jueves, 31 de diciembre de 2015
Doce campanadas
martes, 29 de diciembre de 2015
X L I X + 1
3ª Caída
Isabel San José Mellado.
Con todo cariño, para ti, mi Isabeletta.
sábado, 26 de diciembre de 2015
IN. Sensatamente tuyo
jueves, 24 de diciembre de 2015
Valdeluna cap.- 9
Llegó el día
más corto junto con la noche más larga.
En el
firmamento luce en cuarto creciente la luna doce más una. Comienza un nuevo ciclo en Valdeluna.
Llega la etapa
fría donde la ausencia de actividad en el campo refuerza los vínculos de
fraternidad humana y los ancianos vuelven a recordar esas historias que sus
antepasados les trasmitieron junto al agradable rescoldo de las ascuas que
quedan al atardecer en una tímida
lumbre.
Los tejados negros de pizarra brillan,
resplandecen. Las montañas
van perdiendo su verdor bajo un manto blanco. El zorro merodea el entorno de los cercados
de puertas cerradas intentando lograr algún sustento. El
viento sopla suave, pero como navaja afilada de barbero. La
mayoría de los arboles ya están desnudos y los de hoja perenne parecen
acurrucarse entre ellos y encorvan su copa rogando ser abrazados por sus
raíces.
Reunidos
junto a la chimenea: Octavio, Leopoldo, Andrés y primavera, escuchan
atentamente las historias que cuenta Gorgonio.
Andrea tiene la mente en otro sitio;
es el primer invierno que allí junto a ellos, falta él, Bernardo.
Al día siguiente
casi nadie ha madrugado, Aproniana, con el alba, bajó a encender el montón de
leña que la noche anterior quedó preparada.
Tras un largo rato quitándose el frío metido es los huesos junto a las
lenguas de fuego que aviva con una buena vara desde distancia prudencial, se
dirige a casa de Matías.
Aproniana.- Vamos manco, levanta y da una vuelta para que se despierten estos
holgazanes.
Matías con más
resignación que ganas se viste y haciendo sonar una barraja de cuatro cencerros
atados a su cintura recorre las calles anunciando que todos han de reunirse en la plaza para recibir de la
matriarca un trago de licor solo dispensado en esa fecha, el cual deberá dar vigor a la sangre de sus
venas durante esas lunas hasta el siguiente equinoccio.
Entre tanto, la
anciana pone sobre las ascuas una pequeña tinaja llena hasta la mitad de orujo,
sobre el que vierte un poco de miel y diversas hierbas. En su espera, aprovecha para inspirar los vahos
que se producen en su ebullición.
Aproniana.- ¿pero qué os pensáis, que me vais a tener aquí todo el día?
Diógenes.- ya puede usted empezar a repartir ese brebaje caliente. Yo el primero.
Matías.- sí hombre, me hincho a dar vueltas haciendo sonar los cencerros para
que luego llegues tú y por tu cara bonita le pegues el primer trago al cuenco.
Aproniana.- he de reconocer que tenéis razón los dos. Tú Matías te has levantado
el primero (eso sí, después que yo) para despertar a todos. Y tú Diógenes has cuidado este maravilloso
licor durante todo el año con el fin de que estuviese en su mejor estado
llegada la hora. Se, que es un gran
privilegio ser el primero en beber, el segundo ya no tiene mérito, así que caso
resuelto.
La primera será Zoila por su estado de
gestación para que el retoño de Bernardo salga con fuerzas a ver la luz de este
valle.
Diógenes.- me parece bien
Matías.- buena decisión y que salga tan llorón como su padre de pequeño
Bernardo.- jolín, pues si te llega a parecer mal Matías, pides que salga manco
como tú.
Mientras todos
reían a carcajadas por la anécdota del
momento, Aproniana, vierte un poco de licor en el cuenco de barro, y con extrema devoción en la creencia de aquella
tradición, implora a las magnas fuerzas de la naturaleza que el nuevo miembro de aquella comunidad nazca sano y fuerte. Luego
con los ojos vidriosos de la emoción deposita con lacia ternura el cuenco en
las manos de Zoila, que con el mismo deseo lo acerca a sus labios y como si se
tratase de la sabia más preciada lo saborea, hasta aprovechar la última gota.
Uno a uno en fila,
colocados por edad van pasando por su lado dejando que sus gargantas sean
ardidas, por la alta graduación que contiene la fuerza de la vida.
La última, ella, que
después de beber un sorbo directamente del cántaro esparce el resto sobrante
sobre las ascuas haciendo surgir una tremenda y espeluznante llamarada.
Las
dulzainas y tambores comienzan a sonar.
Todos, todos bailotean esperando a
que con la cuarta luna llena empiece a oírse de nuevo el alegre cantar de los
pájaros y la tristeza del largo invierno, de paso a la majestuosidad de la
ansiada primavera.










