Translate

miércoles, 19 de febrero de 2025

Generaciones

 

Encargo para :   Grito de Mujer 2025.

Título.- Generaciones

 

       Que ironía que vaya a ser yo, quien pretenda dar consejo sobre la conveniencia de tener la cabeza bien amueblada, antes de tomar la gran decisión de contraer matrimonio o irse a vivir en pareja.

          Os contaré que en mi casa éramos: mi padre “ya con canas” y las cinco hermanas.  Digo cinco, porque la diferencia de edad hacía que eso pareciese.

  Cuando yo nací, (por suerte soy la más pequeña) mi madre tenía solo diecisiete años, y mis tres hermanas: cinco, cuatro y dos respectivamente.

    Mi padre tenía prisa porque naciese un hijo que nunca llegó; ese que le ayudase en el trabajo y fuera el sustento de la familia en su madurez.

    Mi abuelo; un inculto destripaterrones, con la única pretensión  en la vida, que el vino y las cartas con los amigotes, decidió entregar a su hija a los doce años a alguien que parecía algo más prometedor que él y que resultó ser uno más del montón.

      Mi pobre madre, una niña sin más, enseguida quedó embarazada.  En su devota ignorancia, siempre dando gracias al cielo por tener un techo bajo el que vivir y comida caliente casi todos los días, aunque fuera a costa de dormir más de una noche calentita sin encender la chimenea. cosa que ocurría, cada vez que el vino y padre se aliaban con los astros.

     Ahora, aún recuerdo cuando siendo yo una canija que no levantaba tres palmos del suelo, mi padre pensó que ya era hora de que mi hermana mayor, dejara de comer de la misma cazuela que nosotras.     Sí, también tenía doce años y tras una boda amañada con un señor al que ni conocíamos, marcho lejos y jamás la volvimos a ver.

      Por casualidades de la vida o no, desde aquel día, mi padre  dejó de ir al trabajo andando para ir en una moto que apareció de la nada.

     Según iban pasando los años, mis hermanas iban desapareciendo de la casa, tras una celebración algo parecida.  La segunda con trece años; luego la tercera ya con quince y yo por suerte seguía allí con mis dieciséis. Como siempre con la incertidumbre de en qué momento me tocaría enfrentarme con la realidad.

   La verdad es que en el lugar, nadie le daba importancia a aquella cosa tan habitual  en esos tiempos.   Las niñas nos conformábamos con soñar que aquél que nos tocase en suerte, al menos no fuera muy mayor, algo apuesto y económicamente acomodado.

   (Pues eso, un sueño).

       Pretender que no fuera amigo de las cartas o el vino, que no nos pusiese la mano encima cada cierto tiempo, o simplemente que nos tratase con  un poco de respeto, ya dejaba de ser un sueño para convertirse en un destino imposible, que nuestra mente no podía ni imaginar.

 Desde bien pequeñas, mi madre nos enseño a rezar y yo en mi cama, cada noche me retorcía pensando que mis súplicas al altísimo eran eregías al dogma de vida que nos habían inculcado.     Tras pedir salud para mi madre y mis hermanas (allá donde estuvieran) me volvía a santiguar para rogar con mucha más fuerza, el nunca poder quedar embarazada y de ser así que mi retoño fuera varón, y así contentar a mi benefactor, no teniéndome que separar de él a temprana edad.

   No tardó mucho en aparecer por mi casa un señor que parecía mi abuelo, con la única pretensión que tener una criada en casa, con el derecho justificado a satisfacer sus  repugnantes deseos de alcoba.

      Bueno la verdad es que tampoco me puedo quejar.    Tras algunos años de convivencia quedé embarazada de mi hija y la suerte quiso que al año siguiente aquel hombre, cogiera una de esas enfermedades provocadas por el vicio y el desenfreno, llevándoselo para el otro barrio de la noche a la mañana.   Dentro de lo que podía haber sido, pude llorarlo desahogadamente, gracias a que “el buen señor” en casa tenía unos ahorrillos y las escrituras de tierras en propiedad, que enseguida fueron alquiladas para su labranza a gentes del lugar.

 

         A lo que íbamos.  Mi hija ahora acaba de cumplir los dieciocho. Los tiempos por suerte, mucho han cambiado.  Nos vinimos a vivir a la ciudad y aquí todo se ve de otra manera.

    El otro día me dijo que quería casarse con un chico de su edad.    Pero si es aún una niña.   Si a esta edad, lo que tiene que hacer es estudiar, y procurarse un futuro que la haga sobre todo, independiente y libre.

          Si el día de mañana quiere casarse o irse a vivir con su pareja, pues que lo haga;  eso sí, sabiendo que tiene el poder de ganarse el sustento por ella misma, sin ninguna necesidad de permanecer bajo el yugo de nadie.

  Que esa libertad, le hará una mujer sin moratones en el cuerpo, ni en el alma, y que tan solo el amor, deberá ser el vínculo, que los una el tiempo que la vida les depare como conveniente.

        Sé que es mayor de edad y no puedo retenerla, pero sí aconsejarla.

   Aún cada noche rezo pidiendo salud, pero ahora me vuelvo a santiguar para rogar que esa planta a la que un día le di la vida, siga adelante creciendo, formandose, reverdeciendo, esperando unas cuantas primaveras más para  que su flor llegue a convertirse en fruto.

 

N.º de registro: caUNfDAt-2025-02-19T18:21:53.290

 

Ojos de Gata@2025.


Imagen de la Red.

sábado, 15 de febrero de 2025

Noche de bodas

 

    Quiero gemir con tus muslos

acariciando los míos.

    Tu abdomen junto a mi abdomen.

        Sentir como un balanceo

los latidos de tu pecho.

    Que mis labios se emborrachen

con el licor de tu aliento

 

    Como mar embravecido

quiero que lances tus olas

rompiendo el acantilado.

    Probar  la fruta prohibida 

en el jardín del edén

por tanto tiempo guardado.

     Sin renunciar al deseo

reprimido en el pasado.

 

     Que la punta de mis dedos

lloren con rabia en tu espalda.

     El calor de la lujuria

me inunde hasta las entrañas.

    Que los infiernos me invadan

 al regalarte mi flor

antes que llegue mañana.

 

      Que la tempestad termine

con suavidad abrazados

cual arrullo de una nana.

     Que el sueño nos de cobijo

cuando dejen de temblar

las patas de nuestra cama.

 

 

Ojos de Gata@2025.




 

jueves, 13 de febrero de 2025

La espera

 


   Por qué me hiciste probar

ese veneno llamado traición.

   Por qué me enseñaste tú

a valorar la venganza.

    Por qué me hiciste caer

en los abismos del odio.

 

    Mi alma llora sedienta

de sangre que a borbotones

extinga el resentimiento

que me nublan la razón.

    Uñas de punta afilada

hambrientas de aquellos besos

con pupilas dilatadas

que cantaban al amor.

 

    Luna nueva compañera

en la noche de tormenta

junto a pisadas que buscan

el encuentro deseado.

     De testigo una farola

con la bombilla fundida

ocultará la guadaña

con el perfil afilado.

 

    Adoquines impregnados

quedarán de color rojo.

    En mis manos de recuerdo

me llevaré las palabras

que pronunciaron tus ojos.

 

 

Ojos de Gata @2025



,

Falacias

 


 

   Una verdad inconclusa

la mentira  razonada.

    La mentira repetida

 la verdad indiscutible.

 

  Se abrió el armario de las mascaras.

      Ya es hora de que distintos personajes

deambulen ante el patio de butacas.

 

    Una sombra entre bastidores

termina siendo la duda más razonable.

   La luz de una linterna brillará

haciendo de la ilusión un dogma de fe.

 

   Verdad que en la cuerda floja

a oscuras se disimula

sin que se preste atención.

   Los llantos se vuelven risas

con careta blanca y negra

para ocultar la emoción.

 

El rubio es de bote.

   Las pestañas postizas.

       La silicona en los pechos.

           El  orgasmo complaciente.

Cuando se baja el telón,

     ya no hay medias de rejilla

    ni zapatos de tacón.

Las cartas están marcadas

    en la mesa del salón.

 

 

Carlos Torrijos

C.a.r.l. (España)



 

martes, 11 de febrero de 2025

Tres estrellas - Cap.-12 (Final)

 


   A partir de aquella noche en el parque con Edurne, algunos días quedaban para tomar algo en los ratos que Soledad salía a dar una vuelta por las tardes.

      Edurne llevaba tanto tiempo sola en aquel lugar que ahora la espera se le hacía interminable.  Desde que eliminaron a Antón, no tenía a nadie de confianza con quien hablar algún rato el sábado a la tarde de cosas personales y en Soledad tenía ahora otra hermana mayor;  aunque fuera más joven, parecía tener la cabeza un poco mejor amueblada y los pies más ancadlos al suelo.

 De la “operación tres estrellas” y de las personas implicadas,  Edurne nunca le contaba nada para mantenerla al margen.   Por suerte, a Soledad todos la veían como una ilusa pueblerina, que tenía contactos con cierta gente por ser clientes, sin mayor intención.

 

       Una tarde de las que habían quedado Edurne no apareció (tampoco era tan grave) habría tenido que hacer algo. 

     A los dos días la esperaban a la salida del trabajo el “gafitas” y el “barbas” sentados en un coche aparcado en la otra calle.

Barbas.- Soledad, monta

Soledad.- ¿Qué hacéis vosotros aquí?

Gafitas.- sube a la parte de atrás y agáchate que no te vea nadie

    Arrancaron y fueron hasta las afueras de la ciudad, donde pararon en un camino.

Barbas.- ya te puedes levantar

Soledad.- ¿se puede saber qué pasa?

Barbas.- Edurne ha desaparecido

Soledad.- ¿Cómo?

Gafitas.- seguro que ese cabrón la ha descubierto y la ha mandado tirar a otro pantano como hizo con Antón

Barbas.-  tienes que volver a quedar con él, para saber sitio y hora donde encontrarlo cada semana

Soledad.- espera, ¿quedar con?…

Barbas.- sí, con el coronel Gutiérrez; bueno, Roberto

Soledad.- ¿cómo? ¿Roberto? ¿Qué tengo que hacer?

Barbas.- nada, solo quedar con él como antes, un día a la semana

Gafitas.- una noche después de salir tú, lo esperarán en el garaje y se acabará la historia

Soledad.-  me parece que sí; que voy a quedar con él

 

   ---Pasadas un par de semanas--   

 Roberto y la mujer, hacía unos días que no iban por el bar. Se habrían ido de viaje a algún sitio.    El Lunes, las campanas doblaban por la mañana.

 El mal olor había hecho a los bomberos forzar la puerta de un apartamento del centro.

   Dentro se encontraba sobre la cama el cuerpo de un hombre, con tres disparos y sobre cada uno de ellos una estrella de ocho puntas.   Como era de esperar, se trataba de Roberto.  Al final se había llevado su merecido.

 

      Aquel día el bar cerró en señal de luto por la muerte de un fiel cliente de hace años sin faltar nunca.  Soledad aprovechó para alquilar otro garaje donde guardar la moto y se deshizo  de todas las llaves.

   Nunca más volvió a ver al “barbas” ni al “gafitas”. Echaba de menos a Edurne, era una buena mujer aunque estuviese llena de rencor y con razón.

   Los masajes y besos de Chus, le hacían sentir la necesidad de continuar en ese lugar. Allí tenía un trabajo y un sitio donde dormir.  Cualquier día volvería a casa para pasar unos días y decir que había dejado el cuerpo porque no le gustaba y empezaba una vida nueva en otro sitio, hasta poder montar algún negocio propio en el pueblo.

 

          Llegó la hora de la última cena con “Agustín” a partir de esa noche, sería una persona normal y comenzaría una nueva etapa.

Señor.- bueno Soledad, acabaste tu misión

Soledad.- se sabe algo de Edurne

Señor.- Nada se sabe y nada se ha de saber

Soledad.- ya nunca seré policía

Señor.- y por qué no

Soledad.- Ya no, mejor que ni aparezca mi expediente

Señor.- si quieres, podemos intentarlo

Soledad.- no, prefiero ser cualquier otra cosa

Señor.- ahora que no nos oye nadie, ¿Cuáles fueron las últimas palabras?

Soledad.- ¿qué últimas palabras?

Señor.- las tuyas
Soledad.- no te entiendo

Señor.- que es lo último que le dijiste a ese cabrón.  Tranquila, soy como una tumba. Te dije que tú hicieses tu trabajo y que yo haría el mío.

Soledad.- pero no llegamos a tiempo de salvar a Edurne

Señor.- en tus manos estuvo su venganza

Soledad.- pues mira, te lo voy a contar. Hacía mucho que no iba a aquel sitio.  Esa noche a modo de juego dejó que lo esposase al somier y luego le puse un precinto en la boca, no me apetecía oír su voz.  Tras recordarle lo que me había contado Edurne empuñe con fuerza la pistola y apreté el gatillo. Los tres disparos apenas le dejaron sufrir, me pudo la impaciencia.   Luego le quité las esposas, coloqué tres estrellas de ocho puntas, una sobre cada orificio de bala y como me enseñaron en la academia, me cuadré junto al marco de la puerta para decir: A SUS ÓRDENES MI CORONEL.

Señor.- has hecho un buen trabajo

Soledad.- ese no era mi trabajo

Señor.- calla, no digas nada.  Voy a pagar y me voy.  Pero hazme un último favor

Soledad.- tú dirás

Señor.- come el postre tranquilamente y luego tómate una copa a mi salud

Soledad.- espero volverlo a ver alguna vez para cenar

Señor.- espero que no    

 

    Después del postre, pidió el whisky más caro para tomárselo a la salud de aquel desconocido después de tanto tiempo. 

      -- Alguien le puso la mano en el hombro—

Soledad.- ¿qué hace aquí otra vez?

Edurne.- soy yo

Soledad.- Pero tú no….

Edurne.- camarero ¿le importaría ponerme otro whisky a mí?

Soledad.- que alegría, esto sí que no lo esperaba    

Edurne.-  ese me convenció de que desapareciendo, se cumplirían mis deseos

Soledad.- valiente tramposo

Edurne.- pero ahora te quito el trabajo

Soledad.- ¿vas a trabajar en el bar?

Edurne.- no, yo para eso no valgo, soy la nueva socia del señor

Soledad.- vas a estar bien, seguro

Edurne.- mañana me voy lejos de aquí, pero si algún día puedo, pasaré a visitarte

Soledad.- más te vale

Edurne.- me tengo que ir, así que me podías dar un abrazo

Soledad.- pues claro, que alegría más grande me habéis dado

Edurne.- pero antes de irme.  Me ha dicho que en la cuenta, tienes la parte que te corresponde como socia

 

       Soledad se quedó allí sentada, tomando el whisky sorbo a sorbo, hasta que le dijeron que era la hora de cerrar.

 

         Efectivamente, en la cartilla había un ingreso de veinte mil euros, suficiente para montar algo en el pueblo y empezar una nueva vida.  Antes de entrar en la academia, había ayudado un verano a su tía en la peluquería y a sus padres no les importaría que montase algo donde adecentar a las señoras del pueblo, en la casa que heredaron de los abuelos.

 Todavía pasaría en aquella ciudad varios meses, hasta que Luisa encontrase una nueva camarera y Chus se decidiese a buscar otras chicas con las que compartir el piso.

 

 

Fin

Boceto terminado (11/11/24)

N. º de registro: ffi9U9Ne-2024-11-11T21:37:34.664

C.a.r.l. (España)




 

Tal vez.

 

Tal vez.

 

     Suele pasar, que de cuando en cuando, una noche de esas en que el sueño se interrumpe y no quiere volver a atraparte, a uno le da por hacer nada, hacer una visión de uno mismo desde su interior y analizar ciertas cosas buscando “normalmente” virtudes o defectos perpetuos e incorregibles.

  Nuestra perspectiva, tal vez sea errónea en la mayoría de los casos, nos creemos estar en posesión de una verdad, pocas veces asumida por el resto de nuestro entorno.  Algo de lo que no queremos darnos cuenta, porque acabaría por empujarnos a dejar de ser nosotros mismos, para convertirnos en eso que otros quieren que seamos, y tal vez tengan razón.

   Analizándonos desde fuera, metiéndonos en la mente de quien tenemos enfrente, nos daríamos cuenta de que somos unos simples ilusos que pretendemos que se nos comprenda la sonrisa en la habitación donde solo hay tristeza;  que el abrazo no sea insignificante,  aunque sea dado por un chaleco;  que un beso sea lo más puro aun siendo labios de distinto sexo.

     Nuestra percepción del universo, no tiene nada que ver con la realidad cotidiana.  Tanto tiempo preservando la pureza de nuestros sentimientos, que ya nos hemos olvidado de que nos dijeron que todo era una mentira y simplemente, no nos lo quisimos creer.

   Nos advirtieron de cómo es la vida en este momento que nos ha tocado vivir, y nos creímos con el poder de cambiar la verdad del mundo simplemente con miradas de complicidad, incluso sabiendo que hay farolas contra las que chocaríamos una y otra vez, por aprender “como decía hace poco tiempo en unos de mis relatos”   a ver con los ojos cerrados.    Y nunca llegamos a comprender nuestra tontería con la mirada del de enfrente, porque era nuestra y tan solo debía ser juzgada por nosotros.

   Un día me acostaré, me miraré desde fuera, compararé mi punto de vista con cómo, me pueden ver los demás.

 Espero que mi visión de la realidad en ese momento, no se vea demasiado distorsionada y solo tenga que hacer leves retoques en pequeñas cosas.     De no ser así,  me tocará elegir entre ellos o yo, y tal vez, solo tal vez, por ellos, renuncie a lo que siempre fui, y entonces dejaré de existir para no ser ya nadie reconocible al mirarme a mí mismo.

  Tal vez, tanto tiempo viviendo en un sueño, me haga despertar ya viejo y sin tiempo de vivir despierto.

   Tal vez, si abro los ojos, jamás, vuelva a saber soñar.

 

 

Carlos Torrijos
C.a.r.l. (España)




domingo, 9 de febrero de 2025

Tres estrellas - Cap.-11

 


Pasaron un par de meses, “Agustín” parecía desaparecido aunque cada primero de mes, seguía haciendo el ingreso económico en su cuenta.

      No recogía ninguna de sus notas, así que las retiró y dejó otra en la que decía que necesitaba verlo. El no saber de él, la tenía intranquila y más después de lo ocurrido a Antón.

 

      Esa noche cuando llegó al apartamento, de nuevo pudo percibir ese perfume.

Había llegado demasiado pronto y Roberto tardaría un rato, por lo que se entretuvo colocando los cojines de otra manera.  Al dar la vuelta a uno, vio como una mancha de pintalabios (ella nunca lo solía utilizar). Estaba clara la presencia de otra mujer; ahora ya tenía claro, que su juego, no era más que eso, un juego tanto para ella como para él.

        Ya estaba cansada de aquello, pero mira, no le devolvería la moto; alguna noche que otra, saldría a carretera a que le diese el aire. Así que lo habló claramente con él para cortar con aquellas citas semanales.  La verdad es que a él no pareció importarle demasiado y no puso ninguna objeción en seguir pagando el alquiler del garaje; siempre esa puerta estaría abierta para ella el miércoles que le apeteciese pasar a verlo.

 

            Como muchas tardes después de la hora del café, Soledad salía a dar una vuelta y que le diese un poco el fresco.    Cuando volvió, a Luisa, un desconocido le había dejado un recado para ella.

Luisa.- Sole, ha venido un señor muy raro y me ha dicho: Dígale a Soledad que hoy ceno.  Y se ha marchado sin más.  No ha tomado ni un café el tacaño.

Soledad.- y que más me da que cene, como si no quiere cenar

Luisa.- ¿pero no sabes quién puede ser?

Soledad.- ¿cómo era?

Luisa.- alto, de unos cuarenta y cinco o cincuenta y la barba muy arreglada

Soledad.- pues no sé, a ver si vuelve luego otra vez

 

       Esa noche se acercó hasta el restaurante “la muralla” y efectivamente, había una mesa para dos reservada a nombre de Agustín.   Por fin de nuevo cenaban juntos.

Soledad.- donde te has metido, me tenías preocupada

Señor.- no te preocupes, he estado de vacaciones

Soledad.- podías haber avisado

Señor.- y tú, que tal

Soledad.- después de lo de Antón, nada es igual

Señor.- y de amores, cómo vas

Soledad.- una mierda, no merece la pena

Señor.- y aquel rollete de los miércoles

Soledad.- paso de historias, todo era un juego

Señor.- pues me alegro, mejor sola que mal acompañada

Soledad.- bueno pues ya me quedo tranquila, seguiré dejando notas y muchas gracias por las fotos, las tienen mis padres guardadas como oro en paño.

Señor.- intenta enterarte de cuando piensan culminar algún atentado, de esta vez se pretende que caigan todos; los informadores y el comando armado.

Soledad.- intentaré que me cuenten algo

Señor.- llevan demasiado tiempo quietos y tanta inactividad no me gusta nada

 

  Soledad esperaba día tras día, a que llegase el jueves.  Tenía que convencer de alguna manera a Edurne, de que se alejase.    No quería que la detuviesen y la juzgaran como una terrorista más.

 

Soledad.- Edurne, tengo que hablar contigo

Edurne.-  te veo preocupada

Soledad.- mira, lo siento, pero no pienso seguir en esto, estoy cansada de pasar notas y tú deberías de pasar también; al fin y al cabo esto no va con nosotras

Edurne.- yo no puedo dejarlo

Soledad.- claro; tomarían represalias contra ti

Edurne.- no, es que esta, sí es mi guerra

Soledad.- no digas tonterías

Edurne.- te voy a contar una historia, pero aquí no.  Cuando salgas te espero, vamos a ver un sitio que te va a sorprender

 

-         Al salir del trabajo, Edurne la esperaba escondida en un portal tras de la esquina –

Edurne.- estoy aquí soledad

Soledad.- donde quieres que vayamos

Edurne.- tú, camina unos metros detrás de mí

   Al pasar por delante del edificio donde estaba el apartamento, se paró y miró hasta las ventanas del quinto piso, volvió la cara hacía Soledad y siguió caminando hasta llegar a un parque oscuro, donde por fin, se sentó en un banco.

Edurne.- ven siéntate

Soledad.- ¿qué tiene de sorprendente este banco?

Edurne.- este banco no, por donde hemos pasado; creo que no vas hace tiempo

Soledad.- ¿me estabas vigilando a mí?

      Edurne sacó un frasco del bolso y le dio a oler.

Edurne.- ¿lo reconoces?

Soledad.- ¿entonces tú?

Edurne.- no soy la única

Soledad.- pues que le aproveche

Edurne.- como te he dicho, te voy a contar una historia:

      .- hace años, siendo unas adolescentes alocadas, mi hermana y yo, íbamos a todas las manifestaciones allí en mi tierra.  Allí nos juntábamos con chicos más mayores e íbamos con ellos a los locales clandestinos donde se juntaban, y allí nos salían las copas gratis.

    Un día cuando volvíamos a casa, nos detuvieron y nos llevaron al cuartel.  Allí nos hicieron mil preguntas que no sabíamos contestar.

      Al mando estaba el Teniente Gutiérrez, un sádico hijo de puta que después de torturarnos y violarnos durante varios días, una noche, nos dejó tiradas en un descampado del extrarradio,  sin aliento ni para hablar.

    Arrastrándome por el suelo llegué hasta una casa, pero no me quedaban fuerzas ni para llamar.  Cuando me vieron por la mañana el poco aliento que tenía fue para decir que buscasen a mi hermana.  A mí me llevaron al hospital, pero cuando llegaron al lugar donde nos había tirado, mi hermana ya estaba muerta.

     Desde ese día estoy esperando, yo le pasaba información a los comandos y ellos hacían un seguimiento del teniente Gutiérrez por los distintos destinos por los que ha pasado y por fin encontraron su paradero.

Soledad.- entiendo que es a la persona que estáis vigilando

Edurne.- efectivamente, el muy hijo de puta ha llegado a coronel

Soledad.- ahora entiendo, “tres estrellas”. Y si lo han encontrado a que estáis esperando

Edurne.-nosotros solo somos unos informadores, y a mí sabiendo las ganas que tengo de ajustar cuentas, no me permiten tener acceso a ningún arma

Soledad.- yo no sé si aguantaría

Edurne.- toca esperar un contexto político diferente, ahora solo sería una víctima más y esas tres estrellas, tienen que servir para algo más.

  

      Soledad se fue a casa pensando en esa historia tan cruel;  tenía que enterarse de la fecha del atentado cuando estuviese preparado y convencer a Edurne de que ella no participase en ese comando y desapareciese días antes. 

 

  En la siguiente cena con “Agustín” le contaría la historia, para ver la forma de que Edurne pudiese escapar de alguna manera.

 

Señor.- esta vez te veo muy preocupada

     --Soledad le contó aquello que le dijo Edurne—

Señor.- esa precisamente no la sabía, pero las diferentes hazañas de Gutiérrez, eran un secreto a voces

Soledad.- frustrar un atentado contra ese tiparraco, no es algo que me encante;  pero encima detener a Edurne, me parece una injusticia

Señor.- en el trabajo, no hay sentimientos

Soledad.- pues si me echase a la cara a ese tal Gutiérrez, no me crearía cargo de conciencia el meterle tres tiros

Señor.- el que paga, pone las normas

Soledad.- bueno, entonces deje de contar conmigo, mañana le dejo en el buzón la cartilla y las llaves

Señor.- ya lo arreglaremos, pero tú tendrás que ayudar y apartar a Edurne lejos del lugar indicado en la hora y día convenido para la detención de sus compañeros

Soledad.- de eso me encargo yo, aunque la tenga que llevar arrastras

Señor.- tú haz tu parte y yo haré la mía

Soledad.- ¿sabes lo más fuerte? Que Edurne también ha estado liada con Roberto

Señor.- las personas no cambian

Soledad.- que le den por saco.  Y por la tarde en el bar con la mujer, parece un corderito 

Señor.- ¿quieres que te cuente un secreto?

Soledad.- cuenta, cuenta 

Señor.- la mujer de Roberto, tampoco va al bingo esas noches

Soledad.- me alegro; de todas formas, tal para cual. Paso de esa movida