"Ver con los ojos cerrados" 10
El domingo, después de comer y recoger, le
propuso a Roberto el ir a tomar algo, a lo cual accedió gustosamente.
Llamó a su esposa y le dijo que la
esperaban en la puerta del comedor y así ya iban los tres hasta el bar.
Uno por uno, los jovenzuelos fueron
despidiéndose entre abrazos, y una vez los dos solos, Roberto cerró los
portones con llave. Por la esquina
aparecía Verónica toda elegante, como un pincel que se dice; ellos, bueno, para un café y poco más.
Roberto.- perdona esta indumentaria, pero salimos de donde
salimos
Verónica.- vaya dos, hoy de segundo habéis tenido croquetas
o algo parecido
Manuel.- mira, mi mujer es adivina
Verónica.- ¿adivina? Oléis a fritanga que tira “pa’tras”
Manuel.- aún no hay nada fijo
Roberto.- a ver qué estás preparando, que te temo
Se dirigieron hasta un lugar cercano donde tomar
algo y comentar a Roberto aquello que pudiera ser o no, y que hasta el lunes
estaba en el aire.
Roberto permanecía callado, mirando
como en sus gestos de complicidad iban entrelazando frases, que explicaban lo
anteriormente hablado entre ellos y guardado en secreto al resto del
mundo.
Cuando terminaron de soltar la perorata, los
dos callaron esperando la opinión de Roberto.
Roberto.- qué me miráis a mí
Verónica.- que qué te parece
Roberto permanecía callado y quieto,
esperando no se sabe bien qué.
Manuel.- ¿Pero no nos has oído? ¿No tienes nada que decir?
Roberto.- y qué queréis que diga, si ya lo habéis dicho
vosotros todo
Verónica.- que tú qué opinas
Roberto.- pues opino que no estáis bien de la cabeza
Manuel.- y eso por qué
Roberto.- si vas a ganar más, me parece bien; si vas a
atender mejor a la gente y con ello les vas a facilitar su deambular por la
burocracia, estupendo; si uno, dos, tres días, o toda la semana,
tienes la opción de salir un poco antes, mejor, pero...
Verónica.- cuidado que ahora viene el pero
Roberto.- pues sí; tu atención va a ser un beneficio para
los clientes, está claro, pero la subida de sueldo y el tiempo que el trabajo
te deje libre, debe ser para los tuyos, dedicado a tu familia. Piensa
que así todos los días, podéis comer más tranquilamente con los chicos, y esos
pocos momentos compartidos, tratar cuestiones de las que se van dejando pasar y
al final nunca se habla de ellas; esas a las que no damos ninguna importancia,
pero que son las que más nos ayudan a conocer a nuestro entorno y a veces
incluso a nosotros mismos.
Verónica.- Mira que
me esperaba yo esta reflexión
Manuel.- entonces ¿no te alegra que pueda ir un par de
días a echar una mano a servir y a
recoger?
Roberto.- pero vamos
a ver ceporro ¿cuántas horas hablas con tus hijos a la semana? Entre las horas que están fuera de casa por
estudios, esas tardes que pasan con sus amistades y los ratos que les quitan
las redes sociales ¿qué os queda para que hablen con vosotros?
Manuel.- pues te has colado; desde un tiempo a esta parte
y espero que dure, cuando nos sentamos a
cenar, los móviles están boca abajo y en silencio.
Roberto.- no me lo creo
Verónica.- que sí, que es verdad, y la otra noche después de
acostados, nos levantamos los cuatro y estuvimos de parleta hasta las tantas
Roberto.- pues me dais una gran alegría, eso no es lo
normal
Manuel.- pues eso, es gracias a vosotros y a lo que me
enseñáis cada día
Verónica.- no Manuel; es gracias a que tú te has decidido a
hablar con nosotros y nos has dejado dudas, de las que queremos saber la
respuesta
Manuel.- ¿pero si no los hubiese encontrado?
Verónica.- pues seguirías tomando pastillas que te tenían
todo el día atontado y yendo cada poco a la consulta de quien te intentaba
ayudar
Roberto.- y que te quede claro, que los que más te han intentado
ayudar a sido tu familia
Verónica.- tal vez todo radica en que no hemos sabido
Roberto.- tal vez todo radica en que tampoco se ha dejado,
es difícil hablar con una pared, porque las piedras no hablan. Y yo sé de lo que estoy hablando
Manuel.- sabes qué, eso me es igual; yo solo sé que
gracias a vosotros y sobre todo en especial a Julia, me he dado cuenta de que
se puede ver con los ojos cerrados y algún día lo conseguiré
Verónica.- y yo, y yo, que también estoy practicando
Roberto.- estáis locos de atar
Manuel.- eso dice mi hijo. Que al final nos encierran a
todos
Roberto.- Pues cuidado, no vaya a tener razón
Manuel.- entonces ¿te parece bien que vaya un par de días
de diario a echar una mano?
Roberto.- a mí no me parece mal ¿pero a ella?
Verónica.- hacía tanto tiempo que no lo veía así, que me
parece bien todo lo que quiera hacer
Roberto.- vamos a hacer una cosa: Cuando hables con el jefe
y si este te permite salir varios días a las dos, nos los repartimos; la mitad
comes con nosotros y la otra mitad con ella y tus hijos
Roberto.- pues ya me contarás, y me voy que se me hace
tarde
Verónica.- con quién habrás quedado
Roberto.- con nadie en especial
Verónica.- esa sonrisa… Anda tira
Manuel.- nosotros iremos a dar una vuelta
Verónica.- donde vamos a ir, es a casa a cambiarte ¿no
pensarás estar toda la tarde con esta ropa y ese olor?
Roberto.- la que manda, manda
Roberto.- bueno pareja, otro día nos vemos con un olor más
agradable
Llegando a casa estaba empezando a
llover. Manuel fue directo a la ducha
y Verónica se quitó los tacones y se acomodó en el sofá.
Manuel.-
qué me pongo, el jersey de cuadros o la chaqueta gris
Verónica.- ponte lo que quieras, yo me voy a poner el pijama
Manuel.- ¿no quieres salir?
Verónica.- estoy viendo por la ventana que se ha puesto a
llover y además se está levantado aire
Manuel.- pues me planto el pijama yo también y mientras te
cambias, preparo algo para merendar
Verónica.- haz unas “tostas” con lo que encuentres por el
frigorífico
A ellos ya no les apetecía cenar, la
merienda les había quitado el hambre, pero haciendo un esfuerzo hicieron unas
totillas francesas acompañadas con unas rodajas de tomate y se sentaron a la
mesa con esos dos cafres que en la absurda discusión, ninguno daba su brazo a
torcer.
En realidad tampoco terminaron de saber
quién tenía la razón, pues ni ellos sabían por qué estaban discutiendo, la
cuestión era reñir por algo, aunque solo fuera por costumbre.

Una buena escena costumbrista, con su tortilla francesa y todo. 🤗
ResponderEliminarno solo de pan vive el hombre.
EliminarBonita escena la de la siesta. Me gusta
ResponderEliminar