
Transcurridos los días de espera y tras una
breve llamada. Esa misma tarde/noche, los
dos acudieron puntualmente al lugar de la cita.
Javier.-Buenas
tardes, ¿es usted don Manuel?
Manuel.-claro
y tú eres Javi. No sé porqué te había imaginado así, tu voz me recordó a cuando
yo era joven. Aquel estudiante lleno
de inquietudes y falto de inteligencia.
La cual había que suplir con ingenio para estar a la altura, y no digo
que tú no seas listo, no, nada de eso.
Javier.-sus
palabras no me ofenden, al contrario, me alaga que me vea así tras tantos años
de experiencia de vida
Manuel.- a lo que
venimos. Me vas a perdonar pero no
tengo ni idea a quien te refieres. He
estado mirando el expediente y no pone nada que me haga recordar. Bueno en
realidad es que no pone nada
Javier.- usted me
parece una persona culta y seguro que lo recuerda.
Le estoy hablando de alguien que está
enterrado a los pies de un olivo de piedra y cubierto por poemas firmados por un
tal Flavio.
Manuel.-Flavio,
que gran poeta. Y… ¿Cómo
ha sido el interesarte por él?
Javier.- cuando vi
su tumba me impresionó por su belleza y austeridad. Pero
al leer sus poemas no sé, tanto la robustez de sus versos, algunas palabras
utilizadas para describir un concepto y sobre todo su firma parecieron
trasportarme a otro lugar, a otro tiempo pasado, olvidado, o tal vez nunca
vivido.
--- se dirigieron a un bar cercano ----
Manuel.-Antes
de nada siéntate, creo que debo contarte el porqué de esa tumba. Luego retomaremos la investigación donde se
abandonó para que puedas redactar tu trabajo de final de curso con un
conocimiento de quien era esa persona.
---Tras pedir una par de cafés ---
Javier.-Un
segundo, que saco el cuaderno
Manuel.- Nada de
cuaderno, lo hermoso es aprender lo que la historia te cuenta para luego poderla transmitir
Javier.- ¿y los
detalles?
Manuel.- ¿los
detalles? Esos no importan si estos carecen de importancia, los que son
trascendentales no se olvidan
Javier.-como usted
diga
Manuel.- pues empecemos:
Hacía poco tiempo que me había
incorporado a este mi nuevo destino y aún me estaba adaptando al entorno.
Poco a poco, aquí iba conociendo a mis
nuevos compañeros, las calles de la ciudad, sus gentes y a los delincuentes
habituales de poca monta, los que me tocaba interrogar un día sí y otro también
por delitos menores.
Una fría mañana del mes de
febrero; yo acababa de entrar en la
comisaría cuando se recibió una llamada avisando de que un mendigo dormitaba en
un rincón bajo unos cartones.
Su
rostro asomaba amarillento y por más que
le insistían su cuerpo inmóvil no daba señales de vida, pero nadie se atrevía a tocarlo.
Me dirigí hasta allí con otros dos
agentes. Cuando llegamos, los
sanitarios ya lo habían tapado con una manta tras certificar su muerte.
Se trasladó su cadáver al anatómico
forense. No portaba ningún tipo de documentación, se
comprobó que sus huellas no estaban en la base de datos, debido quizás a que en
tiempos pasados había gente que se hacía el carnet de identidad casi a la hora
de ir al servicio militar y eso el que no se libraba por alguna causa.
Calculo que a su muerte debía de tener entre
setenta u ochenta años, más o menos.
En estos casos la verdad es que tampoco se hacen muchas indagaciones y
solo habría sido un indigente más, si no hubiera sido por mi curiosidad.
Hice aquello que nunca hubiera imaginado.
El único objeto personal era una libreta a
la que solo le quedaban unas pocas hojas sin arrancar. La
metí en mi bolso de mano y me la llevé a casa para leer lo que en ella tenía
escrito. Allí se hallaban una serie de
poemas cortos, todos con palabras
esperanzadoras.
En la cubierta anterior al igual que
en cada hoja en su parte superior, tenía dibujado un escueto olivo y en la
parte inferior derecha su firma con una rúbrica preciosa acompañada de su
nombre:
Flavio.
Me impactaron tanto aquellos versos,
que me interesé por su autor, quien era y el porqué de su destino.
Primero pregunté a mis
compañeros. Todos lo conocían, era una
persona nada conflictiva, jamás lo habían visto beber ni fumar, solo escribir y
regalar sus poemas a los transeúntes sin pedir nada a cambio. Siempre
solitario, aunque en todo el barrio lo apreciaban solo unos pocos hablaban con
él.
Los agentes jamás se habían preocupado
ni de quien era, ni de donde procedía. Nunca, ni tan siquiera le preguntaron su
nombre.
Allí en aquel rincón era como un
trasto viejo, que aunque no tenga utilidad tapa la mancha de humedad. No había nadie en la comisaria que no lo recordara
ya de mayor.
Los encargados del albergue cercano habían
desistido de ir cada noche para ofrecerle un techo que él, siempre se negó a
aceptar. Sí agradecía su generosidad
cuando le acercaban una taza de caldo calentito en las noches de invierno para
entonar el cuerpo.
Después me acerqué al único par de sitios que solía frecuentar, a los que volveremos juntos para que sus historias las
oigas de primera mano. Por suerte aún estamos a tiempo, ya que las dos personas siguen
aún con vida.
Pasados varios días se me pasó una idea
por la cabeza y procuré llevarla a cabo.

Empiezo a saber quien es Flavio.
ResponderEliminarLo ieremos conociendo pococ a poco
EliminarGracias por estar
Deseando saber mucho más
ResponderEliminar