El sol estaba a punto de ocultarse.
Mientras él, en un artilugio metálico de tres
patas preparaba la fogata para hacer una barbacoa cerca del agua y alejado de
los matorrales “no la fueran a liar”. Ella colocaba una mesa extensible para que
entrasen con holgura los cinco grandes platos, junto a los vasos y la ensalada
central.
En los postes del cobertizo de lona,
habían colgado para iluminar la velada, unos quinqués que simulaban en su forma
a aquellos de petróleo que antaño se usaban, aunque estos eran de gas.
Unas siluetas se acercaban lentamente
haciendo crujir las frágiles hojas secas bajo sus pies, se detuvieron un
momento cuando solo les faltaban unos metros, un pequeño punto de indecisión
llenó sus mentes, la niña les cogió de las manos y tiró de ellos, haciéndolos
avanzar.
Clara.-hola
Padres.-buenas noches
Ángela.-buenas noches.
Héctor ven
Héctor.-ya mismo
Padre.-soy Raúl,
el padre de Clara
Ángela.-yo me llamo Ángela y ese que viene por ahí es Héctor
Madre.- me llamo Soraya,
yo soy la madre de este bicho
Héctor.-encantado de conocerlos
Raúl.-esperamos no molestar, Clara nos ha dicho que han
insistido mucho en conocernos
Ángela.-lo siento, lo de la cena ha sido idea mía
Héctor.-Raúl ¿me echas una mano con la barbacoa?
Raúl.-vamos a ello
Clara.-mamá y tienen una lata de cola-cao
Soraya.-ya me lo has dicho antes
Ángela.-Clara, pero primero hay que cenar
Clara.-bueno vale ¿pero de postre?
Soraya.-luego pesada
Ángela.-sí, de postre un gran vaso de cacao
Clara.- ¡bien!
Héctor.- a un lado, que esto quema
Soraya.- ummm, que bien huele
Raúl.-mejor sabrá
Ángela.- a sentarnos, que así calentito es como están ricos
Héctor.- ¿vino?
Raúl.-un poquito
Soraya.-yo con gaseosa
Ángela.-pues Clara y yo naranjada
Clara.-que rica
Raúl.- ¿qué le echas al adobo para que quede la carne tan
tierna y sabrosa?
Ángela.- los polvos mágicos de birlibirloque, alguna especia
y mucho carriño
Clara.- ¿polvos mágicos?
Héctor.-sí, mira como chisporrotean las brasas; cada
chispita en un granito de polvo mágico que ha caído en ellas
Clara.-que chulo, salen como estrellitas
Soraya.-claro, porque es magia
Ángela.-no os despistéis, que estos dos no paran de comer
Raúl.-vosotras seguid hablando
Ángela.-Héctor, date, que se queman los choricillos
Soraya.- ¿pero más comida?
Ángela.-y luego su especialidad, unas morcillas torradas
Clara.- ¿morcillas?
Ángela.-ya verás que ricas
Héctor.-aparta la ensalada, que esto no entra
Soraya.-me parece a mí que a vosotros el verde os va poco
Héctor.-a nosotros nos va más el rojo de la carne
Ángela.- y el del vino, que os estáis poniendo
Clara.-mami, yo ya no quiero más, ¿puedo entrar a hacerme un cola-cao?
Soraya.- ¿cómo vas a entrar tú? pídele permiso a Ángela
Clara.-si sé donde está todo
Ángela.- ssssss. Que es un secreto. Vamos las dos, yo también quiero
Soraya.-ya que vais ¿podríais traer otro para mí?
Ángela.-a ver ¿alguno más quiere?
Héctor.-no, nosotros vamos a terminar esta botella y los
choricillos
Raúl.-que pena de hambre, para probar esas morcillas
Héctor.- ¿hago un par de ellas?
Raúl.-no, no, es imposible gracias
Mientras las tres féminas, tomaban con
tranquilidad el cacao y hablaban sobre ropa y elementos de decoración, ellos se
fueron a charlar sentados en el suelo a la orilla del agua.
Héctor.-una pregunta: ¿y esa caravana?
Raúl.-está ahí desde hace cuatro años, sucedió algo
extraño y desde entonces por un mal entendido la gente del pueblo cambió y
nadie ya viene a acampar aquí
Héctor.-la verdad es que la gente de aquí es muy extraña,
¿pero en realidad que pasó?
Raúl.-es muy largo de explicar, mejor ya lo hablamos otro
día
Héctor.- ¿ustedes no son de aquí?
Raúl.-no, vinimos hace un tiempo y cosas del destino, aquí
seguimos junto a esta gente desconfiada que nunca quiso saber la verdad
Soraya.-Raúl, vamos que es tarde
Ángela.-nos iremos mañana por la tarde, pero si os queréis
acercar a la hora de comer, estamos aquí
Raúl.-Héctor, te tengo que pedir un gran favor
Héctor.-tú dirás
Raúl.-que al año que viene, ocurra lo que ocurra volváis a
visitarnos
Héctor.-te lo prometo Raúl, aquí estaremos por estas fechas
Raúl.-hasta otra ocasión, me lo he pasado muy bien
Ángela.- ¿y te vas sin darme un beso? Bruja, como te coja
Clara.-se me había olvidado, ¿vengo a desayunar?
Soraya.-Clara, no seas pesada
Héctor.-te esperamos
Esa noche,
parecía la más preciosa del mundo; cogieron una manta y se acostaron a la orilla
de aquel lago, y jugaron, y jugaron, hasta quedarse dormidos.
Ni Clara, ni
sus padres, aparecieron por allí al día siguiente. Ya a punto de anochecer
recogieron, engancharon de nuevo la caravana y partieron hacia su destino con
unas cuantas preguntas sin respuesta.

Raro que no regresarán . Se pone interesante la trama. Pendientes.
ResponderEliminar