jueves, 24 de septiembre de 2015
No Esclavitud. No Maltrato.
miércoles, 23 de septiembre de 2015
Sin firma.
Alambradas en el Alma
martes, 22 de septiembre de 2015
Red on Black
lunes, 21 de septiembre de 2015
Donde se marchó el poeta.
domingo, 20 de septiembre de 2015
Musa de otros poetas.
sábado, 19 de septiembre de 2015
Valdeluna cap .-7
Bernardo ya está hecho un mozo.
Lleva unos meses ronroneando a Zoila;
una mocita con silueta espigada, alta como una mimbre, de genio recio y
con aire altivo, como su padre Liberto, el que parece ser ve la relación con
agrado.
A la declaración de intenciones serán acompañados por la madre del uno y
el padre de la otra. Aproniana, deberá dar el visto bueno. Testigos será la madre de la una, junto con el padre del
otro como responsables del buen enseñar a la convivencia en respeto a la nueva
pareja.
En la plazuela de Valdeluna, junto a
las piedras que quedan del antiguo edificio derruido, han colocado dos asientos
forrados de telas rojizas.
La mecedora de la matriarca se
balancea frente a ellos movida por la brisa a la espera de que está llegue con
paso cauteloso. Las prisas nunca
fueron buenas para decisiones importantes y compromisos que han de durar una
vida.
Cada uno, en su correcto emplazamiento
colocado deberá asumir las responsabilidades que de esa reunión resulten o
deberá rendir cuentas ante un
disciplinario comité de ancianas
al que más vale no enfrentarse.
(La matriarca ya sentada, tose y todos
callan)
Aproniana.-
Bernardo, Zoila; ¿estáis aquí por voluntad propia y sin ningún tipo de
presión?
Zoila.- sí
Bernardo.- claro
Tras una colleja que cae sin ruido
sobre su nuca pelada, como si nada hubiera pasado se oye un susurro.
Andrea.-
un poco de respeto mozalbete
Aproniana.- vuestro cometido será el velar el
uno por el otro, procurar alimentos para vuestra descendencia, educarlos en el
respeto hacia la naturaleza, el trabajo y la dignidad del resto de personas que
aquí habitan, así como impartir las enseñanzas que nuestros antepasados nos
legaron para que desde su infancia sean admirados por su comportamiento, y a su
muerte, que también llegará, venerados con orgullo por su descendencia. Si
acaso no estáis de acuerdo podéis levantaros e iros. Nadie
os obliga y nadie os retiene.
--Unos minutos de silencio. Ninguno de los dos se levanta--.
Aproniana.-
Andrea y Liberto; ¿aprobáis que
estos, Zoila y Bernardo, vuestros hijos, abandonen vuestro techo y formen un nuevo hogar para ellos y su
descendencia?
Andrea.-
sí
Liberto.- que remedio
Otra colleja, esta mas sonora y con
peor intención hace que los presentes salten de carcajada.
Liberto rascándose el cogote,
sorprendido y a la vez avergonzado ante la mirada fija de su mujer que parece
prometerle alguna más cuando lleguen a casa, agacha la mirada. Cualquiera rechista.
Andrea.- hombres teníais que ser.
Aproniana.- espero que esto no se repita. No es
cosa de risa que dos personas tomen esta responsabilidad.
(De nuevo en la plazuela el silencio se puede
cortar)
Aproniana.-
Celsa, en este tiempo has de
preparar a tu hija para que sea una gran madre.
¿Te ves capacitada para ello o necesitas
nuestra ayuda?
Celsa.-
me veo capaz de ello
Aproniana.-
Gorgonio, en ti delego la
responsabilidad de construir los muros del nuevo hogar donde criaran y darán
cobijo a su familia ¿asumes este compromiso?
Gorgonio.-
lo asumo
Aproniana.- dentro de ocho lunas negras, comenzareis una nueva vida en común. Ahora tomad con fuerza este pico en vuestras manos para con él extraer de la montaña las piedras, que ella por mi orden os regala para que los muros de vuestra relación sean consistentes. Con humildad coged tierra del valle y agua clara del arroyo para hacer la masa que os una para siempre, de por vida, sin que ninguna tempestad pueda abrir grietas en la relación. Con prudencia y respeto, escoged y talad los arboles necesarios para que de sus troncos salgan bigas que sujeten el techo que os dará cobijo y en su lugar sembrad de nuevo las ramas para que vuestros hijos (algún día no tan lejano) también puedan tener un nuevo techo que resguarde a vuestros nietos. Y en este tiempo hasta que amanezca el día en que esta decisión se haga efectiva pensad: No hay ningún compromiso que pueda primar ante la libertad individual de una persona, pero una vez dado el paso uno es esclavo de sus actos y su voluntad no puede ser otra que el bienestar de su familia.
(La anciana se levanta y se acerca a la pareja)
.- Recordad estas últimas palabras; sois libres, tan solo vosotros sois dueños de regalar vuestra
libertad, el bien más preciado que una persona posee.
viernes, 18 de septiembre de 2015
Poesía en Antena
martes, 15 de septiembre de 2015
Valdeluna cap.- 6
Varios inviernos ya han pasado
desde que Gorgonio cambiase su vida de nuevo y cediese el honor de cuidar de
los sótanos llenos de vapores condensados, líquidos embriagadores y quesos en
curación a Diógenes demasiado viejo para sudar el campo y aún joven para no
hacer nada.
Genaro está orgulloso de sus pequeños; los que ya están empezando a gastar tizas
demuestran buen pulso en sus trazos sobre la negrura de la piedra y los más
avanzados, hábiles en la lectura, forman frases bien estructuradas y están
empezando a dividir con fluidez. Todos
menos Primavera, esa niña revoltosa de culillo de mal asiento, deseosa siempre
de que acabe la clase para irse a la orilla del arroyo.
A primavera, no demasiado preocupada por las
letras y perezosa con los números, le
encanta el dibujo como forma de expresión.
Le gusta aplanar la arena hasta dejarla como un lienzo terso y
suave. Luego traza varias líneas a
modo libre de diferentes longitudes, formas y direcciones.
Se pasa un rato dando vueltas alrededor mirando el recuadro del suelo
desde distintos ángulos.
De pie, con su barita larga, con delicadeza, va dando forma a aquello
que esas burdas rayas le han sugerido hasta que tras agregar una serie de
minuciosos detalles hechos rodilla en tierra, da por terminada su obra.
Como siempre son cosas extrañas; combinaciones de estructuras ficticias que forman imágenes irracionales.
Casas con alas que salen por
ventanas, puertas llenas de estrellas, tejados de agua y chimeneas que en vez
de humo desprenden flores y pájaros. Siluetas de seres con dos cabezas, extremidades
alargadas y deformadas, en posiciones imposibles con miradas nunca situadas en
su rostro y bocas torcidas con labios grandes y abiertos. Arboles con ramas secas y enroscadas que se
precipitan hacia el suelo, raíces que emergen
de la tierra como vermes intestinales intentando alcanzar el cielo.
Matías, desde una distancia prudencial, la observa pacientemente, luego se acerca, mira el dibujo e intenta entender su significado. Entonces ella, se lo explica con palabras tan abstractas como esas propias líneas y él, lo vuelve a mirar con cara de “no entiendo nada”.
Bueno. Al rato Matías se dirige a la colina por el
camino como cada día. En lo alto intenta una y otra vez depositar su
imaginación en la arena, pero nunca avanza más allá de las primeras Rayas en
las que no ve jamás nada.
Genaro, aprovechando la soledad del lugar se acerca, mira el dibujo, analiza sus trazos, no es nada parecido a lo visto por él en los viejos lienzos enrrollados que en casa guarda. ¿Cómo ayudar a potenciar eso que ella hace? No tiene referencias en las que fijarse. ¿Está bien? ¿Está mal?...
Donde encontrar referente con el
que poder corregir y así intentar perfeccionar eso tan raro. Permanece concentrado mirando el
suelo. Sin saberlo la sorpresa acecha
a sus espaldas.
Primavera.-
¿Cómo usted por aquí?
Genaro.-
ya ves mirando esto tan raro
Primavera.- lo he hecho yo
Genaro.-
ya lo sé ¿y qué es?
Primavera.-
mire; esto
de aquí, es el día que empieza a nacer y se ve retenido por la noche que no
quiere irse.
Genaro.-
pero ¿el sol? ¿Y la luna?
Primavera.-
el nuevo sol está tras el ombligo y el ojo que está en su mano es la
luna que se resiste con fuerza a esconderse aunque los dedos la aprieten.
Genaro.- sí, sí, (la imaginación de Primavera
escapa a su alcance)
Primavera.- no me mienta. No lo ve, igual que Matías
Genaro.- serias capaz de reproducir unas
laminas que tengo en casa
Primavera.- ¿para qué?
Genaro.-
¿la verdad? No lo tengo claro… pero por intentarlo
Primavera.- vale
Genaro.-
pues mañana te llevo una
Toda la noche, la pasó elaborando una tabla
de tres por cinco palmos.
La pulió y lijó con esmero hasta
que consiguió una superficie blanca, lisa, incluso resbaladiza. Seleccionó los carboncillos de mayor dureza y de
entre los papiros del arcón cogió uno que en especial, siempre le había emocionado ver.
Una
madre acostada con su niño.
La mañana siguiente, todos dedicarían sus
sentidos a lo que Primavera hiciera.
Trazo a trazo iba dando forma a la
mujer y el niño. Con el rostro sin gesticular el resto miraban no sabían
bien qué.
De pronto con el dedo expandió el negro polvillo dando forma al contorno
de los cuerpos.
Pasmados todos, vieron asombrosamente como su dedo corazón iba creando sombras
y la imagen con dulzura parecía salir de la tablilla hacia fuera como intentando
hablar.
Primavera.-
ya está, ¿Qué le parece?
Genaro.- me has dejado impresionado, casi mejor
que el original
Primavera.- espere, espere, ya verá
Cogió un paño y limpió la tablilla; la aclaró en agua varias veces hasta dejarla blanca de nuevo.
Se unto las manos con los carboncillos y las movió convirtiendo lo claro en una oscuridad absoluta.
Quedó quieta, parada, mirando con detenimiento.
Enrolló
la punta un trapo haciendo un nudo, para con él ir limpiando y limpiando cachitos
para luego unirlos entre sí.
Primavera.-
ahora sí, ya está, la madre y el hijo felices, las nubes la miran con
envidia y los arboles se postran ante ella reverenciando su maternidad.
Todos miraban incrédulos. Nadie veía nada de lo que Primavera decía. Los niños marcharon a jugar. Ella,
se dio media vuelta ante la falta de
atención y marcho a la orilla del arroyo. Genaro con la tabla en sus manos se sentó
pasando varías horas dándole vueltas, a ver si en alguna posición podía ver
aquello que decía la pequeña había dibujado.








