.- ya está ahí el pesado de todas las tardes
lunes, 28 de octubre de 2013
Paciencia
.- ya está ahí el pesado de todas las tardes
sábado, 26 de octubre de 2013
Tomás, aquí NO
martes, 22 de octubre de 2013
Fuliginosa silueta
lunes, 21 de octubre de 2013
La ultima estacón
Se convertiría en un “dios” abominable, déspota y prepotente que me haría renegar de todo, incluso de mis experiencias y por su puesto de mi conciencia.
Me convertiría en asesino, empresario sin escrúpulos, traficante de seres humanos, incluso en político, cualquier actividad que me reportase unos ingresos altos y una calidad de vida a los míos, sin que nada más importase, ni tan siquiera yo.
jueves, 17 de octubre de 2013
Top Secret
miércoles, 16 de octubre de 2013
SECUELAS
martes, 15 de octubre de 2013
Últimamente
viernes, 11 de octubre de 2013
Trenzas doradas 08 (final)
Las “tres matriarcas” con el visto bueno de
Carolina, habían llegado a un acuerdo sin consultar a las personas interesadas:
La bautizarían en la iglesia del pueblo con el nombre de Rosario Amparo y la
madrina sería Julia. Después todos la llamarían para que atendiese por el
apócope “Roam”, que sonaba original.
En la comida de celebración de ese primer
cumplemeses, que parecía iba a transcurrir con normalidad, se empezaba a mascar
la tragedia. Héctor, harto ya de tanta
bobada, de pronto se puso en pie.
Héctor.- Señoras, no les voy a dar ninguna explicación de
porqué se llama Clara. Dejemos las cosas
como su nombre indica. Mí; Perdón nuestra hija, se bautizará cuando sea
mayor de edad y solo si ella así lo cree conveniente. Ni es mi niña, ni es Roam, ni es ostias, se
llama Clara y así la llamaremos todos sin diminutivos ni historias. Las cartas están sobre la mesa, quien quiera
puede seguir jugando, quien no, puede abandonar la partida. Pero que quede escrito en negrita y subrayado
que las reglas solo las marcamos mi señora y yo.
Ángela.- no majas, no me miréis así como pidiendo ayuda,
estoy de acuerdo con todo lo que ha dicho
El silencio junto con las cabezas mirando
el mantel, se apoderó de las asistentes durante un largo rato. A ver quién era la valiente que abría la boca la primera.
--Los de sexo masculino, se miraban entre sí, sin decir palabra--
Ernesto se puso en pie, y alzó la copa para
decir con voz potente:
Ernesto.-
¿Esto qué es, una celebración o un velatorio?
Un brindis por Clara, mi nieta
Todos se levantaron, brindaron y las
aguas volvieron a su cauce, del cual nunca deberían de haberse salido.
Ya a punto de cumplir Clara los tres meses, se
aproximaba el último fin de semana de Septiembre. Aquel verano no habían movido la caravana del
garaje; Clara era demasiado pequeña, pero ese viaje era obligado para sus
conciencias.
Para evitar discusiones que no llegarían a
ningún sitio, habían preferido guardarlo en secreto.
Con antelación, Héctor había preparado el
interior de aquel habitáculo para que Clara gozase de todas las comodidades.
Al fin llegó el gran día, madrugaron y
pusieron rumbo hacia aquel lago. Cuando
su familia llegase a casa para comer juntos como cada fin de semana,
encontrarían sobre la mesa una nota para que no se preocupasen. Pensarían que estaban locos, no entenderían el
porqué de aquel extraño y repentino viaje.
Pero a quién le importaba la opinión de los demás.
Llegaron a media mañana. Instalaron la
caravana en el mismo sitio, todo estaba igual. Nadie parecía haber estado en
aquel sitio durante todo ese año. Pero
aún así, se accedía con comodidad, gracias a una estrecha pista de cemento que
se conservaba en perfecto estado.
Después decidieron que se acercarían al
pueblo, para preguntar cuál era la casa de Raúl, Soraya y Clara.
No es que les apeteciese demasiado
volver a ver la cara de amargada de la señora de la tienda, pero no había otro
establecimiento de ultramarinos en el pueblo.
Héctor.-Buenos días de nuevo
Señora.- ¿ustedes? ¿Otra vez aquí? (con esa cara de avinagrada)
Ángela.- sí ¿tiene algún problema?
Señora.- por mí como si quieren quedarse a vivir en el lago
Héctor.- perdone usted a mi señora, es que el viaje a sido
largo y venimos cansados. Queríamos
saber donde viven Clara y sus padres para ir a visitarlos. Hemos venido a enseñarle a nuestra hija a la
que le hemos puesto de nombre Clara, en recuerdo de ella
Señora.- ¿entonces? ¿Ustedes los vieron?
Ángela.- claro y cenamos juntos
Señora.- ¿y a la niña?
Héctor.- ¿Clara? Estuvo con nosotros todo el día
Señora.- uy uy uy, me veo en la obligación de contarles
algo. No por ustedes todo hay que decirlo, si no por su hija
Héctor.- usted dirá
Señora.- bien, pues hasta hace unos años, el lago y sus
alrededores era el sitio preferido de todos para acampar.
Un fin
de semana, justo el último de septiembre, la tarde del domingo partían hacia
sus lugares de trabajo. Todos menos una familia que llevaba aquí un
tiempo y pensaba irse el lunes a primera hora.
Era un
matrimonio muy agradable, Raúl y Soraya.
Tenían una hija que siempre me pareció rarita
en su comportamiento, Clara, muy suelta ella, fácil de reconocer a distancia
por sus trenzas y el cabello rubio.
Esa noche, los niños se acercaron a
fisgar, “como era habitual”, en que se iban a entretener si no en un pueblo tan
pequeño.
Vieron
salir de la caravana a Clara cubierta de sangre y meterse en el agua. Parecía poseída por el mismísimo diablo y
siguió andando lago adentro hasta que desapareció bajo las aguas.
Cuando se acercaron a mirar a la caravana,
allí estaban sus padres, apuñalados, tumbados en el suelo, llenos de agujeros y
degollados sobre un gran charco rojo.
Un
cuchillo con la palma de su mano marcada claramente en el mango, estaba encima
de una mesa.
El cuerpo de la niña nunca apareció. La autoridad judicial mando cerrar e
inmovilizar la caravana y llevar el cuerpo de los padres al anatómico forense,
nadie los reclamó por lo que según creo se cedieron a investigación, o sea para
que estudiasen los nuevos.
Desde entonces, sus almas merodean por la
orilla del lago. Sobre todo Clara, la
niña con sus trenzas doradas, que atemoriza con su presencia y cambios bruscos de
tiempo que provocan ventiscas y tormentas. Así le mete el miedo en el cuerpo a todo el
que se acerca. A ellos los ha visto
menos gente. Pero desde entonces, solo
ustedes has sido capaces de pasar una noche acampados allí.
El año pasado, les salió bien, pero yo no
me arriesgaría otra vez y menos con una niña tan pequeña.
Ángela.-se lo agradecemos de verdad, pero me gustaría saber
la versión de los padres y de Clara
Señora.- ¿Pero está loca? ¿Cómo les va a preguntar? Ya se lo he dicho. ¡ESTÁN MUERTOS! ¿No lo entiende?
Héctor.- vamos a
recoger, nos vamos, gracias señora
Ángela.- !NO! –Levantando a la niña ante Héctor-
.- Esto, solo es
gracias a ellos, les debemos por lo menos el escucharlos. Los tres se adoraban, eso no puede ser
cierto
Volvieron a la orilla del lago. Hicieron
unas ensaladas, prepararon el trípode para la barbacoa y en el lado de la mesa
en que se debía sentar Clara pusieron un gran vaso de cacao, cargado, espumoso,
como a ella le gustaba. Luego se sentaron a esperar.
Pasaban las horas, pero nada se movía a su
alrededor. Ni si quiera los niños del
pueblo estaban agazapados tras de los matojos vigilando. Su niña estaba más tranquila que nunca había
estado, aún permaneciendo despierta con los ojos como platos durante todo el
rato. Como si ella también esperase a
alguien.
El día se les hizo eterno, sin moverse ni un momento, sin apenas conversación, simplemente esperando.
Ya empezaba a anochecer. Algo pareció
moverse cerca de la antigua caravana.
Efectivamente, de entre los matorrales salieron Raúl y Soraya.
Soraya.-buenas noches ¿nos esperabais?
Raúl.-vamos a preparar la barbacoa Héctor
Héctor.-de acuerdo, tenemos que hablar
Raúl.- lo sé, lo sé, pero mejor lo dejamos para cuando estemos
cenando. Tengo un hambre, llevo un año
sin comer.
Soraya.- ¿Cómo te encuentras Ángela?
Ángela.-bien, muy bien, aunque un poco desconcertada
Soraya.-lo comprendo, yo me sentiría igual
Ángela.- ¿y vuestra hija Clara?
Soraya.-Raúl, Héctor, dejad eso que estáis haciendo y venid
aquí inmediatamente
Raúl.- ¿a qué viene tanta prisa?
Soraya.-sentaros, llegó la hora de contarles todo.
¿Empiezas tú?
Raúl.-no, mejor habla tú, se te entiende mejor
Soraya.-Como ya os habrán contado por la expresión de vuestras caras , estamos muertos. SÍ, no os asustéis.
Llevábamos muchos años esperando a que
apareciese una pareja digna de cuidar de nuestra hija. Que fuese valiente. Que la pudiese querer tanto como la quisimos
nosotros y al fin aparecisteis, erais perfectos y Clara os adoraba.
Por eso quedaste embarazada. Por eso Clara te dijo que todo iba a salir
bien. Por eso el alma de nuestra hija
ahora está en ese capacho, en ese cuerpecito tan pequeño y tan feliz
Héctor.-perdona pero no nos la vais a quitar
-Poniéndose en pie y delante
de la niña--
Raúl.-Siéntate Héctor, nadie ha dicho eso
Soraya.-ni tan siquiera, se nos ocurriría pensarlo, es
vuestra hija, pero entiende que la quiera como si fuera mía
Héctor.-entonces, es una asesina
Raúl.- ¡NO! no se te
ocurra repetir esa palabra
Soraya.-veréis, esa noche un encapuchado entro a la caravana
y nos mató a sangre fría, creemos que sin ningún motivo, ni siquiera se llevo
nada. Cuando Clara llegó, al vernos
tendidos en el suelo se abrazó a nosotros, pretendía despertarnos, ver si aún
quedaba un hilo de vida en nuestros cuerpos.
Sacó el cuchillo que aún permanecía clavado en el pecho de su padre, lo
dejó sobre la mesa y presa del shock se introdujo en el lago y se ahogó. Esa es la verdad.
Ángela.- ¿y su cuerpo?
Raúl.-
quedó atrapado entre la maleza del fondo. El caso se cerró con el testimonio de
los niños y a nadie le interesó seguir con la investigación
Héctor.- ¿y vuestros cuerpos porque nadie los reclamó?
Raúl.- procedemos de un pueblecito de Irlanda. Los dos
éramos hijos únicos y al morir nuestros padres, sin familia cercana allí,
decidimos vender nuestras posesiones y recorrer el mundo. Aquí pasamos nuestro
último mes de vida
Soraya.-Raúl, son las doce, nos tenemos que ir
Ángela.- ¿A dónde?
Soraya.- ¿nos permitiríais darle un último beso a Clara?
Ángela.-eso no tenéis ni que preguntarlo. Claro que sí
Los dos se acercaron lentamente, le
cogieron de las manitas y se las besaron mientras ella les sonreía. Luego se encaminaron hacia el lago y sobre el
reflejo alargado que en él, proyectaba la luna,
sobre las aguas caminando se fueron alejando cogidos de la mano hasta
que quedaron fuera del alcance de su vista.
A
nadie jamás le contaron lo sucedido. Nadie
volvió a ver a ningún miembro de aquella buena familia merodear por la orilla del lago.
Pero ellos, siempre el último fin de semana
de septiembre siguen yendo hasta allí junto a su hija Clara, para que siempre
recuerde sus orígenes. (ahora de nuevo, un sitio concurrido de tiendas de lona y
caravanas)
Aun no ha llegado la hora, cuando sea un
poco más mayor se le contará esta historia y ella se sentirá orgullosa de tener
otros padres en el cielo que la quisieron tanto como los que ahora tiene en la
tierra.
N.º de registro:
hFa3gqGI-2021-06-29T12:32:31.519
