Capítulo 02
En un sitio cercano vieron que había mesas libres para estar cómodos
degustando un buen café. Era un sitio
tranquilo, con una música agradable de fondo; se sentaron junto al ventanal
viendo pasar la gente por la acera y casi sin hablar se le pasó la tarde.
El trayecto hasta casa, lo hicieron
tranquilos y antes de llegar, ya anocheciendo, entraron en una freiduría de
donde salía un olor que abría el
apetito.
--Unas
cañas, unas tapas y habían consumido el día--.
Alberto.-
señor Cosme; han traído unos paquetes y
esta maleta para usted
Cosme.-
muy bien, traiga
Alberto.-
no por favor, ya se lo subo yo
Cosme.-
ande, va a andar subiendo ahora, si nosotros tenemos que subir de todas formas
y en el ascensor no pesan las cosas
Abrieron la puerta del piso, Claudia entro con la maleta y Cosme llevó el
pedido directamente a la habitación de Claudia
Claudia.-
¿le apetece cenar algo?
Cosme.-
lo que me apetece es sentarme en el sofá un rato
Claudia.-
pues si no le molesta, yo ya me voy a mi cuarto
Cosme.-
me parece perfecto; que descanse.
Él, como casi todas las noches, se quedaría viendo alguna película hasta
que le entrase el sueño.
Claudia entro en su cuarto y sacó unas sábanas de la funda de plástico
para ponerlas en la cama bajo el edredón.
Estuvo colocando su poca ropa en el armario, después cogió un juego de toallas y salió de
nuevo para ir al aseo antes de acostarse.
Al salir se percató de que el señor se había quedado
dormido. Al volver del aseo y antes de entrar
en el cuarto, cogió una mantita que estaba doblada sobre un sillón y la puso por encima del señor que estaba
tumbado en el sofá; apagó el televisor
y la luz sin hacer ruido. Cuando se
despertase el señor, ya se iría a dormir a su habitación.
Entró y cerró
la puerta con cuidado de no despertarlo. Se
disponía a desnudarse cuando un escalofrió le recorrió la espalda; tuvo la
extraña sensación de que la estaban observando y en ese momento pensó en su
difunta abuela.
Ella que era muy dada a ver películas y series
de apariciones, fantasmas y cosas del más allá, se tomó aquello con un aviso; una premonición que le hizo mover la mirada a
todo su alrededor. Se giró hacia la
ventana; frente a ella tan solo la pared
blanca de un patio interior, solo iluminada por la luz que salía de su
habitación. De todos modos se acercó
para bajar la persiana. Prefirió desnudarse con la luz apagada, aunque
allí nadie pudiera verla; eso le
brindaba la necesaria sensación de seguridad e intimidad antes de meterse en la
cama y taparse hasta las orejas.
Pasado un largo rato, algo la despertó. Le pareció oír como alguien abría la puerta de
la calle. Pensó en salir a ver qué
pasaba, pero el miedo era mayor que su curiosidad.
Se levantó con sigilo y sin
encender la luz; puso tras la puerta de su habitación una silla de forma
que el respaldo calzase contra el pomo de abrir. Así ya, pudo quedarse de nuevo dormida hasta que sonó el despertador.
Con el nuevo día, manos a la obra. Se
vistió (no iba a salir en ropa interior al pasillo) y después de bien lavada y peinada entró en
la cocina a ver que encontraba para hacer el desayuno. Café, leche, azúcar, pan de molde,
mantequilla, mermelada; con eso
prepararía unas tostadas. Como no
encontraba la tostadora, las haría en una pequeña sartén abriendo la ventana,
para que no oliese mucho a humo.
Al momento oyó como el señor venía pasillo adelante arrastrando las
zapatillas.
Lo primero fue dirigirse a la puerta de entrada; cada día a primera hora
Alberto le dejaba el periódico encima del felpudo. Le
echó una ojeada por encima y lo puso sobre una pequeña mesita de cristal que
rellenaba la esquina entre un sillón y el sofá.
Qué pena (pensó Claudia) al verlo con aquel pijama cutre, la bata
arrugada, sin peinar y la cara con los ojos aún adormilados. En fin a ella le dio por reír.
Cosme.-
buenos días
Claudia.-
buenos días; señor, ¿le pongo en desayuno en la mesa del salón?
Cosme.-
no, no, prefiero desayunar aquí en la cocina
Le puso todo sobre la mesa y ella salió a recoger la manta del sofá
Cosme.-
muy ricas estas tostadas, felicidades
Claudia.-
qué habrá desayunado usted estos días
Cosme.-
pues café con leche, pero sin tostadas
Claudia.-
¿a qué hora quedó con el de la agencia de contratación?
Cosme.-
pues estará al llegar, voy a darme una ducha y a vestirme antes de que llegue
Claudia.-
yo mientras hago mi habitación y luego cuando termine ya hago la suya y los
baños
Cosme.-
usted organícese como quiera
Ya salía el señor decentemente vestido por el pasillo cuando sonó el
timbre
Claudia.-
¡Voy! ¡Voy!
Cosme.-
sin voces por favor
Efectivamente, era un joven con una
carpeta bajo el brazo.
Claudia.-
buena mañana, pase, que ya viene el señor
Cosme.-
entre y siéntese
Joven.-
le traigo el contrato de prueba para este primer mes
Cosme.-
venga Claudia, que usted también tendrá que firmar
Joven.-Si
no le molesta, hace el pago de esta cantidad a este número de cuenta, en el
momento que llegue el ingreso se certifica el contrato
Cosme.-
ahora dentro de un rato, salgo y les hago una trasferencia instantánea
Joven.-
pues por ahora está todo
El joven marchó y ellos quedaron de pie, mirando los papeles sobre la
mesa, sin saber quién de los dos debía de guardarlos.
Cosme.-
yo me imagino que habrá dos copias, una para cada uno
Claudia.-
digo yo, pero no lo sé
Cosme.-
una pregunta ¿le hace falta dinero?
Claudia.-
no, aún tengo algo
Cosme.-porque
este número de cuenta, me da que es el de ellos
Claudia.-
sí, me dijeron que la primera mensualidad, se la quedaban como comisión
Cosme.-
yo me voy a hacer el ingreso, para que esté todo arreglado esta mañana y al paso
le traigo algo en efectivo para que tenga para sus gastos
Claudia.-
si ya me dejó dinero en el tarro de la cocina
Cosme.-
ese dinero es para la compra. Tome, esta
copia del contrato para usted y esta para mí.
Claudia.- ¿qué le apetece de comer?
Cosme.-
mejor lo piensa usted. Yo salgo ahora; le
dejo aquí encima las llaves de casa, pero que no se le olvide cogerlas, que la
veo esperando en la escalera
Claudia.-
primero voy a hacer su habitación y los servicios, recojo la cocina y ya bajo a
preguntarle a Alberto donde ir a comprar por aquí cerca.
Cuando Claudia volvió de la compra, se encontró al señor hurgando en la
puerta de su cuarto.
Claudia.-
ya estoy aquí ¿Qué anda haciendo ahora?
Cosme.-
¿Cómo se te da esto del bricolaje casero?
Claudia.-
depende
Cosme.-
mire he parado en una ferretería y he comprado estos pomos. Este con cerradura
y pestillo para su habitación y este solo con pestillo interior para su aseo
Claudia.-No
haberse preocupado, pero déjeme, eso se instala en un momento
Cosme.-
lo dejo en sus manos, cuando acabe me avisa que tiene que poner otro más
Claudia.-
¿en su habitación?
Cosme.-
bueno sí, no se para que quiero yo cerrar mi habitación
Claudia.-
para lo mismo que yo
Cosme.-
no, usted es una señorita. cuando termine llame a la
puerta y salgo, que estoy en el despacho
Una vez, había puesto los dos pomos nuevos y guardado en las cajas los
viejos, llamó a la puerta del despacho.
Claudia.-
señor, que ya he terminado
Cosme.-
muy bien, pues ahora me pone este pomo aquí en el despacho. No es que no me fie
de usted, pero… Evita la tentación y
evitarás el peligro
Claudia.-
esté tranquilo, que yo no pensaba entrar
Cosme.-
eso mismo pienso yo de su cuarto, pero ¿a que así se encuentra más a gusto?
Claudia.-
pues sí. Oiga, anoche me pareció
oír la puerta de la calle
Cosme.-
no se asuste, yo suelo salir alguna noche que otra a dar una vuelta hasta que
me entra sueño
Claudia.-
pero si estaba dormido en el sofá
Cosme.-
por cierto, gracias por taparme y apagar la luz.
Claudia.-
no pasa nada
Cosme.-
otra cosa: Usted es libre de salir y entrar cuando quiera, solo le voy a pedir
que a partir de cierta hora, que ni se note. Baje y suba las escaleras descalza y no coja
el ascensor, en el silencio de la noche hace mucho ruido y estos vecinos son
muy pijos.
Claudia.-
pero donde voy a ir yo a esas horas
Cosme.-
a mí no me cuente historias, eso es problema suyo
Puso el pomo de la puerta del despacho intentando no volver la cabeza
para ni mirar que podía haber allí que fuera tan secreto, una vez puesto cerró
la puerta tras de sí.
--Cosme en el sillón parecía pensativo--
Cosme.-
¿ya lo has terminado?
Claudia.-
sí, pero yo probaría la llave no sea que luego no funcione
Cosme.-
espero que no te haya molestado que ponga el cierre
Claudia.-
en absoluto, no tiene porqué molestarme, es su intimidad y se debe de respetar
Cosme.-
al final ¿qué va a hacer de comida?
Claudia.-
pues hoy, judías verdes con jamón y de segundo unos lenguados rebozados
Cosme.-
estupendo
Claudia.-
donde tiene los manteles para la mesa del comedor
Cosme.-
espere, venga un momento
----se acercó del mueble del salón---
Cosme.-
mire en este cajón hay varios manteles grandes, aquí en estas puertas una
bajilla nueva, en esté otro cajón una cubertería, y tras este acristalado como
puede ver la cristalería. Todo está sin
estrenar esperando a algún acontecimiento especial, pero yo prefiero comer en
la cocina y no manchar tanto traste.
Claudia.-
eso como lo desee el señor
Cosme.-
mire, yo no soy rico de cuna; en mi
casa siempre comimos y cenamos en la cocina y nunca tuvimos a nadie que nos
sirviese o ayudase a mi madre. Es una de
las cosas que no pretendo cambiar en mi vida.
Si la he contratado es porque para las cosas de casa soy un desastre
Claudia.-
pues mire, yo que me alegro
Cosme.-
me voy de nuevo al despacho
Claudia.-
a las dos le aviso para comer
Claudia, siguió con las tareas del
hogar, para que todo estuviese hecho al día y no se acumulase polvo en ningún
sitio; haciendo todo a diario es más sencillo organizarse.
En la mesa de la cocina, puso un pequeño mantel sobre el hule, para que
quedase más presentable, antes de colocar los platos y el vaso. Había comprado una botella de vino aunque no
demasiado caro, para que el señor comiese más a gusto.
Claudia.-
señor la mesa está puesta, cuando me diga le sirvo, para que no se le enfríe la
comida
Cosme.-
ahora mismo voy
--cuando llegó, Cosme se quedó de pie apoyado en la puerta de la cocina—
Claudia.-
qué espera
Cosme.-
muy buen detalle, lo del mantel y el vino
Claudia.-
gracias, siéntese
Cosme.-
¿y tu plato donde está?
Claudia.-
yo comeré luego
Cosme.-
no, tú comes ahora y frente a mí
Claudia.-
pero señor
Cosme.-
se cree, que a mí me apetece comer aquí solo como un pasmarote mientras usted
está ahí mirando; vamos, vamos, ponga
los platos sirva eso que huele a gloria y siéntese
Claudia.-
yo me pondré un vaso de agua
Cosme.-
póngase lo que le dé la gana y deje de dar vueltas. Aquí
vamos a desayunar, comer y cenar todos los días, los dos juntos, como una
familia. Menos los días que usted no esté, esos días me
tocará comer a mí solo
Cuando terminaron de comer, ella se puso a recoger y él al sofá,
tapadito con su manta, para su media hora de siesta.
--Antes de entrar de nuevo al
despacho—
Cosme.-
me imagino que hoy no tardaré mucho en lo que estoy haciendo, pero si ve que no
he salido, me llama para cenar. Hay
veces que se me va el santo al cielo y no controlo las horas.
Durante esa tarde, Claudia, miraba todo lo que había en los muebles de
la cocina y lo iba colocando según su gusto para tener a mano lo que creía iba a
necesitar más a menudo. Luego se asomo a la ventana sacando un poco el
cuerpo para ver bien aquel patio interior;
ni en la pared de enfrente ni en las de los lados, había una sola
ventana; qué tontería el pensar que alguien podía observarla mientas se
acostaba. De todas formas seguiría
bajando cada noche la persiana para estar más a gusto; era una bobada, pero
aquel escalofrío seguro que quería decir algo.
--A las nueve menos cuarto, llamó al señor para la cena—
Cosme.-
¿pero ya es la hora? Le digo yo, que a veces no estoy en mis cabales
Claudia.-
ya está la cena a punto
Cosme.-
da gusto el olor que sale de la cocina
Claudia.-
le verdad es que sí que huele bien
Cosme.-
en estos días he malcomido por la pereza de salir fuera; no es que me gusten demasiado los restaurantes
Cuando terminaron de cenar, el señor como siempre al sofá a ver la tele.
A ella había algo que le rondaba la cabeza desde la mañana, pero no
sabía cómo decírselo.
Claudia.-
perdone señor, pero ¿podría proponerle una cosa?
Cosme.-
sí, usted dirá
Claudia.-pues
mire, es que no sé como decírselo
Cosme.-
qué quiere, ver la televisión aquí conmigo, pues venga y siéntese, no hay
problema
Claudia.-
no, no, no es eso
Cosme.-
¿quiere que le compre una para su cuarto y así ve lo que quiera?
Claudia.-
¡Que no, coño! Hay perdón, se me ha
escapado
----El señor se sonrió, ante aquel arrebato—
Cosme.-
pues mire, cuando quiera habla claro
Claudia.-
que había pensado que tendría que volver a la tienda de ayer y comprar un par de
cosas
Cosme.-
¿le hace falta algo en especial?
Claudia.-
a mí no, a usted
Cosme.-
no la entiendo
Claudia.-
un señor como usted no puede salir de la habitación con un pijama que tiene mil
años y con esa bata de viejo
Cosme.-
lo que tengo
Claudia.-
pues eso, se tiene que comprar un pijama bonito y un batín a juego. Que sea un señor desde que se levante hasta
que se acueste. Y después de cenar, si
quiere puede cambiarse, estar elegante y cómodo al mismo tiempo viendo la
película, hasta que se vaya a dormir.
Cosme.-
me parece una buena idea, la verdad es que a veces lo había pensado, pero como
estaba yo solo en casa
Claudia.-
madre mía, estos hombres. Me voy a mi
cuarto, pero mañana ya sabe
Cosme.-
buena sargento he reclutado
Claudia.-
que lo he oído (riéndose al mismo tiempo)
Cosme.- si quiere quedarse a ver la tele, por mí no tenga problema
Claudia.-
no esta noche no, que estoy cansada.
---esa noche, con el pestillo de la
puerta echado sin necesidad de poner la silla y la persiana bajada para por si
acaso, durmió a pierna suelta toda la noche---

Qué intriga!!!!! Qué pasará en ese cuarto? Deseando el siguiente capítulo.
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