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viernes, 29 de noviembre de 2024

El Resurgir - Cap.- 16

 

"Ver con los ojos cerrados" 16

 

 

        El veintiséis otra vez a la tarea, tenían tantas cosas que contarse:

   Lo que habían hecho en Nochebuena, los que se habían juntado para la cena, los sitios a los que habían ido el día de navidad y sobre todo los regalos que les había traído Papá Noel; no paraban de hablar entre unos y otros; la cocina era un no parar de conversaciones cruzadas, hasta que Gervasio descubrió una caja en el almacén llena de bolsas de colores, cada una con una tarjeta de navidad con un nombre.

Gervasio.- ro, ro, ro, Roberto, mi, mi, mira lo que he encontrado (la emoción no le dejaba articular claras las palabras)

Roberto.- pero qué es eso

Gervasio.- y está el nombre de todos

         Hasta la puerta del almacén se acercaron todos a la carrera

Tomás.- yo los reparto
Gervasio.- yo, que las he encontrado

Roberto.- tranquilos, cada uno que vaya cogiendo la suya, pero esperar a que llegue Julia

       Roberto abrió un pasillo para que llegase hasta la caja Julia, luego cogió la bolsa que le correspondía y se la dio para que la abriera; ella iba abriéndola con cuidado para no romper el papel.

Nerea.- vamos, que es para hoy

Antonio.- a ver si adivinas que es

             Julia se puso a tentar la textura y la forma

Julia.- qué bonito, es un gorro de lana, me viene muy bien para estas frías  mañanas

        Los nervios no les dejaban parar quietos, entonces Roberto puso a un lado a Julia, y todos se lanzaron a la caja como fieras hambrientas.

Tomás.- este es el mío (rasgando el papel de un solo tirón) un jersey ¡BIEN!

Antonio.- a ver ¿dónde está el mío?   .- ¡ay!  Que me has dado con la silla

Carolina.- si es que siempre estás en medio

Gervasio.- unos guantes y una bufanda

Nerea.- dejar paso que os atropello

Antonio.- lo encontré, a ver que es.    .- una gorra de visera con orejeras

Carolina.- pero si es un chal bordado, lo que yo quería

Nerea.- pues vaya, me ha tocado colonia

Roberto.- eso es porque eres muy presumida

Nerea.- pues seguro que huele muy rico

Paco.- ¿habéis acabado ya de dar guerra?

Roberto.- mira a ver qué es lo tuyo

Paco.- mirar chavales, el mejor regalo el mío, un reloj

Nerea.- como te han conocido que siempre eres el último en llegar

Paco.- bueno ahora faltas tú Roberto
Roberto.- pero aquí quedan dos bolsas

Tomás.- pues la que sobra para mí

Roberto.- de eso nada, en la que sobra pone Manuel

Julia.- pero abre la tuya a ver que te ha tocado

Roberto.- unas gafas de sol muy bonitas

Antonio.- pero si estamos en invierno

Carolina.- pero a Roberto le molesta a veces mucho la luz

Gervasio.- el de Manuel, lo guardo yo en el almacén hasta que venga

Nerea.- ¿lo abrimos a ver qué es?

Tomás.- no, eso no se hace

Carolina.- ¿y quién los habrá traído?

Roberto.- vamos dejar los regalos en un sitio que no se manchen que tenemos que seguir.

      La ilusión les salía por cada poro de su piel, quien hubiera sido había tenido una idea genial;  sabían que era un cuento lo de papá Noel.     Pero…      ¿Y si en realidad sí existía?

           A las dos y diez llegó Manuel; ya estaban sirviendo la comida, así que no le dirían nada hasta terminar, querían ver que le había tocado y observar su cara de sorpresa.

       Recogieron los platos y acomodaron la mesa y los bancos para ellos.

          Una vez cada uno en su sitio (el último que se sentaba era Roberto después de servirles) Roberto en vez de salir con el carro con la cazuela, salió con la bolsa y se fue hasta donde estaba Manuel.

Roberto.- han dejado aquí esto para ti

Manuel.- muchas gracias ¿pero por qué me habéis comprado nada?

Antonio.- pero si no hemos sido nosotros

Manuel.- entonces ¿Quién lo ha comprado?

Tomás.- y que importa eso ahora; ábrelo pesado

Manuel.- a ver, a ver, con cuidado de no romper el papel

Nerea.- me enciendes, ábrelo de una vez

Manuel.- vaya chulo, un alfiler de corbata y lleva la “M” grabada

Gervasio.- es el más pequeño y el más bonito

Julia.-  ¿me dejas verlo?

Antonio.- pero como lo vas a ver

Manuel.- tú tranquilo, ella sabe ver con los ojos cerrados

    Manuel puso el alfiler en sus manos y ella empezó a tocarlo suavemente ante el silencio de todos

Julia.- qué bonito, es muy suave y el relieve de la letra está muy bien hecho

Manuel.- entonces te gusta

Julia.- mucho;   parece de oro, tiene un dorado muy clarito

Antonio.- ¿y cómo sabes que es dorado?

Julia.- porque el plateado, es más tosco

Antonio.- ¿y tú entonces, ves los colores?

Julia.- algunos sí y otros no

Antonio.- a ver ¿de qué color es mi jersey?

Julia.- déjame tocarlo

        Antonio le cogió la mano y la puso sobre su pecho

Julia.-  mira el color no te lo sé decir, pero sí que es de dos colores, no espera es de tres; porque las rayas son distintas, mira esta es más áspera, esta un poco más normal y esta muy suave.   Espera vete dando la vuelta.

     .- las espalda es del color de la más áspera, entonces si pensamos un poco ese color es el más oscuro y los otros dos, no termino de verlos bien.

Nerea.- yo alucino ¿y eso lo sabes tocando con los dedos?

Roberto.- claro, cuando alguien carece de uno de los sentidos, se le agudiza el resto

Nerea.- por eso aunque parezca que no está prestando atención siempre se entera de todas los conversaciones

Manuel.- y por el olor y el sonido de los pasos, sabe quién se acerca

Carolina.- a mí también me gustaría sentir eso

Julia.- Carolina, mejor tú, sigue viendo las cosas como son, sin tenértelas que imaginar

Manuel.- de todas formas es bonito intentarlo y oír cosas que nunca habías oído;   Muchas tardes mi mujer y yo, nos sentamos en ese banco que hay ahí enfrente en el parque, y nos pasamos tiempo intentando ver con los ojos cerrados

Julia.- esos sonidos en realidad los habéis oído siempre, pero nunca les habéis prestado atención, sencillamente, porque no os ha hecho falta

Paco.- esa es la diferencia entre oír y escuchar

Nerea.- entonces ¿todos tenemos desarrolladas otras habilidades dependiendo de lo que nos falta?

Antonio.- yo el otro día que salí con Manuel, cerré los ojos y llegué andando hasta la farola, y sabía que la tenía justo en frente

Tomás.- ¿y cómo lo ibas a saber?

Manuel.- pues sí que lo supo, lo que no supo fue esquivarla

Paco.- por qué te crees Nerea que tú y yo tenemos tanta fuerza en los brazos

Nerea.- porque tú con las muletas y yo venga a darle vueltas a las ruedas de la silla, hacemos mucho ejercicio

Paco.- pues claro, porque si no, a ver cómo nos movemos

Gervasio.- pero carolina no tiene los brazos tan fuertes

Tomás.- listo, pero Carolina tiene una silla motorizada y no empuja tanto

Gervasio.- claro, tienes razón

       -- Roberto y Tomás ya estaban terminando el primer plato y el resto ni habían empezado—

Roberto.- Yo voy a por el segundo, luego no me andéis con que si se ha quedado frío o que vaya a la cocina a nada.

Tomás.- a mí me lo traes ya, que yo también he terminado

Julia.- no, tú no te levantes que te cansas

Roberto.- vamos, dejar de cascar y a comer, que al final hoy nos dan las tantas aquí

           Al final, todos se fueron a casa sin averiguar  quién había podido dejar allí esos regalos.   Pero eso, qué más da.  Lo importante era saber que alguien, se había acordado de ellos en ese bonito día y que Papá Noel, se había acercado a regalarles un poquito de ilusión.

 

 

 


miércoles, 27 de noviembre de 2024

El Resurgir - Cap.- 15

 

"Ver con los ojos cerrados" 15

 

 

     El día veintitrés de diciembre, nada más terminar de limpiar, debían ponerse a preparar para el veinticuatro y veinticinco.       El menú del veinticuatro de al medio día se hacía por la mañana para que estuviese calentito, recién hecho, pero ese día entregarían unos recipientes de plástico y cartón para que todos pudiesen celebrar la cena de Nochebuena y llevar algo al estómago el día de navidad, pues ese medio día (el del veinticinco) era el único día del año que permanecía cerrado el comedor.

   Esa tarde se unían a ellos los padres para echar una mano y como no también se apuntó Verónica. 

   Según iban entrando los padres, Roberto iba colocando a cada uno en el lugar correspondiente, e indicándoles cuál era su función detalladamente. 

    Todos esperaban a que llegase Verónica (Manuel ya estaba trajinando, como era de costumbre en el almacén) Tanto les habían hablado de ella sus hijos, de aquella tarde que fueron a buscar a Manuel y de la tarde en que  invitó a todos a chocolate, que estaban ansiosos por conocerla.

Verónica.- ya estoy aquí, perdonar pero les he estado haciendo algo de cenar a los críos para cuando lleguen esta noche

Roberto.- pasa madraza, que te voy a presentar

    Todos los padres se acercaron a abrazarla y besarla, como si la conociesen de toda la vida y después sin perder más tiempo volvieron a sus sitios de trabajo.

Verónica.- Roberto ¿Dónde me pongo yo?

Roberto.- vamos a preguntar a ver donde haces falta

Verónica.- donde me digas

Roberto.- a ver chicos ¿dónde ponemos a Verónica?

Tomás.- que se ponga aquí conmigo

Roberto.- pero contigo ya hoy dos

Gervasio.- ¿Qué tal andas de fuerza?

Manuel.- es algo flojucha

Gervasio.- entonces que se ponga con Julia

Roberto.- pues nada, vamos con julia y la madre de Antonio y te digo que hay que hacer

Tomás.- verás la que te va a caer, cuando llegues a  casa por llamarla flojucha

Manuel.- no pasa nada

Tomás.- a mí sí que no me va a pasar nada

Gervasio.- vamos que te duermes, todo eso al lado de Paco

Manuel.- ya voy explotador

Gervasio.- pero coge el carretillo, tengo que estar a todo

Manuel.- a sus órdenes

 

   En la mesa larga del comedor se seleccionaban distintos montones para luego poder ir colocando en bolsas de forma que nadie se quedase sin su ración.

   Se intentaba hacer un menú variado y exento de cualquier cosa que pudiese fermentar en unas horas, por lo que la sopa de pescado, con algunas gambas y almejas se reservaba para comer allí el veinticuatro, en el momento de sacarla de los fogones.

     Parecía mentira lo bien organizado que tenían todo.  Aquella tarde sudaron la gota gorda, pero a las diez de la noche todo estaba terminado, puesto en las bolsas y organizado el menú para hacer la mañana siguiente.

Verónica.- entonces ¿en Nochevieja la misma canción que hoy?

Nerea.- no maja, de eso nada, el día de año nuevo sí damos la comida y para la cena de Nochevieja les damos las uvas y que se preparen ellos la cena

Roberto.- mira que eres burra

Nerea.- joder, la verdad

Antonio.- esa boca Nerea

Nerea.- vete a la mierda, que estoy cansada

          --no pudieron todos más que echarse a reír—


      Al día siguiente allí se presentó de nuevo Verónica con Manuel.

Nerea.- qué ¿no tuviste bastante ayer?

Roberto.- Nerea un respeto

Nerea.- pues si llego yo a saber que venía, me había quedado yo en la cama

Verónica.- o sea, ¿eso es lo que tú me quieres a mí?

Nerea.- que no, que es broma, jolín hoy os habéis levantado todos con el pie izquierdo

Antonio.- no, lo que pasa es que estás muy pesada esta mañana

Nerea.- anda cállate y pela los fideos para la sopa

Antonio.- cómo voy a pelar los fideos

Julia.- déjala, no hagas caso

Verónica.- pero que le pasa a esta hoy

Roberto.- tranquila, tú síguele el cuento y cuando veas y te apetezca le llevas la contraria; esto lo hace siempre en navidad,  es lo que ya os dije, pues así está todos los días.

Verónica.-  Nerea ¿te apetece que me ponga contigo?

Nerea.- vale, tú empujas la silla, pero con garbo, que esto no puede estar parado

Paco.- cuidado con las velocidades que te conozco

Carolina.- lo que tienes que hacer, es no dejar las muletas en cualquier sitio

Roberto.- vamos Tomás, esas cazuelas ya tenían que estar cociendo

Tomás.- a mí dejarme en paz, que yo sé lo que tengo que hacer y quien tenga prisa que deje de mirar y lleve cacerolas llenas de agua

Antonio.- vaya, vaya, como estamos esta mañana

Julia.- tú ni caso, nosotros aquí en nuestro rincón sin meternos con nadie

Carolina.- tomar, este pescado en cuadraditos

Julia.- ¿tiene muchas espinas?

Carolina.- no julia, ya viene en filetes

Julia.- muchas gracias, esto lo hacemos en un momento

Carolina.- cuidado con los cuchillos, Antonio tú vigila

Antonio.- sí, sí, yo se lo doy por el mango

Manuel.- Paco ¿te ayudo a ir pelando? Que hoy Gervasio se apaña bien solo

Paco.- siéntate aquí al lado, las peladuras a esta bolsa y lo pelado al cesto

Manuel.- hombre, eso ya lo veo

Paco.- ya verás en un momento empiezan las voces

Manuel.- que vas a hacer

Paco.- ya verás

        Paco se preparó esperando que pasase cerca de él Nerea a toda velocidad; Verónica empujaba con ganas y no le daría tiempo a frenar

         Paco dejó caer su muleta justo en la trayectoria de las ruedas de la silla de Nerea, haciéndola volcar.

Verónica quedó parada, por un momento no era capaz de mover ni un músculo de su cuerpo, mientras Nerea se retorcía en el suelo gritando a lágrima viva.

Verónica.-  mi niña, te duele mucho

Nerea.- ¡ay! no me toques, no me toques

Verónica.- pero hacer algo, llamar a una ambulancia

    Manuel se fue a por el teléfono, mientras al resto seguían allí parados

Nerea.- ¡ay! ¡ay! Yo creo que me has terminado de romper

Verónica.- donde te duele

Nerea.- todo el cuerpo, pero creo que el brazo está roto

Verónica.- pero podéis llamar de una vez a alguien y venir a ayudar

     Manuel ya estaba marcando cuando Roberto le apartó el dedo de la pantalla

Manuel.- qué haces

Roberto.- no la ves que se está riendo, que es cuento

Manuel.- a ver si nos lo tomamos a risa y va a tener algo roto

Roberto.- ya te digo yo que no, si le doliera algo, ya no quedaban santos en el cielo por bajar

Verónica.-  Paco coño, pareces tonto y encima sigues ahí sentado después de la que has armado

Paco.- pero qué dices, si ha sido Manuel, que le ha dado a la muleta sin querer con el codo

Verónica.- pero viene esa ambulancia o qué

Nerea.- ¿y tú dónde vas mirando? Pues vaya una conductora

Verónica.- Perdóname, es que ni la vi, no me dio tiempo

Nerea.- todos estáis de testigos ¿cuántas veces me he caído yo en la cocina? Nunca, ni una vez

Verónica.- no me digas eso Nerea

Antonio.- Ella nunca se ha caído

     Verónica estaba entrando en un punto de desesperación  excesivo mientras Nerea, continuaba en el suelo retorciéndose y tapándose la cara con las manos.

     Roberto al ver la situación ya se dirigía a cortar aquello cuando Nerea, no se pudo aguantar más y se le escapó una tremenda carcajada.

Manuel.- jodía muchacha

Verónica.- ¿eres imbécil? Vaya susto que me has dado

Tomás.- esto es más malo que la carne de pescuezo

Nerea.- venga, ponerme en la silla

    Verónica agarró la silla mandándola de un empujón dentro del almacén

Verónica.- dejarla ahí tirada toda la mañana, si la quiere, que vaya a por ella

Carolina.- uf, que mañana, que mañana

Nerea.- Antonio, ¿me ayudas?

Antonio.- yo no me meto en vuestras cosas, que te ayude Gervasio

Gervasio.- cómo tenga que ir yo con el carretillo, vas al con, contenedor de la basura

Verónica.- y vosotros, todos callados como zorras, ya os lo tendré en cuenta

Manuel.- yo iba a llamar al 112 pero no me dejó Roberto

Verónica.- tú, cállate que me lo has demostrado todo, eres igual que ellos

Manuel.- sabía yo, que me tocaba a mí

Roberto.- Gervasio, trae la silla de Nerea

Verónica.- ni se te ocurra

      Nerea sabiendo que se había pasado, se arrastró hasta el almacén y allí ayudándose en unos sacos se sentó de nuevo.

    Cuando salió, se fue directa a Verónica para pedirle perdón.

Verónica.- mira, luego te perdono, te abrazo y lo que quieras, pero ahora me voy a la calle a fumar un cigarro, porque si te agarro entre mis manos ahora, te rompo de verdad

       Al rato volvió a entrar, ya todos seguían a su faena.

Verónica.- ven aquí y dame un abrazo demonio

Nerea.- perdona pero como estaba boca abajo no veía lo nerviosa que estabas

Verónica.- pero no te has hecho daño verdad

Nerea.- nada, otra caída de tantas

Verónica.- ni se te ocurra hacerme esto otra vez, te mato

         La mañana proseguía con normalidad hasta un poco antes de la hora de comer;   ya habían terminado de trasportar sacos y cajas.    Para ir avanzando terreno, Nerea iba sacando platos al comedor, mientras carolina permanecía estática, mirando a ningún sitio concreto, hasta que Tomás le pusiese la caja de los cubiertos sobre las piernas.

Paco.- Roberto, luego no me eches a mí las culpas

Roberto.- qué pasa ahora

Paco.- mira, en el saco de las peladuras, cuatro o cinco patatas peladas y varías zanahorias

Roberto.- pero como va a ser eso

Paco.- mira carolina ¿a que es verdad? Ven, ven, mira

Carolina.- pues es verdad

Paco.- es que hay que tener más cuidado Manuel,

Carolina.- pues habrá sido sin querer

Nerea.- Vaya mañanita llevas colega, primero me tiras de la silla y luego te confundes y tiras las patatas a la bolsa de las peladuras  

Manuel.- dejemos esa parte de la fiesta en paz

Verónica.- desde luego, es qué no tienes cuidado

Manuel.- la que faltaba para el canto del duro

Carolina.- Ven Manuel, vamos a colocar los cubiertos, que estos hoy están en tu contra todos

Manuel.- julia, Antonio ¿habéis terminado?

Julia.- sí, ya mismo colocamos los vasos

Manuel.- los vasos los colocamos Carolina y yo, y vosotros mientras tocáis alguna canción de esas de bailar

Antonio.- ¿tocamos ese vals que me gusta a mí tanto?

Julia.- vale, vamos, vete enchufando el teclado que ya voy

      Julia y Antonio se pusieron a tocar; Manuel dejo de colocar los cubiertos y poniéndose delante de Carolina, comenzó a mover su silla a ritmo de vals.

Manuel.- qué bien bailas

Carolina.- pero si eres tú, yo no hago nada

Nerea.- Mira Roberto y ahora estos dos se ponen a bailar

Roberto.- ven aquí metija, y cállate

Nerea.- pues a ver quién pone la mesa

Paco.- ¡coño! Que pases aquí y te calles de una vez; mira que te tiro con la muleta, y tengo buena puntería

       Pasado un rato entre todos colocaron lo que faltaba y tras dar la comida, se pusieron en la puerta en fila, para ir dando una bolsa llena de amor a cada una de las personas y desearles felices fiestas.

   Ese día no comieron allí, recogieron sin excederse y cada uno se fue a su casa a descansar de la paliza del día anterior.

 


domingo, 24 de noviembre de 2024

El Resurgir - Cap.- 14

 

"Ver con los ojos cerrados" 14

 

       Se aproximaba el fin de semana;       Manuel llevaba unos días muy callado y pensativo.  Por acontecimientos acaecidos no hace mucho tiempo, la familia se encuentra es la disyuntiva de preguntar o no.

 Están acostumbrados a la respuesta evasiva de:  NADA.

    Pero llegado el viernes noche y ya acostados, Verónica no puede aguantar más, se repite a sí misma: Esto ya no tiene por qué ser igual, ha cambiado, está mejor, porqué no vamos a cambiar nosotros y así confiar en su respuesta.   Sí dice que no pasa nada, pues así será y si algo le preocupa, seguro que está deseando compartirlo con nosotros y ser arropado por nuestras sugerencias para solucionar las cosas juntos.

   

Verónica.- tengo que hablar contigo, pero no te enfades

Manuel.- qué has armado ahora

Verónica.- no, no;  no he armado nada

Manuel.- ya me dejas más tranquilo

Verónica.- los que no estamos tranquilos somos nosotros, los niños y yo

Manuel.- ¿qué os pasa?

Verónica.- la pregunta es: Qué te pasa a ti

Manuel.- ¿a mí?

Verónica.- sí, llevas unos días muy raro, todo el rato pensando las batuecas y mirando a las musarañas

Manuel.- pero no es nada

Verónica.- ves, ya estamos como siempre ¿tanto te cuesta hablar?

Manuel.- es una tontería.  Resulta que el otro día me estaban contando allí en el comedor, los exámenes que se les venían encima en estas fechas, y Carolina se echó a llorar por algo que dije y no debía de haber dicho, pero yo no sabía nada

Verónica.- pero qué le dijiste

Manuel.- que las navidades eran unas fechas muy entrañables; enseguida Roberto me dijo que dejase la cosa así y Julia salto como un perdigonazo, cambiando de tema y hablando de sus exámenes

Verónica.- pues a mí eso, no me parece ninguna tontería

Manuel.- luego me pidió un abrazo y en ese momento se me partió el alma

Verónica.- eres más tonto ¿y tú, no podías haberle preguntado a Roberto en vez de andar dándole vueltas?

Manuel.- no hemos coincidido a solas y además lo mismo tampoco quiere hablar de ello

Verónica.- mañana cuando terminéis de recoger, os espero en la puerta y nos vamos los tres a tomar algo

Manuel.- pero me da cosa preguntarle, debe ser algo muy personal

Verónica.- pues no haberme dicho nada, que ahora me quedo yo con la duda

Manuel.- y tú para que preguntas

Verónica.- y tú, para qué contestas, ahora la duda me corroe;   a ver como duermo yo esta noche; siempre contando las cosas a destiempo.

Manuel.- el caso es que todo lo hago mal, no sé como acertar contigo

Verónica.- anda bobo, vamos a dormir;  ya mañana le digo yo a los chicos que no se preocupen, que están con miedo de que hubieses dado un paso atrás

Manuel.- calla, calla, esos tiempos ni me los nombres

 

         Al día siguiente, nada más llegar al comedor, le dijo a Roberto que si tenía algún plan para esa tarde, que iba a recogerlos Verónica para ir los tres a tomar algo por ahí.

    Nada tenía que hacer y no había quedado con nadie hasta la noche.

  A las tres y media, salió Gervasio a tirar unas bolsas de basura al contenedor.

     Allí, en la esquina estaba Verónica fumando un pitillo al sol.

     -- Gervasio dejó las bolsas en el suelo y entró corriendo hasta donde estaba Manuel—

Gervasio.- oye, oye, oye,

Manuel.- que te pasa

Gervasio.- que tu mujer está fumando

Manuel.- ¿cómo que mi mujer está fumando?  “Como si no supiera nada”

Gervasio.- no, no, no sé, pero está en la esquina

Manuel.- pues sal y dile que entre

    Volvió a salir y se acercó hasta la esquina donde estaba Verónica

Gervasio.- Verónica que dice Manuel que entres

Verónica.- ahora voy, estaba aquí al solecito, que se agradece

Gervasio.- pero yo no le he dicho nada de que estabas fumando

Verónica.- vale ¿y tú, a que has salido?

Gervasio.- a tirar la basura

Verónica.- ¿y dejas las bolsas en el suelo?

Gervasio.- ahora las meto en el contenedor

Verónica.- muy bien, ahora voy

Gervasio.- yo te guardo el secreto

Verónica.- está bien

       Cuando entró Gervasio se fue directo al almacén, sin querer había metido la pata y había hablado antes de la cuenta

Verónica.- buena tarde a todos

Manuel.- ya me dijo Gervasio que estabas fumando

   ---este estaba mirando por la rendija de la puerta.   Se armó de valor y salió a pedir disculpas—

Gervasio.- perdona verónica, pero es que fumar es muy malo

Verónica.- tienes mucha razón, esto es un vicio muy malo

Gervasio.- no estás enfadada conmigo, verdad

Verónica.- pues claro que no

Manuel.- fuma muy poco, solo un cigarro de vez en cuando, se le echa a perder el paquete en el bolso, eso ya no es tabaco es paja seca

Gervasio.- mi hermana también fuma, pero mis padres no lo saben

Antonio.- yo también fumo

Nerea.- tú, ¿Cuándo has fumado tú?

Antonio.- sí, un día en una boda

Julia.- pues el día que vengas oliendo a tabaco, a mí ni te me acerques

Antonio.- no, no, si ya no fumo

Julia.- ¡ah bueno!

Verónica.- pues habrá que dejar de fumar

Roberto.- no pasa nada, pero aquí todos somos anti-tabaco

Manuel.- y me parece muy bien

Tomás.- ya que estás aquí, podías ayudar y así terminamos antes

Roberto.- oye Tomás

Verónica.- no pasa nada.  A ver a que te ayudo

Tomás.- a nada, que se enfada Roberto

Verónica.- te ayudo sin que se dé cuenta, yo voy fregando y tú aclaras

 

         En el bar de siempre, los esperaba la mesa del fondo donde tomar algo conversando de temas diversos.   En un momento dado,  Verónica le hizo un gesto a Manuel indicándole que le preguntase lo que le pasaba a Carolina.

      --Este seguía con la conversación sin hacer caso---

Verónica.- mira Roberto, espero que no te moleste, pero este lleva unos días muy preocupado y anoche le sonsaqué lo que lo tenía tan pensativo y te lo quería preguntar, porque a él, le da corte

Roberto.-  ya me lo imagino, son unas fechas muy duras para Carolina y todos tenemos que entretenerla y despistarla para que piense lo menos posible

Manuel.- yo no quería meter la pata, fue sin querer

Roberto.- no te preocupes, es normal, tú no tenías que saber nada

Manuel.- no te preocupes que ya intentaré yo hacer alguna broma para pasar algún rato de risas y que se distraiga

Roberto.- Paco que es un jodón, cada vez que la ve cabizbaja deja sus muletas en medio, Nerea se enciende y así carolina intenta ir delante con su silla para retirarlas

Verónica.- me parece muy bien, ¡coño!  Pero yo también quiero saber que le pasa a Carolina, que nos tienes en ascuas

Manuel.- será una cosa demasiado personal

Roberto.- vosotros lo podéis saber, no es nada que haya porqué ocultar, pero cada vez que llegan las navidades se le viene todo a la mente y lo pasa mal, como es natural

Verónica.- pero nos lo vas a contar o no

Roberto.- mira que eres cotilla, ahora no te lo tenía que contar, ya se lo contaré a Manuel un día de estos

Verónica.- no me jodas que pido unas raciones y pagas tú

Manuel.- y encima te amenaza

Roberto.- que sí, que os lo cuento, pero antes vamos a pedir otros vinos y alguna ración que pago yo

Verónica.- vete tú a pedir Manuel, que ya luego te cuento yo si te pierdes algo

Roberto.- mira que eres

Manuel.- anda cuéntale lo que sea y que se calle, que ya voy yo

Roberto.- mejor esperamos.   

      --Manuel pide tres vinos y una de calamares--

Camarero.-  tranquilos, ahora os lo llevo yo

                             ---Manuel volvió a sentarse ---

Roberto.-  Carolina no está en silla de ruedas por ninguna enfermedad.

     .- unas navidades hace años (entonces solo tenía doce) junto a sus padres iban al pueblo a pasar la noche de Nochevieja y el día de año nuevo con sus abuelos paternos; como cada año, pasaban la noche buena y navidad con unos y el fin de año con los otros, así repartían como tradicionalmente se hace, o se hacía en todas las familias.

Manuel.- era una costumbre muy bonita

Verónica.- calla, no interrumpas

Roberto.- que no pasa nada, tenemos toda la tarde.

Verónica.- tú sigue

Roberto.- pues como os iba diciendo, en una curva, otro coche los envistió de frente y cayeron por un barranco.  Cuando los sacaron de allí, los trasladaron al hospital, ella se partió la columna y desde el primer examen médico se sabía que no volvería a andar;  su madre tras estar bastante tiempo en coma por fin se fue recuperando de las lesiones y bueno, aunque con alguna leve secuela imperceptible para los demás, se maneja perfectamente; tiene su trabajo y le ha podido dar estudios para que sea algo en la vida.

Manuel.- uf, vaya palo

Roberto.- ella es muy fuerte y ha sabido hacer frente a las adversidades, le encanta dibujar y pintar, de hecho terminó bellas artes el año pasado. 

        .-El garaje de casa donde se guardaba aquel coche, se ha convertido en su estudio, lleno de lienzos pintados a oleo y las paredes empapeladas con dibujos a carboncillo.

Verónica.- por lo que dices, su padre…

Roberto.- sí, su padre murió en la ambulancia antes de llegar al hospital

Manuel.- joder, siento mucho haber metido la pata

Roberto.- que ya te he dicho que no pasa nada, tú no tienes la culpa.

Verónica.- pues ya sabes, cuando te pida un abrazo, apriétala fuerte

Roberto.- pero no nos la rompas

Verónica.- ¿y lo tuyo es de nacimiento?
Roberto.- de toda la vida, que se suele decir

Manuel.- mira que eres cuza, a ti que te importa

Verónica.- pues oye, ya metidos en faena

Roberto.- di que sí, tú lo que dudes lo preguntas

Manuel.- pues lo que hace falta que le digas

Verónica.- no, voy a ser como tú, que llevas una semana…

Manuel.- y pensar que a veces por una tontería se nos cae el mundo encima, que gente más valiente y que suerte de haberos conocido

Roberto.- valientes no, no nos queda otro remedio que luchar contra corriente, si no lo hacemos nosotros, no lo va a hacer nadie y no estamos dispuestos a morirnos de asco en un rincón

Verónica.- eso nunca

Roberto.- os parecerá una tontería, pero si algo nos molesta es dar pena y que nos vean como trastos inservibles, aunque si os digo la verdad, ahora nosotros ya estamos hechos al ruido y lo que piensen los demás nos importa un bledo, aunque depende de quién lo piense duele, y más si es algún familiar.    Ahora nos da igual casi todo, pero la infancia y la adolescencia son jodidas y a veces uno no sabe ni que pensar, ni por donde tirar.

Verónica.- sois dignos de admiración

Roberto.- es lo que nos ha tocado vivir

Verónica.- no lo digo por eso, me estoy refiriendo a esa labor que realizáis con ese comedor, que no solo da alimentos a los que van.  Vuestra alegría también les dará ganas de vivir y esperanza

Roberto.- hay mucha gente que nos necesita y a nosotros no nos cuesta trabajo

Camarero.- os he visto tan metidos en la conversación que me he dicho:   voy a esperar a poner la freidora, que se les quedan los calamares como los pies de Cristo.

        .-Aquí están recién hechos, ahora cuidado no os queméis el morro

Manuel.- muchas gracias, estás en todo

Camarero.- ya sabes que a estas horas a parte de ver la tele, poco hay que hacer.