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viernes, 11 de octubre de 2013

Trenzas doradas 08 (final)


    La pequeña cumplía un mes de vida, Ninguna de las sentadas a aquella mesa y recalco ninguna, excepto Ángela (por supuesto) quería aceptar que la niña se llamara Clara. De hecho hasta ese momento todas la llamaban mi niña.

   Las “tres matriarcas” con el visto bueno de Carolina, habían llegado a un acuerdo sin consultar a las personas interesadas: La bautizarían en la iglesia del pueblo con el nombre de Rosario Amparo y la madrina sería Julia. Después todos la llamarían para que atendiese por el apócope “Roam”, que sonaba original.

   En la comida de celebración de ese primer cumplemeses, que parecía iba a transcurrir con normalidad, se empezaba a mascar la tragedia.   Héctor, harto ya de tanta bobada, de pronto se puso en pie.

Héctor.- Señoras, no les voy a dar ninguna explicación de porqué se llama Clara.  Dejemos las cosas como su nombre indica.   Mí;  Perdón nuestra hija, se bautizará cuando sea mayor de edad y solo si ella así lo cree conveniente.   Ni es mi niña, ni es Roam, ni es ostias, se llama Clara y así la llamaremos todos sin diminutivos ni historias.   Las cartas están sobre la mesa, quien quiera puede seguir jugando, quien no, puede abandonar la partida.  Pero que quede escrito en negrita y subrayado que las reglas solo las marcamos mi señora y yo.

Ángela.- no majas, no me miréis así como pidiendo ayuda, estoy de acuerdo con todo lo que ha dicho

     El silencio junto con las cabezas mirando el mantel, se apoderó de las asistentes durante un largo rato. A ver quién era la valiente que abría la boca la primera.

         --Los de sexo masculino, se miraban entre sí, sin decir palabra--

     Ernesto se puso en pie, y alzó la copa para decir  con voz potente:

 Ernesto.- ¿Esto qué es, una celebración o un velatorio?   Un brindis por Clara, mi nieta

      Todos se levantaron, brindaron y las aguas volvieron a su cauce, del cual nunca deberían de haberse salido.

     Ya a punto de cumplir Clara los tres meses, se aproximaba el último fin de semana de Septiembre.  Aquel verano no habían movido la caravana del garaje; Clara era demasiado pequeña, pero ese viaje era obligado para sus conciencias. 

   Para evitar discusiones que no llegarían a ningún sitio, habían preferido guardarlo en secreto. 

   Con antelación, Héctor había preparado el interior de aquel habitáculo para que Clara gozase de todas las comodidades.


    Al fin llegó el gran día, madrugaron y pusieron rumbo hacia aquel lago.   Cuando su familia llegase a casa para comer juntos como cada fin de semana, encontrarían sobre la mesa una nota para que no se preocupasen.  Pensarían que estaban locos, no entenderían el porqué de aquel extraño y repentino viaje.   Pero a quién le importaba la opinión de los demás.

    Llegaron a media mañana. Instalaron la caravana en el mismo sitio, todo estaba igual. Nadie parecía haber estado en aquel sitio durante todo ese año.  Pero aún así, se accedía con comodidad, gracias a una estrecha pista de cemento que se conservaba en perfecto estado.

    Después decidieron que se acercarían al pueblo, para preguntar cuál era la casa de Raúl, Soraya y Clara.

       No es que les apeteciese demasiado volver a ver la cara de amargada de la señora de la tienda, pero no había otro establecimiento de ultramarinos en el pueblo.

Héctor.-Buenos días de nuevo

Señora.- ¿ustedes? ¿Otra vez aquí? (con esa cara de avinagrada)

Ángela.- sí ¿tiene algún problema?

Señora.- por mí como si quieren quedarse a vivir en el lago

Héctor.- perdone usted a mi señora, es que el viaje a sido largo y venimos cansados.  Queríamos saber donde viven Clara y sus padres para ir a visitarlos.  Hemos venido a enseñarle a nuestra hija a la que le hemos puesto de nombre Clara, en recuerdo de ella

Señora.- ¿entonces? ¿Ustedes los vieron?

Ángela.- claro y cenamos juntos

Señora.- ¿y a la niña?

Héctor.- ¿Clara? Estuvo con nosotros todo el día

Señora.- uy uy uy, me veo en la obligación de contarles algo. No por ustedes todo hay que decirlo, si no por su hija

Héctor.- usted dirá

Señora.- bien, pues hasta hace unos años, el lago y sus alrededores era el sitio preferido de todos para acampar.

   Un fin de semana, justo el último de septiembre, la tarde del domingo partían hacia sus lugares de trabajo.   Todos menos una familia que llevaba aquí un tiempo y pensaba irse el lunes a primera hora.

  Era un matrimonio muy agradable, Raúl y Soraya.

     Tenían una hija que siempre me pareció rarita en su comportamiento, Clara, muy suelta ella, fácil de reconocer a distancia por sus trenzas y el cabello rubio.

     Esa noche, los niños se acercaron a fisgar, “como era habitual”, en que se iban a entretener si no en un pueblo tan pequeño.

   Vieron salir de la caravana a Clara cubierta de sangre y meterse en el agua.     Parecía poseída por el mismísimo diablo y siguió andando lago adentro hasta que desapareció bajo las aguas.

     Cuando se acercaron a mirar a la caravana, allí estaban sus padres, apuñalados, tumbados en el suelo, llenos de agujeros y degollados sobre un gran charco rojo.

   Un cuchillo con la palma de su mano marcada claramente en el mango, estaba encima de una mesa.

      El cuerpo de la niña nunca apareció.    La autoridad judicial mando cerrar e inmovilizar la caravana y llevar el cuerpo de los padres al anatómico forense, nadie los reclamó por lo que según creo se cedieron a investigación, o sea para que estudiasen los nuevos.

      Desde entonces, sus almas merodean por la orilla del lago.   Sobre todo Clara, la niña con sus trenzas doradas, que atemoriza con su presencia y cambios bruscos de tiempo que provocan ventiscas y tormentas.  Así le mete el miedo en el cuerpo a todo el que se acerca.  A ellos los ha visto menos gente.  Pero desde entonces, solo ustedes has sido capaces de pasar una noche acampados allí.

     El año pasado, les salió bien, pero yo no me arriesgaría otra vez y menos con una niña tan pequeña.

Ángela.-se lo agradecemos de verdad, pero me gustaría saber la versión de los padres y de Clara

Señora.- ¿Pero está loca?   ¿Cómo les va a preguntar?   Ya se lo he dicho.    ¡ESTÁN MUERTOS!     ¿No lo entiende? 

Héctor.- vamos a recoger, nos vamos, gracias señora

Ángela.- !NO!   –Levantando a la niña ante Héctor-

   .- Esto, solo es gracias a ellos, les debemos por lo menos el escucharlos.  Los tres se adoraban, eso no puede ser cierto

    Volvieron a la orilla del lago. Hicieron unas ensaladas, prepararon el trípode para la barbacoa y en el lado de la mesa en que se debía sentar Clara pusieron un gran vaso de cacao, cargado, espumoso, como a ella le gustaba.     Luego se sentaron a esperar.

    Pasaban las horas, pero nada se movía a su alrededor.   Ni si quiera los niños del pueblo estaban agazapados tras de los matojos vigilando.   Su niña estaba más tranquila que nunca había estado, aún permaneciendo despierta con los ojos como platos durante todo el rato.   Como si ella también esperase a alguien.

  El día se les hizo eterno, sin moverse ni un momento, sin apenas conversación, simplemente esperando.  

   Ya empezaba a anochecer. Algo pareció moverse cerca de la antigua caravana.   Efectivamente, de entre los matorrales salieron Raúl y Soraya.

Soraya.-buenas noches ¿nos esperabais?

Raúl.-vamos a preparar la barbacoa Héctor

Héctor.-de acuerdo, tenemos que hablar

Raúl.- lo sé, lo sé, pero mejor lo dejamos para cuando estemos cenando.  Tengo un hambre, llevo un año sin comer.

Soraya.- ¿Cómo te encuentras Ángela?

Ángela.-bien, muy bien, aunque un poco desconcertada

Soraya.-lo comprendo, yo me sentiría igual

Ángela.- ¿y vuestra hija Clara?

Soraya.-Raúl, Héctor, dejad eso que estáis haciendo y venid aquí inmediatamente

Raúl.- ¿a qué viene tanta prisa?

Soraya.-sentaros, llegó la hora de contarles todo.

 ¿Empiezas tú?

Raúl.-no, mejor habla tú, se te entiende mejor  

Soraya.-Como ya os habrán contado por la expresión  de vuestras caras , estamos muertos.   SÍ, no os asustéis.

   Llevábamos muchos años esperando a que apareciese una pareja digna de cuidar de nuestra hija.  Que fuese valiente.  Que la pudiese querer tanto como la quisimos nosotros y al fin aparecisteis, erais perfectos y Clara os adoraba.

     Por eso quedaste embarazada.  Por eso Clara te dijo que todo iba a salir bien.  Por eso el alma de nuestra hija ahora está en ese capacho, en ese cuerpecito tan pequeño y tan feliz

Héctor.-perdona pero no nos la vais a quitar

-Poniéndose en pie y delante de la niña--

Raúl.-Siéntate Héctor, nadie ha dicho eso

Soraya.-ni tan siquiera, se nos ocurriría pensarlo, es vuestra hija, pero entiende que la quiera como si fuera mía

Héctor.-entonces, es una asesina

Raúl.- ¡NO!  no se te ocurra repetir esa palabra

Soraya.-veréis, esa noche un encapuchado entro a la caravana y nos mató a sangre fría, creemos que sin ningún motivo, ni siquiera se llevo nada.   Cuando Clara llegó, al vernos tendidos en el suelo se abrazó a nosotros, pretendía despertarnos, ver si aún quedaba un hilo de vida en nuestros cuerpos.  Sacó el cuchillo que aún permanecía clavado en el pecho de su padre, lo dejó sobre la mesa y presa del shock se introdujo en el lago y se ahogó.  Esa es la verdad.

Ángela.- ¿y su cuerpo?

 Raúl.- quedó atrapado entre la maleza del fondo. El caso se cerró con el testimonio de los niños y a nadie le interesó seguir con la investigación

Héctor.- ¿y vuestros cuerpos porque nadie los reclamó?

Raúl.- procedemos de un pueblecito de Irlanda. Los dos éramos hijos únicos y al morir nuestros padres, sin familia cercana allí, decidimos vender nuestras posesiones y recorrer el mundo. Aquí pasamos nuestro último mes de vida

Soraya.-Raúl, son las doce, nos tenemos que ir

Ángela.- ¿A dónde?

Soraya.- ¿nos permitiríais darle un último beso a Clara?

Ángela.-eso no tenéis ni que preguntarlo. Claro que sí

     Los dos se acercaron lentamente, le cogieron de las manitas y se las besaron mientras ella les sonreía.  Luego se encaminaron hacia el lago y sobre el reflejo alargado que en él, proyectaba la luna,  sobre las aguas caminando se fueron alejando cogidos de la mano hasta que quedaron fuera del alcance de su vista.

     A nadie jamás le contaron lo sucedido.  Nadie volvió a ver a ningún miembro de aquella buena familia merodear por la orilla del lago.

  Pero ellos, siempre el último fin de semana de septiembre siguen yendo hasta allí junto a su hija Clara, para que siempre recuerde sus orígenes. (ahora de nuevo, un sitio concurrido de tiendas de lona y caravanas)

    Aun no ha llegado la hora, cuando sea un poco más mayor se le contará esta historia y ella se sentirá orgullosa de tener otros padres en el cielo que la quisieron tanto como los que ahora tiene en la tierra.

 

N.º de registro:

 hFa3gqGI-2021-06-29T12:32:31.519

5 comentarios:

  1. Demasiado corto, pero eso no hace que sea menos cierto
    ¿verdad? ¿ficción? nadie nunca la sabrá

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  2. Por increíble que parezca me ha encantado. Es más ,yo creo que es real. Gracias,tocayo por compartir.

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  3. Me han enamorado estas dos familias con clara en común ,que bonita historia de amor de familia y con este final ,corto pero intenso,me as enamorado un poquito más primo

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