Capítulo 04
Esa tarde Cosme esperó paciente en un bar
cercano.
Tras la sesión de la peluquería y con una
manicura perfecta se fueron a casa.
Ella se metió en su cuarto nada más llegar,
él se quedó en el sillón esperando a verla salir.
Al rato apareció descalza y con una gran toalla rodeando su cuerpo.
Cosme se quedó pasmado, sin saber que ocurría
Claudia.-
tranquilo, que antes me tengo que maquillar
Cosme.-
¡haga lo que quiera!
Pasadas las ocho, salió por fin arreglada de su cuarto y se quedó de pie en la puerta del
salón.
Que preciosidad, parecía un ángel
resplandeciente.
Claudia.-
bueno ¿no va a decir nada?
Cosme.- es la novia más hermosa que cualquier hombre soñaría con llevar hasta el
altar
Claudia.-
va hacer que me ponga colorada
Cosme.- ¿me permite que le haga unas fotografías?
Claudia.-
y porqué no, así les envío algunas a mis padres
Cosme.-
entre y póngase ahí, entre el mueble y las cortinas del balcón, que es el mejor
sitio
--por muchas veces que saltase el flas, ninguna fotografía podría igualar aquella belleza natural—
Cosme.-
bueno, ya hay bastantes, hoy sabe que está castigada sin cenar
Claudia.-
¿y eso por qué?
Cosme.-
solo faltaba que se manchase a última hora con algo; nada,
hoy no cena y va en taxi hasta la discoteca
Claudia.-
está usted hoy poniéndose muy pesado
Cosme.-
es un gran día para mí
Claudia.-
y por qué
Cosme.-
está tan ensimismada en el amor, que ni se ha dado cuenta
Claudia.-
hay perdone, tiene razón
Cosme.-
sí señorita, hoy hace un año que pisó esta casa por primera vez
Claudia.-
como ha pasado el tiempo
Cosme.-
usted es la dueña y señora de esta casa desde que entró por esa puerta
Claudia.-
yo nunca seré la señora
Cosme.-
no quiero que se lo tome a mal, usted sabe lo que quiero decir
Claudia.-
sí y se lo agradezco
Cosme.-
esta noche a las doce saldré a dar una vuelta y no volveré hasta mañana a la
hora de comer.
---Ella se quedó mirándolo con
extrañeza—
Cosme.-
que no pienso estar aquí esta noche, tiene la casa para usted solita, pero a
poder ser, en mi habitación no
Claudia.-
pero como se le ocurre; por favor deje
de decir tonterías
Cosme.-
me voy a hacer unas tostadas con queso de untar, salmón ahumado y alcaparras
Claudia.-
yo también quiero
Cosme.-
de eso nada, que al final, la veo salir con la medalla puesta.
Claudia.-
pues entonces esperaré aquí sentada sin cenar ¿no le doy pena?
Cosme.-
vale, yo tampoco cenaré hasta que se vaya para no darle envidia
Claudia.-
que me da igual
Cosme.-
no, tiene razón
Cuando ella se fue, Cosme ni cenó, se le había pasado el hambre; se
quedó sentado en el sofá dando alguna que otra cabezada hasta que llegó Claudia
Cosme.-
ya está aquí, pero si es muy pronto
Claudia.-
¿pronto? Si son casi las cuatro
Cosme.-
pero siéntese y cuente que tal la noche
Claudia.-
lo siento pero vengo molida, esto de andar con zapato de tacón me tiene los
pies y los gemelos reventados
Cosme.-
pero si no son muy altos
Claudia.-
que nada, que me voy a dormir; me voy a
desmaquillar y poco más
Cosme.-
¿quiere que le prepare algo para tomar antes de acostarse?
Claudia.-
que pesado; ¡que no! que me voy directa
a la cama
Cosme.-
como usted diga, mañana hablamos
Al día siguiente en el desayuno, durante la comida y en el paseo, no
paraba de repetir lo mismo una y otra vez:
Cuando llegué, mis amigas quedaron impresionadas; al poco rato llegó él,
y se quedó pasmado al verme.
Recordaba como estuvieron toda la noche sentados en un sitio discreto
hablando, se levantaban y bailaban, luego se volvían a sentar y al momento
volvían a bailar, hasta que se hizo la hora;
vinieron caminando despacio hasta dejarla en la puerta y al despedirse
entraron al portal y él le dio un beso.
Cosme.-
pero Claudia ¿nunca le habían dado un
beso?
Claudia.-
sí, pero no como este, este ha sido especial, de esos que hablan en silencio y
dicen te quiero
Cosme.-
que envidia me da.
A partir de ese día, a cualquier hora, en
cualquier lugar, cuando iba a comprar, mientras limpiaba o hacia la comida,
daba igual el momento, ella se sentía una reina, tal y como quedó escrito en la
dedicatoria de ese libro que leía y releía cada noche, aunque siguiese leyendo
otros libros de historia con unas reinas distintas de otros tiempos.
Pasadas unas semanas; Cosme se levantó con la moral por los
suelos
Claudia.-
vamos despierte ¿qué le pasa hoy?
Cosme.-
he estado toda la noche con el mismo sueño, me he despertado sobresaltado
varias veces, pero cada vez que volvía a cerrar los ojos otra vez lo mismo
Claudia.-
y ¿de qué era el sueño?
Cosme.-
una tontería; me estaba muriendo y junto a mi cama no había nadie, estaba yo
solo, solo esperando
Claudia.-
todos nos vamos a ir solos
Cosme.-
pero algunas personas cuentan con alguien que al menos se acerque a despedirlas
o acompañarlas en esos últimos instantes
Claudia.-
lo que tiene que hacer es salir más, que está aquí metido todo el día
Cosme.-
no sé
Claudia.-
sí sabe; tiene que hacer amigos con los que hablar, tomarse algo, salir por
ahí, y por qué no, también alguna amiga, con la que compartir algo más
Cosme.-
yo nunca he tenido una relación de más de unas horas; siempre he valorado mucho
mi libertad y atarme a alguien siempre me ha dado miedo
Claudia.-
entonces ¿Qué hace los miércoles por la noche?
Cosme.-
pues mire, poca cosa; suelo salir a las
dos, me voy dando un paseo hasta un antro que ahí a un par de calles, un sitio
sin cartel en la puerta e incluso sin licencia;
digamos que es un club de alterne clandestino, allí la gente fuma, bebe,
juega al póquer, en fin todo lo que se hace en un antro de ese tipo. A mí no me gusta fumar, beber, ni por su
puesto jugarme los dineros, por lo que me siento en la barra y observo las
reacciones de cada uno. Cada noche
invito a una chica diferente a un par de copas (ellas están a comisión) y así
me ponen buena cara siempre que me ven entrar, aunque yo el gasto que haga sea
mínimo, un par de gin-tónic antes de salir por la puerta y coger de nuevo
camino a casa dando otro paseo
Claudia.-
o sea que es donde de vez en cuando…
Cosme.-
no, allí no hay ningún tipo de reservado, solo es alterne. A los hombres les gusta tener una chica guapa
cerca mientras se dejan el sueldo sobre el tapete
Claudia.-
pues eso no es vida, mire en la discoteca donde yo voy, va mucha gente de
mediana edad y está abierta todas las noches
Cosme.-
algún día será cuestión de pensárselo, pero por ahora…
Claudia.-
es usted un muermo y perdone que se lo diga
Cosme.-
lo peor es que tienes razón
Pasado un poco más de tiempo, Claudia seguía saliendo los sábados pero ya cuando regresaba
era después del desayuno. Se seguía respetando la costumbre de salir a comer y
luego el paseo de la tarde, pero ya no era cuestión de preguntar lo que había
pasado la noche anterior.
Llegaron las siguientes navidades, ella volvió a irse al pueblo y él de
ruta de nuevo todas esas fiestas, esta vez a recorrer la Cornisa Cantábrica.
Llegado el mes de febrero, una mañana que salió a comprar, Claudia se
sorprendió al ver de nuevo el escaparate de la librería engalanado con rosas; esta vez para la portada había escogido un
color marrón clarito.
Claudia.-
buenos días, ya veo que hay un libro nuevo de la misma autora
Señora.- nos acaba de llegar, el sábado es la presentación
Claudia.- ¿este como se titula?
Señora.- clímax en la penumbra
Claudia.-
pues lo mismo me acerco
Señora.-
de todas formas, ya sé que le tengo que reservar uno dedicado
Claudia.-
desde luego. Bueno me voy que se me echa
la hora encima
Señora.-
adiós, e intente venir
El viernes por la noche viendo la tele con el señor en el salón:
Claudia.-mañana
me voy a ir antes
Cosme.-
el sábado y domingo son suyos, aunque casi nunca los aproveche
Claudia.-
he quedado a las cinco para una cosa
Cosme.-
me parece muy bien, ya está bien de pasear al lado de este cuarentón
Claudia.-
pues yo voy muy a gusto
Cosme.-
y yo también, pero donde esté un chico joven…
donde va a parar.
---Le daba vergüenza decirle que iba a la presentación de un libro
erótico—
Después
de comer, fue a maquillarse y en su cuarto se puso el vestido que Cosme le
había regalado para aquella ocasión.
Llevaba ya demasiado tiempo colgado en el armario; ella iba más cómoda con sus vaqueros y
zapatillas deportivas.
Él hizo como que no la vio salir, pero lo llenó de ilusión verla de
nuevo con aquel vestido. Iba tan guapa…
Claudia se acercó hasta la librería. Había mucha gente, mujeres, esperando a que
comenzase el evento.
Una señora muy apuesta, les dio una charla y después se puso en una mesa
a escribir dedicatorias a las asistentes. Claudia se puso en la fila, pero la señora de
la librería le tiró del brazo hacia atrás.
Señora.-
espérese a que termine, que esas dedicatorias son muy simples
Claudia.-
a ver si se van a agotar los libros que ha traído
Señora.-
el suyo ya lo tengo yo guardado debajo del mostrador
Claudia.-
a bueno
---Una vez se quedaron a
solas----
Señora.-
mire, esta Caudia; (luego volvió la mirada) Y ella es la responsable de la editorial
Claudia.-
buenas tardes
Editora.-
por fin conozco a la bella Claudia
Claudia.-
estaba esperando para que me dedicase el libro, la otra dedicatoria me trajo
suerte ¿pero y la autora?
Editora.-
¿y el libro? (contestando con otra pregunta)
Señora.-
lo tengo yo aquí guardado
--se le quedó mirando sorprendida
de su elegancia en una persona tan joven—
Editora.- ¿Y qué le pongo yo ahora que esté a su altura?
--Pensó un momento y se puso a
escribir—
Señora.-
bueno, léalo en voz alta que yo también quiero saber que ha puesto.
--Claudia cogió el libro entre sus manos—
.-.- Para Claudia.
Diosa de un universo,
donde la luna es la
dueña,
y las estrellas
la envidian.
Con cariño
R. L.
Señora.-
Muy bonita dedicatoria
Editora.-
menos que ella, la verdad, es preciosa
Claudia.-
muchas gracias, pero no es para tanto
Editora.-
me alegro de haberla conocido y espero que este también te guste
Claudia.-
seguro que sí; adiós y muchas gracias
Editora.-
hasta otra
Señora.-
¿verdad que es preciosa?
Editora.-
más de lo que me había podido imaginar
Dejó el libro en el buzón guardado para no volver a subir a casa y llamó
a sus amigas para ver si querían que fueran a cenar juntas a algún sitio.
Tras la discoteca y aquellas horas en un hostal, regresó, cogió el libro
y lo escondió en su cuarto. La comida y el paseo se le hicieron eternos,
estaba deseando llegar a casa para echarle el ojo a las páginas de aquella
nueva novela.
Esta era diferente a la anterior. La autora había pasado de los alaridos
a los susurros permutando la perversión por la pureza del amor, convirtiendo el
orgasmo en un éxtasis como exaltación del alma.
Tan distintos y tan iguales, con el único fin de lograr el placer más
sublime en la mente de sus lectoras, incitándolas a saborear la soledad, con la
única compañía de las caricias de sus manos.
Claudia cada noche leía un capítulo, tampoco quería terminárselo
enseguida; prefería saborear cada momento
plasmado en aquellas páginas que desprendían un olor embriagador en cada frase.
Sus sueños húmedos, no se podían reflejar en su vida real, era como
tener un mundo paralelo, inalcanzable para el común de los mortales, incluida
ella.
Llegado ya el mes de agosto, con un calor abrasador que hacía abrir todas
las ventanas en la noche de par en par, el señor andaba nervioso. Llevaba ya una semana que no hacía más que
dar vueltas sin sentido; salía del
despacho y daba vueltas al salón una y otra vez varías veces al día; siempre con una pieza de madera, con la que
jugueteaba entre sus dedos, para intentar centrarse en lo que estaba haciendo.
Claudia.-
Me está poniendo del hígado con tanto paseo. Siéntese un momento
Cosme.-
no me pasa nada, solo que…
Claudia.-
dígame lo que le pasa, lo mismo yo le puedo ayudar
---ella ya sentada lo cogió de la mano y lo sentó a su lado---
Cosme.-
pues que por más que pienso, no me viene la idea concreta que necesito
Claudia.-
es sencillo: Respire tranquilo,
relájese, haga caso a los consejos de su corazón, escuche las palabras de su alma, deje que su
mente plasme algo sublime y luego coja todo eso, e interprételo dándole una
forma coherente.
En ese instante el señor se levantó como si de repente todo hubiese
cambiado en su cerebro y se fue directo al despacho.