"Ver con los ojos cerrados" 13
Poco a poco el otoño tocaba a su fin, se aproximaban
las fechas navideñas y en el almacén comenzaban a entrar cajas de polvorones y
alguna que otra tableta de turrón con que hacer distintos los postres de esas
fechas.
Los estudiantes estaban deseosos de que
llegasen las vacaciones, al tiempo que se veían atenazados por los nervios de
los primeros exámenes trimestrales del curso.
Como siempre, a última hora, todo eran prisas por repasar los temas que
estaban más flojos (que eran casi todos).
Ese día, miércoles para más señas,
Nerea, que era habitualmente como un torbellino, estaba de capa caída, con la
mente en otro sitio.
Manuel.- ¿te pasa algo pequeña?
Nerea.- nada, nada, estoy pensando
Roberto.- no la despistes
Manuel.- pero…
Roberto.- luego te cuento
Siguió como siempre ayudando a Gervasio; en
esos momentos el almacén estaba lleno; parecía como si los que allí iban, solo
tuvieran que comer en esas fechas, pero bien venido fuera todo lo que llegase. Gervasio controlaba cada fecha de caducidad
y colocaba todo escrupulosamente para tener un enero con variedad de platos
para el buen paladar de los comensales.
Ya a las tres y pico, en la mesa, todos
comían en silencio, cada uno pensando en lo suyo; no había discusiones, parecía
les hubiese comido la lengua un gato.
Manuel.- ¿qué le pasa a estos?
Roberto.- mejor que te lo cuenten ellos
Manuel.- ¿pasa algo malo?
Roberto.- a ver, uno por uno, ir diciéndole a Manuel, lo
que tenéis en la cabeza, que empiece cualquiera
Paco.- yo esta semana me examino del teórico del carnet
de conducir y estoy recordando las señales
Roberto.- vamos el siguiente, que no tenemos toda la tarde
Tomás.- pues que va a ser, el examen de historia, que no
se me quedan las fechas; estoy harto de reyes y reinas
Manuel.- qué estás estudiando
Tomás.- acabando cuarto de la ESO. Tengo unas ganas de
terminar este año
Gervasio.- yo es que
estas navidades, me toca empezar a hacer las prácticas de laboratorio en el
hospital, y he pedido que si las puedo hacer por la tarde
Nerea.- es un
coñazo, mira, nos han cambiado de profesor en la UNED y quiere antes de
navidades hacernos un tipo de control, para ver el nivel que tenemos; qué coño
le importará a él
Roberto.- pues claro, le tendrá que importar
Nerea.- pues que le pregunte al otro
Manuel.- vaya genio tiene la fiera
Roberto.- uf, no lo sabes tú bien
Carolina.- yo este
año no estudio, pero no me gustan estas fechas
Manuel.- pero si son fechas muy entrañables
Roberto.- ¡no! por favor déjalo
Carolina, bajó la cabeza sin decir nada y
clavó su mirada en la mesa al tiempo que con la yema de su dedo índice se
secaba una lágrima que le discurría por la mejilla.
--Enseguida salió al quite Julia
quitándole hierro al asunto—
Julia.- ahora me toca a mí; yo no es que esté pensando en nada, lo que
pasa es que soy así de despistada y estaba mirando como nadan los fideos
--Eso hizo dibujar una ligera sonrisa en
la cara de Carolina.
Antonio.- Pero tú también te examinas estos días
Julia.- pero no tiene importancia; la armonía y el
contrapunto están chupados, y el estudio de piano me lo tengo más que mascado
Manuel.- y tú Antonio ¿Qué haces?
Antonio.- yo ando preparando las oposiciones, pero a ver si
salen de una vez
Roberto.- Antonio terminó artes escénicas y quiere trabajar
en el colegio de educación especial como profesor de teatro; es una plaza que quieren sacar nueva, pero ya
sabes cómo es la administración
Manuel.- a mí me lo vas a contar; pues si en algo os puedo
echar una mano en algo, solo tenéis que decirlo
Carolina.- ¡SÍ! ¿Te importaría darme un abrazo?
Manuel.- pero como me va a importar; pero no me llores que
me manchas la camisa
Tras Manuel se levantaron todos y se
hicieron un ovillo de abrazos alrededor de Carolina, haciéndose cosquillas
entre ellos para provocar sonoras carcajadas y las voces, y discusiones, que
tanto se habían echado en falta esa mañana.
Cada uno partió a sus quehaceres. Roberto
cerró la puerta con llave y Manuel dejó el tiempo correr para no hacer
preguntas, pues consideraba que algunas respuestas llegarían cuando debieran
llegar. Cada cosa tiene sus tiempos y a
veces correr, tan solo puede provocar tropiezos inesperados.
A esa hora, nadie estaría aún en casa, así
que decidió darse una vuelta bajo los soportales de la plaza protegido del
viento y la débil lluvia, pero que caía fría como el hielo.
Ya estaba empezando a anochecer y estaba
aburrido de dar vueltas él solo.
Pensó en llegarse hasta casa y
descongelar algo que hacer de cena y seguro que sorprendería a la familia
cuando llegase. Por el camino pensaba en que sabroso
condimento especial poner acompañando una hamburguesa de esas gordas de muchos
pisos. Al pasar por la puerta de una
tienda, un intenso olor a vinagre le penetró hasta el alma y entró a comprar
unos pepinillos que darían un toque se sabor distinto.
Cuando llegó Verónica, toda la encimera
de la cocina estaba llena de platos pequeños con diferentes ingredientes: Los pepinillos cortados en lonchitas finas,
cebolla caramelizada que había dorado con paciencia, rodajitas de queso de
cabra y lonchas de fundir, cuatro tortillas redonditas y finas, alcaparras y aceitunas picaditas,
rodajas de tomate natural y un puñado de canónigos que sabía le encantaban a la
niña. Cosas que poner entre los panecillos redondos
que abiertos esperaban a ser tostados “una miaja” antes de ser servidos.
Los tarros de Mayonesa, kétchup y mostaza
en el centro de la mesa, y las hamburguesas descongeladas junto a la sartén que
se calentaba a fuego suave con unas gotitas de aceite.
Verónica.- ¿y este despliegue de platos?
Manuel.- esperando a que lleguéis para cenar
Verónica.- pues mira que venía yo pensando en que hacer de
cenar, y no se me ocurría nada
Manuel.- y tú, que tal
Verónica.- mal, nos han dado una zurra, que no nos han
dejado mover
Manuel.- unos días se gana y otros se pierde
Verónica.- ya, pero hay unas veces que perder, jode más que
otras
Manuel.- vamos que te ha ganado Pilar
Verónica.- es que le tengo unas ganas…
Manuel.- yo voy poniendo a tostar los panecillos y tú
haces las hamburguesas, que ya se oye a esos venir voceando
Verónica.- sí, mejor vamos a dejarlo que me enciendo
Samuel.- Esto huele que alimenta
Lourdes.- jolín, vengo helada, hace un frío que pela
Verónica.- cambiaros y os ponéis ya el pijama si queréis
Lourdes.- yo sí, a ver si entro en calor
Manuel.- venga, daros prisa que cada uno se tiene que preparar
la suya a su gusto, así que nadie ponga pegas
Cada cual, fue poniendo entre medias lo
que más le apetecía antes de rociar todo con las salsas preferidas y tapar con
la parte de arriba del panecillo.
Samuel.- como me voy a poner
Lourdes.- que buena idea, me encanta, me encanta
Verónica.- es cosa de papá, cuando he venido ya tenía todo
preparado
Lourdes.- si es que eres un sol, un beso
Samuel.- cuidado, que va a dar un beso sin pedírselo
Lourdes.- ¡Imbécil!
Manuel se levantó a coger un tenedor y un
cuchillo; le gustaba comerse este tipo de cosas con tranquilidad y a cachitos
pequeños
Verónica.- mira que eres pijo
Manuel.- oye, a mí me gusta así
Lourdes.- déjame el cuchillo, que la parto a la mitad
Samuel.- otra pija
Lourdes.- míralo, igual que un gocho, con todos los morros
llenos de salsa
Verónica.- eso es lo bueno de las hamburguesas, comerla a
mordiscos y mancharse hasta las orejas
Manuel.- pero que fina eres, luego te lavarás
Verónica.- yo me lavo siempre, no como otros
Samuel.- vuelve a por uvas que no está el perro
Manuel.- tú cállate, que nadie te ha dado vela en este
entierro
Entre risas y chascarrillos diversos terminaron de cenar, y como al día siguiente era día de escuela.
Como se
suele decir: Cada mochuelo a su olivo.

Varias cosas. 1/ Es cierto que la solidaridad parece sólo que se asoma en Navidad. 2/ A mí tampoco me gustan esas fechas, me deprimen y me cansan. 3/ También como las hamburguesas con cuchillo y tenedor. Buen relato. 🌹
ResponderEliminarYo tambien las como igual.. ja, ja, ja,
EliminarMe has dado una buena idea, hace tiempo que no preparo hamburguesas.
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