De inmediato avisada por el guardia que
custodiaba la puerta.
Se presento la enfermera jefe de la planta en la habitación.
Se presento la enfermera jefe de la planta en la habitación.
.- perdonen ¿Qué hacen ustedes aquí?
Esta señorita aún no tiene el alta médica
.-traemos una orden judicial
.-pues mientras no esté firmada el
alta, esa orden me la paso yo por donde ustedes se imaginan
.- ¿sabe que esto puede traerles
graves consecuencias?
.-1º Angélica, está bajo protección
vigilada de la dirección general de seguridad. 2º la responsabilidad temporal,
recae en el personal del hospital y 3ª las consecuencias que usted dice me las
trae por escrito
.-está bien, volveremos
.-pues eso, a tomar por saco de esta
habitación
.-gracias, que
valiente has sido
.-toma unos folios, sobres y un
bolígrafo. Escribe a quien quieras, yo me encargaré personalmente de que las
cartas lleguen a su destino
Primero escribió a todas sus amigas y
en el sobre puso la dirección de una de ellas.
Luego unas líneas de agradecimiento al
dueño del teclado. Lo recogió con mimo y
lo guardo. Sobre el estuche depositó el
sobre con la dirección donde debía ser entregado.
.- ¿has terminado ya?
.-si
.-vístete.
No espera. A ver esas muñecas
.- ¿para qué?
Le quitó los vendajes y examinó
minuciosamente las cicatrices
.-si están bien. Coge unas gasas y empápate los puntos para
que se ablanden. Ahora vuelvo
Con cuidado de no hacerse daño, fue
mojándose las cortaduras, como le había dicho.
.-tranquila, que te voy a quitar los
puntos. Prefiero hacerlo yo. Si alguno te tira un poco, me lo dices y lo
dejamos para después.
.- ¿pero a qué
viene tanta prisa?
.-sabiendo cómo funciona esto y
conociendo al cacique que tenemos como jefe de servicio, seguro que no tardan
en volver
Efectivamente. Poco tardaron en subir
de nuevo con el alta firmada.
.-aquí tiene el alta firmada
.-Angélica vístete. Que agiles son cuando quieren
.-es nuestro trabajo
.-y una mierda, aquí hay algo más. Alguna mano poderosa que no tiene cojones a
dar la cara
.-bueno, mejor cállese
.-anda a la mierda. Y se fue a ayudar a vestirse a Angélica
Una vez vestida, se abrazó a ella con
fuerza. Con la voz entrecortada por la emoción y los ojos llenos de lagrimas:
.-lo siento me niña, no puedo hacer más
.-tranquila,
ya has hecho bastante, gracias por todo
La esposaron con las manos hacia
delante, como a una vulgar criminal.
Luego taparon los grilletes con la camiseta que quedaba sobre la cama.
El
guardia que la vigilaba, quedó sentado en su silla, inmóvil, en silencio, con
su conciencia encarcelada por su uniforme y su boca sellada por el miedo a sus
mandos superiores.
Al final del pasillo mientras esperaban
al ascensor, unas voces se oyeron a sus espaldas:
.-sin vergüenzas
.-cobardes
.-mira que esposar a una niña
.-sois unos hijos de puta
Al oír esa frase se volvieron. El pasillo estaba lleno de enfermeras,
celadores y enfermos. Todos aquellos a los que le quedaba un resuello de
aliento para incorporarse.
Un anciano apoyado en el carrito que
portaba el suero les replicó: .- ¿Qué miráis chulos de mierda?
.-cumplimos órdenes
.-órdenes miserables y fascistas.
¿Órdenes? Pues rapidito, no sea que antes de salir por la puerta os tengan que
ingresar en traumatología
Se abrieron las puertas, entraron y al
cerrarse, frente a ellas, quedó la impotencia contenida de toda una planta de
aquel centro hospitalario.
El guardián se levanto de su asiento y
paso entre todos ellos con la cabeza baja, pidiendo perdón por no haberse
levantado antes y se dirigió lentamente hacia las escaleras. Antes de bajar el primer peldaño, el silencio
se rompió por un global y fuerte aplauso agradeciendo su decencia.
En la calle. En la parte trasera. Aparcado
en la puerta de urgencias, un coche celular esperaba para llevarla muy lejos.
Tras unas horas de viaje, pararon frente
a una verja metálica, anclada a unos muros de piedra altos y gruesos.
Difícil saber lo que se escondía tras
ellos. Desde dentro, imposible volver a ver el exterior.
Una monja abrió sus chirriantes hojas y
les mandó pasar.
.-buenas tardes, aquí les traemos otra
joya sin pulir
.-bueno, pues habrá que sacarle
brillo
Le quitaron las esposas.- toda suya
.-buen viaje de regreso, ya me
encargo yo de esta andrajosa.
.- ¿como se
llama este sitio?
.-aquí no se pregunta, solo se
responde.
Ya estaba anocheciendo. Al entrar en el edificio el cambio de
temperatura era inexistente. Que frio.
.-has tenido suerte, es justo la hora de
cenar. Pasa y siéntate.
Era un comedor con meses alargadas y
bancos corridos a ambos lados. Cuatro mesas con capacidad para unos veinte
comensales en cada una y con chicas de clase diferente agrupadas en ellas.
En la más cercana a la cocina. Llena casi
por completo, las de etnia gitana. En
la siguiente unas cuantas, no más de diez niñas
que por su aspecto eran naturales de los países del Magreb. En la siguiente una quincena de payas. y en la más alejada, una negrita de ojos
grandes, sentada en la esquina opuesta a
la que ella ocupaba, donde le había ordenado sentarse.
Sor
malacara, se le acercó por detrás.
.-si quieres cenar, acércate a la
cocina, coge una bandeja, cubiertos, pan y un vaso y allí te servirán. Aquí no somos vuestras criadas.
Atravesó todo el comedor sin levantar la
cabeza. Cogió lo aconsejado y puso la bandeja en la encimera gastada de un
ventanuco.
Al otro lado, una mujer de aspecto poco agraciado. De consistencia extremadamente
gruesa y con el labio superior, cubierto de abundante bello oscuro.
Puso en la bandeja, un plato de puré y otro
de una bazofia, que tenía pinta de estofado de carne. De postre una manzana
pequeña y con la piel rugosa.
.-espero que los platos queden que no haya
ni que fregarlos, o mañana te tendré que acortar la ración.
Volvió a su sitio. Se empezó a oír un tímido
ronroneo, al instante, un fuerte golpe. Un bastonazo sobre una mesa.
.-mientras cenáis, debéis dar gracias a
dios por poner a nuestro alcance un día más alimentos que llevar a la
boca. En silencio. No cuchicheando para
invitar al ser de las tinieblas a nuestra mesa.
La
monja, hizo sonar la campanilla que portaba en su mano izquierda. Todas se
levantaron, recogieron sus bandejas y los depositaron en un enorme fregadero.
Después en fila, desaparecieron de allí
con paso rápido y firme.
Solo
quedaron ella y la negrita, a la que se dirigió para decirle: .-ya te puedes
subir a dormir, ya tienes sustituta
Una vez a solas le explicó: .-esta es tu
tarea nocturna hasta que una nueva cruce esta puerta. Deberás fregar y colocar todo. Una vez hayas
terminado, apagas la luz y subes las escaleras.
En la primera planta, a la derecha, está el dormitorio. En la cama de debajo
de la primera litera, te he dejado una manta para que te tapes. Al fondo están los baños, por si necesitas
utilizarlos, pero recuerda que después de que suene el timbre, no se puede
encender la luz ni hacer el mínimo ruido. ¿Te ha quedado claro?
.-si
.-si, hermana. Y acostúmbrate a no levantar
la mirada mientras se te esté hablando.
Hasta mañana. Espero que este comedor quede como la patena.
Hasta mañana. Espero que este comedor quede como la patena.
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