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domingo, 30 de noviembre de 2025

Microrelato.- lo que nunca vio

 

Prohibido ser diferente

 

    Corría sin rumbo por las calles, perseguida por pijamas blancos.

     La gente se escondía cerrando puertas y ventanas a su paso.

     La rodearon personas vestidas de uniforme, pero ella, no había hecho nada.

   Sus manos doloridas y el camisón empapado en sangre, producto de las heridas infringidas por la alambrada que cubría los muros que acababa de saltar.

    Tan solo, quería llegar al mar.

           Había oído de pequeña en labios de su abuela, que allí, donde se junta el mar con el cielo, las estrellas bailan al compás del reflejo de la luna sobre las olas.

       En eso momento se produce el milagro, que permite comunicarse con las almas que se fueron lejos.

    Solo quería hablar con su madre, y decirle que aquel tiempo que estuvo a su lado, fueron los únicos días felices de su vida.

 

Pero las batas blancas dijeron ¡NO!

          Todos la Gritaron ¡LOCA!

 

    Ahora de nuevo, en esta habitación vacía y sin sentido, sin mar, sin estrellas bailando al compás del reflejo de la luna sobre las olas;  solo espera que su locura sepa soñar algún día, con aquello que nunca llegó a ver.

 

 

P.D.:    Una niña como tantas otras.

     Culpable de su retraso en el hablar y caminar.

 Culpable de sufrir esos temblores y ataques tan extraños cada cierto tiempo.

      Culpable de no poder controlar sus gritos en la noche, cuando las pesadillas la abrazaban.

     Una niña como tantas, repudiada por la sociedad. Incomprendida por los suyos, desahuciada por la ciencia. 

   Al morir su madre, los únicos brazos protectores; sería  ingresada donde no pudiera dar miedo a la necedad de los valientes.

   Años y años, sola en aquella habitación, pretendiendo imaginar eso que nunca vio.

 

Ojos de Gata@2025




miércoles, 26 de noviembre de 2025

Maestro.


 Estos versos, con todo respeto y admiración al maestro:

MARIO TEGLI (Argentina)




         El maestro se ha despedido.

    Las cuerdas enmudecidas

ocultan los sentimientos

de la partitura herida.

         El horizonte oscurece.

   Dando paso a la penumbra

para ensordecer arpegios

de quien llora su partida.

 

     Las teclas adormiladas

sin sus manos apoyadas.

    Sin la yema de sus dedos

acariciando el marfil.

    La banqueta está vacía

 para los ciegos del alma.

     La partitura lo extraña

con tristeza en el atril.

 

    Solo quien sabe escuchar

con los ojos empañados,

sentirá su melodía

en la soledad callada.

    Fluyendo desde la noche

dejando sonar sus notas,

como campanas al vuelo

en cada noche estrellada.


   En tono menor,  acordes,

doblando de desconsuelo.

Junto a blancas y redondas

en la oscuridad del duelo.

 

       Maestro. Sigue tocando.

    No dejes callar las notas

de tu sutil melodía.

       Maestro.  Sigue tocando.

   Mostrándome tu armonía.

    Acompañando mi noche

hasta que despierte el día.


Carlos Torrijos
C.a.r.l. (España)






La Dama del Ajedrez Cap.- 05


Capítulo.-05

 

      Allí en el salón, encima de la mesa dejó olvidada aquella figurita de madera.  Claudia la cogió para mirar que era.

       Parecía una pieza del ajedrez, la reina, pero con una forma peculiar  y demasiado pesaba.   Al darle la vuelta, su base era de un material  metálico, cuando lo normal es que estuviese forrada de fieltro.    Al fijarse, allí pudo ver en relieve con claridad dos letras que reconoció al instante, esas de forma redondeada que estaban marcadas sobre el lacre en el libro expuesto en el atril del mostrador de la librería.

 

  Claudia dejó correr el tiempo. Pasadas unas semanas, ese miércoles, por alguna extraña razón, el señor no pensaba salir, por lo que como de costumbre hacía a diario fue a la habitación;  se puso el pijama y la bata para estar más cómodo y luego se tumbó en el sofá tapado con la manta a ver una película ya vista varias veces; pero tampoco es que hubiera nada demasiado interesante que ver en otra cadena.

      Esa noche como muchas otras se había quedado dormido de aburrimiento.

  Adormilado, tras recorrer el pasillo medio a tientas, cuando llegó a la habitación le extrañó que la puerta estuviese entreabierta y la luz de la mesita de noche encendida.

      Al entrar quedó parado, sin palabras.    Bajo aquella prohibida fina sábana de seda, la silueta de un cuerpo femenino del que resaltaba con ímpetu la redondez de sus senos coronados por pezones puntiagudos que parecían querer atravesar la suave tela.

Cosme.- muy bien Claudia, y esto, ¿a qué se debe?

Claudia.- siéntese aquí a mi lado señor, o debería llamarlo Rosa Luna

Cosme.- no termino de entender que pretende con esto  ¿Y su novio?

Claudia.- mi novio no tiene nada que ver

      Claudia, retiró un poco la sábana cogiéndola por una esquina y dio un par de palmadas en el colchón para que se sentase a su lado de una vez.

    Cosme se sentó con cara de perplejidad, sin tener muy claro a qué venía aquella actitud tan descarada.

Cosme.-  me parece que está cometiendo un error

Claudia.- yo creo que no es ningún error

Cosme.- piense que yo soy demasiado mayor para usted y que el sexo no solo es una distracción caprichosa, tiene sus peligros

Claudia.- he leído sus novelas y son excitantes

Cosme.- entonces ha leído las novelas de Rosa Luna ¿y cómo sabe que esas novelas las he escrito yo?

Claudia.-Por su firma, es inconfundible.  A partir del día que se dejó la pieza de ajedrez con el sello sobre la mesa, tuve la seguridad de que era usted.

Cosme.- usted lo ha dicho, pero son novelas, ficción escrita en papel para aquellas, que quieren soñar la vida de otra mujer que se atreve a correr ciertos riesgos, esos, que ellas nunca osaran ni a intentar

Claudia.- tal vez porque lo que escribe es demasiado agresivo, tan arriesgado  como para perder todo en el intento y tan excitante que puede rayar la locura

Cosme.- la ficción es lo que tiene, que puede llevar nuestra frágil imaginación a sitios insospechados y lejanos, pero nunca se debe perder de vista el camino, para así, saber regresar a la realidad

Claudia.- porqué no se desnuda y se acuesta aquí conmigo

Cosme.- ¿me estás haciendo una propuesta real o un sueño virtual?

Claudia.- le estoy proponiendo que me muestre lo que hay en las páginas escritas por Rosa Luna

     Cosme se desnudó y se echó junto a ella, pero sin tan siquiera rozarla.

Cosme.- muy bien a partir de ahora soy Rosa Luna ¿Qué quiere saber?

Claudia.- quiero que….

      Entonces Claudia miró casi con desprecio a esa persona tumbada a su lado y ante su tranquila pasividad, decidió poco a poco empujar la sábana con sus pies hacia abajo, hasta quedar su cuerpo totalmente desnudo y a la vista.

Claudia.- póngase de rodillas en la cama y mire mi cuerpo

Cosme.- no tiene porque llamarme de usted, según dice, soy Rosa Luna, no el señor

Claudia.- ¡pues ponte de rodillas y mírame!

      Desnudo, sin ningún pudor se incorporó y arrodilló en la cama de forma que podía admirar todo el cuerpo de Claudia.

 Claudia.- qué ve ¿no le parezco atractiva?

Cosme.- ahora le está preguntando, a Rosa Luna, o al señor

Claudia.- le estoy preguntando al hombre que me hace vibrar con sus escritos

Cosme.- pues veo algo perfecto, algo a lo que admirar, una obra de arte perfecta de carne y hueso

     Claudia encogió sus piernas al tiempo que las abría mostrando aquel paraíso oculto mientras comenzaba a recorrer su cuerpo con las manos comenzando por sus senos, bajando por su abdomen hasta llegar a sus muslos, para luego seguir deslizando sus dedos hasta la confluencia de los mismos.    Su respiración era cada vez más intensa y entrecortada.  Mientras, el contoneo de sus caderas se acompasaba con el espasmódico movimiento de los músculos de su vientre.

Claudia.- esto ¿no le excita?

Cosme.- sí claro, pero mi cabeza me sigue diciendo que comete un grave error

Claudia.- ¡pero de que tiene miedo!

Cosme.- no tengo miedo, tengo prudencia y  no quiero causarle ningún mal

Claudia.- quiero sentir lo que sienten las protagonistas de sus novelas, sin importarme el dolor o la locura

Cosme.- perdone pero le he mentido, sí que tengo miedo.      Miedo, a que el amor a veces es el primer paso para llegar al sexo;  pero otras muchas, el sexo puede ser un comienzo hacia el amor.

   Se puso en pie; Cosme metió los brazos por las mangas de su batín y tranquilamente anudó  con una lazada el cordel a su cintura

Cosme.- pero hay otra cosa que nunca debe de confundir:   La atracción;  esa no tiene porqué tener nada que ver, ni con el amor, ni con el sexo.   Por cierto, no hace falta que se vaya a su cuarto, hoy puede dormir aquí.    Yo voy a tomarme un vaso de leche y luego me tumbaré en el sofá.

      El pijama quedó tirado en el suelo; descalzo recorrió el pasillo hasta llegar a la cocina, cogió un vaso del escurreplatos y tras llenarlo de leche hasta la mitad lo metió en el microondas unos segundos.

   Buscó por los armarios el azucarero para ponerse un par de terrones, y ya sentado se entretuvo dando vueltas con una cucharilla hasta que se disolvieron por completo.

    En ese momento llegó ella totalmente vestida; había pasado por el aseo a peinarse, para no dar mala impresión al señor y se sentó en otra silla frente a él.

Claudia.- le tengo que pedir perdón por incomodarle de esta manera

Cosme.- no Claudia, le debo pedir perdón yo, por no rendirme a su belleza;  porque es muy bella;  cualquier hombre la desearía hasta la extenuación.

Claudia.- no diga eso, se ha portado como un caballero y se lo agradezco

Cosme.- ya lleva aquí casi dos años conmigo;  entró con los veinticinco casi recién cumplidos y no creo que nunca le haya hecho ningún comentario que le pueda haber resultado ofensivo, y en caso de que haya percibido algún gesto equivocado por mi parte, entienda que nunca hubo intencionalidad.

Claudia.- yo siempre lo he visto como un señor prudente y siempre me ha demostrado su respeto.   Pero tengo que decirle que esta noche, hubiera preferido…  Sí, que hubiese pasado algo diferente.   Ya sé que  hoy he traicionado su confianza pero…

Cosme.- cállese;  por mi parte, no tiene que tener ningún problema, todo puede seguir igual, olvide este incidente.     Sabe que siempre tendrá mi apoyo

Claudia.- gracias señor

Cosme.- pero lo mío es distinto

Claudia.- y eso por qué

Cosme.- te voy a ser sincero y eres libre de tomar la decisión que creas más oportuna con respecto a quedarte o irte de esta casa

Claudia.- no pienso dejar este trabajo me diga lo que me diga, estoy muy a gusto y no simplemente por el sueldo, ni en mi casa me habían tratado así de bien

Cosme.- mira, yo siempre he sido como un padre para ti

Claudia.- tampoco es tan mayor

Cosme.- te saco bastantes años, la friolera de veinte nada menos

Claudia.- pero no es tanto como para ser mi padre

Cosme.- déjeme que le explique la situación en la que ahora me encuentro.

  .-  A partir de hoy, no sé si seré capaz de verla con la misma mirada;    cada vez que pase por delante, puede ser que mi mente ya no vea la mujercita que veía.

  .-  A mi retina volverá la imagen exuberante de su cuerpo desnudo y excitado, el que me ha hecho temblar hasta las entrañas, y sentiré esa sensación que ni las novelas más delirantes y arriesgadas pueden trasmitir.   Y me quedaré callado, conformándome solo con soñarla.

Claudia.- yo, tal vez, a partir de ahora siempre lo veré como esa luz inalcanzable que simplemente me llenará de placer con su pluma en los sueños más hermosos.

       Cosme, en un movimiento incontrolado de su brazo al intentar coger la mano de Claudia hizo que se volcase el vaso de leche derramando su contenido por toda la mesa.

     Ella se levantó enseguida a coger una bayeta con la que recoger y limpiar el líquido derramado.

      En un delirio de insensatez, él se acercó a ella por detrás y la abrazó apretando con fuerza sus senos.   Claudia inmóvil, podía sentir contra ella el miembro viril del señor que parecía incrustarse en su espalda.   Los dos se vieron poseídos por un deseo ciego e  irrefrenable.

     Él aflojó un poco el abrazo, ella se giró lentamente y se puso de rodillas en el suelo frente a él.   Sin desatar el cordón de la bata, la abrió con sus ardientes manos, y en ese momento una erupción espontanea salpicó a borbotones impactando en la cara de Claudia y dispersándose por los muebles de la cocina.

         Los dos de repente se echaron a reír soltando estruendosas carcajadas.

Claudia.- tenía usted razón, esto es una locura

Cosme.- lo siento Claudia, la he decepcionado

Claudia.- en absoluto, era lo esperado

     Él la cogió por debajo de los brazos y la levantó, acercándola al fregadero para que se lavase, mientras buscaba en un cajón un paño limpio y seco

Claudia.- ahora me tocará limpiar todo este desastre

Cosme.- no, ahora nos iremos a la cama y mañana, ya se limpiaremos entre los dos

Claudia.- ¿está seguro?

Cosme.- si no le importa;  creo que ya va siendo hora de estrenar esas sábanas

       Aquella fue la primera noche de algunas otras que se alargarían en el tiempo hasta el final de sus días.

           Rosa Luna, había escrito el último capítulo de aquellas novelas, producto de una imaginación que se revelaba ante la frustración de una vida en soledad.

             La demanda de Claudia para alcanzar el éxtasis de la locura suprema parecía no tener límites en una incesante progresión mística hacia lo inalcanzable.  Pasado un tiempo de días y noches de incesante actividad, en el tablero de ajedrez la partida había terminado.   Al amanecer yacía exhausto el rey confundiéndose su palidez con el blanco de las sábanas de seda.   La reina erguida, vestida de luto, es la única dueña y señora tras el último jaque mate.

 

Carlos Torrijos –

C.a.r.l. (España)

FIN 



N. º de registro:

 RVhdjOR2-2025-11-17T23:44:19.882

Ojos de Gata@2025






lunes, 24 de noviembre de 2025

La Dama del Ajedrez Cap.- 04

 

Capítulo 04

 

       Esa tarde Cosme esperó paciente en un bar cercano.

          Tras la sesión de la peluquería y con una manicura perfecta se fueron a casa.

       Ella se metió en su cuarto nada más llegar, él se quedó en el sillón esperando a verla salir.  

    Al rato apareció descalza y con una gran toalla rodeando su cuerpo.

     Cosme se quedó pasmado, sin saber que ocurría

Claudia.- tranquilo, que antes me tengo que maquillar

Cosme.- ¡haga lo que quiera!

    Pasadas las ocho, salió por fin arreglada de su cuarto y se quedó de pie en la puerta del salón. 

     Que preciosidad, parecía un ángel resplandeciente.

Claudia.- bueno ¿no va a decir nada?

Cosme.- es la novia más hermosa que cualquier hombre soñaría con llevar hasta el altar

Claudia.- va hacer que me ponga colorada

Cosme.-  ¿me permite que le haga unas fotografías?

Claudia.- y porqué no, así les envío algunas a mis padres

Cosme.- entre y póngase ahí, entre el mueble y las cortinas del balcón, que es el mejor sitio

   --por muchas veces que saltase el flas, ninguna fotografía podría igualar aquella belleza natural—

Cosme.- bueno, ya hay bastantes, hoy sabe que está castigada sin cenar

Claudia.- ¿y eso por qué?

Cosme.- solo faltaba que se manchase a última hora con algo;   nada, hoy no cena y va en taxi hasta la discoteca

Claudia.- está usted hoy poniéndose muy pesado

Cosme.- es un gran día para mí

Claudia.- y por qué

Cosme.- está tan ensimismada en el amor, que ni se ha dado cuenta

Claudia.- hay perdone, tiene razón

Cosme.- sí señorita, hoy hace un año que pisó esta casa por primera vez

Claudia.- como ha pasado el tiempo

Cosme.- usted es la dueña y señora de esta casa desde que entró por esa puerta

Claudia.- yo nunca seré la señora

Cosme.- no quiero que se lo tome a mal, usted sabe lo que quiero decir

Claudia.- sí y se lo agradezco

Cosme.- esta noche a las doce saldré a dar una vuelta y no volveré hasta mañana a la hora de comer.

      ---Ella se quedó mirándolo con extrañeza—

Cosme.- que no pienso estar aquí esta noche, tiene la casa para usted solita, pero a poder ser, en mi habitación no

Claudia.- pero como se le ocurre;    por favor deje de decir tonterías

Cosme.- me voy a hacer unas tostadas con queso de untar, salmón ahumado y alcaparras

Claudia.- yo también quiero

Cosme.- de eso nada, que al final, la veo salir con la medalla puesta.

Claudia.- pues entonces esperaré aquí sentada sin cenar ¿no le doy pena?

Cosme.- vale, yo tampoco cenaré hasta que se vaya para no darle envidia

Claudia.- que me da igual

Cosme.- no, tiene razón

      Cuando ella se fue, Cosme ni cenó, se le había pasado el hambre; se quedó sentado en el sofá dando alguna que otra cabezada hasta que llegó Claudia

Cosme.- ya está aquí, pero si es muy pronto

Claudia.- ¿pronto? Si son casi las cuatro

Cosme.- pero siéntese y cuente que tal la noche

Claudia.- lo siento pero vengo molida, esto de andar con zapato de tacón me tiene los pies y los gemelos reventados

Cosme.- pero si no son muy altos

Claudia.- que nada, que me voy a dormir;  me voy a desmaquillar y poco más

Cosme.- ¿quiere que le prepare algo para tomar antes de acostarse?

Claudia.- que pesado; ¡que no!  que me voy directa a la cama

Cosme.- como usted diga, mañana hablamos

 

      Al día siguiente en el desayuno, durante la comida y en el paseo, no paraba de repetir lo mismo una y otra vez:

  Cuando llegué, mis amigas quedaron impresionadas; al poco rato llegó él, y se quedó pasmado al verme. 

   Recordaba como estuvieron toda la noche sentados en un sitio discreto hablando, se levantaban y bailaban, luego se volvían a sentar y al momento volvían a bailar, hasta que se hizo la hora;  vinieron caminando despacio hasta dejarla en la puerta y al despedirse entraron al portal y él le dio un beso.

Cosme.- pero Claudia  ¿nunca le habían dado un beso?

Claudia.- sí, pero no como este, este ha sido especial, de esos que hablan en silencio y dicen te quiero

Cosme.- que envidia me da.

       A partir de ese día, a cualquier hora, en cualquier lugar, cuando iba a comprar, mientras limpiaba o hacia la comida, daba igual el momento, ella se sentía una reina, tal y como quedó escrito en la dedicatoria de ese libro que leía y releía cada noche, aunque siguiese leyendo otros libros de historia con unas reinas distintas de otros tiempos.

 

     Pasadas unas semanas;  Cosme se levantó con la moral por los suelos

Claudia.- vamos despierte ¿qué le pasa hoy?

Cosme.- he estado toda la noche con el mismo sueño, me he despertado sobresaltado varias veces, pero cada vez que volvía a cerrar los ojos otra vez lo mismo

Claudia.- y ¿de qué era el sueño?

Cosme.- una tontería; me estaba muriendo y junto a mi cama no había nadie, estaba yo solo, solo esperando

Claudia.- todos nos vamos a ir solos

Cosme.- pero algunas personas cuentan con alguien que al menos se acerque a despedirlas o acompañarlas en esos últimos instantes

Claudia.- lo que tiene que hacer es salir más, que está aquí metido todo el día

Cosme.- no sé

Claudia.- sí sabe; tiene que hacer amigos con los que hablar, tomarse algo, salir por ahí, y por qué no, también alguna amiga, con la que compartir algo más

Cosme.- yo nunca he tenido una relación de más de unas horas; siempre he valorado mucho mi libertad y atarme a alguien siempre me ha dado miedo

Claudia.- entonces ¿Qué hace los miércoles por la noche?

Cosme.- pues mire, poca cosa;  suelo salir a las dos, me voy dando un paseo hasta un antro que ahí a un par de calles, un sitio sin cartel en la puerta e incluso sin licencia;  digamos que es un club de alterne clandestino, allí la gente fuma, bebe, juega al póquer, en fin todo lo que se hace en un antro de ese tipo.   A mí no me gusta fumar, beber, ni por su puesto jugarme los dineros, por lo que me siento en la barra y observo las reacciones de cada uno.  Cada noche invito a una chica diferente a un par de copas (ellas están a comisión) y así me ponen buena cara siempre que me ven entrar, aunque yo el gasto que haga sea mínimo, un par de gin-tónic antes de salir por la puerta y coger de nuevo camino a casa dando otro paseo

Claudia.- o sea que es donde de vez en cuando…

Cosme.- no, allí no hay ningún tipo de reservado, solo es alterne.  A los hombres les gusta tener una chica guapa cerca mientras se dejan el sueldo sobre el tapete

Claudia.- pues eso no es vida, mire en la discoteca donde yo voy, va mucha gente de mediana edad y está abierta todas las noches

Cosme.- algún día será cuestión de pensárselo, pero por ahora…

Claudia.- es usted un muermo y perdone que se lo diga

Cosme.- lo peor es que tienes razón

 

   Pasado un poco más de tiempo, Claudia seguía  saliendo los sábados pero ya cuando regresaba era después del desayuno. Se seguía respetando la costumbre de salir a comer y luego el paseo de la tarde, pero ya no era cuestión de preguntar lo que había pasado la noche anterior.

 

     Llegaron las siguientes navidades, ella volvió a irse al pueblo y él de ruta de nuevo todas esas fiestas, esta vez a recorrer la Cornisa Cantábrica.

  Llegado el mes de febrero, una mañana que salió a comprar, Claudia se sorprendió al ver de nuevo el escaparate de la librería engalanado con rosas;  esta vez para la portada había escogido un color marrón clarito.

Claudia.- buenos días, ya veo que hay un libro nuevo de la misma autora

Señora.-  nos acaba de llegar, el sábado es la presentación

Claudia.-  ¿este como se titula?

Señora.-  clímax en la penumbra

Claudia.- pues lo mismo me acerco

Señora.- de todas formas, ya sé que le tengo que reservar uno dedicado

Claudia.- desde luego.  Bueno me voy que se me echa la hora encima

Señora.- adiós, e intente venir

 

    El viernes por la noche viendo la tele con el señor en el salón:

Claudia.-mañana me voy a ir antes

Cosme.- el sábado y domingo son suyos, aunque casi nunca los aproveche

Claudia.- he quedado a las cinco para una cosa

Cosme.- me parece muy bien, ya está bien de pasear al lado de este cuarentón

Claudia.- pues yo voy muy a gusto

Cosme.- y yo también, pero donde esté un chico joven…  donde va a parar.

     ---Le daba vergüenza decirle que iba a la presentación de un libro erótico—

   Después de comer, fue a maquillarse y en su cuarto se puso el vestido que Cosme le había regalado para aquella ocasión.  Llevaba ya demasiado tiempo colgado en el armario;   ella iba más cómoda con sus vaqueros y zapatillas deportivas.

    Él hizo como que no la vio salir, pero lo llenó de ilusión verla de nuevo con aquel vestido.  Iba tan guapa…

       Claudia se acercó hasta la librería.   Había mucha gente, mujeres, esperando a que comenzase el evento.

    Una señora muy apuesta, les dio una charla y después se puso en una mesa a escribir dedicatorias a las asistentes.    Claudia se puso en la fila, pero la señora de la librería le tiró del brazo hacia atrás.

Señora.- espérese a que termine, que esas dedicatorias son muy simples

Claudia.- a ver si se van a agotar los libros que ha traído

Señora.- el suyo ya lo tengo yo guardado debajo del mostrador

Claudia.- a bueno

           ---Una vez se quedaron a solas----

Señora.- mire, esta Caudia; (luego volvió la mirada) Y ella es la responsable de la editorial

Claudia.- buenas tardes

Editora.- por fin conozco a la bella Claudia

Claudia.- estaba esperando para que me dedicase el libro, la otra dedicatoria me trajo suerte ¿pero y la autora?

Editora.-  ¿y el libro? (contestando con otra pregunta)

Señora.- lo tengo yo aquí guardado

    --se le quedó mirando  sorprendida de su elegancia en una persona tan joven—

Editora.- ¿Y qué le pongo yo ahora que esté a su altura?

--Pensó un momento y se puso a escribir—

Señora.- bueno, léalo en voz alta que yo también quiero saber que ha puesto.

          --Claudia cogió el libro entre sus manos—

 

         .-.- Para Claudia.

     Diosa de un universo,

        donde la luna es la dueña,

            y las estrellas la envidian.

                Con cariño R. L.

 

Señora.- Muy bonita dedicatoria

Editora.- menos que ella, la verdad, es preciosa

Claudia.- muchas gracias, pero no es para tanto

Editora.- me alegro de haberla conocido y espero que este también te guste

Claudia.- seguro que sí;   adiós y muchas gracias

Editora.- hasta otra

Señora.- ¿verdad que es preciosa?

Editora.- más de lo que me había podido imaginar

 

      Dejó el libro en el buzón guardado para no volver a subir a casa y llamó a sus amigas para ver si querían que fueran a cenar juntas a algún sitio.

   Tras la discoteca y aquellas horas en un hostal, regresó, cogió el libro y lo escondió en su cuarto.   La comida y el paseo se le hicieron eternos, estaba deseando llegar a casa para echarle el ojo a las páginas de aquella nueva novela.

    Esta era diferente a la anterior. La autora había pasado de los alaridos a los susurros permutando la perversión por la pureza del amor, convirtiendo el orgasmo en un éxtasis como exaltación del alma.

      Tan distintos y tan iguales, con el único fin de lograr el placer más sublime en la mente de sus lectoras, incitándolas a saborear la soledad, con la única compañía de las caricias de sus manos.

 

   Claudia cada noche leía un capítulo, tampoco quería terminárselo enseguida;  prefería saborear cada momento plasmado en aquellas páginas que desprendían un olor  embriagador en cada frase.  

      Sus sueños húmedos, no se podían reflejar en su vida real, era como tener un mundo paralelo, inalcanzable para el común de los mortales, incluida ella.

 

   Llegado ya el mes de agosto, con un calor abrasador que hacía abrir todas las ventanas en la noche de par en par, el señor andaba nervioso.    Llevaba ya una semana que no hacía más que dar vueltas sin sentido;  salía del despacho y daba vueltas al salón una y otra vez varías veces al día;  siempre con una pieza de madera, con la que jugueteaba entre sus dedos, para intentar centrarse en lo que estaba haciendo.

 

Claudia.- Me está poniendo del hígado con tanto paseo. Siéntese un momento

Cosme.- no me pasa nada, solo que…

Claudia.- dígame lo que le pasa, lo mismo yo le puedo ayudar

    ---ella ya sentada lo cogió de la mano y lo sentó a su lado---

Cosme.- pues que por más que pienso, no me viene la idea concreta que necesito

Claudia.- es sencillo:  Respire tranquilo, relájese, haga caso a los consejos de su corazón,  escuche las palabras de su alma, deje que su mente plasme algo sublime y luego coja todo eso, e interprételo dándole una forma coherente.

   En ese instante el señor se levantó como si de repente todo hubiese cambiado en su cerebro y se fue directo al despacho.