"Ver con los ojos cerrados" 15
El día veintitrés de diciembre, nada más
terminar de limpiar, debían ponerse a preparar para el veinticuatro y
veinticinco. El menú del
veinticuatro de al medio día se hacía por la mañana para que estuviese
calentito, recién hecho, pero ese día entregarían unos recipientes de plástico
y cartón para que todos pudiesen celebrar la cena de Nochebuena y llevar algo
al estómago el día de navidad, pues ese medio día (el del veinticinco) era el
único día del año que permanecía cerrado el comedor.
Esa tarde se unían a ellos los padres para
echar una mano y como no también se apuntó Verónica.
Según iban entrando los padres, Roberto iba
colocando a cada uno en el lugar correspondiente, e indicándoles cuál era su
función detalladamente.
Todos esperaban a que llegase Verónica
(Manuel ya estaba trajinando, como era de costumbre en el almacén) Tanto les
habían hablado de ella sus hijos, de aquella tarde que fueron a buscar a Manuel
y de la tarde en que invitó a todos a
chocolate, que estaban ansiosos por conocerla.
Verónica.- ya estoy aquí, perdonar pero les he estado
haciendo algo de cenar a los críos para cuando lleguen esta noche
Roberto.- pasa madraza, que te voy a presentar
Todos los padres se acercaron a abrazarla y
besarla, como si la conociesen de toda la vida y después sin perder más tiempo
volvieron a sus sitios de trabajo.
Verónica.- Roberto ¿Dónde me pongo yo?
Roberto.- vamos a preguntar a ver donde haces falta
Verónica.- donde me digas
Roberto.- a ver chicos ¿dónde ponemos a Verónica?
Tomás.- que se ponga aquí conmigo
Roberto.- pero contigo ya hoy dos
Gervasio.- ¿Qué tal andas de fuerza?
Manuel.- es algo flojucha
Gervasio.- entonces que se ponga con Julia
Roberto.- pues nada, vamos con julia y la madre de Antonio
y te digo que hay que hacer
Tomás.- verás la que te va a caer, cuando llegues a casa por llamarla flojucha
Manuel.- no pasa nada
Tomás.- a mí sí que no me va a pasar nada
Gervasio.- vamos que te duermes, todo eso al lado de Paco
Manuel.- ya voy explotador
Gervasio.- pero coge el carretillo, tengo que estar a todo
Manuel.- a sus órdenes
En la mesa larga del comedor se
seleccionaban distintos montones para luego poder ir colocando en bolsas de
forma que nadie se quedase sin su ración.
Se intentaba hacer un menú variado y exento de
cualquier cosa que pudiese fermentar en unas horas, por lo que la sopa de
pescado, con algunas gambas y almejas se reservaba para comer allí el
veinticuatro, en el momento de sacarla de los fogones.
Parecía mentira lo bien organizado que
tenían todo. Aquella tarde sudaron la
gota gorda, pero a las diez de la noche todo estaba terminado, puesto en las
bolsas y organizado el menú para hacer la mañana siguiente.
Verónica.- entonces ¿en Nochevieja la misma canción que hoy?
Nerea.- no maja, de eso nada, el día de año nuevo sí
damos la comida y para la cena de Nochevieja les damos las uvas y que se
preparen ellos la cena
Roberto.- mira que eres burra
Nerea.- joder, la verdad
Antonio.- esa boca Nerea
Nerea.- vete a la mierda, que estoy cansada
--no pudieron todos más
que echarse a reír—
Al día siguiente allí se presentó de
nuevo Verónica con Manuel.
Nerea.- qué ¿no tuviste bastante ayer?
Roberto.- Nerea un respeto
Nerea.- pues si llego yo a saber que venía, me había
quedado yo en la cama
Verónica.- o sea, ¿eso es lo que tú me quieres a mí?
Nerea.- que no, que es broma, jolín hoy os habéis levantado
todos con el pie izquierdo
Antonio.- no, lo que pasa es que estás muy pesada esta
mañana
Nerea.- anda cállate y pela los fideos para la sopa
Antonio.- cómo voy a pelar los fideos
Julia.- déjala, no hagas caso
Verónica.- pero que le pasa a esta hoy
Roberto.- tranquila, tú síguele el cuento y cuando veas y
te apetezca le llevas la contraria; esto lo hace siempre en navidad, es lo que ya os dije, pues así está todos los
días.
Verónica.- Nerea ¿te
apetece que me ponga contigo?
Nerea.- vale, tú empujas la silla, pero con garbo, que
esto no puede estar parado
Paco.- cuidado con las velocidades que te conozco
Carolina.- lo que tienes que hacer, es no dejar las muletas
en cualquier sitio
Roberto.- vamos Tomás, esas cazuelas ya tenían que estar
cociendo
Tomás.- a mí dejarme en paz, que yo sé lo que tengo que
hacer y quien tenga prisa que deje de mirar y lleve cacerolas llenas de agua
Antonio.- vaya, vaya, como estamos esta mañana
Julia.- tú ni caso, nosotros aquí en nuestro rincón sin
meternos con nadie
Carolina.- tomar, este pescado en cuadraditos
Julia.- ¿tiene muchas espinas?
Carolina.- no julia, ya viene en filetes
Julia.- muchas gracias, esto lo hacemos en un momento
Carolina.- cuidado con los cuchillos, Antonio tú vigila
Antonio.- sí, sí, yo se lo doy por el mango
Manuel.- Paco ¿te ayudo a ir pelando? Que hoy Gervasio se
apaña bien solo
Paco.- siéntate aquí al lado, las peladuras a esta bolsa
y lo pelado al cesto
Manuel.- hombre, eso ya lo veo
Paco.- ya verás en un momento empiezan las voces
Manuel.- que vas a hacer
Paco.- ya verás
Paco se preparó esperando que pasase
cerca de él Nerea a toda velocidad; Verónica empujaba con ganas y no le daría
tiempo a frenar
Paco dejó caer su muleta justo en la
trayectoria de las ruedas de la silla de Nerea, haciéndola volcar.
Verónica quedó
parada, por un momento no era capaz de mover ni un músculo de su cuerpo,
mientras Nerea se retorcía en el suelo gritando a lágrima viva.
Verónica.- mi niña,
te duele mucho
Nerea.- ¡ay! no me toques, no me toques
Verónica.- pero hacer algo, llamar a una ambulancia
Manuel se fue a por el teléfono, mientras
al resto seguían allí parados
Nerea.- ¡ay! ¡ay! Yo creo que me has terminado de romper
Verónica.- donde te duele
Nerea.- todo el cuerpo, pero creo que el brazo está roto
Verónica.- pero podéis llamar de una vez a alguien y venir a
ayudar
Manuel ya estaba marcando cuando Roberto
le apartó el dedo de la pantalla
Manuel.- qué haces
Roberto.- no la ves que se está riendo, que es cuento
Manuel.- a ver si nos lo tomamos a risa y va a tener algo
roto
Roberto.- ya te digo yo que no, si le doliera algo, ya no
quedaban santos en el cielo por bajar
Verónica.- Paco coño,
pareces tonto y encima sigues ahí sentado después de la que has armado
Paco.- pero qué dices, si ha sido Manuel, que le ha dado
a la muleta sin querer con el codo
Verónica.- pero viene esa ambulancia o qué
Nerea.- ¿y tú dónde vas mirando? Pues vaya una conductora
Verónica.- Perdóname, es que ni la vi, no me dio tiempo
Nerea.- todos estáis de testigos ¿cuántas veces me he
caído yo en la cocina? Nunca, ni una vez
Verónica.- no me digas eso Nerea
Antonio.- Ella nunca se ha caído
Verónica
estaba entrando en un punto de desesperación
excesivo mientras Nerea, continuaba en el suelo retorciéndose y tapándose
la cara con las manos.
Roberto al ver la situación ya se dirigía
a cortar aquello cuando Nerea, no se pudo aguantar más y se le escapó una
tremenda carcajada.
Manuel.- jodía muchacha
Verónica.- ¿eres imbécil? Vaya susto que me has dado
Tomás.- esto es más malo que la carne de pescuezo
Nerea.- venga, ponerme en la silla
Verónica agarró la silla mandándola de un
empujón dentro del almacén
Verónica.- dejarla ahí tirada toda la mañana, si la quiere,
que vaya a por ella
Carolina.- uf, que mañana, que mañana
Nerea.- Antonio, ¿me ayudas?
Antonio.- yo no me meto en vuestras cosas, que te ayude
Gervasio
Gervasio.- cómo tenga que ir yo con el carretillo, vas al con,
contenedor de la basura
Verónica.- y vosotros, todos callados como zorras, ya os lo
tendré en cuenta
Manuel.- yo iba a llamar al 112 pero no me dejó Roberto
Verónica.- tú, cállate que me lo has demostrado todo, eres
igual que ellos
Manuel.- sabía yo, que me tocaba a mí
Roberto.- Gervasio, trae la silla de Nerea
Verónica.- ni se te ocurra
Nerea sabiendo que se había pasado, se
arrastró hasta el almacén y allí ayudándose en unos sacos se sentó de nuevo.
Cuando salió, se fue directa a Verónica
para pedirle perdón.
Verónica.- mira, luego te perdono, te abrazo y lo que
quieras, pero ahora me voy a la calle a fumar un cigarro, porque si te agarro
entre mis manos ahora, te rompo de verdad
Al rato volvió a entrar, ya todos
seguían a su faena.
Verónica.- ven aquí y dame un abrazo demonio
Nerea.- perdona pero como estaba boca abajo no veía lo
nerviosa que estabas
Verónica.- pero no te has hecho daño verdad
Nerea.- nada, otra caída de tantas
Verónica.- ni se te ocurra hacerme esto otra vez, te mato
La
mañana proseguía con normalidad hasta un poco antes de la hora de comer; ya habían terminado de trasportar sacos y
cajas. Para ir avanzando terreno,
Nerea iba sacando platos al comedor, mientras carolina permanecía estática,
mirando a ningún sitio concreto, hasta que Tomás le pusiese la caja de los
cubiertos sobre las piernas.
Paco.- Roberto, luego no me eches a mí las culpas
Roberto.- qué pasa ahora
Paco.- mira, en el saco de las peladuras, cuatro o cinco
patatas peladas y varías zanahorias
Roberto.- pero como va a ser eso
Paco.- mira carolina ¿a que es verdad? Ven, ven, mira
Carolina.- pues es verdad
Paco.- es que hay que tener más cuidado Manuel,
Carolina.- pues habrá sido sin querer
Nerea.- Vaya mañanita llevas colega, primero me tiras de
la silla y luego te confundes y tiras las patatas a la bolsa de las peladuras
Manuel.- dejemos esa parte de la fiesta en paz
Verónica.- desde luego, es qué no tienes cuidado
Manuel.- la que faltaba para el canto del duro
Carolina.- Ven Manuel, vamos a colocar los cubiertos, que
estos hoy están en tu contra todos
Manuel.- julia, Antonio ¿habéis terminado?
Julia.- sí, ya mismo colocamos los vasos
Manuel.- los vasos los colocamos Carolina y yo, y vosotros
mientras tocáis alguna canción de esas de bailar
Antonio.- ¿tocamos ese vals que me gusta a mí tanto?
Julia.- vale, vamos, vete enchufando el teclado que ya
voy
Julia y Antonio se pusieron a tocar;
Manuel dejo de colocar los cubiertos y poniéndose delante de Carolina, comenzó
a mover su silla a ritmo de vals.
Manuel.- qué bien bailas
Carolina.- pero si eres tú, yo no hago nada
Nerea.- Mira Roberto y ahora estos dos se ponen a bailar
Roberto.- ven aquí metija, y cállate
Nerea.- pues a ver quién pone la mesa
Paco.- ¡coño! Que pases aquí y te calles de una vez;
mira que te tiro con la muleta, y tengo buena puntería
Pasado un rato entre todos colocaron lo
que faltaba y tras dar la comida, se pusieron en la puerta en fila, para ir
dando una bolsa llena de amor a cada una de las personas y desearles felices
fiestas.
Ese día no comieron allí, recogieron sin
excederse y cada uno se fue a su casa a descansar de la paliza del día
anterior.

Leo
ResponderEliminarDentro de las limitaciones la solidaridad es para en hermandad entregar lo que El corazon puede ofrecer y El trabajo en equipo organiza y brinda lo mejor. Felicitaciones Maestro
ResponderEliminar¡Qué de trabajo y qué bien organizado!
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