Translate

miércoles, 27 de noviembre de 2024

El Resurgir - Cap.- 15

 

"Ver con los ojos cerrados" 15

 

 

     El día veintitrés de diciembre, nada más terminar de limpiar, debían ponerse a preparar para el veinticuatro y veinticinco.       El menú del veinticuatro de al medio día se hacía por la mañana para que estuviese calentito, recién hecho, pero ese día entregarían unos recipientes de plástico y cartón para que todos pudiesen celebrar la cena de Nochebuena y llevar algo al estómago el día de navidad, pues ese medio día (el del veinticinco) era el único día del año que permanecía cerrado el comedor.

   Esa tarde se unían a ellos los padres para echar una mano y como no también se apuntó Verónica. 

   Según iban entrando los padres, Roberto iba colocando a cada uno en el lugar correspondiente, e indicándoles cuál era su función detalladamente. 

    Todos esperaban a que llegase Verónica (Manuel ya estaba trajinando, como era de costumbre en el almacén) Tanto les habían hablado de ella sus hijos, de aquella tarde que fueron a buscar a Manuel y de la tarde en que  invitó a todos a chocolate, que estaban ansiosos por conocerla.

Verónica.- ya estoy aquí, perdonar pero les he estado haciendo algo de cenar a los críos para cuando lleguen esta noche

Roberto.- pasa madraza, que te voy a presentar

    Todos los padres se acercaron a abrazarla y besarla, como si la conociesen de toda la vida y después sin perder más tiempo volvieron a sus sitios de trabajo.

Verónica.- Roberto ¿Dónde me pongo yo?

Roberto.- vamos a preguntar a ver donde haces falta

Verónica.- donde me digas

Roberto.- a ver chicos ¿dónde ponemos a Verónica?

Tomás.- que se ponga aquí conmigo

Roberto.- pero contigo ya hoy dos

Gervasio.- ¿Qué tal andas de fuerza?

Manuel.- es algo flojucha

Gervasio.- entonces que se ponga con Julia

Roberto.- pues nada, vamos con julia y la madre de Antonio y te digo que hay que hacer

Tomás.- verás la que te va a caer, cuando llegues a  casa por llamarla flojucha

Manuel.- no pasa nada

Tomás.- a mí sí que no me va a pasar nada

Gervasio.- vamos que te duermes, todo eso al lado de Paco

Manuel.- ya voy explotador

Gervasio.- pero coge el carretillo, tengo que estar a todo

Manuel.- a sus órdenes

 

   En la mesa larga del comedor se seleccionaban distintos montones para luego poder ir colocando en bolsas de forma que nadie se quedase sin su ración.

   Se intentaba hacer un menú variado y exento de cualquier cosa que pudiese fermentar en unas horas, por lo que la sopa de pescado, con algunas gambas y almejas se reservaba para comer allí el veinticuatro, en el momento de sacarla de los fogones.

     Parecía mentira lo bien organizado que tenían todo.  Aquella tarde sudaron la gota gorda, pero a las diez de la noche todo estaba terminado, puesto en las bolsas y organizado el menú para hacer la mañana siguiente.

Verónica.- entonces ¿en Nochevieja la misma canción que hoy?

Nerea.- no maja, de eso nada, el día de año nuevo sí damos la comida y para la cena de Nochevieja les damos las uvas y que se preparen ellos la cena

Roberto.- mira que eres burra

Nerea.- joder, la verdad

Antonio.- esa boca Nerea

Nerea.- vete a la mierda, que estoy cansada

          --no pudieron todos más que echarse a reír—


      Al día siguiente allí se presentó de nuevo Verónica con Manuel.

Nerea.- qué ¿no tuviste bastante ayer?

Roberto.- Nerea un respeto

Nerea.- pues si llego yo a saber que venía, me había quedado yo en la cama

Verónica.- o sea, ¿eso es lo que tú me quieres a mí?

Nerea.- que no, que es broma, jolín hoy os habéis levantado todos con el pie izquierdo

Antonio.- no, lo que pasa es que estás muy pesada esta mañana

Nerea.- anda cállate y pela los fideos para la sopa

Antonio.- cómo voy a pelar los fideos

Julia.- déjala, no hagas caso

Verónica.- pero que le pasa a esta hoy

Roberto.- tranquila, tú síguele el cuento y cuando veas y te apetezca le llevas la contraria; esto lo hace siempre en navidad,  es lo que ya os dije, pues así está todos los días.

Verónica.-  Nerea ¿te apetece que me ponga contigo?

Nerea.- vale, tú empujas la silla, pero con garbo, que esto no puede estar parado

Paco.- cuidado con las velocidades que te conozco

Carolina.- lo que tienes que hacer, es no dejar las muletas en cualquier sitio

Roberto.- vamos Tomás, esas cazuelas ya tenían que estar cociendo

Tomás.- a mí dejarme en paz, que yo sé lo que tengo que hacer y quien tenga prisa que deje de mirar y lleve cacerolas llenas de agua

Antonio.- vaya, vaya, como estamos esta mañana

Julia.- tú ni caso, nosotros aquí en nuestro rincón sin meternos con nadie

Carolina.- tomar, este pescado en cuadraditos

Julia.- ¿tiene muchas espinas?

Carolina.- no julia, ya viene en filetes

Julia.- muchas gracias, esto lo hacemos en un momento

Carolina.- cuidado con los cuchillos, Antonio tú vigila

Antonio.- sí, sí, yo se lo doy por el mango

Manuel.- Paco ¿te ayudo a ir pelando? Que hoy Gervasio se apaña bien solo

Paco.- siéntate aquí al lado, las peladuras a esta bolsa y lo pelado al cesto

Manuel.- hombre, eso ya lo veo

Paco.- ya verás en un momento empiezan las voces

Manuel.- que vas a hacer

Paco.- ya verás

        Paco se preparó esperando que pasase cerca de él Nerea a toda velocidad; Verónica empujaba con ganas y no le daría tiempo a frenar

         Paco dejó caer su muleta justo en la trayectoria de las ruedas de la silla de Nerea, haciéndola volcar.

Verónica quedó parada, por un momento no era capaz de mover ni un músculo de su cuerpo, mientras Nerea se retorcía en el suelo gritando a lágrima viva.

Verónica.-  mi niña, te duele mucho

Nerea.- ¡ay! no me toques, no me toques

Verónica.- pero hacer algo, llamar a una ambulancia

    Manuel se fue a por el teléfono, mientras al resto seguían allí parados

Nerea.- ¡ay! ¡ay! Yo creo que me has terminado de romper

Verónica.- donde te duele

Nerea.- todo el cuerpo, pero creo que el brazo está roto

Verónica.- pero podéis llamar de una vez a alguien y venir a ayudar

     Manuel ya estaba marcando cuando Roberto le apartó el dedo de la pantalla

Manuel.- qué haces

Roberto.- no la ves que se está riendo, que es cuento

Manuel.- a ver si nos lo tomamos a risa y va a tener algo roto

Roberto.- ya te digo yo que no, si le doliera algo, ya no quedaban santos en el cielo por bajar

Verónica.-  Paco coño, pareces tonto y encima sigues ahí sentado después de la que has armado

Paco.- pero qué dices, si ha sido Manuel, que le ha dado a la muleta sin querer con el codo

Verónica.- pero viene esa ambulancia o qué

Nerea.- ¿y tú dónde vas mirando? Pues vaya una conductora

Verónica.- Perdóname, es que ni la vi, no me dio tiempo

Nerea.- todos estáis de testigos ¿cuántas veces me he caído yo en la cocina? Nunca, ni una vez

Verónica.- no me digas eso Nerea

Antonio.- Ella nunca se ha caído

     Verónica estaba entrando en un punto de desesperación  excesivo mientras Nerea, continuaba en el suelo retorciéndose y tapándose la cara con las manos.

     Roberto al ver la situación ya se dirigía a cortar aquello cuando Nerea, no se pudo aguantar más y se le escapó una tremenda carcajada.

Manuel.- jodía muchacha

Verónica.- ¿eres imbécil? Vaya susto que me has dado

Tomás.- esto es más malo que la carne de pescuezo

Nerea.- venga, ponerme en la silla

    Verónica agarró la silla mandándola de un empujón dentro del almacén

Verónica.- dejarla ahí tirada toda la mañana, si la quiere, que vaya a por ella

Carolina.- uf, que mañana, que mañana

Nerea.- Antonio, ¿me ayudas?

Antonio.- yo no me meto en vuestras cosas, que te ayude Gervasio

Gervasio.- cómo tenga que ir yo con el carretillo, vas al con, contenedor de la basura

Verónica.- y vosotros, todos callados como zorras, ya os lo tendré en cuenta

Manuel.- yo iba a llamar al 112 pero no me dejó Roberto

Verónica.- tú, cállate que me lo has demostrado todo, eres igual que ellos

Manuel.- sabía yo, que me tocaba a mí

Roberto.- Gervasio, trae la silla de Nerea

Verónica.- ni se te ocurra

      Nerea sabiendo que se había pasado, se arrastró hasta el almacén y allí ayudándose en unos sacos se sentó de nuevo.

    Cuando salió, se fue directa a Verónica para pedirle perdón.

Verónica.- mira, luego te perdono, te abrazo y lo que quieras, pero ahora me voy a la calle a fumar un cigarro, porque si te agarro entre mis manos ahora, te rompo de verdad

       Al rato volvió a entrar, ya todos seguían a su faena.

Verónica.- ven aquí y dame un abrazo demonio

Nerea.- perdona pero como estaba boca abajo no veía lo nerviosa que estabas

Verónica.- pero no te has hecho daño verdad

Nerea.- nada, otra caída de tantas

Verónica.- ni se te ocurra hacerme esto otra vez, te mato

         La mañana proseguía con normalidad hasta un poco antes de la hora de comer;   ya habían terminado de trasportar sacos y cajas.    Para ir avanzando terreno, Nerea iba sacando platos al comedor, mientras carolina permanecía estática, mirando a ningún sitio concreto, hasta que Tomás le pusiese la caja de los cubiertos sobre las piernas.

Paco.- Roberto, luego no me eches a mí las culpas

Roberto.- qué pasa ahora

Paco.- mira, en el saco de las peladuras, cuatro o cinco patatas peladas y varías zanahorias

Roberto.- pero como va a ser eso

Paco.- mira carolina ¿a que es verdad? Ven, ven, mira

Carolina.- pues es verdad

Paco.- es que hay que tener más cuidado Manuel,

Carolina.- pues habrá sido sin querer

Nerea.- Vaya mañanita llevas colega, primero me tiras de la silla y luego te confundes y tiras las patatas a la bolsa de las peladuras  

Manuel.- dejemos esa parte de la fiesta en paz

Verónica.- desde luego, es qué no tienes cuidado

Manuel.- la que faltaba para el canto del duro

Carolina.- Ven Manuel, vamos a colocar los cubiertos, que estos hoy están en tu contra todos

Manuel.- julia, Antonio ¿habéis terminado?

Julia.- sí, ya mismo colocamos los vasos

Manuel.- los vasos los colocamos Carolina y yo, y vosotros mientras tocáis alguna canción de esas de bailar

Antonio.- ¿tocamos ese vals que me gusta a mí tanto?

Julia.- vale, vamos, vete enchufando el teclado que ya voy

      Julia y Antonio se pusieron a tocar; Manuel dejo de colocar los cubiertos y poniéndose delante de Carolina, comenzó a mover su silla a ritmo de vals.

Manuel.- qué bien bailas

Carolina.- pero si eres tú, yo no hago nada

Nerea.- Mira Roberto y ahora estos dos se ponen a bailar

Roberto.- ven aquí metija, y cállate

Nerea.- pues a ver quién pone la mesa

Paco.- ¡coño! Que pases aquí y te calles de una vez; mira que te tiro con la muleta, y tengo buena puntería

       Pasado un rato entre todos colocaron lo que faltaba y tras dar la comida, se pusieron en la puerta en fila, para ir dando una bolsa llena de amor a cada una de las personas y desearles felices fiestas.

   Ese día no comieron allí, recogieron sin excederse y cada uno se fue a su casa a descansar de la paliza del día anterior.

 


3 comentarios:

  1. Dentro de las limitaciones la solidaridad es para en hermandad entregar lo que El corazon puede ofrecer y El trabajo en equipo organiza y brinda lo mejor. Felicitaciones Maestro

    ResponderEliminar
  2. ¡Qué de trabajo y qué bien organizado!

    ResponderEliminar