hacía daño a los oídos.

Julia.- prestar atención, es una voz de chica, está lejos pero creo que está hablando de nosotras

           Lourdes abrió los ojos de inmediato y giró la cabeza mirando hacía la mesa en que estaban sus amigas.  Estaban mirando hacia ellas y sonriendo burlonamente.

Julia.- se han callado en cuanto te has dado la vuelta

Lucía.-  déjalas, no ves que son tontas

Lourdes.- como vaya para allá

Julia.-  Tampoco estaba diciendo nada malo

Lucía.- es que si llegan a decir algo  pasado de rosca, no vas tú, voy yo y las arrastro por los pelos

Lourdes.- ¿pero tú lo has oído?

Julia.- Lucía lleva mucho tiempo ya jugando a esto conmigo

Lourdes.- pero que decían

Lucía.- nada, bobadas

Lourdes.-  quién era de todas

Lucía.- date la vuelta hacia nosotras, que vea que no estás mirando,  a ver si vuelve a hablar y te digo quien es

Julia.- déjate de chorradas, a ti que te importa quién es,  anda y que le den

Lourdes.- tengo unas amigas más imbéciles

Julia.- no digas eso, no es la primera vez, y no todas son imbéciles

Lourdes.- a que os digo quien es la más “bocachancla”

Lucía.- a ver, dispara

Lourdes.- la de gafitas que está bebiendo ahora

Lucía.- premio, has acertado a la primera

Julia.- pobrecita, no te enfades con ella, te necesita más ella a ti, que tú a ella

Lucía.- haz caso a mi hermana; no puede oír lo que piensa, pero no hace falta, esa niña está llena de complejos

       - Siguieron a lo suyo, entre risas hasta la hora de despedirse

             Por unas cosas o por otras, la tertulia de la cena siempre estaba cargada de acontecimientos.  Lourdes siempre que coincidía con las hermanas aprendía algo nuevo que le hacía tomarse las cosas de otra manera y Samuel a ratos, en el garaje de Carolina aprendía a percibir el significado de las texturas de cada pincelada en un lienzo y el porqué de los colores.   Todas las luces y las sombras de los sentimientos plasmados.

      Verónica había empezado a escribir poesía y reproducía en ellas aquello que le rodeaba, convirtiendo en versos lo que sus hijos contaban y luego se los leía en la cama, para ver si estaba la esencia bien trascrita.

    Por su parte Manuel ya tenía bien encarrilado a Germán, que en todos los nuevos expedientes tramitados adjuntaba junto a la lista de documentación solicitada, una explicación concreta a cada caso, precisa y fácil de entender.

        Don Andrés, sabía que había acertado con aquella decisión, pues cada día tenía más solicitudes de clientes que querían ser asesorados.    El buen trato a los clientes y funcionamiento de aquella empresa corría de boca en boca como la pólvora entre los comerciantes de la ciudad y pronto tuvo que recurrir de nuevo a la experiencia de Manuel para modificar algunas cosas en la oficina.

 

Andrés.- Manuel, puedes venir un momento

Manuel.-  sí claro, que quiere

Andrés.- llama a Germán y entrar a mi despacho

       --Según Germán vio acercarse a Manuel, se le vino el mundo encima—

Manuel.- que dice el jefe, que los dos a su despacho ahora mismo

Germán.- yo creo que no he hecho nada mal

--Pararon un momento a respirar en la puerta---

Andrés.- entrar y sentaros;   un momento que estoy preparando tres cafés

Manuel.- no se moleste

Andrés.-  ¿con leche y azúcar verdad?

Germán.- vale

Andrés.- pues aquí están  -- acercando las tazas a donde ellos estaban—

Manuel.- directos al grano, ¿Qué hemos armado?

Andrés.- que yo sepa nada

Germán.- menos mal

Andrés.-  yo se que en la oficina, vosotros dos estáis desbordados de trabajo, mientras que los otros cinco se limitan a tramitar unos expedientes diarios

Manuel.- Germán y yo, creo que cumplimos sobradamente, lo que hagan los demás no es nuestro problema

Andrés.- tranquilo que no os voy a meter en ningún problema

Germán.- a mí siempre me han mirado por encima del hombro, pues encima, lo que faltaba

Andrés.- decirme dos de ellos en los que pueda depositar mi confianza

Manuel.- ahora mismo no sabría decirle

Andrés.- os voy a ser claro, no voy a ampliar plantilla, así que una de dos: O dos de ellos aprenden hacer las cosas bien como las hace Germán y a los otros tres, los dejo para tramitar todos los expedientes diarios para la administración o si no, despido a los cinco y meto a gente nueva con ganas de trabajar

Manuel.- pero como los va a despedir, no fastidie

Andrés.- depende de ellos, dime un nombre

Manuel.- creo que tal vez Fidel, lleva muchos años aquí

Andrés.- ahora te toca a ti Germán

Germán.- pero si es que yo no los conozco apenas

Andrés.- como que no ¿Quién pone más interés en los expedientes que tramita?

Germán.- yo creo que Héctor

Andrés.- sal y llámalos que entren

Germán.- pero yo…

Andrés.- sí, tú

        El chaval salió con las palmas de las manos sudando, se acercó a ellos y se detuvo un momento antes de hablar.  Luego se armó de valor y con voz recia se dirigió a ellos:

Germán.- Héctor y  Fidel; dejar lo que estéis haciendo y pasar al despacho de don Andrés

      Los dos se levantaron de sus sillas, siguieron por el pasillo y pasaron dentro, Germán se sentó tranquilamente mientras ellos continuaron de pie.

Andrés.- los dos habéis sido elegidos por mí para dejar de tramitar expedientes y a partir ahora, os dedicareis a asesorar a los clientes en todo lo que concierne a las cuestiones administrativas y jurídicas

Fidel.- ¿y eso a qué viene?

Andrés.- eso viene a que lo digo yo
Héctor.- perdone usted pero no termino de entenderlo muy bien

Andrés.- no te preocupes, Manuel y Germán, os darán las directrices de lo que están haciendo para el mejor asesoramiento y simplemente es atender a los clientes de manera personalizada

Fidel.- a estas alturas, me va a decir a mí un mocoso lo que tengo que hacer; escoja a otro de esos que a mí no me importa seguir pasando expedientes

Andrés.- todo hablado; mañana a primera hora pase por este despacho a firmar el finiquito

Manuel.- pero don Andrés, no haga eso

Fidel.- tranquilo, si me parece bien, entre la indemnización por despido y el paro, para mi mujer y yo, bien llego a la edad de jubilación

Andrés.- pensándolo bien, no lo voy a despedir, puede ser que se vaya usted solito o se encuentre con un despido procedente. Haga el favor de volver a su puesto de trabajo

     Fidel salió del despacho, como si allí no hubiese pasado nada, llevaba allí desde antes de que don  Andrés empezase a andar a gatas, si quería despedirlo allá él, le iba a costar un pico.

Manuel.- desde luego, que ganas de problemas

Andrés.- Héctor, a partir de mañana te pones junto a Germán y vas viendo la forma que tiene de enviar distintos expedientes

Héctor.- no creo que sea muy difícil

Germán.- si soy capaz de hacerlo yo que llevo cuadro días; es solo analizar a cada cliente, sus necesidades y conocer un poco cuales pueden ser sus dudas a la hora de pedir y rellenar la documentación.

Andrés.- otra cosa; a vosotros dos, ni se os ocurra tocar un expediente de los de la administración; espero que cumplan entre los cuatro con el cupo diario o los veo en la calle en cuatro días ¡ah!  Y vosotros en la próxima nómina, seguro que notáis  un pequeño aumento que nunca viene mal

       --- Germán y Héctor, salieron del despacho tan contentos—

Manuel.- perdone don Andrés, pero al llevar tantos años aquí Fidel, yo creía que se tenían más aprecio mutuo

Andrés.- no te preocupes, siempre se creyó el jefe de la empresa y mi padre le aguantaba todo

Manuel.- pues que pena, si lo llego a saber no abro la boca;  me voy que hay gente esperando y se hace cola

 

    Andrés, quedó en su despacho triste por lo ocurrido,  la prepotencia de Fidel era algo que siempre había sabido, pero que nunca había querido asumir.




lunes, 9 de diciembre de 2024

El resurgir - Cap.- 20

 

"Ver con los ojos cerrados" 20

 

 

     Pasaron las fiestas y después de reyes, todo volvió a la monotonía habitual.

      Lourdes y Samuel a sus clases, Manuel un par de días y los fines de semana al comedor y Verónica a tomar café y echar la partida al parchís algún día que otro.

        Esa tarde parecía que los astros se habían aliado en su contra; Verónica salió de casa y justo cuando estaba llegando al bar, un coche pasó a toda velocidad y al pisar con sus ruedas un charco le puso perdida la falda.  Respiró hondo, se la sacudió con la mano y pensó:    .-no merece la pena, que todo lo malo sea esto.

         Entro al bar y pidió su café antes de sentarse junto a sus compañeras.

Verónica.- pues ya estamos aquí de nuevo ¿Qué tal las fiestas?

Pilar.- lo siento Verónica, es una pena, pero aquí estamos para lo que necesites

Verónica.- perdona, pero no te entiendo

Pilar.- Ya me dijo Virginia que le comentó Lourdes que no había podido ir a comer las uvas a la plaza porque cenasteis todos en el comedor social

Verónica.- me parece que te estás metiendo en un charco y vas a tener que salir a nado

Pilar.- y yo qué culpa tengo que a tu marido lo hayan puesto en el mostrador de recepción y salga antes del trabajo para ir al comedor muchos días; o eso dicen

      Verónica respiro profundo     .- “tranquila, no merece la pena, tranquila”.   Con los ojos cerrados  intentaba controlar su respiración, para no montar un escándalo en el bar.  

Pilar.- no entiendo porqué nos ocultas las cosas, somos amigas.

    Entonces Verónica se puso de pie y ajustó las manos a sus caderas poniendo los brazos en jarra, como forma de evitar la intención de darle un guantazo.

Verónica.- pues sí, claro que sí, esa noche estuvimos cenando en el comedor con cantidad de gente súper agradable, después estuvimos allí cantando y riéndonos hasta las tres y luego nos fuimos a casa a descansar.   Lo que sí me tienes que perdonar tú a mí, es que se me olivó decirte que si querías venir con nosotros.

  -Las partidas de alrededor quedaron paradas; en ese momento enmudeció hasta el televisor-.

Pilar.- ¿por qué iba yo a querer ir?

Verónica.- porque claro, yo cené con mi marido, con mis hijos y con amigos; y claro tú, como tu hija cenaba en casa de tu ex, pues sola en casa, que pena

Pilar.- pues yo estuve en un cotillón y me lo pasé genial

Verónica.- a claro, se me olvidaba que la mejor manera de pasar el mal trago es zorreando, pero es que yo eso no lo necesito

     -- Se levantó espantada haciendo “fú” como el gato--

Pilar.- me voy, no quiero estar cerca de gente que se rodea de muertos de hambre, que todo se pega

     --Un puñetazo, sonó sobre la mesa haciendo saltar las tazas.

Verónica.- Cuidado con la boca, que aquí hay mucho muerto de hambre de verdad, y yo no digo nada

Raquel.- tranquila Verónica, venga, que no merece la pena

Verónica.- es que ya le vale, no la aguanto más

Angustias.- no te enfades, pero si algún día te hace falta algo, sabes que nos tienes aquí

Verónica.- tú tranquila, que si algo me hiciera falta, sé a qué puerta llamar

Raquel.- ¿pero eso que le han dicho a Pilar es verdad?

Verónica.- mira Raquel, vamos a dejarlo, como solo estamos tres, jugamos cada una a sus uñas

          Angustias que conocía demasiado bien de que tela estaba hecho cada vestido, se puso a colocar el tablero y las fichas en sus respectivas casillas de salida.   Para qué dar más vueltas al tema.

 

      Nada más terminar la partida, aunque había ganado, Verónica se levantó y pagó los cuatro cafés; no tenía la culpa el camarero que la otra se hubiese ido escopetada y sin pagar

Raquel.- pero no pagues tú, que he perdido yo

Angustias.- le sobra más el dinero a ella que a ti

Raquel.- como me dices eso

Angustias.- calla, mañana será otro día

       Al salir, no hizo falta decir palabra.   Angustias miró fijamente a Verónica con un gesto cómplice que las dos entendieron. Demasiadas veces en el pasado se habían echado una mano por distintos motivos y nadie se había enterado; sabían que entre ellas no hacían falta explicaciones, solo estirar el brazo y ahí estaría siempre una mano tendida esperando.

 

           En la cena a Verónica los gatos le aruñaban en el estómago, no se podía callar lo que había pasado por la tarde.

Manuel.- pero que te pasa que parece que tienes el baile san Vito

Verónica.- pues mira, os lo voy a contar

       Empezó a contar todo con pelos y señales.   A Lourdes le iba cambiando la cara por momentos intentando recordar cuando había dicho ella, dónde habían cenado.

Manuel.- para, que esta se está poniendo mala

Lourdes.- es que no sé si he dicho en algún momento donde hemos cenado

Manuel.- es que eso da igual, no tienes por qué ocultarlo, ni que hubiésemos hecho algo malo

Lourdes.- pero como dijiste que no dijéramos nada

Manuel.- es culpa mía, pero quería que conocieseis a estas personas sin influencias de fuera

Samuel.- más quisieran mis amigos tener amigos como estos

Verónica.- ¿qué tal con Carolina?

Manuel.- ¿con Carolina?

Samuel.- estuve con ella la otra tarde en su casa, bueno en su garaje

Lourdes.- ¿qué sales, con Carolina? Que guay

Manuel.- para, para, explícame eso

Samuel.- nada, que fui a ver los cuadros que pinta, que pasada, tiene un dibujo de la cara de su padre, colgado en la pared que parece que se va a salir del papel

       Entonces Manuel, les contó lo de aquella Nochevieja, cuando ella quedó en silla de ruedas

Lourdes.- ostia tú, y yo quejándome de esta vida

Verónica.- por eso ella no quiso salir de fiesta la otra noche

Samuel.- a mí me lo contó, pero me dijo que había que tirar para adelante y no había otro remedio y yo le confié el secreto del chal

Manuel.- ¿qué secreto?

Verónica.- es que papá tampoco sabe nada

Manuel.- ah, que fuiste tú la de los regalos

Verónica.- pues claro, me ayudó a envolverlos Samuel y luego se los lleve a Roberto, para que los escondiese en el almacén

Lourdes.- que regalos, ¿los que dijiste que no sabías quien los había llevado?

Manuel.- bueno, pues seguiremos pensando que al final existe papá Noel

Lourdes.- entonces te gusta Carolina

Samuel.- ¿Qué dices? Estás tonta; estamos a gusto juntos, es súper divertida y tenemos muchas cosas en común

Manuel.- Cuidado, no me gustaría que os hicieseis daño

Samuel.- que no, si a ella le gusta un chico que estudió con ella

Verónica.- bueno, pero que las cosas estén claras

Lourdes.- mirar que cara se le pone de cordero degollado

Samuel.- vale ya de bobadas, que no me hace gracia

Verónica.- anda tonto, no te pongas colorado

Samuel.- a lo que estábamos al principio, pero al final le diste una “guantá” o no a esa imbécil

Verónica.- no se la di, pero se fue caliente

          Verónica les dijo, todo lo que Pilar le había dicho, todo lo que ella luego le respondió, y como salió escapada como zorra por rastrojo.

Lourdes.- como algún día me diga algo Virginia o alguna de estas, me voy a soltar la melena y van a llevar estopa

 Samuel.- tampoco te ensañes con ella, al fin y al cabo, tú tienes una familia que ahora es mucho más grande que antes, otras no tienen esa suerte

Manuel.- mirar, si algo he aprendido en estos meses, es que la vida cada día está esperando para darte una bofetada, pero que muchas veces, somos solo nosotros, los que le ponemos la mejilla delante y los momentos de felicidad hay que atraparlos al instante porque son irrepetibles, no merece la pena perder un minuto en ciertas cosas.

Lourdes.- tienes razón, pero perdemos tanto tiempo al cabo del día, que perder un rato soltando por la boca todo lo que llevas dentro, “buff”, te ofrece una de esas relajaciones, que parece que has ido al Spa.

Samuel.- mira que eres bruta

Lourdes.- y si encima te quedas con pelo entre los dedos, eso ya es la plenitud

Verónica.- Para, para, que me das miedo

Manuel.- ¿pero serías capaz? En serio

Lourdes.- no sé, pero por si acaso que no me pille con el día atravesado

Samuel.- es que le tiene muchas ganas

Manuel.- de verdad, no te pongas a su nivel, ella lo está pasando mal y si puedes ayúdala; si no quieres ayudarla, pues nada, siempre se dijo: A palabras necias, oídos sordos.

Lourdes.- pues vas a tener razón, eso sí, que no me toque mucho las narices

 

          -- No pudieron por menos que echarse a reír--.