"Ver con los ojos cerrados" 11
El lunes Manuel en el trabajo seguía a
lo suyo esperando que el jefe lo llamase para ver en que quedaba la cosa; la mañana pasaba y no parecía acordarse de la
conversación pendiente. Pues bueno, todo su gozo en un pozo.
---Allá a la una y media, la mano joven de
Germán (el chaval de atención al cliente) se posó en el hombro de Manuel--.
Germán.- don
Manuel, que dice don Andrés que vaya al mostrador
Manuel.- cómo que don Manuel, aquí todos somos compañeros,
el “don” lo reservamos para el jefe, que para algo es el que manda y paga
--Germán se encogió de hombros e hizo un
gesto de negación con la cabeza—
Manuel.- ya lo sé, que hay muchos que se creen que la
empresa es suya, justo los que no saben ni atenderla; pero que quede entre tú y
yo
Germán.- pues eso, yo sigo llamando a todos de usted y
pelillos a la mar
Manuel.- bueno, vamos a ver que quiere el jefe
---Allí de pie esperaba don Andrés---
Jefe.- qué, lo has pensado ya
Manuel.- sí, pero tengo una condición, digamos mejor que
es una sugerencia
Jefe.- pues tú dirás
Manuel.- que la puerta se cierra a las dos y me gustaría
irme algún día a esa hora para asuntos propios
Jefe.- por mí como si te quieres ir a las dos todos los
días, siempre y cuando todo quede ordenado para el día siguiente
Manuel.- pues entonces acepto el puesto
Jefe.- y en qué puesto lo ponemos
Manuel.- pues en el que estaba yo
Germán.- pero yo no sé si…
Manuel.- no se preocupe don Andrés que yo me encargo,
dependiendo ya nos iremos turnando en el puesto
Jefe.- ¿y cómo sé yo que está preparado para asumir esa
responsabilidad?
Manuel.- no me haga hablar delante de él
Jefe.- chaval, vete a sentarte en el escritorio que está
libre
Germán.- ¿en el de Manuel?
Jefe.- no, mejor te sientas en el mío, anda tira
--Pasó por el pasillo sin mirar a nadie y
se sentó en la silla de Manuel ante la mirada incrédula del resto de compañeros—
Jefe.- pero tú ¿crees que podrá hacer tú trabajo en poco
tiempo?
Manuel.- ya es hora de que hablemos usted y yo, de tú a tú
Jefe.- no te entiendo ¿hay algún problema?
Manuel.- sinceramente, el trabajo que se nos deja hacer
por parte de la administración, lo hace este chaval con los ojos cerrados
Jefe.- son normas
Manuel.- pues eso;
no nos permiten tramitar más de treinta expedientes diarios, estamos
seis, con lo cual tocamos a cinco cada uno.
Lo normal, lo que hacen algunos: Se saca el expediente, se coge un listado de la documentación que se
debe aportar para mandar un escrito al interesado y se reenvía luego el archivo
al departamento correspondiente. Solo
hay que saber que después del ciento veinticinco barra dos mil veintitrés, va
el ciento veintiséis barra dos mil veintitrés, y los que están enviados ya no
salen en la lista de pendientes
Jefe.- así
funcionan las cosas y las normas son para acatarlas
Manuel.- pues eso, seguro estoy de que va a atender a la
gente mejor que muchos y prefiero no hablar
Jefe.- lo dejo bajo tu tutela personal
Manuel.- pero avise que nadie se pase con él, que eso no
lo voy a consentir
Jefe.- no te preocupes, que ya estaré yo pendiente
---- el reloj de la entrada marcaba las
dos, dio la vuelta al cartel de cerrado, metió los papales en una carpeta bajo
el mostrador y se fue al perchero a por su chaqueta---
Jefe.- Manuel ¿pero ya te vas?
Manuel.- claro son las dos
Jefe.- pronto empezamos. Pues nada, hasta mañana
--- la incertidumbre corroía las mentes del
resto de compañeros y Germán en silencio, con disimulo, se reía de la situación
abstracta que se había creado.
Manuel fue directo al comedor social, entró
en la cocina y le dijo a Roberto:
.- ya está, todo solucionado. Me voy a casa a comer
Entró a casa con sigilo, Verónica ya tenía
la comida hecha, pero ni se había preocupado de poner la mesa, era demasiado
pronto y entretenía el tiempo viendo videos de risa en el móvil.
Manuel se asomó a la puerta de la
cocina, lo que provocó un gran susto, haciéndola saltar de la silla al ver de
repente una silueta inesperada.
Verónica.- ¿pero estás tonto? ¿Qué haces aquí?
Manuel.- pues que ya está todo hablado, a las dos para
casa
Verónica.- tienes un morro que te lo pisas
Manuel.- a ver si llegan estos y comemos, luego iré hasta
el comedor a contarles a estos algo de lo que pasa (que seguro que se alegran)
Verónica.- qué raro que no hayas ido ya
Manuel.- pasé de refilón a decirle a Roberto que ya está
hecho, pero ni una palabra más
Verónica.- cuando lleguen estos, habrá que explicarles la
nueva situación, antes de que las malas lenguas digan que te han destituido y
puesto en el mostrador de la entrada
Manuel.- yo estoy esperando a que el resto se enteren que
además de salir antes, me han subido el sueldo
Verónica.- pero ¿cuánto vas a cobrar ahora?
Manuel.- pues la verdad que no lo sé, pero bueno, aunque
sea solo un poco, lo que sí sé, es que es más, o eso al menos me dijo don
Andrés
--Ya se oía el escándalo en el rellano de la
escalera y el ruido de la cerradura—
Manuel.- vamos, a poner la mesa que se enfría el rancho
Samuel.- qué raro, tú ya aquí
Lourdes.- vaya sorpresa
Verónica.- poner los platos, los vasos y los cubiertos, que
me pongo a servir en un santiamén
Samuel.- pero ¿porqué estas ya aquí? ¿Ha pasado algo en la
oficina?
Manuel.- a partir de ahora, nada de entretenerse a la
salida de clase, se adelanta la hora de comer
Lourdes.- por mí mejor, siempre andamos comiendo a la
carrera
Samuel.- ¿y tú vas a llegar todos los días a esta hora?
Verónica.- todos los días no, hay un par de días que le doy
permiso para no comer aquí
Lourdes.- vamos que un par de días come en el comedor, pues
ya verás el carrete que le van a dar
Samuel.- que digan lo que les dé la gana
Lourdes.- pues a mí que no me toquen mucho las narices
Samuel.- a ver, pero cuéntanos lo que pasa
Manuel, con toda tranquilidad, les fue
relatando lo ocurrido. Lourdes y Samuel, lo miraban embelesados sin perderse ni
una palabra y entendiendo que aquello era un premio, por su buena atención a
los clientes que más lo necesitaban y el jefe al menos, había sabido apreciar
su valía en el trabajo.
Verónica.- como os he dicho, papá, va a ir a ayudar dos o
tres días a la semana en el comedor
Lourdes.- pero si ya va sábados y domingos
Verónica.- pues ahora, dos o tres más, coincidiendo con los
días que yo vaya a jugar la partida
Samuel.- yo no sé ni cómo vuelves a ese nido de víboras
Verónica.- y tú porqué sigues con tus amigos y Lourdes con
las suyas, si todos son iguales; dándole a la lengua por detrás
Samuel.- a mis amigos, no creo yo que les importen mucho
los chismorreos
Lourdes.- pero lo oirán a sus padres igual que las mías
Verónica.- sabéis qué, que me da lo mismo, yo veo quien me
mira con buenas intenciones y por una, debo el seguir yendo, además paso unos
ratos de tira y afloja cada vez que le como una ficha, a alguna de las que les
tengo ganas. Esa es mi venganza, y además
me río, para dar más por saco
Lourdes.- al final va a resultar que solo papá ha
encontrado amigos de verdad
Verónica.- si los conocieras, no lo dudarías
Manuel.- no os preocupéis, vosotros también tenéis buenos
amigos y amigas, el problema es que no son todos, pero eso ha pasado siempre y
pasará
Lourdes.- pues a mí me gustaría conocer a esos señores que
trabajan allí
Verónica.- dale tiempo al tiempo, puede ser que te lleves
una sorpresa
Samuel.- Mamá, no eches más leña al fuego
Manuel.- entonces os alegra la nueva noticia o no, que no
habéis dicho nada
Samuel.- pues claro, todo lo que sea ir a mejor
Verónica.- ¿y tú qué piensas petarda?
Lourdes.- que muy bien, tenemos un papá estupendo
Con la conversación se les había enfriado la
comida, echado el tiempo encima y otro día a comer a la carrera para marchar.

Muy buena descripción de la tarea del funcionariado. Siempre hay uno que es una buena persona, pero sólo uno jejeje, no falla. Me alegro por lo que le está ocurriendo.
ResponderEliminarA ver cómo se le da el cara al público
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