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jueves, 10 de octubre de 2013

Trenzas doradas 07


      Excepto de cinco a siete como habían convenido, todo era una balsa de aceite.    En casa se organizaron para coger todos, incluida Julia.   Nadie parecía tener casa.

   A Héctor le habían dado unos días de permiso en el trabajo por lo que no salía del hospital.  Le habían preparado una cama plegable en la habitación y comía en la cafetería.

   El bar del pueblo y la zapatería estaban cerrados por vacaciones.

     Amparo, por fin había convencido a Ernesto para que contratase a un joven que se encargase de la granja esos días.

     Aún quedaban unos días para que saliese de cuentas.

  El rostro de Satur esa mañana reflejaba cierta preocupación al observar el monitor, pero permanecía en silencio dando vueltas por la habitación y volviendo a mirarlo con fijación cada vez que pasaba junto a él.

Ángela.- ¿Qué pasa ahora Satur?

Satur.- nada

Ángela.- ¿Cómo que nada? ¿Crees que soy tonta?

Satur.- no sé, es como si estuvieses a punto de dar a luz

Ángela.- yo no noto nada extraño

Héctor.- ¿pero hay algún problema?

Satur.- Héctor, la verdad, no tengo ni idea

   Satur, cogió el telefonillo .-preparen el paritorio ya, y ténganlo preparado las veinticuatro horas del día por si me hiciese falta

Satur.- a partir de ahora cualquier cosa que notes aunque te parezca insignificante dale a este botón, es mi busca, yo estaré en todo momento en el hospital

Héctor.- ¿tan grave es?

Satur.- seguro que no es nada, pero como os dije, esta niña ya es algo personal y todo va a salir bien, sí o sí

Ángela.- gracias, sabemos que no somos unos pacientes más de la clínica

Satur.- por supuesto que no, sois mis amigos, como de mi familia

Ángela.- ya lo sabemos marcha tranquilo, al mínimo cambio te llamamos

     Héctor miraba el monitor como si supiese interpretar el contenido que mostraba.

Ángela.- ¿pero qué miras?

Héctor.- no sé, esto

Ángela.- ¿y qué te cuenta?

Héctor.- me ha dicho que no me preocupe, todo está perfecto

Ángela.- pues quién lo diría. Pulsa el botón que estoy rompiendo aguas

Héctor.- ¿ya?

Ángela.- sí, deja de dar vueltas y pulsa el botón

     Satur, no había llegado ni a la escalera, por lo que se presento en un instante en la habitación.

Satur.- ¿qué pasa?

Ángela.- nada, que estoy a punto de caramelo

Satur.- déjame ver.   Héctor siéntate y no estorbes

Ángela.- oye, que parece que quiere salir ya

Satur.- ¿pero no has tenido contracciones?

Ángela.- empiezo a notarlas ahora

Satur.- pues estás dilatando a toda velocidad.  Tú Héctor, llama a las enfermeras, que ni la muevo de aquí. 

Ángela.-Vamos, pero muévete y haz algo

    Héctor, fue al cuarto de enfermería a avisar. Solo dijo:

Héctor.- rápido, rápido, a la habitación 205

      La cara de susto que llevaba Héctor, fue suficiente para hacer que saliese a la carrera.

Enfermera.- tranquila Ángela, ya estoy aquí

Satur.- con tranquilidad, tráeme unas toallas que ya está aquí la pequeña.   A la de tres empuja con todas tus fuerzas que esta tiene prisa por salir.     Una, dos y vamos.

       Ángela, se agarró con los dos brazos a las barandillas de la cama, aguanto la respiración y empujó con tal fuerza que la niña salió al primer intento.   No soltó sus brazos de los barrotes hasta que oyó llorar a la pequeña Clara.

Satur.- ya está, aquí la tienes (poniendo a la pequeña sobre el pecho de Ángela)

         -- En eso momento llegaba Héctor desorientado, tras dar varias vueltas por el pasillo --

Héctor.- ¿Que ha pasado? ¿Dónde está? ¿Qué hago?

Ángela.- eso digo yo ¿dónde estabas?

Héctor.- mirando habitación por habitación, buscándote

Satur.- lo siento, te lo has perdido, pero eso no importa, las dos están perfectamente

Ángela.- toma cógela y dale calorcito. Y no me llores papá

Satur.- ahora que no anden cambiando las sábanas, lávala bien y nada más; directamente que traigan otra cama limpia de cualquier habitación

Ángela.- Satur, por favor llama a mi casa y dales la noticia, que este si llama es capaz de asustar a toda la familia

Satur.- ahora mismo me encargo yo.    ¡Eh! que la vas a desgastar de tanto mirarla

Héctor.- es tan guapa, se parece a su madre a que sí

Ángela.- gracias cariño, no esperaba menos de ti

Satur.- ahora cuando te laven y te traigan otra cama limpia, aprovecha para descansar  un ratito.  Dentro de una hora se te va a llenar la habitación de gente.  De todas formas tomaré un café pausado antes de llamar para darte tiempo

Héctor.- sí mejor, cuando lleguen estas, me puedo despedir de la niña.  Aprovecharé estos momentos para contarle todo lo que tiene que saber

Ángela.- o sea que va a hablarle mal de toda la familia

Satur.- eso me imaginaba yo.   A descansar a la tarde doy una vuelta

Ángela.- y díselo a Luis

Satur.- por supuesto, en dos minutos seguro que está aquí

Héctor.- perdona por no haber estado contigo

Ángela.- ha sido todo tan rápido, si casi no estoy, ni yo

Héctor.- pobre, ¿te ha dolido mucho?

Ángela.- la verdad es que ni me he enterado del dolor, me molesta más ahora que en ese momento

Héctor.- gracias por este regalo tan precioso

     Unas auxiliares la lavaron minuciosamente, trajeron otra cama como dijo Satur y limpiaron la habitación. Al fin en compañía de su pequeña dormida en los brazos de su padre, en silencio absoluto, solo unas sutiles y expresivas miradas se movían en aquella habitación.

    toc, toc,  --en voz muy baja .- perdonar que os moleste

Ángela.- pasa Luis

Luis.- vengo a ver a esa niña y a saber cómo están sus padres

Héctor.- mira que cosa más bonita

Luis.- ya lo creo que sí. ¿Y los padres como están?

Ángela.- cansada, ahora estoy cansada

Luis.- ¿y de ánimos?

Ángela.- como una rosa

Héctor.- si solo hay que ver la luz de su cara.  Perece que hasta ha rejuvenecido unos años

Ángela.- ¿no me estarás llamando vieja?

Héctor.- ¿ves? está bien, sigue refunfuñando. Eso es un buen síntoma

Luis.- de todas formas creo que os tendremos aquí unos días en observación tanto a la niña como a ti

Ángela.- a mí ya me da lo mismo, aunque en verdad estoy deseando perder este sitio de vista

Luis.- y lo entiendo, pero mejor hacer las cosas bien.   Ahora a descansar

Ángela.- gracias por venir

Héctor.- hasta luego Luis.  Cierra la puerta sin hacer ruido

Luis.- adiós pareja, bueno trío

      No había pasado ni un cuarto de hora desde la llamada de Satur.  El ruido del taconeo rápido en el pasillo retumbaba en toda la planta.  Gracias a dios, no había ingresada ninguna paciente de gravedad en aquellos momentos, lo que no impidió el que la enfermera saliese a rogar se  amortiguasen un poco la voz y las pisadas.   La alegría de unos, no tiene porque interrumpir el descanso de todos.

       Antes de que abriesen la puerta, Héctor puso a Clara en brazos de Ángela.

Héctor.- lo siento mi amor, pero me bajo a la cafetería un ratito porque me voy a encender y prefiero que tengamos la fiesta en paz

Ángela.- sí mejor y come algo

     Todos entraron en tromba a ver a la criatura.

  Solo Ernesto esperó en el pasillo a que entrasen todos;   allí se fundieron en un fuerte abrazo, de padre a hijo con lágrimas de emoción en los ojos.

Ernesto.- hijo, ya eres padre

Héctor.- padre ya eres abuelo

Ernesto.- enhorabuena

Héctor.- voy a la cafetería a comer algo

Ernesto.- te acompaño, de todas formas ahora no voy a poder ni ver a la niña ni a la madre

Héctor.- ay abuelo, que feliz soy

Ernesto.- y yo, y yo.

 

 


2 comentarios:

  1. La vida tiene gratas sorpresas en esos momentos de angustia. Que bien han salido del parto. 🙏

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  2. La vida se abre paso sea como sea. Enhorabuena al creador de dichos capítulos. 🙂

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